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jueves, 7 de abril de 2011

Soneto imperfecto con estrambote solidario

Enrique Arias Valencia

Tras el asesinato de su hijo, Javier Sicilia ha dicho que abandona la poesía. Por mi parte, yo no sé ni sumar, ni restar, por lo que mis poemas son siempre de metros y versos imperfectos; pero el dolor me ha revelado el valor de las lágrimas. Si Javier se calla, yo gritaré, pero la mía será una voz sin Dios.


Me acompañaste, casi sin saberlo,
venías, tú con Cristo y yo sin nada,
y alegraste mi tarde desconsuelo,
tu pluma en la Musa transformada.


Escucha, Javïer lo que te digo:
pues según las Escrituras el Padre
vio morir a su hijo, y höy tu hijo
mártir, se encüentra entre los caídos.


No comparto tu fe, has de saberlo;
mas abrazo tu dolor, y lo hago mío,
y agradezco tu voz viva de poeta


en torpes líneas del ateo esteta.
No, no dejes de gritar tu fe, bardo,
sabemos bien que eres santo con huevos.



***
La Carta abierta de Javier en el blog de Ego

miércoles, 30 de marzo de 2011

Kant, Schiller y Schumann, sublime trinidad

Enrique Arias Valencia

¿No será la belleza una consecuencia en sí?
José Miguel Moreno Sabio

De nuevo, Immanuel Kant me acompañó a un concierto. Recordemos que Kant sostiene que el alma descubre el sentimiento de placer y displacer gracias al principio de la facultad de juzgar reflexionante, el cual es independiente de toda experiencia, ya que con base en la subjetividad postula la aparente finalidad de la naturaleza. Juicio por el cual, no obstante, no se puede conocer ni demostrar nada acerca de la naturaleza, porque este juicio place sin concepto, y no es adecuado para el entendimiento, pues el producto de dicho juicio es el arte.



En esta ocasión para que Kant pueda ayudarnos en nuestras reflexiones estéticas debemos hacer dos cosas. Primero, reducir algunos puntos de su muy estricto sistema. Segundo, atrevernos a ir más allá de su sistema, plantear cosas distintas. Sin embargo, procuraremos ser fieles al espíritu de su obra. La tertulia se enriquecerá, porque Schiller, crítico de Kant, se ha unido a la reflexión.

Empecemos con unos pocos axiomas o ideas sueltas:

Kant sostiene que lo bello es una consecuencia del juego libre de las facultades de la imaginación y el entendimiento.

Sublime libertad, belleza enérgica, Finlandia de Sibelius es un homenaje a los bronces de la patria.

Sobre la senda estética del hombre, el Concierto para violín de Tchaikovsky es una hermosa y dulce herida en el corazón humano. El solista es Adrian Justus.

He roto mi propia marca. En un solo día, tres conciertos. ¿No es eso, por grande, sublime?

Silogismo: Beethoven es el culmen de lo bello y el primero en lo sublime.

Toda culminación es última.

Toda belleza es clásica.

Todo lo sublime es romántico.

Por eso dice el refrán: “Beethoven es el último de los clásicos y el primero de los románticos”.

Según Schiller belleza es libertad en la apariencia. El impulso de juego tiene un bello reflejo en las Canciones infantiles de Schumann, que escucho enmarcadas por trinos de pájaros en el patio de recreo de La Giganta de José Luis Cuevas. Carlos Barajas es quien hace el milagro al piano.

Por lo tanto, el imperativo categórico de la estética dice: “Escucha de tal forma que tu oído pueda tomarse como norma de belleza universal”.

Vayamos ahora a la cosa misma.


Tempo del sublime Schumann

Sostiene Kant que la naturaleza como una fuerza sublime reside en nuestra alma: “La sublimidad no está encerrada en cosa alguna de la naturaleza, sino en nuestro propio espíritu, en cuanto podemos adquirir la conciencia de que somos superiores a la naturaleza dentro de nosotros y por ello también a la naturaleza fuera de nosotros”. Por lo tanto, a un alma profunda corresponde el sentimiento sublime en consecuencia. Sumerjámonos en las profundidades de nuestra propia alma. El alma, negada por los ateos, tendrá su recompensa: la intuición de lo sublime, que no está en el objeto, sino en el sujeto.

Este fin de semana he escuchado la Cuarta sinfonía de Schumann dos días seguidos, en sendos conciertos, uno en la mañana y otro en la tarde, ejecutada por la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez, bajo la batuta de José Arturo González. Es así que la Cuarta sinfonía de Schumann es una obra totalmente sublime.

Las obras sublimes emergen del fondo del alma. La prueba la encuentro en el programa de mano, donde sostiene Juan Arturo Brenan: “El caso es que la Cuarta sinfonía de Schumann, que según su mujer emergía desde el fondo de su alma, estuvo terminada en septiembre de 1841, y el compositor ofreció el manuscrito a su esposa el día en que bautizaron a su primer hijo”.

Clara Schumann afirma que la sinfonía surgió del fondo del alma de su esposo. Siguiendo a Kant, decíamos que las obras sublimes emergen del fondo del alma. Por lo tanto, la Cuarta es una obra sublime. Ahora bien, según Kant: “Sublime llamamos lo que es absolutamente grande”. En el caso que nos ocupa, la prueba consiste en lo siguiente. La versión de 1851 de la Cuarta sinfonía se ejecuta en forma continua. Es una sinfonía en un solo movimiento. Al disolver las interrupciones, se trata de una obra absolutamente grande.

Otra prueba: timbales, las maderas y las cuerdas.
  • Dos flautas

  • Dos oboes

  • Dos clarinetes

  • Dos fagots

  • Cinco trompas

  • Dos trompetas

  • Tres trombones

  • Timbales

  • Cuerdas.
Hace unas semanas, Javier Sicilia, transfigurado en liras, me acompañó a un concierto. Han matado al hijo del poeta. Una amiga, tras saber la terrible noticia, me comenta que Sicilia sostiene que “Toda aventura espiritual es un calvario”. Añado que la vida en esta tierra es siempre una aventura espiritual, y por tanto, la vida es un calvario. En lontananza, la locura de Schumann lo refrenda, y lo sublime termina por corroborarlo. Sostiene Crescenciano Grave en Verdad y belleza. Un ensayo sobre ontología y estética:
“Lo sublime dinámico es el sentimiento que concibe el sujeto consistente en su poder de resistir la potencia de la naturaleza con el cual él mismo aparece como si fuera más poderoso que la misma naturaleza. En lo sublime dinámico el sujeto adquiere conciencia de su poder resistir la potencia de la naturaleza”.

Hacerle frente al destino, eso es sublime.

El sábado 19 de marzo de 2011 me acompañó Kant a otro concierto. El domingo 27 me acompañó Schiller a tres conciertos. He hecho una síntesis de sendas aserciones de estos filósofos, y he obtenido una curiosa proposición.

1) Kant: “Belleza es la forma de la finalidad de un objeto en cuanto es percibida en él sin la representación de un fin”.

2) Schiller: “La belleza es la forma de una forma”.

3) La belleza es la forma de una forma de la finalidad sin fin.

La tercera frase es graciosa y seria a la vez. Graciosa porque es un cantinfleo. Seria porque apunta a un fin mayor que ella misma. ¿Qué nos dice la filosofía? Tenemos la corazonada de qué es lo bello, si bien no podemos expresarla con palabras. ¿Qué es la belleza? “No lo sé”. Esa es la respuesta más sincera y simple del filósofo. Yo no soy fuente fidedigna de conceptos. Yo soy reflejo intempestivo de lo bello. Tiene razón Schiller cuando nos convence de que el alma libre sólo debe jugar con la belleza y sólo con la belleza debe jugar. En la sinfonía de Schumann que ahora nos convoca, El Scherzo es una muestra de lo que Schiller llama belleza enérgica, esto es, sublime.

¿Qué es la belleza? Kant nos advierte sobre este interrogante, la cuestión fundamental de las artes, de este modo: “La belleza, sin relación con el sentimiento del sujeto, no es nada en sí”. Ahora, para contestar la pregunta de José Miguel Moreno Sabio que engalana epígrafe este ensayo: la belleza es una consecuencia del alma.

Por eso, poetas, músicos y bailarines nos ilustran. Después de todo, son ellos los expertos en belleza. Nuestra buscada definición sostiene entonces: la belleza es la forma pura de la finalidad, alba de canción y danza, desnuda presencia.

Siguiendo a Schiller sostengo que la obra de arte es el lugar donde se suprime el tiempo en el tiempo. Por eso jamás consulto mi reloj cuando la obra termina. ¿Qué hora es? Es la hora en que me doy cuenta de que el arte es la belleza desnuda de presencia.

Continuando con mi concierto de Schumann. Durante la Romanza, Miguel Ángel Villeda Cerón interpreta el solo de violonchelo. Por su parte, en el concertino, su hermana Ana Caridad está a cargo del solo de violín. Durante mi audición del sábado, pude descubrir el solo de violonchelo. Claudia, la madre de los jóvenes, el más tierno fulgor de la razón práctica, me ha revelado el solo de violín, y he podido deleitarme con él este domingo.

Una prueba más de lo sublime. En la Cuarta sinfonía, la tonalidad que predomina es el Re menor.
Andante con moto - Allegro di molto (Re menor / Re mayor)

Romanza: Andante (La menor)

Scherzo: Presto (Re menor)

Largo - Finale: Largo - Allegro vivace (Re mayor)

Uno de los momentos del juicio estético de Kant afirma que: “Bello es lo que, sin concepto place universalmente”. Es así que el segundo mandamiento del juicio estético dice: “¡No conceptualizarás!” Sin embargo, los genios contradicen a Kant. Después de todo, la tentación de verter el concepto en donde no puede verterse, es irresistible. Según su esposa, Schumann quería darle un concepto a su música:
“Robert inició ayer otra Sinfonía, que será en un movimiento pero tendrá un adagio y un final. No he oído nada de la obra pero oigo el constante ajetreo de Robert y escucho constantemente el re menor en la distancia, por lo que sé que otra obra está tomando forma en el fondo de su alma.”

El problema es irresoluble pues es filosófico. El comentario de Brenan refuerza la tesis:
“Lo más interesante de este párrafo es, sin duda, la asociación directa que Clara Schumann hace entre la tonalidad de re menor y las profundidades del alma del compositor. Es especialmente significativo en este contexto el hecho de que el propio Schumann escribió un artículo en el que intentaba resolver (sin éxito) el curioso problema de la caracterización de las tonalidades. Afirmaba Schumann, con razón, que era igualmente inadmisible suponer que un sentimiento determinado sólo podía ser expresado musicalmente a través de una tonalidad específica, o sostener que cualquier sentimiento podía ser expresado en cualquier tonalidad. Aparentemente nadie ha podido resolver esta cuestión, ni desde el punto de vista de la percepción subjetiva, ni desde el punto de vista de la acústica”.

Y sin embargo, se puede resolver: Schumann lo consigue en su Cuarta sinfonía. Por lo tanto, a pesar de que según Kant, lo bello place sin concepto; sí hay concepto de lo bello en la Cuarta sinfonía de Schumman, pues hay concepto de Re menor. De nuevo, Brenan en el programa de mano:
“En un curioso texto en el que se intenta analizar el carácter de cada tonalidad musical, nos enteramos de que re menor es considerada como una tonalidad contemplativa y apasionada, casi religiosa, de carácter devocional y tranquilo, y al mismo tiempo noble. ¿Serán estas, en verdad, las cualidades de la Cuarta sinfonía?”

¿Y no llamaríamos sublime al sentimiento de tranquila contemplación, que se va haciendo religioso por su devoción arrebatada, y que culmina en un noble sentimiento de alma profunda? ¿Serán acaso, los aspectos de nuestra alma que emergerán al escuchar la Cuarta sinfonía?

¿No son estos los sentimientos que encontramos en el retrato sonoro de la Catedral de Colonia que Schumann plasmó en la Sinfonía Renana? Voy a arriesgarme a sostener algo sin consultar la partitura. Con base en los comentarios anteriores acerca de lo sublime, según mi parecer, la Catedral de Colonia de la Renana está en Re menor, una obra emparentada en lo sublime con la que hemos analizado. O al menos, uno de los tempos de la Renana está en Re menor.


Fuga

“El producto bello puede, y debe incluso, estar sometido a reglas, pero tiene que aparecer libre de reglas”.
Schiller

Una satisfacción personal. He descubierto por mi propio esfuerzo la solemne fuga del último movimiento. La fuga es muy estricta en reglas. Será la imaginación de Schumann la que la haga libre, pues bello es aquello cuya regla no la dicta el concepto, sino el ejercicio libre de la imaginación y el entendimiento, cuya supresión y conservación constituye el impulso de juego. Las cinco trompas: Ricardo Aldair Cornejo Estrada, Orlando Segovia Aguilar, Sergio Argumedo González, Francisco Torres García y Osvaldo Barbadillo Zavala, hacen infinitamente grande, sublimemente matemático el pasaje que sigue a la fuga. Dado el número de trompas, parece que se usó la orquestación de Gustav Mahler, pues la Wikipedia finesa prescribe cuatro para la versión de 1841. Sin embargo, en el programa de mano del concierto al que asistí se usó la notación italiana de 1841, si bien ya en esta versión la tendencia de Schumann era escribir una sinfonía que se ejecutara sin interrupciones, como finalmente sucede en la versión de 1851, con notación alemana y cinco movimientos.

Al final, la obra entera se revela desnuda de presencia.

Bibliografía Web:







Bibliografía de papel:

SCHILLER, Friedrich, Kallias. Cartas sobre la educación estética del hombre, Barcelona, Anthropos, 1999. Estudio introductorio, de Jaime Feijoó. Traducción y notas de Jaime Feijoó y Jorge Seca. 397 pp.

  • Foto cortesía de Pancho Bedregal.

domingo, 13 de marzo de 2011

El páramo pródigo de la existencia en abandono

Enrique Arias Valencia
Para el pueblo de Japón, en su dolor

Preludio antes de empezar la sinfonía. Tempo de Nona

Es la primera vez en este año que escucho la Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven, y parece que no será la última. De entre las de Beethoven, se podría decir que ésta es la obra de su vida. Aunque le fue encargada por la Royal Philharmonic Society en 1817, nuestro amigo comenzó a trabajar en la partitura en 1824. Hay quienes sostienen que existen bocetos del material musical que fueron planeados en 1811 y 1817.

Hay algunos melismas del primer movimiento que evocan la obertura de El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini, ópera estrenada en 1816; si bien sabemos que dicha obertura ya había sido utilizada por el propio Rossini para óperas anteriores. También el trío del Scherzo beethoveniano cita la melodía del fagot rossiniano. Los expertos sostienen que tema del Scherzo fue tomado de una fuga compuesta por Beethoven en 1815.

Tengo un olfato perfecto para los melismas, lo cual a veces es una desventaja. En lo personal, hay un pasaje del tercer movimiento, Adagio molto e cantabile, que me causa cierto escozor, pues en medio de la serenidad general, la llamada de los bronces tiene mucho parecido con una canción de cumpleaños mexicana, llamada “Las mañanitas”, y no puedo evitar empezar a recitar mentalmente “¡Éstas son, éstas son...!” cada vez que lo escucho.

La Fantasía coral, Opus 80, data de 1808, y ahí se encuentra ya el germen de lo que será la Oda a la alegría del último movimiento. A su vez, la Fantasía coral se basa en otra obra, el Gegenliebe, de 1795. Ésta última son cinco minutos deliciosos de piano y barítono.

El Sordo de Bonn es por lo tanto, un seguidor de una tradición que nació antes que él, y a ella vuelve como un caudaloso río tributario. Beethoven finalizó la composición de su Novena sinfonía en 1824.

I. Allegro ma non troppo, un poco maestoso

En una frase clara y breve, buena por tanto según Gracián nos enseñó el deleite de lo atinado, Gustavo Bueno sostuvo que “El monoteísmo es la antesala del ateísmo”. Es cierto, pues el Dios que nos pide decir siempre la verdad será devorado por la búsqueda de la verdad. Sin embargo, su retirada no significa que en modo alguno la religión en tanto que el empeño de volver a unir lo que la costumbre austera separó se vea reducida a un curioso fósil. ¡No es tan fácil resolver el problema de la existencia humana!

Siete días después de que se diera a la luz imprenta La presencia desierta de Javier Sicilia la ciudad entera ardía en cenizas y ruina. ¿Es ese el destino de las grandes obras, nacer en medio de terribles dolores? Juan José Arreola así lo creía, y alguna vez nos advirtió del parto de los montes. Lo cierto es que, si hablamos de ruinas silenciosas, no podemos olvidar que la Novena sinfonía adquirió su forma definitiva en medio del más completo silencio, cosa espantosa para un músico. La sordera es el desierto de Beethoven.

¡Dios ha huido! Músicos, filósofos y poetas lo saben. Pero, ¿qué es la muerte de Dios? ¿Qué es su ausencia? Si aun desde un punto de vista lógico la proposición “Dios no existe” no se puede admitir.

A la sala de conciertos me ha acompañado un ejemplar de La presencia desierta de Javier Sicilia. Ya su título es una paradoja: ¿qué puede estar presente si se ha ido? Antes de que comience la velada musical, en la primera cascada de liras de este tríptico, se habla del encuentro del alma con Dios en la figura de la muerte, cantada por el Coro:

Desde el Vértice Tuyo, hacia Tu adentro
la materia palpita con Tu ausencia
el día generoso
le devuelve la luz de tu presencia.
Se realiza en la nada de mi centro
la profunda labor de tu reposo.

Se trata de versos de a once y de a siete, en seis líneas, liras para los entendidos. Tanto en La presencia desierta de Javier Sicilia como en la Novena sinfonía de Beethoven en el principio está la muerte. Para Beethoven es la amenaza de muerte del héroe trágico, como en su Tercera sinfonía. El hombre está solo en un Cosmos de quince mil millones de años luz de radio medio. Si el centro del alma es nada, ¿qué es el alma? En el primer tríptico de Javier, descubrimos que la muerte mística es la fusión del alma en el amor de Dios. Para ambos, en medio de relámpagos, diáfana, el alma se disuelve en la negrura de su nada.

En las ventanas que se abren frente a las escaleras hacia el segundo piso de la sala, veo que se ha desatado una curiosa lluvia.

Lira perfecta, el primer verso de Javier retrata un intenso erotismo que se cernirá a lo largo de la mayor parte de la obra, para precipitarse finalmente en la unión mística. La segunda línea es un gemido de orfandad; Dios se ha ido, y la Creación lamenta su ausencia. Ya durante el albor del cristianismo ni más ni menos que el ultraortodoxo San Pablo había reconocido que “Toda la creación gime y sufre con dolores de parto” (Rm 8, 22). El sufrimiento del poeta hace eco de este adviento gemebundo. Sin embargo, hay un tono erótico en el misticismo de Javier Sicilia, erotismo que bebe en el manantial de San Juan de la Cruz. Manantial del que bebieron también fray Luis de León y santa Teresa de Jesús. Por lo tanto, Javier Sicilia recorre dos mil años de cristianismo y los funde en una lira:

...tu vela a la deriva es como un sueño
oculto y demudado en el escándalo
del viento ¡Vive dada
entre los puertos! Y el aroma a sándalo
y a jazmín sobre todo nuestro ensueño...
¿Qué dios fue más amante de su amada...?

Amén de San Juan, la última línea, metro lira, es una delicia. Al Dios de los cristianos lo habían ya destacado porque era más hábil en la guerra que los otros dioses: era “el Dios de los ejércitos”. Ahora, la comparación con los otros dioses es en las artes amatorias, y el Dios de los cristianismo sale avante.

En cambio, el erotismo de Beethoven es más difícil de descubrir, pero también surgirá en forma de orgía sagrada al final del cuarto movimiento.

II. Scherzo: Molto vivace - Presto

En reciente charla, antes de un concierto de cámara en el que fue acompañado por la pianista María Teresa Frenk, nos dijo el flautista Rafael Urrusti que el minué era el emblema del antiguo régimen. Danza lenta y solemne. Añadió Urrusti que Beethoven hizo eco de la Revolución Francesa introduciendo una revolución en la música. El tercer tiempo de las sinfonías clásicas era un minué. Beethoven sustituyó el minué por un Scherzo, y en esta Novena sinfonía lo colocó como segundo movimiento: chispeante y rápido.

III. Adagio molto e cantabile

El adagio contiene un tema con un intervalo de cuarta que hará historia en las manos de Wagner y Mahler. Wagner en la obertura Rienzi, Mahler en la introducción del primer movimiento de su Primera sinfonía.

En tanto, el tríptico central de La presencia desierta celebra la encarnación, es decir celebra la materia por lo tanto anuncia que por medio de lo físico podemos advertir el amor de Dios. Es el Dios de los estetas, pues el arte necesariamente necesita de la materia para expresarse: el poeta y el músico juegan con los sonidos y silencios para entregarnos una nueva visión del mundo. Dice, pues, Javier Sicilia.

A TU MATERIA AMADA ME ACOSTUMBRO,
A TU SITIO MORTAL, —EN ÉL ME ALUMBRO
Y ESTALLO EN AMORÍOS—.
OCIOSIDAD QUE AFIRMA SU POTENCIA;
A LA VENTURA ENTREGO MI PRESENCIA;
SOBRE CAUCES DE RÍOS VOY GOZOSA.

Recordemos que Teilhard de Chardin nos invitó a empaparnos de materia en aquel texto del que yo, he de confesarles con vergüenza, sólo he leído escasos fragmentos: el Himno del Universo. Aquí Javier se hace uno con esa idea, y nos entrega el más bello homenaje al mundo como representación. Porque tanto amó Dios al mundo…

IV. Presto

Érase que se era un pueblo en el que las cafeterías eran atentidas por cantantes, los templos tenían coros sinfónicos y los niños se preparaban para tocar en una orquesta clásica. Aunque me inspiré en Los maestros cantores de Richard Wagner para las líneas anteriores, hace algunos años me tocó vivir en persona una escena exactamente así como la que he pintado en este párrafo. Sólo diré una indiscreción: alguna vez, en el café Carusso, el barítono Armando Gama me sirvió un sabroso café. Hoy lo escucho decir: “O Freunde...” Y es secundado por la Sociedad Coral Cantus Hominum y el Coro del Centro Universitario México.

En el último tríptico que compone La presencia desierta, el poeta Javier Sicilia se dirige al abandono del amor de Dios. Como en la Novena sinfonía, Sicilia trata el tema de la comunión con lo divino. En la unión mística. Beethoven nos hace a todos hermanos. Por su parte, como en el vértice del principio, Sicilia nos reúne en erotismo Creador:

EL VÉRTICE del alma
se hiende en soledad y madrugada,
muchacho, cuando en calma
desciendo a tu morada
en busca de tus besos transformada.

¡Qué hermoso homenaje al Siglo de Oro español, y a los siglos de cristianismo! Al terminar la sinfonía, salto a abrazar a los millones que han cantado. No miento cuando les digo que todos son mis amigos. Uno de los vigilantes de la sala me advierte que no puedo pasar hacia los camerinos. Este guardia nada sabe de la disolución de las barreras que ha tenido lugar en la sala de conciertos, y a pesar de la prohibición del policía me acerco a darle un afectuoso abrazo a Leonardo Villeda, director de la Sociedad Coral Cantus Hominum. Tras el saludo, es el tiempo de la instrucción. No puedo evitar preguntarle si me puede decir el nombre de cierto extraño instrumento musical que he visto hoy por vez primera.

Le aseguro a Leonardo que vi unos platillos verticales con borlas de color rojo, coronados por una media luna, y sostenidos por un bastón de metal. ¿Qué instrumento es ese, que aparece en la marcha del tenor? Leonardo Villeda afirma que tal instrumento se llama campanelo, y es de origen mongol. Se usaba durante las batallas, y era una suerte de bandera, que con movimientos y sonidos indicaba el comportamiento de las tropas. En lo personal, ¡qué bello ha sido para mí ver un aporte musulmán en una sinfonía hecha como himno de la humanidad! Si he escuchado en vivo varias veces la Novena sinfonía, ¿por qué no había visto ese instrumento? Por lo regular, la orquesta que interpreta la Novena sinfonía de Beethoven es enorme. Mahler añadió más cornos y más cuerdas. Ahora, la he escuchado en una versión reducida para orquesta de cámara, y el campanelo pudo lucir en medio de ésta. Por cierto, en algunos programas llaman “platillos turcos” a dicho instrumento. Una amiga le llamó sistro. Así, la Novena sinfonía de Beethoven siempre me asombra con su frescura mensaje de inmortal poeta, de alegría que nos reúne a todos los seres humanos bajo el suave cobijo de sus alas.

***


Marcela Chacón, soprano
Belem Rodríguez, mezzosoprano
Saúl Sánchez-Román, tenor
Armando Gama, barítono
Sociedad Coral Cantus Hominum. Leonardo Villeda, director
Coro del Centro Universitario México: Jorge Pastor Escobar, director
La Pequeña Camerata Nocturna, bajo la dirección de Gabriel Camacho
Novena sinfonía, Ludwig van beethoven
Domingo 6 de marzo, 18:00 horas
Sala Nezahualcóyotl, del Centro Cultural Universitario

Bibliografía:

Sicilia, Javier, La presencia desierta, México, 1985, Fondo de Cultura Económica, 72 pp.

martes, 20 de julio de 2010

Sonata autógrafa para un hombre que desentona

Enrique Arias Valencia

Para Rosa Angélica, por el séptimo arte.


Hace unos meses, mi tocayo el señor Rojas me aseguró que ya estaba harto de las películas en las que los nazis eran los malos y los aliados los buenos. En mi fuero interno discurro: “Si bien no soy un enamorado del cine, si me invitan voy, incluso a ver películas de corte tan simplón”. Y hete aquí que el sábado pasado mi amiga Rosa Angélica me ha invitado al cine. Hemos visto Sonata para un hombre bueno. Esta noche, ella me da a leer un ensayo sobre la obra mística de Lanza del Vasto, el discípulo católico de Gandhi. Se trata de un trabajo en el que el poeta Javier Sicilia expone, entre complejos y apasionantes temas, que el místico vive más allá del bien y del mal. Es así que mi católica compañera de cuitas cinéfilas y literarias, Rosa Angélica, me ha preguntado cómo puede ser que el místico se las arregle sin el bien y sin el mal, pues para ella éstas son categorías esenciales de la realidad.

Como algo sé del tema, intento explicárselo con un ejemplo.

Durante la película Sonata para un hombre bueno, vemos que el 12 de diciembre de 1937 sin previo aviso se desata un ataque aéreo japonés a Nankín, una ciudad china donde había una importantísima empresa multinacional. A John Rabe, director general de la fábrica, y de nacionalidad alemana, se le ocurre desplegar en el patio una bandera nazi porque supone que al ver dicho emblema lo respetarán los cazas japoneses, cuya nación era aliada de Alemania. El truco da resultado, y un puñado de chinos se protegen bajo un enorme pendón nazi. Si la bandera nazi fuera esencialmente mala, no podría haberse usado para tal fin. Luego, el mal que hay en los símbolos nazis es una ilusión.

Mi amiga alega que tal cosa fue circunstancial; a lo que entonces replico:

Dios no puede ayudarme en forma circunstancial, porque no es esencialmente existente.

Católica al fin, ella intenta replicar que eso está por verse; pero le recuerdo que yo sólo aspiro a hacerle ver cómo el místico se las arregla para vivir más allá del bien y del mal.

Por cierto, la malvada Lísida fue una de las personas que me han ido paulatinamente convenciendo de que no existen el bien y el mal. Y la llamo malvada no porque lo que me hiciese fuera algo malo, pues ella me abandonó; y eso no es malo, sino que es la expresión de su libertad, a la que no puedo oponerme; pero sí puedo contestar con mi pesadumbre, pues soy hombre y en esa medida yerro y desentono.

Quizá sea muy peligroso que haga yo la siguiente observación en este párrafo, pero de todas formas me arriesgo: soy un ateo existencial que ya ha comenzado a subir la cumbre del ateísmo esencial. Y escalo sin equipo de alpinista, y quizá lo único que consiga sea partirme el hocico en aquella pendiente resbaladiza que ya diviso.

Y aquí parto: la peli de reciente factura rompe un tabú y muestra que no todos los nazis eran “malos”, y si mi tocayo la viese, quizá le agradaría. Yo le doy un diez a Sonata para un hombre bueno y la recomiendo amplia y cordialmente.

¡Salud e inquieta alegría!

sábado, 31 de octubre de 2009

Puertas racionales a otros mundos

Enrique Arias Valencia

“El cielo estrellado sobre mi cabeza, y la ley moral dentro de mí”.
Kant



Nacer para ver. ¿Cómo podríamos suponer que es Dios a partir de lo que sucede en el mundo? ¿Quién es Dios? Una noche estrellada, ¿nos habla del orden o del desorden? ¿Se trata de Cosmos o Caos? Después de todo, las constelaciones son un intento de la mente del hombre de poner en orden un montón de estrellas arrojadas al acaso. Rudy Rucker en su obra La cuarta dimensión nos da un atisbo de lo que pudiera ser el orden racional del mundo superior, la cuarta dimensión geométrica:

“Si no fuera por el tiempo, podría vivir eternamente. ¿Tiene sentido esto? Si no fuera por el espacio, podría estar en todas partes. ¿Hay alguna diferencia?”(1)



Geometría: la palabra que los matemáticos reverencian y los hasta los papas miran con recelo. Sólo los viejos filósofos gustaban de las matemáticas. “Que nadie entrare aquí si no supiere geometría” rezaba la advertencia de la Academia de Platón a todo aquel que quería aleccionarse en filosofía. Fausto Ongay en Máthema, el arte del conocimiento nos dice que su filosofía personal sobre las matemáticas es “platónico-pragmática”(2) y en su libro nos presenta una atractiva historia con las matemáticas como protagonista principal.

Las películas para niños de vez en cuando tratan temas científicos de una manera tan atractiva, que a veces pueden pasar inadvertidos. No hay que olvidar que la película de Disney El león, la bruja y el ropero, basada en la novela homónima de C. S. Lewis trata de una enorme metáfora en donde el ropero es ni más ni menos que el instrumento geométrico de las puertas de la percepción. Percepción que no es psicodélica, sino intelectual. El tema aparece varias veces en Disney. Está también en Alicia en el país de las maravillas. Por eso puedo añadir que Lewis Carroll usó el espejo tal y como C. S. Lewis usó un ropero. Éstas son las sutilezas del entendimiento: geometría y paradojas lógicas. Hemos visto algunos ejemplos de geometría, más adelante veremos las paradojas lógicas.

Para los evolucionistas radicales, el entendimiento es un rompecabezas. Según Stephen Jay Gould, el intelecto es el más estrafalario de los inventos de la evolución. Y el más estrafalario de los inventos del intelecto es la lógica simbólica o formal, tan apartada de los menesteres del cuerpo y tan cercana a las alegrías del alma. La lógica formal, con sus proposiciones ideales, es lo más cercano a Platón que un matemático pueda llegar a tener en su cabeza. ¿Qué son las ideas? Schopenhauer, siguiendo el planteamiento platónico, nos dice que las ideas son ajenas a la multiplicidad, son los modelos de las cosas individuales, sus imperecederas formas:

“las eternas formas de las cosas, no apareciendo en el tiempo y en el espacio, medium del individuo, sino inmóviles, no sujetos a cambio alguno, siendo siempre y no deviniendo nunca, mientras los individuos nacen y mueren, siempre están llegando a ser y nunca son [...]”(3)



Es así que hay una gran semejanza entre los números, las figuras geométricas, las formas de la lógica y las ideas, pues todos ellos son ajenos al tiempo y el espacio, no son objeto de cambios, son únicos y no devienen jamás. Por eso es que siempre podemos estar seguros de que dos más dos son cuatro; porque los números no son volubles, como tantas y tantas cosas de este mundo tan ordinario.

En varios pasajes de Concepción Cabrera de Armida. La amante de Cristo, Javier Sicilia arremete contra Platón. En resumen, la queja de Sicilia es la siguiente: “El cuerpo –decía Platón– es la cárcel del alma”.(4) Es así que, en contrapartida, Sicilia reivindica la visión unitaria del sistema alma-cuerpo, tan en boga entre los católicos cultos de la actualidad. Para que yo pueda contestar esto a la manera de un elogio de la cordura, me gustaría recurrir a un gran teólogo cristiano que también cita Sicilia:

“El filósofo Nicolás de Cusa decía que «como regalo divino habita en todas las cosas el anhelo natural a ser de mejor manera que lo que permite el estado actual de su naturaleza»”.(5)



Cusa sostenía la doctrina de la conciliación de los contrarios. Parece que Javier Sicilia olvida que por su formación matemática, Cusa es un neoplatónico. Según Nicolás de Cusa, “el hombre es una imagen viva de Dios”. Por consiguiente, se trata de un Dios vivo, que forma a su imagen, es decir, con base en una idea divina, al hombre. La idea del hombre fue concebida en la mente de Dios. En consecuencia, Cusa es el intelectual que nos permite exclamar: “Al cielo por la razón”.

1) Rudy Rucker, La cuarta dimensión, Barcelona, Salvat, 1989, p. 161.
2) Fausto Ongay, Máthema, el arte del conocimiento, México, Fondo de Cultura Económica, p. 7.
3) Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad, y representación, México, Porrúa, 1998, pp. 111-112.
4) Javier Sicilia, Concepción Cabrera de Armida. La amante de Cristo, Fondo de Cultura Económica, México, 2002, p. 56.
5) Javier Sicilia, Concepción Cabrera de Armida. La amante de Cristo, Fondo de Cultura Económica, México, 2002, p. 502.

lunes, 22 de junio de 2009

La apropiación de la apropiación

Enrique Arias Valencia

Seamos leales a lo que nos sugiere Evodio Escalante:

“Desde que el escritor John Barth hizo circular la expresión “literatura del agotamiento” nos hemos resignado a considerar que no hay nada nuevo bajo el sol, que nos ha sido vedado el privilegio de inventar nuevas metáforas, y que, en dado caso, el oficio del escritor consiste en aderezar de nuevas maneras lo que ya ha sido asimilado por la tradición”.

Dice Evodio Escalante:

“¿Pero qué sucede cuando un escritor mexicano de nuestros días, sin mencionarlos, sin anotar sus versos en cursivas o ponerlos entre comillas, y sin acompañar la cita de una pertinente nota al pie de página, indicando la fuente, se apropia de pasajes enteros de lo que han escrito y publicado estos poetas más que eminentes?”

Por lo tanto, debería decir:

“Desde que el escritor John Barth hizo circular la expresión “literatura del agotamiento” nos hemos resignado a considerar que no hay nada nuevo bajo el sol,* que nos ha sido vedado el privilegio de inventar nuevas metáforas, y que, en dado caso, el oficio del escritor consiste en aderezar de nuevas maneras lo que ya ha sido asimilado por la tradición”.

*Eclesiastés, 1:3. Cfr. con esta pregunta de Escalante: “¿Es legítimo intercalar frases y versos completos de Eliot, de Rilke, de la Biblia, sin acompañar estos “préstamos” de algún recurso tipográfico que indique o sugiera al menos que no han brotado de la “inspiración” del autor cuyo libro tenemos entre las manos?”

Todas las citas de Evodio fueron tomadas de aquí.

lunes, 30 de marzo de 2009

¿Qué es el amor cristiano?

El amor es la herida que Dios abrió en el flanco de la especie para romper su soledad original.

Javier Sicilia en La confesión

domingo, 29 de marzo de 2009

Y los fieles, ya saben ya saben...

La Iglesia sabía, por los misterios de la encarnación, que desde que Cristo ascendió a los Cielos sólo el arte es capaz de hacer visible su presencia.

Javier Sicilia en La confesión

sábado, 28 de marzo de 2009

Dios, arte y poesía

NO VAMOS A ESPERAR A QUE LOS CIENTÍFICOS DESCUBRAN LO QUE LOS POETAS YA SABEN

Para mí el arte es una analogía de la Creación de Dios, un acto de la encarnación en pequeño en que contemplamos, aunque el artista lo ignore, algo de la belleza del verbo.
Javier Sicilia en La confesión