jueves, 19 de agosto de 2010

España como madre del mundo

Enrique Arias Valencia
Para Manuel Millán y José Miguel Moreno Sabio,
quienes están allende la Mar Océano
El motivo nace como melisma en una guitarra granadina. La melodía madura, y volvemos a encontrarla como tema de una canción andaluza. De ahí salta a las tonadas populares, y entonces se hace parte de la forma de la Madre Patria. Muchos siglos más tarde, el motivo aparecerá como parte de la Danza bohemia, uno de los temas de la ópera Carmen. Nietzsche sostiene que escuchó Carmen varias veces, y en alguno de sus libros no dudará en referirse a la Verdad como una astuta jovencita... Carmen, ni más ni menos.

Ahora bien, los críticos que he consultado encuentran en Mahler la influencia de dos grandes compositores: Wagner y Beethoven. Se les escapa Bizet, y con él, España. De la Carmen de Bizet, Mahler tomará ágiles pinceladas de la Danse Boheme para la Cuarta y Sexta sinfonías. En ambas obras el tema recibirá un tratamiento expresionista. En la sinfonía en Sol Mayor sorprende en el segundo movimiento, y deleita en el último. Así, el tresillo de las maderas del scherzo es una interesantísima variación de un tema que nació español, se naturalizó francés y se exilió austriaco. En el movimiento Muy cómodo de la Cuarta, tras los efectos chinescos de la mezzosoprano, tras los estallidos de la fanfarria, ocultos en la selva, aparecen de vez en cuando melismas de Carmen. Sí, es cierto que se trata de una España fingida por un sinfonista, la Península retratada por los ojos de un creador desmesurado, que conoció España por vía de un operista francés. Pero todo en Mahler se modifica para convertirlo en una expresión personal.

Muchos años después, la Guerra Civil hará que varios españoles salgan de su patria. Son almas melodías que, como el melisma de Carmen, partirán a otros países para fecundarlos. México fue inundado por un gran contingente español en dos grandes ocasiones: la primera fue la Conquista. La segunda fue el Exilio Español. La víspera del desembarco en el puerto de Veracruz, el poeta salamantino Pedro Garfias nos entregará “Entre España y México”, poema en el que en su conclusión se intercambian los papeles históricos del conquistador y el conquistado:
pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja,
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!

En el México del final de mi infancia no fui ajeno al exilio español. Uno de mis profesores de los cursos de verano era español. Firmaba sus trabajos poéticos como Magadiel, y era comunista y ateo. Recuerdo que intentó enseñarme parte de la tabla del cubo. Siempre fui refractario al orden, y no la aprendí. Tampoco conservo ni uno solo de sus poemas, que Manuel Galicia de Dios solía colgar en los cristales de una panadería que estaba en el Boulevard Xola, antes de que la camarilla de la burguesía de izquierda de México desfigurara mi barrio.

Décadas más tarde, durante la licenciatura de filosofía, me encontré en la Universidad con una generosa parte de la herencia de los maestros del exilio español. El doctor José Gaos nació en Gijón, llegó a México en 1939. En 1951 tradujo El ser y el tiempo, de Martin Heidegger. El mexicano Samuel Ramos consultó a Gaos cuando hizo su traducción de dos ensayos de Heidegger que fueron publicados en forma conjunta bajo el título de Arte y poesía. Yo, el peor de los lectores, a lo largo de este año he sido acompañado por este libro, en mis paseos por el sur de la Ciudad.

Leyendo “El origen de la obra de arte”, de Heidegger, intento comprender no el mundo, sino el arte. Pero quien comprende el arte, comprende la verdad del mundo: “La obra de arte abre a su modo el ser del ente” (p. 67). Y abrir el ser del ente, equivale a saber la verdad. La verdad acontece en la obra de arte: “En la obra está en operación la verdad, no solamente una verdad” (p. 90). “El brillo puesto en la obra es lo bello. La belleza es un modo de ser la verdad” (p. 90). Y sin embargo, “¿Qué es la verdad, que puede o debe incluso acontecer como arte? ¿Hasta qué punto, hay, en general, arte?” (p. 92). Y vuelvo al punto de partida.

Volver al punto de partida es situarse en la pregunta que no puede responderse sino desde el arte mismo. Por eso, Heidegger se hace poeta, y concluye en la belleza de la verdad.

La melodía a la que me he estado refiriendo nació en Granada. Pero, ¿dónde fue concebida? ¿No es acaso una danza bohemia? En una confusión típica de Europa, a los bohemios se les identificaba con los gitanos. Carmen era gitana. Se le llamó gitana porque se creía que esta nación errante procedía de Egipto: “egiptano”. Nómada, estuvo también en Bohemia, la patria de Gustav Mahler. Por eso se llama Danza bohemia la pieza musical de Carmen que, sostengo en este ensayo, Mahler usó en sus sinfonías 4° y 6°. ¿Y no sería para la Danza bohemia volver a su patria cuando fue dispuesta por Mahler? ¿He dicho patria? Mahler mismo dijo alguna vez: “Yo, el tres veces sin patria, bohemio entre los austriacos. Austriaco entre los alemanes. Judío en todo el mundo”.

La palabra sánscrita sitar se usa en la India para designar a un instrumento musical de cuerda pulsada. Quizá sitar pasó a cítara en Grecia. Sitar es la raíz indoeuropea de la que proceden gitana, guitarra y baraja. Baraja fatal como la que arrojan las gitanas en Carmen, anunciando una muerte segura.

¿Y por qué llamo a toda esta gitanería como España, madre del mundo? Si eres capaz de leer esto como tu lengua materna, la respuesta la tendrás en la punta de la lengua. En palabras de la Madre Juana Inés de la Cruz:
“Cítara solamente de Apolo”.
***


Relacionado con Heidegger.

***

Reflexiones que tuve en la Sala Nezahualcóyotl el domingo 15 de agosto de 2010:


Ciclo Gustav Mahler I

Temporada de verano 2010
Sala Nezahualcóyotl, 14 Y 15

Séptimo programa

Jueves: dedicado a Grupedsac
Sábado: dedicado a la Generación 60 de la Facultad de Química
Domingo: dedicado al Instituto de Física

José Areán, director


Joaquín Gutiérrez Heras (1927)

Postludio (11’)

Max Bruch (1838-1920)

Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor op. 26 (24’)
1. Vorspiel. Allegro moderato
2. Andante
3. Finale. Allegro energico

Philippe Quint, violín

Intermedio

Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía nº 4 en sol mayor (54’)
1. Bedächtig. Nicht eilen
2. In gemächlicher Bewegung. Ohne Hast
3. Ruhevoll
4. Sehr behaglich (“Wir genießen die himmlischen Freuden”. Text aus
“Des Knaben Wunderhorn”)
María Alejandres, soprano

15 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Hermoso recorrido musical con el que ha ido hilvanando su texto, engarzandolas como perlas en un collar.

Un placer, monsieur.

Feliz tarde

Bisous

Enrique Arias Valencia dijo...

Mi Señora: sus palabras son para mí un bálsamo y un beso.

¡Abrazos!

Atilio dijo...

Simplemente, hermoso.

Atilio dijo...

Perdón. Me refería al post anterior y a la música.

Ya leeré éste.

Enrique Arias Valencia dijo...

¡Hola, Atilio, qué alegría saludarte!

genetticca dijo...

http://genetticca.blogspot.com/

Enrique Arias Valencia dijo...

Hola, genetticca. Ya voy. ;)

genetticca dijo...

Pero quien comprende el arte, comprende la verdad del mundo: “La obra de arte abre a su modo el ser del ente” Y abrir el ser del ente, equivale a saber la verdad. La verdad acontece en la obra de arte:
Y sin embargo, “¿Qué es la verdad, que puede o debe incluso acontecer como arte? ¿Hasta qué punto, hay, en general, arte?


Hey,realmente magnifico,captar el alma de la música, aunqué no se disponga de ese TALENTO QUE TU TIENES PARA ELABORAR TAN DELICADAMENTE ESE PROCESO QUE LA ELEVA. CAPTAR, ES UN ARTE EN SI MISMO, PERO CAPTAR PARA SOSTENER EL ESPIRITO EN EL MOMENTO DE EXTASIS .
Realmente es un placer leerte, siempre sale una ganando ,enriqueciéndose con esas descripciones tan ...no se, la palabra no existe.

un saludo amigo.

Enrique Arias Valencia dijo...

Hola, Genetticca.

Gracias por hacer mención del arte de captar, lo cual halaga al público, pues también lo hace artista.

Un abrazo

José Miguel Moreno Sabio dijo...

Hola Enrique:

Gracias por tan hermosa regalo. Algún punto me ha creado inquietud y curiosidad extremas y quiero hacerte algún comentario al respecto, pero necesito algo de tiempo para ordenar mis ideas y expresarlas con una mediana corrección.

Saludos y hasta pronto.

Anónimo dijo...

Gracias por su comentario en el blog de Manuel. A V. le leo siempre, porque he conocido su blog a través de "El filtro de Manuel Millán".
No estoy capacitada para entrar en profundidades como Vs., pero disfruto leyéndoles y los sentimientos, la belleza en el arte y en la naturaleza, creo que pueden por sí solos hacernos vibrar a todos, por sencillos que seamos.
De nuevo gracias.
Magdalena

Chelo dijo...

Hola Enrique! Me encantó el recorrido musical, me encantó la palabra melisma que acabo de conocer, pero me fascinó la idea de la verdad como aquella muchachita Carmen. Eso está divino.
Un abrazo heideggeriano
Consuelo

Manuel dijo...

Enrique. Gracias por la dedicatoria. Un regalo tras mis cortas vacaciones. Tras la primera lectura, estoy un poco perplejo por observar cómo hilvanas temas tan complejos y densos. las relaciones musicales que expones tengo que digerirlas y comprobarlas, pero en todo caso, son un ejercicio magnífico.
Gracias por hacernos pensar.
Un abrazo.

Enrique Arias Valencia dijo...

José Miguel: ¡Bienvenido! Espero tus comentarios.

Hola, Magdalena, ¡Bienvenida! El dato que pusiste en El filtro de Manuel me ha servido mucho, y es toda una inspiración.

Manuel: cualquier cosa que encuentres, compártemela, aun si descubres que estoy equivocado, pues sería un honor que me corrijas.

Consuelo: tienes el don de hacer que tu cometario siempre sea el que me llega directo al corazón.

Enrique Arias Valencia dijo...

Vaya: y debo confesar que hoy he escuchado el segundo movimiento de la Sexta sinfonía de Mahler y es ahí donde encontré el melisma también, y no en la Quinta como puse en el post. He actualizado con base en esta corrección. El tema de la Danza bohemia se escucha con toda claridad en la voz de los violines en el 4:58-5:04 de esta grabación, aunque ya era citado por las maderas y las cuerdas durante varios compases antes. Incluso, a mí me parece que la vigorosa entrada del timbal está inspirada en el ritmo de la introducción en maderas y síncopas de las cuerdas de la Danza bohemia; pero sé que eso ya es una mera especulación… Sin embargo, en la Cuarta, como la escuché en vivo, seguro que sí está como dije originalmente en “España como madre del mundo”.

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