domingo, 11 de julio de 2010

¿Oyes acaso la marea, aterradora?

Enrique Arias Valencia

Cuando Platón expulsó a los poetas de la República, decidí exiliarme con ellos, no porque yo me considere poeta, sino para seguirme deleitando con las coplas del ateo poeta. Aquella tarde gris de gris matiz, en la estación del rápido ferrocarril, a mí, el peor de los estetas, la bebé Lily me preguntó:

“Oiga teñó, ¿y cómo es el mundo sin poetas?”


Lo más terrible bebé Lily, es que un mundo sin poetas es este mundo, tan prosaico en su vulgaridad y tan vulgar en su proceder, que nadie puede vivir en él. Y como estoy con una sabia bebé, me dan ganas de contarle un cuento. Había una vez unos ingenuos que creían que los cuentos de hadas son sólo mentiras que nada dicen. Cargo en brazos a la bebé y añado: Que la Biblia está llena de cuentos de hadas no es ningún secreto ya. Tras el triunfo del racionalismo todas las historias bíblicas periclitaron en historias que sólo los niños creen al pie de la letra. Lo que es motivo de escándalo para propios y extraños es que, aún así las historias bíblicas son capaces de decir la verdad.

Los genetistas descubrieron algo que los poetas ya sabían: que somos hermanos de ADN de todos los seres vivos. Los astrónomos lo dicen con las bellas palabras de Carl Sagan: “Somos polvo de estrellas”. Estamos, por lo tanto, hermanados con el mundo, entendiéndose Universo. Salimos a buscar una roja flor en competencia con nuestro hermano.

Dos hermanos al bosque se marcharon
En busca de la flor.
Grácil y dulce era el primero;
el otro blasfemo y nada más.
¡Oh caballero, horrible caballero,
detén ya tus horribles maldiciones!*


¿He dicho roja flor? Bien podríamos decir que salimos a buscar petróleo. ¿Somos o no somos hermanos del benton, la tortuga y la gaviota? ¿Qué nos dice la doble hélice? ¿Hasta qué punto somos capaces de sentir el terrible lamento de la Tierra que se escapa negro y amenazante sin descanso desde un punto perdido en el Golfo de México?

Ojo también, porque hay que tener en cuenta que el ateo jamás blasfema, pues si blasfemamos no hay nadie a quien insultar. La maldición que como hermanos hemos aherrojado a nuestros hermanos no tiene nada que ver con la blasfemia, al menos, no con la blasfemia común. En palabras de Niezsche:

“Ahora el único pecado es pecar contra la Tierra”.


Es así que el mito de Caín y Abel se repite a pesar de haya quienes digan que nunca existieron. Y a todo esto, Mahler, músico supersticioso y muy sensible a los cuentos de hadas, retomó en forma de cantata sinfónica el sencillo y sabio cuento del carnaval asesino. Cito del programa de mano del concierto de hoy:

El texto, para cuya creación Mahler se basó en diversas fuentes poéticas y legendarias, cuenta la historia de una altiva reina que ha decretado que se casará con aquel caballero que encuentre una flor roja que crece en el bosque. Dos hermanos compiten en la búsqueda, y uno de ellos la encuentra. El otro lo sorprende en su sueño y lo mata para apoderarse de la flor y casarse con la reina. Un trovador encuentra un hueso del hermano muerto y con él construye una flauta. Al ser soplada, la flauta cuenta la terrible historia del crimen. El día de la boda del fratricida con la reina, aparece el trovador con su flauta, y el instrumento fabricado con el hueso de la víctima delata al asesino antes de que el matrimonio se lleve a cabo. La escena concluye con el desmayo de la reina, la huída de los invitados y el colapso del castillo.


Hemos asesinado a nuestro hermano, la Mar Océano. Y la flauta que denuncia nuestro asesinato toca sombrías y disonantes notas que advierten del peligroso desmayo de la madre Tierra, reina altiva de los demás planetas, porque sólo en ella hay vida.

En la escena, cantan José Antonio Díaz y su novia, José Luis Sosa y su esposa, Cristina Rico, y muchos queridos amigos míos más, que mi memoria de ostión de marea roja me impide traer a la memoria. Es la primera vez que escucho La canción del lamento en vivo, aunque en YouTube ya me había deleitado con los movimientos autorizados por Mahler; si bien hoy y gracias al Dios de los estetas, he podido escuchar la versión completa. La reina se desmaya y el Walhalla se colapsa:

En el suelo la reina yace,
Tambores y trompetas en silencio quedan.
Con horror huyen caballeros y esposas,
Los viejos muros se colapsan.
Las luces ya no brillan en la sala del rey.
¿Qué fue de su nupcial festín?

¡Ay, pena!


Al escucharse el fortissimo de la percusión final, la bebé Lily se sobresalta, pero no llora. Ahora bien, como público, me he llevado la parte del león con los comentarios de Patricia Palacios, quien me orienta sobre el significado metafórico, filosófico y psicológico de esta cantata sui generis de Mahler. El postrer derrumbe de la fortaleza medieval del cuento, significa un retorno al inconsciente. “Es la historia de Caín y Abel. La obra nos habla del mal necesario”, sostiene hermosa Paty, y no puedo sino rogarle tomar algunas de sus enseñanzas para escribir este artículo.

El rey de un salto deja el trono,
y a los invitados arroja la mirada.
Toma la flauta con ultrajado gesto,
y a su propia boca se la lleva.
Horrible es el sonido que produce.
¿Oyes acaso la marea, aterradora?


Hace rato, la bebé Lily ha partido con su mamá. Me quedo a solas con mis contertulios. Entonces, aprovecho para decir la verdad sin recurrir a cuentos de hadas. Si es usted una persona de oídos decentísimos, le ruego no lea este párrafo, pues para decir la verdad sin poesía, es necesario decir la verdad sin tapujos, y la verdad es siempre espantosa. En palabras de La canción del lamento: “Horrible es el sonido que produce”. ¿De acuerdo? Aquí va: hemos abierto un enorme hoyo en el culo del mundo, y toda esa mierda que brota lo único que grita es que estamos matando un chingo de especies vivas, dándole en toda su puta madre a titipuchal de ecosistemas de los que no tenemos ni carajo de idea, y eso, aunque les duela a los racionalistas, es pecar contra la Tierra.

No obstante, una última palabra: fue la técnica la que nos metió en este lío, y sólo la técnica apoyada por la ciencia podrá sacarnos de él, a menos que se agote por sí misma la reserva que un puñado de imprudentes abrieron en una vena de la Tierra.

Nadie en todo el orbe podrá intervenir por nosotros.

***

Ciclo Gustav Mahler I
Temporada de verano 2010
Sala Nezahualcóyotl
Segundo programa

El reseñista asistió el domingo 11 de julio de 2007:
In memoriam Oscar Vega Argüelles (1912-2010)
Orquesta Sinfónica de Minería
José Areán, director

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía No 1 en si bemol mayor op. 38, Primavera, (30’)
1. Andante un poco maestoso – Allegro molto vivace
2. Larghetto
3. Scherzo. Molto vivace – Trio I. Molto più vivace – Trio II
4. Allegro animato e grazioso

Intermedio

Gustav Mahler (1860-1911)
Das klagende Lied (La canción del lamento) (65’)

1. Waldmärchen
2. Der Spielmann
3. Hochzeitsstück


Sally Dibblee, soprano;
Marjorie Elinor Dix, mezzosoprano
Arturo Chacón – Cruz, tenor
Stephen West, bajo – barítono

Coro Filarmónico Universitario
Gerardo Rábago, director coral

***

*Todas las citas de La canción del lamento de este ensayito están tomadas del Programa de Mega Lux de la temporada Mahler que comparto con ustedes gracias a esto de la Internet:


¡Mi versión de Caín y Abel!:

Irichc niega que Adán y Eva sean sólo un mito:
También, desde Frustarción Voluntaria:

4 comentarios:

Jack Rational dijo...

Aquí va: hemos abierto un enorme hoyo …

Enrique: como ser humano me avergüenzo del daño que le estamos haciendo a este planeta, a las otras especies de seres vivos (que tienen tanto derecho como nosotros a estar aquí) y a las futuras generaciones, que heredarán un planeta envenenado.

Nadie en todo el orbe podrá intervenir por nosotros.

Y nadie vendrá de afuera a salvarnos. Una tragedia.

Saludos, :-(

Enrique Arias Valencia dijo...

Hola, Jack, la idea que expones es muy clara. Así es, nadie de afuera está para ayudarnos.

¡Saludos!

Jack Rational dijo...

Le voy a contar una revelación que he tenido en el tiempo que llevo aquí. Esta me sobrevino cuando intenté clasificar su especie. Me di cuenta de que en realidad no son mamíferos. Verá, los mamíferos logran un equilibrio perfecto entre ellos y el hábitat que les rodea. Pero los humanos van a un hábitat y se multiplican hasta que ya no quedan más recursos y tienen que marcharse a otra zona. Hay un organismo que hace exactamente lo mismo que el humano. ¿Sabe cuál es? Un virus. Sí, los humanos son un virus, son el cáncer de este planeta y nosotros somos su cura.

Agente Smith interrogando a Morfeo en The Matrix

Saludos Enrique!

Enrique Arias Valencia dijo...

¿Qué nos diferencia de los virus sino la capacidad de reflexionar sobre nuestros actos?

Y esto se logra con el maridaje de razón y emoción. El resultado es el sentimiento.

¿Es la ética la estética del comportamiento?