martes, 1 de mayo de 2012

Las tortuguitas de Karla



Conozco a Karla desde que era bebé. Ella ha crecido, y ha mostrado un gran interés por la biología. Karla ama a los animales. Recientemente, la niña me prestó un video con sus tortuguitas para que lo musicalizara. Aquí está el video con las tortuguitas de Karla, con música de un servidor. ¡Salud e inquieta alegría!

domingo, 1 de abril de 2012

Un Concierto de Salterios que Evoca Taxco


Taxco de Alarcón

He visitado Taxco en quizá siete ocasiones, la primera en los ochentas, con mis padres y hermano. La segunda, en 2002, completamente solo. La tercera y la cuarta me acompañó Lísida. La quinta, solo de nuevo. La sexta y la séptima con mi hermano. Aquí recreo dos visitas del 2008 y una del 2010.

jueves, 1 de marzo de 2012

Reencarnación científica

La Evolución como Metáfora

Enrique Arias Valencia

Con piel y carne me cubriste, con huesos y nervios me tejiste en una pieza; me regalaste la vida y te acercabas a cuidar mi respiro.
Job, 10:11-12

Durante el siglo XII, Europa se vio iluminada por las enseñanzas de quien después sería reconocido como San Francisco de Asís, quien vio a la Naturaleza entera como hermana. En su famoso “Himno al Sol” este santo exclama entre otras cosas:
“Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y el rocío y por todo tiempo, con el cual das sustento a tus creaturas...”
Estamos frente a un movimiento de glorificación de la Madre Naturaleza, una exaltación de la fraternidad universal. En la India también se manifestó un clima espiritual en el que la Naturaleza se revela como nuestra hermana, pero aquí el concepto fue más intenso, más vivo, más consciente. Somos hermanos del raudo pez y de la paciente rosa, del suave viento y de la arena de los mares. ¿Qué puede afirmar la ciencia al respecto?

Darwin en pocos trazos

La ciencia biológica ha descubierto algo asombroso: después del sagrado momento de la concepción, una célula triunfante se instala en el fértil sitio que su madre le ha regalado, igual a como lo hicieron hace millones de años las primitivas células que flotaban en los mares originarios. Esto parece apuntar a que procedemos de células diminutas como los infusorios paramecios de los lagos, seres microscópicos que nadan alegremente en su medio.

Algunos días después la criatura que se desarrolla en el vientre materno encarna ahora a un conjunto de células que tras de haberse dividido varias veces, constituyen ahora una elegante esferita que pronto comenzará a presentar una concavidad en un costado. Muy pronto el embrión se asemejará a un celentéreo, esas criaturas marinas como son las anémonas o los corales. Somos hermanos de animales que viven en el mar, de él procedemos y muchas vidas hemos tenido en el vientre materno sin siquiera sospecharlo.

Al principio el pequeño ser sólo tiene dos capas de células, pero pronto se añade una tercera. ¿No somos hermanos de los platelmintos y nematelmintos? Estos últimos fueron los primeros seres que tuvieron sangre en sus cuerpos y sangre es lo que ahora fluye en el pequeño embrión.

Hace millones de años la Madre Tierra sirvió de vientre para albergar a los equinodermos, quienes fueron los primeros seres con esqueleto interno, como las estrellas de mar, y un esqueleto se manifiesta ya en el ser que se nutre con el alimento que le proporciona su madre a través del cordón umbilical. A las tres semanas el embrión cuenta ya con una cuerda vertebral y también posee un esbozo de hendiduras branquiales, como sus antepasados los peces. Asimismo, no olvidemos que la criaturita flota en un medio líquido y unas pequeñas escamas al rededor de la boca muy pronto se convertirán en dentadura. Sus aletitas laterales formarán brazos y piernas.
Poco después el embrión asume el aspecto del hermano anfibio, como por ejemplo el ajolote del barrio de Xaltocán de Xochimilco, un animal de eterna infancia y que en su forma es capaz de recordarnos al pez, al batracio y al reptil.

Nuestro embrión también recorrerá etapas de desarrollo análogas a las de estas criaturas. Por fin el bebé se muestra como un mamífero primitivo. Sus manitas modeladas con sabiduría, son ya una copia en miniatura de las de su madre. Su boca, sus pulmones, detallados por la mano de un Dios desconocido, muy pronto podrán decir la palabra “Mamá”. El ser ha pasado de embrión a feto.

Hay quienes decían que el hombre está totalmente desvinculado de los animales y que por lo tanto no podemos ni descender ni reencarnar gracias a otros seres. El caso es que hemos reencarnado ya. Nuestro corazón pasa por las etapas de sencillita bomba, hasta convertirse en cuatro cámaras las cuales toman la sangre impura y la purifican por medio de una delicada alquimia, sin mezclarla nunca. La Naturaleza pone a evolucionar a los seres, llevándolos a una mayor consciencia de sí mismos. ¿No es ésta la misión de la vida, un homenaje a la vida misma?

miércoles, 1 de febrero de 2012

El pesimismo luminoso es un camino personal

Enrique Arias Valencia


Soy un pesimista ilustrado. Eso significa que no me encuentro a gusto en el mundo ordinario. El mundo ordinario es el mundo verdadero, sin maquillajes: el de los asesinatos, el de los secuestros, el del capitalismo salvaje y omnipotente. El mundo ordinario es el del hambre del todos los días. ¿Cómo soportarlo? Todavía no lo sé a ciencia cierta. Y a pesar de ello, o mejor dicho no a pesar de ello, yo sé cómo dirigirme a las aguas profundas que trascienden el mundo ordinario. Dichas aguas son el lenguaje universal de la música. La música, con su esplendor carácter metafísico, trasciende el mundo ordinario y nos devuelve la esperanza robada por los políticos, por los prelados, por los talabosques, por los agiotistas y demás secuestradores de la felicidad.

El año pasado pude disfrutar de 154 conciertos de lo más diversos. Desde un humilde y solitario clavecín en un diminuto templo católico hasta la colosal Sinfonía de los mil de Gustav Mahler en la Sala Nezahualcóyotl. Entre otros lugares visité el Palacio de Bellas Artes, el Alcázar de Chapultepec y el Centro Cultural Ollin Yoliztli.

La música es la lámpara mágica que ilumina todo lo que se encuentra cerca de ella. El genio de la música sale de la lámpara en forma de sonido: es invisible, pero casi omnipotente. Sí, la música no puede remediarlo todo: el maldito mundo ordinario sigue allá afuera; sólo es desplazado por un par de horas. Y sin embargo, mientras dura el hechizo de la música, pareciera que nuestra alma se encuentra celebrando sus saturnales en un reino perdido donde la voluntad de vivir habla directamente el lenguaje del corazón: lo entendemos sin palabras, son sonidos que van más allá del dolor y del placer. La música es la realización de la auténtica felicidad.

El domingo 15 de enero a las 17 horas Max Courrech y Eduardo Salceda me han acompañado a la Sala Manuel M. Ponce donde hemos tenido el placer de escuchar nuevamente a nuestros queridos amigos la pianista María Teresa Frenk y el flautista Rafael Urrusti en un espléndido recital que arrancó con la Sicilienne Op. 78 de Gabriel Fauré (1845-1924). Esta pieza tiene en mí el poder de equilibrar a Apolo y a Dioniso en un amable juego reflexivo. Así pues, mientras dura esta pieza me pregunto: ¿es la razón quien medita o es la meditación quien razona? No se trata de una meditación a lo oriental, en la que nos vaciamos de deseos; es más bien una meditación pánica en la que nuestros más amables deseos se hacen realidad: la paz, la verdad y el sutil erotismo impresionista. Ésa es la Sicilienne Op. 78.

Antes de interpretarla, Rafael Urrusti hace una simpática pintura de Joueurs de flûte Op. 27 de Albert Roussel (1869-1937). Cabe aclarar que cito de memoria su breve y amena conferencia, por lo que los aciertos son de Urrusti y los deslices son míos. Resulta que este compositor francés hizo una serie de retratos de flautistas famosos: Pan, Tityre, Krishna, y Mr. de la Péjaudie. La lista es encantadora ya por sus solos títulos; un deleite por su fabulosa música. Por cierto que Rafael nos aseguró que cuando Krishna se enteró del sueldo de flautista, exclamó: “Me conformo con ser sólo Dios”. Urrusti también nos habló de Pan y su infructuosa búsqueda del amor carnal, y de cómo ésta condujo a la tragedia de Siringa, de la cual nació la flauta de Pan. Como yo no sabía quién era Monsieur de la Péjaudie, quien compartió retrato con al menos dos dioses y una ninfa, bien pude agradecer a Urrusti cuando aclaró que dicho personaje era un gran flautista de la época.

Ahora bien: la Sonatina Op. 76 (1922) del compositor judío Darius Milhaud (1892-1974), Jeux-Sonatine de Jacques Ibert (1857-1944), y el Concertino Op. 107 de Cecile Chaminade (1857-1944) son tres partituras que, cada una a su manera, evoca aquello que durante el concierto se ha llamado impresionismo.

Y, ¿qué es el impresionismo? Espero no estar sobreinterpretando a Rafael Urrusti si les aseguro que tratándose de música, el impresionismo es en realidad el descubrimiento de un camino de interpretación personal del fenómeno sonoro. Sabemos que a Ravel y a Debussy les molestaba que les llamasen “impresionistas”. Y sin embargo, Debussy al resucitar el cantus firmus medieval, y al desafiar la armonía académica, nos conduciría inexorablemente al impresionismo de La cathédrale engloutie, sumergiéndonos así en el sentimiento océanico de identidad con lo divino que sólo la música puede hacernos realidad, destruyendo así las pretensiones de cualquier pesimista ilustrado. Y lo digo por experiencia propia.

Creo recodar que tras los últimos aplausos Max me aseguró en tono misterioso que, desde un punto de vista alquímico el recital fue dominado por el aire y el agua. No me dio mayor explicación del fenómeno.

Al final del concierto pudimos convivir brevemente con los artistas, y nos obsequiaron posar para una foto. De izquierda a derecha: Rafael Urrustri, Enrique Arias, Eduardo Salceda y María Teresa Frenk.

Por supuesto que los enlaces ejemplifican el concierto, pero no lo calcan tal cual.

domingo, 8 de enero de 2012

Primer viaje del año


En las Lagunas de Zempoala, el 7 de enero de 2012

Fanor y yo estuvimos en las Lagunas de Zempoala, un parque nacional que está formado prácticamente sólo por coníferas de alta montaña. De nuevo, como hace unos años, no he consultado a qué altitud se encuentra el parque, pero por su morfología parece que debería estar a más de 2,800 metros sobre el nivel del mar.

Vayamos a las tablas, y veamos qué nos dicen. La primera página de internet que me sale al paso afirma que las Lagunas de Zempoala están a una altitud de 2,900 msnm. Tuve un error de cien metros. No soy geógrafo, y no sé qué rango de error se permita en estos casos. Pero mi cálculo me satisface. No es cosa de magia, ni de que yo lo haya adivinado. Se trata de una deducción a partir de un dato científico. La fronda de las coníferas de alta montaña se alza orgullosa a partir de los 2,800 metros de altitud, y llegará hasta los 3,000, a veces un poco más.

¿Qué es lo que pasa cuando la razón se auxilia con los datos que le proporciona la experiencia? Lo que acabo de contarles es lo que pasa.

domingo, 25 de diciembre de 2011