sábado, 14 de junio de 2008

De cómo Richard Dawkins se volvió bello y hermoso

Enrique Arias Valencia

A toda capillita le llega su fiestecita, o para decir casi lo mismo en lenguaje secularista: no hay plazo que no se cumpla, ni mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista. El problema con las traducciones al lenguaje secular de expresiones de justa y preciosa tradición religiosa, es que se pierde gran parte del rico contenido expresivo que las frases religiosas tienen en beneficio de un dudoso prestigio racional.

Anteposteriormente habíamos tenido ocasión de carcajearnos justamente con las divertidísimas puntadas de nuestro querido y nunca bien reconocido, el señor don doctor Richard Dawkins, quien siempre tiene una genial respuesta para asombrarnos a nosotros, los grandes espíritus.

El colmo del descaro dawkinsiano corrió a cargo de Fernando G. Toledo, quien en su blog “Razón atea” fue capaz de contestarme que Dawkins también usa expresiones como “¡Dios mío!” cuando el ilustre etólogo se halla en apuros.

Por mi parte, a mí no me cabe duda de que un secularista es alguien que se avergüenza de reconocer sus rasgos de santidad, porque dichos rasgos son la prueba de la falsedad de su sistema.

Que Dawkins no pueda evitar decir “¡Dios mío!” en un momento embarazoso, acusa su buena fe. Vamos, que yo en momentos cruciales soy capaz de soltar ya no digamos una blasfemia blanca, sino las más terribles y repugnantes palabrotas que ser vivo haya sido capaz de proferir sobre la faz de la Tierra.

Cuando discuto con un secularista contra nuestro querido Richard, el secularista en cuestión nunca ha sido capaz de reconocer que, en dicha discusión, yo asumo deliberadamente el papel del malo, para así colocar a Dawkins en la difícil situación de ser el bueno, y por lo tanto, el santo de la historia.

Y es así como en mi devorador planteamiento estético-irracionalista estoy a punto de dar cumplimiento a una preciosa ambición que tiempo atrás ya venía yo acariciando: incluir a las obras de Dawkins entre los fenómenos estéticos de la Santa Belleza.

En consecuencia, a regañadientes del propio Dawkins llevo a sus obras, El gen egoísta y El espejismo de Dios, para ser consagradas en el altar del más bello de todos los Dionisos, el del reconocimiento de cómo Dawkins se volvió bello y hermoso, y muy a su pesar, un santo de Dios.

Amén.

viernes, 13 de junio de 2008

Un predicador fuera de lo común

Enrique Arias Valencia

Si bien desde mi punto de vista la belleza es superior y por lo tanto muchas veces se opone a la verdad; no puedo dejar de reconocer que los buscadores de la verdad son capaces de crear mucha belleza. Por eso ahora quiero presentar a su consideración a un Predicador fuera de lo común.
Su blog tiene una agradable interfaz, plena de ilustraciones, admirables poesías, y el gusto de su autor, entre muchas otras cosas, se reparte entre los pulpos, Sherlock Holmes, los comics, lo que él llama ateología y un fascinante y suculento etcétera.
Así, pues, con ustedes, El Predicador Malvado:

http://predicadormalvado.blogspot.com/

Que lo disfruten.

jueves, 12 de junio de 2008

Lágrimas de hermano

Con sus lágrimas, Teodoro González de León construyó un mausoleo de conmovedora arquitectura, homenaje imperecedero al poeta, al amigo, al hermano.
Susurrado desde el público por Enrique Arias Valencia el 19 de abril de 2008, con ocasión del Aniversario Luctuoso del poeta Octavio Paz en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México

miércoles, 11 de junio de 2008

Así es

La estética se basa en la representación.
Äriastóteles Lumínico

martes, 10 de junio de 2008

¿Será?

La educación estética de la música nos permite descubrir que la realidad esplendorosa es siempre bella.
Äriastóteles Lumínico

lunes, 9 de junio de 2008

La rendición incondicional

Para con el Universo espiritual, sólo vale la rendición incondicional.
Äriastóteles Lumínico

domingo, 8 de junio de 2008

Baroque



Música barroca: lleno de formas, pero sin forma.
Äriastóteles Lumínico