jueves, 25 de febrero de 2010

El retablo dorado

Enrique Arias Valencia

“Grítenme piedras del campo”.

Cuco Sánchez



Obertura mesozoica

Recuerdo haber visto la fotografía de una laja de roca en la que se preservan las huellas de un brontosaurio que es perseguido por un tiranosaurio. No deja de asombrarme saber que una persecución que sucedió hace varios millones de años quedó registrada en un fósil que puede admirarse cuando toda la especie de los seres que participaron en aquel prístino drama de la vida se ha extinguido por completo. Sin embargo, la estela se interrumpe antes de que podamos saber el desenlace. Sólo tenemos noticia del comienzo de la prehistórica cacería; la naturaleza ha jugado una pequeña chanza a nuestra curiosidad. ¿Logró el tirano devorar a su víctima?

Preludio contemporáneo

Estoy frente al retablo del templo de San Bernardino de Siena, en Xochimilco. Es uno de los pocos del más temprano barroco mexicano que aún quedan en pie. Me he enterado de que quizá fue elaborado en los talleres de Santiago Tlatelolco, al Norte de la Ciudad de México. ¿Cómo se cinceló en madera de dorado que quisiéramos imperecedero este prodigio de los altares?

Acto único: El cordonazo de San Francisco

El anciano escultor se desplomó sobre la figura de Cristo que había estado labrando durante toda la semana. Pero su atacante no tuvo piedad, y tras los azotes, de un cordonazo lo descalabró.

Violenta ironía, la sangre viva del artista se confundió con la sangre fingida de la imagen. Fue así como un Dios insensible, porque insensible es una escultura de madera, se hizo a imagen y semejanza del hombre que sufre, porque la carne es el repositorio de los pesares de la voluntad.

Fue entonces cuando el mayoral de los pintores, Agustín García, se decidió a denunciar ante el tribunal de la Santa Inquisición a su agresor. El indígena Agustín García contó con el testimonio de sus cófrades. Ante los jueces del Santo Oficio tuvo que comparecer el temible fray Juan de Torquemada.

Durante la audiencia se supo, como una sátira macabra, que el fraile había usado el cíngulo de amor de San Francisco para golpear al viejo artista.

¿Por qué Torquemada se ensañaba con sus trabajadores? Contra la regla cristiana de no trabajar el domingo, fray Juan de Torquemada, el tirano, obligaba a sus escultores a rendir jornada. Torquemada era el jefe del taller de Santiago Tlatelolco, y le habían encargado, entre otras obras, el retablo de Xochimilco.

El 13 de febrero de 1601, Agustín García no sólo se negó a trabajar, sino que se quejó de que la paga era nula y el trabajo extenuante.

Agustín García no acudió a la audiencia. Yacía en cama, intentando restablecerse de los chichones y azotes que había recibido, algunos de ellos en público. Esa era la regla, y no la excepción. En esos momentos de convalecencia recordó que, cuando niño, su abuelo le había hablado de un tiempo en el que los dioses de México aún vivían y para honrarlos se habían alzado fastuosos templos y se habían esculpido maravillosas imágenes. Tan contento estaba con el relato de su abuelo, que García quiso ser escultor, y en realidad, las primeras lecciones de su arte no las tomó de los evangelizadores, sino de los sabios toltecas que aún daban lecciones en el Calmécac. Ahora, Agustín García había denunciado a fray Juan de Torquemada. Por eso, muchas obras de la iglesia del siglo XVI tienen un discreto sello mesoamericano.

Coda. ¿Qué pasó?

El tirano y la presa. No podemos saber qué sucedió después, pues el documento del juicio está incompleto. De nuevo, la historia sólo nos permite saber el comienzo del proceso, mas no su culminación… O casi. Leemos en Wikipedia:

“Torquemada dirigió la construcción de retablos de Santiago Tlatelolco, Xochimilco y otros que fueron enviados a Michoacán y Oaxaca. En 1613, Juan de Torquemada ocupó el cargo de guardián del Convento de Xochimilco. Torquemada murió en Santiago Tlatelolco, en 1624”.

Si se trata del de San Bernardino, entonces conozco el retablo de Xochimilco, de dorado ennegrecido. Hace tiempo que el de Tlatelolco se deshizo, vencido por los rigores del tiempo. Dicen los entendidos que se conserva un fragmento.

Hasta antes de este año, yo nunca había entrado al templo católico de Tlatelolco, edificado con las piedras de las ruinas de la ciudad prehispánica que está algunos metros enfrente de Santiago. Tras el altar, he visto la desnuda pared. Sin duda su retablo era enorme, pues sabemos que abarcaba hasta el final del cuadrado ábside, en los bordes del techo.

¿Fue sancionado Torquemada por su comportamiento? ¿Sanó Agustín García sus heridas? ¿Volvió al trabajo? No sabemos qué sentenció el tribunal. Como en el caso de la laja del triásico o cretáceo, el registro está incompleto. El grito de la presa que huía se perdió tras el deslizamiento de las rocas. En cierta forma, el tirano cazador se salió con la suya.

Sin embargo, sí sabemos que alrededor de 1613, Torquemada había terminado de escribir la Monarquía Indiana, una obra que le valió ser reconocido como uno de los rescatadores de la antigua cultura prehispánica. Debido a ello, la primera vez que tuve noticia de su nombre su biógrafo le llamaba “humanista”. Un reconocimiento irónico, de metonímica sangrienta sorna, en vista de lo que he expuesto aquí. El evangelizador murió en la paz de Dios de 1624. Del infeliz García no sabemos nada. La vida de los pobres no puede registrarse, ni siquiera en una laja, para por siempre jamás gritar junto con las piedras del campo, las grandes injusticias de la vida.

Bibliografía

Para elaborar este artículo, he recurrido a la siguiente fuente:

Constantino Reyes-Valerio, Arte Indocristiano: Pintura y Escultura en la Nueva España. Hay versión web. Basta hacer clic en este enlace.

18 comentarios:

Atilio dijo...

Bella analogía.

Hay dos pequeños errores en la historia.
Uno es respecto de los animales desaparecidos de aquella época, hace 65 millones años.
En realidad, muchos insectos, peces y otros animales de aguas profundas, lagartos, cocodrilos coleópteros, microorganismos y demás que existen hoy ya estaban dando vueltas en aquellos tiempos.

El otro error es más importante aunque más que un error es una sensación errada.
La moraleja de la historia de abuso y explotación no se terminó con Torquemada sino que todavía está vigente.

Jack Rational dijo...

Parece que estos Torquemada eran unas bellas personas :)

Me pregunto cual de los personajes de tu historia habrá sido más bestia: el tiranosaurio o Torquemada.

¡Saludos!

maxcourrech dijo...

Totalmente en concordia con Atilio y Jack Rational, la barbarie salvaje continua, y ahora tal vez hasta peor que antes. Respecto al articulo, muy bueno pero no me cae la combinación de dinosaurios y lo demás. Es como las comidas que antes acostumbraba combinando albóndigas con chocolate abuelita, que según yo sabia bien pero es extraño. Ojalá puedas conseguir un libelo que escribí y edite respecto del templo de San Bernardino de Siena, allá cuando yo estaba cerca de aquellos lares. En fin, felicidades y espero mas relatos como este.

Enrique Arias Valencia dijo...

Jack: el tiranosaurio mataba para comer. Parece que a Torquemada le divertía maltratar. Por lo tanto, era más cruel Torquemada.

Gracias a todos por sus valiosas observaciones.

La abuela frescotona dijo...

Pienso como Atilio, respecto del comentario de Torquemada...
como siempre, tus escritos son magistrales.
un cariño amigo mio

Chelo dijo...

A mí también me gustó la analogía, y es tan buena que los comentarios "ideológicos" expresos me parece que sobran, porque entonces, de ser necesarios, por qué no continuarlos; y esto acabaría de nuevo en una retahíla de historias de la injusticia de las "bestias" contra los pobres indígenas..., en fin, es sólo mi opinión.

Atilio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Atilio dijo...

La verdadera diferencia entre Torquemada y el Tiranosaurio (que representa al mundo animal) no es que el dinosaurio no infligía dolor por placer ya que hay animales que hacen eso, por ejemplo el elefante marino que mata pinguinos por diversión aparente (leer Tabla Rasa de Pinker: http://www.scribd.com/doc/2297334/Steven-Pinker-La-tabla-rasa).

La verdadera diferencia es que Torquemada maltrataba por principios morales y religiosos.
Y esto, CHELO, no creo que sea superfluo.

Enrique Arias Valencia dijo...

Abuela y Atilio: Sus comentarios son una maravillosa invitación a pensar.

Hola, Chelo. Estoy más de acuerdo contigo, que con cualquier otra opinión. Por eso omití la palabra “ateísmo” de los tags.

No sólo fue explotación, así es. Hubo también actos heroicos, como los del propio Torquemada por salvar la memoria indígena.

Amigos:
Aún aprendo…

Chelo dijo...

Creo que no me expliqué, pero la maldad de Torquemada se muestra por sí misma, y por supuesto, Atilio, que no es minimizable. Enrique: tampoco sugiero que hables del lado bueno de Torquemada. Tu artículo retrata una cara criticable, pero (para mí) basta relatar los hechos de la manera en que lo haces. A mí por lo menos, me parece suficiente. Saludos

Gabriel dijo...

Hola Enrique, te felicito por el artículo, buenísima tu forma de escribir dividiendo el texto en un esquema formal (con coda y todo).
No hay que olvidar los crímenes que cometieron personas como Torquemada y otros fundamentalistas. Es increíble que haya que escuchar a sacerdotes católicos (como los del canal EWTN) diciendo que la inquisición no cometió los crímenes que los historiadores documentaron.
Saludos.

Enrique Arias Valencia dijo...

Hola, Gabriel.

Sin embargo, en este caso fue la inquisición la que recibió la denuncia y abrió expediente para seguir el caso.

El problema es que no conocemos su fallo.

Anónimo dijo...

Hola Enrique, ¿Como estas tu, todo bien?
Saludos desde Caracas, Venezuela.

A Juan de Torquemada se le adjudica, como especie de legado (??), ser uno de los principales rescatadores de la historia antigua mexicana.
Imagino a Torquemada sentado en su taburete de madera y escribiendo sobre una tabla de afincar, elucubrando sus ideas sobre la historia antigua mexicana de lo más impersonal e inmutable al respecto de como quedaría física y psicológicamente Agustín García (y tantos otros , lamentablemente) después del despiadado castigo ocasionado.
Para mi, Torquemada no dejó un legado moral positivo, quienes si lo hicieron fueron estos artistas píctoricos con sus obras que, independientemente de los temas religiosos expuestos, "embellecieron" en mil colores y formas los templos de esa región de México.
Cuenta una leyenda que muchos años después de muerto este fraile (1624 en Tlatelolco), nietos y bisnietos de Agustín García se acercaban a la tumba de Torquemada donde le rezaban devotamente según tradiciones pero, de espaldas, después de terminar se volteaban y, dándole el frente a su sepultura, le escupían varias veces, luego se alejaban deseándole que se sintiera muy mal en el infierno.
Saludos mi estimado Enrique Arias Valencia.
Sansoni2020.

Enrique Arias Valencia dijo...

Hola, Sansoni.

Interesante leyenda, sin duda.

La abuela frescotona dijo...

mi querido amigo dejo un saludo para ti, espero asombrarme con tu próximo escrito.

Enrique Arias Valencia dijo...

¡Hola, Abuela, qué alegría saludarte!

Carlos Suchowolski dijo...

Un comentario que has dejado en un blog me ha llevado a este contacto (eso de que "la economía" y "Dios" se demostrarían mutuamente, o sea, no lo pueden hacer). Me da que debo incluirte en mi blogroll... Y a ver qué te parece lo mío...
Opinaré con más elementos en breve.
Un saludo.

Enrique Arias Valencia dijo...

¡Hola, Carlos!

¡Ya miro tu sin duda fascinante blog!