domingo, 4 de septiembre de 2011

Acústica y danza de la chacona



Enrique Arias Valencia

1974. Quiosco de Tlaquepaque, en el estado mexicano de Jalisco. El niñito que aparece en las escaleras soy yo. Tenía tres años. Algunos minutos más tarde, el quiosco fue ocupado por un mariachi, un grupo musical originado en Jalisco y que en la actualidad se destaca por la brillantez de las trompetas, la estridencia de los violines, la claridad de las guitarras y guitarrones, el aire tradicional de la vihuela y la hombría de las voces. Quizá se originó en el siglo XVIII. El mariachi es uno de los más importantes símbolos nacionales, por lo que desde 1930 no se limita a tocar música de su comarca, sino que incorpora en su catálogo rancheras, corridos, huapangos, sones jarochos y valses, es decir, música de todas las regiones de México.

Quizá fue la primera vez que escuché música viva. ¿Qué puede sentir un niño cuando escucha por primera vez instrumentos y voces en vivo? Sólo puedo hablar a partir de mi experiencia: el aire del mediodía, la alegría de la vida que comienza, las promesas de la naturaleza siempre inocente, y la persuasión del ritmo. Entonces no lo sabía, pero esa fue la primera vez que fui poseído por el espíritu de Dioniso, y al son de la música, me despojé de toda mi ropa. Un bebé de tres años puede hacerlo con mayor libertad que un adulto, y así, entregarse al disfrute del esplendor de la vida en medio del marco perfecto de una danza improvisada conducida por un son.

Fue así que antes de que me hablaran de la doctrina de Jesús en el catecismo, antes de que me hablasen de moral laica en la escuela, participé de una danza extática en la que tuve una experiencia de primera mano de la metafísica del artista primigenio, con el instinto de lo dionisíaco.

Dicen que genio y figura, hasta la sepultura. Si bien no soy un genio, mi talante espiritual siempre ha tendido a la pasión y el arrebato. Por eso, cuando muchos años más tarde me dirigí hacia la filosofía para intentar poner en orden mis ideas estéticas, no fueron ni Santo Tomás, ni Spinoza, ni Leibniz ni Kant, ni Hegel quienes me persuadieron a seguir sus pasos. En cambio, desde la primera vez que leí a Nietzsche, fue la llamada deslumbrante de su broncínea voz la que me habló directamente al oído, como un viejo amigo, al que de nuevo veía después de que, siendo niños, bailamos juntos en un quiosco.

Decía líneas arriba que el mariachi nació en el Occidente de México, concretamente en Jalisco. Sin embargo, entre su repertorio se encuentran algunas muestras del son jarocho. El son jarocho es hijo de la lujuria del trópico. Mar, sol y melodía lo constituyen. Ahora bien, hay algunos musicólogos quienes, recientemente han forjado una sorprendente teoría que sostiene que la chacona de la música manierista y barroca es originaria del México Virreinal. De hecho, chacona sería una deformación de la expresión “son jarocho” o “choque”. La chacona original era un baile tan persuasivo que llegó a ser prohibido por la inquisición: se bailaba con un choque de caderas.

La chacona llegó a Europa, y en manos de hombres como Dietrich Buxtehude (1637-1707) se convirtió en una muy elegante y recatada danza lenta, con metro de 3/4, en la que el tema se repite cíclicamente en la parte del bajo, y sobre dicho tema se construyen una serie de variaciones. Todavía hoy mucha música indígena y mestiza mexicana recurre a este patrón repetitivo. Buxtehude y los barrocos europeos enriquecieron la chacona mexicana con una gran destreza contrapuntística. En 1937, cautivado por los alardes contrapuntísticos de la Chacona para órgano en mi menor, BuxWV 160 de Buxtehude, el compositor mexicano Carlos Chávez, (1899-1974) se entregó con entusiasmo de escribir una magnífica transcripción para orquesta sinfónica.

Este sábado 3 de septiembre de 2011, en el foro al aire libre de la Casa del Lago Juan José Arreola, del Bosque de Chapultepec, la Orquesta Filarmónica de la UNAM, bajo la dirección del maestro Rodrigo Macías hemos disfrutado de un concierto en el que una de las piezas que escuchamos fue la Chacona para órgano en mi menor, BuxWV 160 de Buxtehude, en la orquestación choncha del compositor mexicano Carlos Chávez. Si bien esta obra es de una solemne espiritualidad en extremo arrebatadora, he sonreído más de una vez al deleitarme con el insistente despliegue contrapuntístico del tema, como si él y yo fuésemos viejos conocidos, cómplices del quebranto de la austeridad.

Quizá aquella tarde de 1974, lo que los mariachis tocaron en el quiosco de Tlaquepaque fuese un son jarocho, que según hemos visto, tal vez es el abuelo de la chacona. De cualquier forma, seducido por el ritmo, un anónimo bebé dio muestras de que entendía perfectamente el lenguaje secreto de la música. Ninguna otra cosa importante hizo desde entonces, sólo saber responder con pasión a las invitaciones de la pasión.

En el mundo ordinario se le dice sí a lo que sí es, y se le dice no a lo que no es. ¿Puse en orden mis ideas estéticas? Sí y no, porque la labor del filósofo no consiste en quedarse en la seguridad de lo ordinario, sino en atreverse a desnudar el alma, y desnudo, caminar perpetuamente asombrado por las más diversas regiones del mundo, y de vez en cuando, ofrecer al prójimo una visión nueva: no es la razón la que se encuentra al final para darnos la respuesta a nuestras más grandes interrogantes, la respuesta palpita anhelante en la más oscura comarca de nuestro corazón, aguardando pacientemente para aflorar en forma de danza, poesía y música.

8 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Intuyo que su espíritu arrebatado sigue entregándose a danzas dionisiacas, aunque tal vez más oculto.
Hoy me trae usted la chacona de mis tiempos barrocos. Lully ha sonado en mi cabeza.
Y de ahí amenaza con seguir una tormenta de majestuosas pavanas y branles. Detrás viene bailando Margarita de Valois con su vestido rojo fuego.

Feliz domingo, monsieur

Bisous

genetticca dijo...

Hay Enrique, como me gusta leer tus cosas, digo tus cosas porque te imagino en ellas con el cuerpo y el alma.

Siempre se sale ganando en tu blog, diverso y nada monótono.

Lo primero que conocí de Niezche fue la obra,"Mas allá del bien y del mal" Vi más tarde la pelicula, un extracto minimamente expresado .
Confieso mi confusión, el libro lo leí tres veces,porque mi mentalidad en aquellos tiempos no estaba lo bastante curtida en esos ,digamos, asuntos.
Fué más tarde, después de vivir ciertas experiencias cuando entendí mejor su obra.

un abrazo

Carmen Troncoso dijo...

Estupenda entrada Enrique, siempre tan vibrante que es un gusto leerte, es muy bueno que nos refieras detalles del legado musical que tiene Mexico, interesante ligazon de raices folckloricas que musicos de la talla de Buxtehude han introducido en su trabajo, en este caso la chacona mexicana. Un abrazo,

soy... dijo...

"Si bien no soy un genio, mi talante espiritual siempre ha tendido a la pasión y el arrebato."

Basta que muchos lo creamos para que lo seas. A mi me encanta tu blog, por tanto, para mi lo eres.

Y ya...

Gracias.

La abuela frescotona dijo...

despues de Dios...Nietzsche
querido amigo tú eres unos de esos caminos que nombras hay que seguir, buscando y buscando hasta encontrar la belleza del arte en el pensamiento
Ariastóteles admiro la formación que te dieron tus padres, te quiero niño

Simplemente Mirella dijo...

Que bueno es poder encontrar blog con cultura propia...y aqui hay de sobra..bss

Enrique Arias Valencia dijo...

Agradezco a tod@s vuestras finezas.

Alicia García Curutchet dijo...

Cada vez que me doy una vuelta por tu blog se me viene a la cabeza la frase de Sartre.."Como buen soñador confundí la desilusión con la verdad"
Me encantan tus verdades y la especial manera de desilusionarte de las desilusiones..

Un beso!