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sábado, 21 de mayo de 2011

El alma del mundo es la belleza

Enrique Arias Valencia

Kant en la Crítica del juicio nos habla de las condiciones de posibilidad del tercer momento de la facultad de juzgar. Un objeto es bello si al juzgarlo según la relación lo consideramos en tanto que finalidad sin fin.

Se llama finalidad sin fin al propósito que permanece en nosotros mismos. Por lo tanto, bella es la finalidad que permanece en nosotros. Ahora bien, en vista de que “Fin final es el fin que no necesita ningún otro como condición de su posibilidad” [Kant, Cdj, § 84]. Siguiendo a Kant, el fin final es subjetivo.

Uno de los aspectos más enigmáticos de la belleza consiste en que nos muestra un propósito que no se encuentra ni en el objeto ni en la naturaleza, ni en teleología alguna. ¿Dónde se encuentra el propósito de la belleza? En nosotros mismos.

Éste es el carácter de lo bello que advertimos en el tercer momento de la facultad de juzgar según Kant; pero también se hace patente en el primer momento, cuando advertimos que según la cualidad, un objeto place o displace sin interés, pues al carecer de éste, el objeto tampoco apunta a finalidad alguna fuera de nosotros. Su finalidad, por tanto, al ser desinteresada, es sin fin.

Por lo tanto, el primer y el tercer momento de la facultad de juzgar nos revelan el aspecto subjetivo y en cierta forma “particular” del juicio estético, particularidad, que sin embargo, aparece como si fuese gobernada por un principio a priori. El arte, por lo tanto, carece de concepto alguno que mostrarnos.

Do es una nota bella. Tratándose de música clásica, no podemos escuchar una nota do pura: cada vez que escuchamos un do, aun a capella, aun en solitario, do se escucha como la más destacada nota que es acompañada por una serie de sonidos. Los armónicos suceden a do, y así, son los que otorgan el timbre a cada nota. Gracias a ellos sabemos que una soprano es una soprano, que un oboe es un oboe y que un clavecín es un clavecín. Do no es bella por sí misma, es bella porque es siempre acompañada por otras notas, acordes secretos de la música, aun de la que se canta en soledad.

Do nos invita a desentendernos de ella tan pronto como la escuchamos, en primer lugar por los armónicos, y en segundo lugar porque las notas que le siguen son las que le otorgan la belleza. Los artistas hacen bella la nota Do al lograr que nos desentendamos de ella.

El Ensamble Anima Mundi está compuesto por tres bellas mujeres que han sabido dirigir el espejo de su alma para reflejar la imagen de Dios por medio de la más bella de las artes. Es así que el Martes 17 de mayo, a las 20:00 horas, en la Catedral Metropolitana se escucha a Luz Angélica Uribe, soprano, Carmen Thierry, en el oboe d'amore y Águeda González, en el clavecín

En el Altar de los Reyes se festeja la música con soprano, oboe y clavecín. El Altar de los Reyes reluce grandioso: el oro lo colma, el espíritu lo enarbola. La cúspide es el Padre Eterno.

La música de Bach interpretada en un contexto religioso, esto es, el Ensamble Anima Mundi en el Altar de los Reyes, es capaz de comunicarnos un mensaje bello cuyo propósito no surge del arte mismo, sino de nuestro propio corazón. Por lo tanto, bello es el propósito sin fin que permanece en nosotros mismos.

Al ser absolutamente grande el marco de las intérpretes, el churrigueresco nos comunica el propósito espléndido del alma. Y es así que las artes, arquitectura, escultura, pintura, poesía y música se reúnen en armonía para brindarnos los más preclaros atisbos del universo de los fines.

Tras el concierto, hoy pudimos entrar al altar de San Felipe de Jesús, donde reposan los restos del emperador Agustín de Iturbide.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La clemencia del arte

Enrique Arias Valencia


Sostiene Schopenhauer que, vista en detalle, la vida es una pequeña comedia; en tanto que contemplada en conjunto, se trata de una gran tragedia. Cada episodio aislado es cómico; en tanto que el resultado final es espantoso.

¡Una comedia trágica! Es más o menos lo que descubro en el argumento de La clemencia de Tito. La celosa Vitelia urde el asesinato del nuevo emperador Tito, pues ella no sabe que más tarde él le pedirá matrimonio; y en cambio, Vitelia cree que Tito se casará con Berenice; cosa que en realidad, Tito sí ha anunciado. He aquí lo gracioso: ¡Vitelia ha mandado asesinar a su futuro pretendiente, de quien ella está enamorada! Y esto es también lo trágico. Conspiración tras conspiración, las cosas se complican hasta lo inimaginable cuando Tito anuncia que desea casarse con Vitelia. En un tono que a mí me recuerda El corazón delator de Edgar Allan Poe, Vitelia misma confesará su culpa. No obstante, como se trata de una ópera, y no de la vida real, en la última escena Tito actuará conforme a la virtud que da nombre a la partitura mozartiana, y disfrutaremos de un enredoso final feliz, de los que tanto desagradaban a Schopenhauer, y que tanto suplico que los dioses me brinden.

No conozco nada más clemente que el arte. La obertura de este trabajo de Mozart abrió el concierto de esta tarde a cargo de los chicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez, y su hermoso regalo fue luz en mi casi extinta alma.

Violeta Cahuantzi tocará en el papel solista del Concierto para violín Número 3, de Camille Saint-Saëns. Esta obra me recuerda una estación de radio de mi adolescencia, Estereomil, que formaba parte de la iniciativa privada, dedicada a la difusión de la música clásica. Por eso, a Violeta la escucharé como una gaviota que canta en medio de un océano orquestal. Aplausos, y suma y sigue. Es el momento de escuchar la obertura de La italiana en Argel, de Gioachino Rossini, una obra cuyo argumento me evoca vagamente cierto episodio del Capítulo XXXVII de El Quijote, aquel en el que a una posada llegan unos jóvenes vestidos a la usanza mora. Sin embargo, interrumpo mis elucubraciones cuando leo que en el programa de mano Juan Arturo Brenan nos muestra un maravilloso descubrimiento, el cual transcribo para compartirlo con los lectores:


“¿Y qué se puede decir respecto a la obertura de esta ópera? De ella se puede decir que, después de un inicio suave y callado, comienza a subir de tono y emoción, llegando muy pronto a su primer clímax. La obertura tiene algunos interludios melódicos ligeros, a cargo principalmente de los alientos (flauta, oboe, clarinete), que se alternan en el manejo de ciertos temas característicos: Estos interludios están complementados con secciones en las que Rossini presenta breves pero efectivos motivos melódicos y rítmicos a los que aplica su recurso musical favorito: el crescendo orquestal de gran brillo y efectividad. La alternancia de estos elementos da lugar a una breve y brillante coda. ¿Saben ustedes qué es lo curioso de esta breve descripción? Que bien puede aplicarse a casi cualquiera de las oberturas de las óperas de Rossini. ¿Monotonía o consistencia? La cuestión queda en manos de la crítica”.


A mí no me parece monótono. ¡Me parece tan formal! Es así que Juan Arturo Brenan nos deleita con la huella digital de las oberturas de Rossini: el esquema del que pueden derivarse todas ellas. Como me fascina la revelación de estructuras musicales ocultas, quise dejarla aquí, en este ensayito. Algo tiene esto de hofstadteriano, de escheriano, de bachiano, de gödeliano. Creo que la formalización bien podría extenderse a los coros rossinianos, en los que cada voz lleva un parlamento distinto, mientras el demencial crescendo se apodera de la escena. Y aunque no hablo italiano, estos coros siempre me hacen reír.

Frente a mí están Leonardo Villeda y su esposa Claudia Cerón. No puedo evitar decirle a la pareja: “La suya es la única historia de amor que he visto en vivo”. Y es que hace muchos años, en el coro de un viejo templo católico, jugaba una bebé conmigo. Sus manitas me tomaban de una mano, y mientras el coro interpretaba un Kirie, la bebé y yo dábamos vueltas en aquella pieza que más bien parecía un desván. Años después fui recibido en el Café Carusso por un niño que me ofreció el menú. Carusso era idea de un ingenioso tenor que quería crear un ambiente artístico como marco de un negocio de cafetería. Su esposa y hasta las hermanas de su esposa compartieron el proyecto. Los niños de esta historia son los hijos de Claudia y Leonardo, y ahora cada uno ocupa sendos atriles de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez. A los zagales los escucho en vivo, y a eso me refiero con la realización del amor.

Es una lástima que el único éxito de Pietro Mascagni fuese Cavalleria Rusticana, pues su intermezzo habla de un autor que merecía mejor suerte. De nuevo, Brenan sale al rescate cuando nos aclara que la traducción más adecuada de esta ópera italiana bien podría ser “Caballerosidad rústica”.

Una ilusión auditiva puede tener dos fuentes: una deficiencia en la apreciación del escucha, o una hábil paradoja puesta por el compositor. Cuando escucho el tema principal del vals Sobre las olas, de Juventino Rosas, en la versión orquestada por Manuel Enríquez, no deja de asombrarme que, desde mi punto de vista, algunos instrumentos de la línea del bajo claramente suenan 2/4. ¿Deficiencia mía o delicada broma artística del compositor? ¡En medio de la selva de sonidos, un conjunto de notas nos da un ritmo binario en un vals! En caso de equivocarme, espero que el juicio sobre mí sea clemente.

Hace muchos años, cuando el barítono Armando Gama se unió al equipo del Café Carusso, una vez, entre café y café le comenté mi afición por concentrarme en la línea del bajo de las obras que escucho. Él me comentó que entonces, lo mío era la búsqueda de la armonía. Y hasta en un sentido extramusical, Armando tenía razón.


El esteta asistió dos días seguidos a los conciertos, pero sólo pudo escuchar uno, como todos los demás asistentes.


***


Programa 6

30 de octubre de 2010, 13:30 horas :(

31 de octubre de 2010, 18:00 horas :)


Director: Jesús Medina

Solista: Violeta Cahuantzi


Auditorio Blas Galindo

Centro Nacional de las Artes (Cenart)


- Obertura La Clemenza di Tito / Wolfgang A. Mozart

- Concierto No 3 Op. 61 en Si menor Para Violín y Orquesta / C. Saint Saens

- Obertura La Italiana en Argel / G. Rossini

- Intermezzo de “Cavalleria Rusticana” / P. Mascagni

- Vals “Sobre las olas” / J. ROSAS – M. Enríquez

martes, 24 de noviembre de 2009

La verdad, de donde venga

Enrique Arias Valencia

Desde mi punto de vista, las ideas son materiales, pero no son físicas. Ahora bien, he advertido lo que parece un interesante empate entre esta tesis que he tomado en préstamo al materialismo filosófico, por una parte, y en un sistema radicalmente distinto, la teoría de Douglas Hofstadter cuando se pregunta ¿Por qué un fragmento de materia es capaz de pensar en sí mismo? En una de sus más brillantes respuestas Hofstadter sostiene que:

“Cuando reflexionamos acerca de la vida humana de esta forma, resulta curioso el hecho de que seamos conscientes de nuestros cerebros en términos no físicos (como, por ejemplo, de deseos o creencias) mucho antes de que lo seamos en términos neurológicos de bajo nivel. (De hecho, la mayoría de la gente nunca llega a estar en contacto con su propio cerebro a este nivel)”.*


Pareciera que con lo expuesto por Hofstadter se valida la tesis de la efectividad del tercer género de materialidad del sistema del materialismo filosófico: M3, a saber, las materialidades eidético-esenciales.

Todos los cuerpos físicos tienen masa y duración en el tiempo.

Todos lo que tiene masa tiene extensión en el espacio.

Todo lo que tiene extensión en el espacio, está formado por átomos.

Sin embargo, las ideas:

No tienen masa ni duración en el tiempo. Por lo tanto, tampoco están formadas por átomos. Luego, no tienen extensión espacial. ¡Su extensión es conceptual!

Por ejemplo:

¿Cuándo dejará de ser válido que dos más dos sean cuatro? Luego, esta idea no tiene duración en el tiempo. ¡Si hasta parece eterna!

¿Cuántos átomos se necesitan para formar la idea de la libertad? ¿Cuál es su extensión en el espacio? Luego, la idea de libertad no está limitada por el espacio y el tiempo.

Las ideas se alojan en el cerebro, el cerebro es físico; pero las ideas no son físicas, constituyen un género de materialidad aparte. Por eso afirmo que pareciera que con lo expuesto por Hofstadter se valida la tesis de la efectividad del tercer género de materialidad del sistema del materialismo filosófico, M3, tal y como aparece en la Enciclopedia Filosófica Symploké:

"El tercer género de materialidad (M3) comprende todos los objetos abstractos, entendiendo por tales las relaciones objetivas entre las partes de M2 a través de M1, y de las partes de M1 a través de M2. Estas relaciones objetivas constituyen la "estructura" misma del Mundo".


Supongamos que la idea de número no sea eterna; por reducción al absurdo podemos probar que es falso que no sea eterna, pues los números que se advirtieron desde que se contabilizaron por escrito deberían mostrar variaciones con los actuales. O sea, la idea de número se muestra como si fuese eterna.

Sin embargo, si la idea de número decayera, y por tanto, nuestra idea de número con ella, ¿nos daríamos cuenta?

Teorema del hombre sucio: Si bien tenía razón Heráclito cuando sostuvo que no puedes bañarte dos veces en el mismo río, lo que sí puedes hacer es usar una y otra vez la idea de río, incluso aunque nunca te bañes en río alguno; incluso si nunca te bañas.

¡Prueba tú mismo el teorema!

Problema físico:

Todos los objetos físicos son extensos.

¿Cuál es la extensión de la idea de río?


* Hofstadter, Douglas, Yo soy un extraño bucle. ¿Por qué un fragmento de materia es capaz de pensar en sí mismo? Traducción: Luis Enrique de Juan Vidales, Barcelona, Tusquets, 2008, p. 219. En este blog hay reseña de la obra: I Am a Strange Loop

lunes, 23 de noviembre de 2009

La sonrisa de la razón



Quizá sea que estoy enamorado de su pensamiento, pero yo encuentro más simpática la sonrisa de Hofstadter (a la derecha) que la de Hopalong Cassidy (a la izquierda).

jueves, 19 de noviembre de 2009

Chopin Étude Op 25 No.11



Valentina Lisitsa, piano
Chopin Etude Op. 25 No.11 "Winter Wind"

El huneker es una graciosa unidad que mide la cantidad de "alma" de un ser viviente. Un mosquito tiene 0.00000001 hunekers, en tanto que una mujer brava ostenta orgullosa más o menos 100. El nombre hace referencia al crítico musical James Huneker (1857 - 1921), quien escribió el prólogo para la edición de Schirmer de los Estudios de Federico Chopin. En su prefacio al Étude 11 en La menor, Op. 25, Viento invernal, Huneker observó que "Quienes no posean un alma grande, no importa lo ágiles que sean sus dedos, deberán abstenerse de tocarlos". De esta grave advertencia el filósofo Douglas Hofstadter derivó la aguda idea del huneker como estándar de almidad.

martes, 10 de noviembre de 2009

En referencia al Ejemplo XXXV de El Conde Lucanor

Enrique Arias Valencia

Para Atilio en el Reino Unido
y para Susie en España,
pues en ambos está visto
que saben reír con una guasa,
dando el continente, por el contenido.


Confróntese este eixemplo de El Conde Lucanor con la reflexión que Douglas Hofstadter hace sobre la película gala La mujer del panadero, en Yo soy un extraño bucle* a propósito de la analogía vertida en los ambigüos comentarios y actos que el bonachón Aimable tiene a bien realizar cuando su esposa regresa de una aventura infiel, situación que coincidió con las andanzas de una pobre gata. Por cierto, yo no vi esa película, pero pude advertir el paralelo entre los actos del mozo musulmán del ejemplo hispano y los del panadero francés. La que sí vi fue una cinta mexicana, La tigresa, con un argumento isomorfo con los anteriores. En esta última versión, la historia se desarrolla en una hacienda de la ciudad de Cuernavaca, y el sencillo marido es Pedro Armendáriz, quien al final se revelará como un sombrerudo empistolao. La actriz era María Félix, quien se daba al papel de mujer orgullosa, en vez de simplemente brava y fuerte, como en el Ejemplo XXXV o de infiel, como la esposa de Aimable. Asimismo, esta peli mexicana se basó en un cuento de B. Traven, de la Canasta de cuentos mexicanos. ¿Qué tan mexicanos son esos cuentos?



El isomorfismo: en todos los casos, un marido de apariencia pacífica recurría a animales para ejemplificar la posible suerte de su mujer. Hay un refrán que ilustra este isomorfismo: "Te lo digo puerta, para que lo entiendas tú ventana". Por cierto que creo que yo nunca he sido tan insensato como para decírselo a una puerta, con tal de que lo entienda la ventana, pues ni la primera oye ni la segunda entiende. Luego, tampoco le hago caso a la gente que da este tipo de consejos. ¿Me creerá el lector?

Como soy un hombre muy impresionable, estoy seguro de que si alguno de los varones se hubiese valido de un tomate, la mujer de aquella historia no se hubiese impresionado con los actos del marido, y tendríamos un final completamente distinto a todos estos ejemplos.

También me parece que en Canasta de cuentos mexicanos se prueba que un caballo tiene más hunekers* que todos los animales que lo precedieron en su sacrificio; e indudablemente, todos ellos alcanzan más hunekers que un tomate. En todas las historias, la mujer, al salvar la vida tras advertir la didáctica metáfora, demuestra tener unos 100 hunekers (el promedio de un ser humano). En vista de su proceder, ¿cuántos ostentará el marido? ¡Todo un bucle extraño, sin duda!

"Hemos observado una y otra vez cómo las analogías y los mapeados dan lugar a significados nuevos que se superponen a los originales. Hemos visto también que hasta los significados primarios dependen de mapeados tácitos, con lo que, en definitiva, todos los significados dependen de alguna clase de mapeado, lo que equivale a decir que todo significado depende de una analogía".***


En el caso que nos ocupa la analogía es "suerte del animal" como "posible destino de la mujer brava". De cómo me llegué a interesar en todo este enredo, creo que las cosas comenzaron cuando el perfumista Eduardo Salceda un día me invitó a ver a la Félix (como el gato o mejor aún, gata). Por eso, cuando algunos meses después estaba leyendo "La ambigüedad latente en los comentarios del panadero", de Hofstadter, sin haber visto la película a la que aludía, yo tenía la rara sensación de que ya había sido testigo de la historia que Hostadter pormenorizaba, y pude prever el final. ¡No era un Déjà vu, era un bucle extraño! Y a continuación le platiqué al periodista Ricardo Ortiz las cuitas de Aimable y fue entonces que Ricardo me hizo saber que había una historia análoga en el Ejemplo XXXV de El Conde Lucanor. Lo leí de inmediato, y por su interés en los bucles, lo incluí en este blog. De la obra de Hofstadter me enamoré a segunda vista (la primera fue con Gödel, Escher, Bach).

Mi Tocayo, el señor Rojas leyó el borrador de este comentario, y a Ricardo y a mí nos comentó que esta historia, con una variación muy enredada, también está en La fierecilla domada, de Shakespeare. El autor inglés no sólo incluyó la historia principal, sino que añadió el detalle de que algunos personajes humanos fingían ser otros personajes humanos. ¡Hay un sueño al principio, como en La vida es sueño! Rojas abundó sobre la versión cinematográfica, dirigida por Franco Zeffirelli y estelarizada por Richard Burton en el papel del marido domador y Elizabeth Taylor como la fiera Catalina. Finalmente, también me he llegado a enterar de que Alejando Casona actualizó el ejemplo de Lucanor en el Entremés del mancebo que casó con mujer brava; esta última una obra que de la que no he visto ni leído el más mínimo fragmento, y que en consecuencia, en términos de honradez y buena educación no debería yo de comentar siquiera, porque ¿cómo voy a hablar de lo que no he visto? ¿Acaso el lector me creería capaz de semejante cosa?

* Douglas Hofstadter, Yo soy un extraño bucle, ¿Por qué un fragmento de materia es capaz de pensar en sí mismo?, Barcelona, Tusquets, pp. 194-195.
** Humorística unidad de medida de la cantidad de "alma" de un ser viviente. Un mosquito tiene 0.00000001 hunekers, en tanto que una mujer brava ostenta orgullosa más o menos 100. El nombre hace referencia al crítico musical James Huneker (1857 - 1921), quien escribió el prólogo para la edición de Schirmer de los Estudios de Federico Chopin. En su prefacio al Étude 11 en La menor, Op. 25, Viento invernal, Huneker observó que "Quienes no posean un alma grande, no importa lo ágiles que sean sus dedos, deberán abstenerse de tocarlos". De esta grave advertencia Hofstadter derivó la aguda idea del huneker como estándar de almidad.
*** Íbid, p. 201.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Ejemplo XXXV de El Conde Lucanor

De lo que aconteció a un mancebo que se casó con una mujer muy brava y muy fuerte

De don Juan Manuel

Otra vez hablaba el Conde Lucanor con Patronio y le dijo:

—Patronio, mi criado me ha dicho que piensan casarle con una mujer muy rica que es más honrada que él. Sólo hay un problema y el problema es éste: le han dicho que ella es la cosa más brava y más fuerte del mundo. ¿Debo mandarle casarse con ella, sabiendo cómo es, o mandarle no hacerlo?

—Señor conde—dijo Patronio—, si él es como el hijo de un hombre bueno que era moro, mándele casarse con ella; pero si no es como él, dígale que no se case con ella.

El conde le pidió que se lo explicara.

Patronio le dijo que en un pueblito había un hombre que tenía el mejor hijo que se podía desear, pero por ser pobres, el hijo no podía emprender las grandes hazañas que tanto deseaba realizar. Y en el mismo pueblito había otro hombre que era más honrado y más rico que el padre del mancebo, y ese hombre sólo tenía una hija y ella era todo lo contrario del mancebo. Mientras él era de muy buenas maneras, las de ella eran malas y groseras. ¡Nadie quería casarse con aquel diablo!

Y un día el buen mancebo vino a su padre y le dijo que en vez de vivir en la pobreza, él preferiría casarse con alguna mujer rica. El padre estuvo de acuerdo. Y entonces el hijo le propuso casarse con la hija mala de aquel hombre rico. Cuando el padre oyó esto, se asombró mucho y le dijo que no debía pensar en eso: que no había nadie, por pobre que fuese, que quería casarse con ella. El hijo le pidió que, por favor, arreglase aquel casamiento. Y tanto insistió que por fin su padre consintió, aunque le parecía extraño.

Y él fue a ver al buen hombre que era muy amigo suyo, y le dijo todo lo que había pasado entre él y su hijo y le rogó que pues su hijo se atrevía a casarse con su hija, que se la diese para él. Y cuando el hombre bueno oyó esto, le dijo:

—Por Dios, amigo, si yo hago tal cosa seré amigo muy falso, porque Ud. tiene muy buen hijo y no debo permitir ni su mal ni su muerte. Y estoy seguro de que si se casa con mi hija, o morirá o le parecía mejor la muerte que la vida. Y no crea que se lo digo por no satisfacer su deseo: porque si Ud. lo quiere, se la daré a su hijo o a quienquiera que me la saque de casa.

Y su amigo se lo agradeció mucho y como su hijo quería aquel casamiento, le pidió que lo arreglara.

Y el casamiento se efectuó y llevaron a la novia a casa de su marido. Los moros tienen costumbre de preparar la cena a los novios y ponerles la mesa y dejarlos solos en su casa hasta el día siguiente. Así lo hicieron, pero los padres y los parientes del novio y de la novia temían que al día siguiente hallarían al novio muerto o muy maltrecho.

Y luego que los jóvenes se quedaron solos en casa, se sentaron a la mesa, pero antes que ella dijera algo, el novio miró alrededor de la mesa y vio un perro y le dijo con enojo:

—¡Perro, danos agua para las manos!

Pero el perro no lo hizo. Y él comenzó a enojarse y le dijo mas bravamente que les diese agua para las manos. Pero el perro no lo hizo. Y cuando vio que no lo iba a hacer, se levantó muy enojado de la mesa y sacó su espada y se dirigió al perro. Cuando el perro lo vio venir, él huyó y los dos saltaban por la mesa y por el fuego hasta que el mancebo lo alcanzó y le cortó la cabeza y las piernas y le hizo en pedazos y ensangrentó toda la casa y toda la mesa y la ropa.

Y así, muy enojado y todo ensangrentado, se sentó otra vez a la mesa y miró alrededor y vio un gato y le dijo que le diese agua para las manos. Y cuando no lo hizo, le dijo:

—¡Cómo, don falso traidor! ¿No viste lo que hice al perro porque no quiso hacer lo que le mandé yo? Prometo a Dios que si no haces lo que te mando, te haré lo mismo que al perro.

El gato no lo hizo porque no es costumbre ni de los perros ni de los gatos dar agua para las manos. Y ya que no lo hizo, el mancebo se levantó y le tomó por las piernas y lo estrelló contra la pared, rompiéndolo en más de cien pedazos y enojándose más con él que con el perro.

Y así, muy bravo y sañudo y haciendo gestos muy feroces, volvió a sentarse y miró por todas partes. La mujer, que le vio hacer todo esto, creyó que estaba loco y no dijo nada. Y cuando había mirado el novio por todas partes, vio a su caballo, que estaba en casa y era el único que tenía, y le dijo muy bravamente que les diese agua para las manos, pero el caballo no lo hizo. Cuando vio que no lo hizo, le dijo:

—¡Cómo, don caballo! ¿Piensas que porque no tengo otro caballo que por eso no haré nada si no haces lo que yo te mando? Ten cuidado, porque si no haces lo que mando, yo juro a Dios que haré lo mismo a ti como a los otros, porque lo mismo haré a quienquiera que no haga lo que yo le mande.

El caballo no se movió. Y cuando vio que no hacía lo que le mandó, fue a él le cortó la cabeza con la mayor saña que podía mostrar y lo despedazó.

Y cuando la mujer vio que mataba el único caballo que tenía y que decía que lo haría a quienquiera que no lo obedeciese, se dio cuenta que el joven no jugaba y tuvo tanto miedo que no sabía si estaba muerta o viva.

Y él, bravo, sañudo y ensangrentado, volvió a la mesa, jurando que si hubiera en casa mil caballos y hombres y mujeres que no le obedeciesen, que mataría a todos. Y se sentó y miró por todas partes, teniendo la espada ensangrentada en el regazo. Y después que miró en una parte y otra y no vio cosa viva, volvió los ojos a su mujer muy bravamente y le dijo con gran saña, con la espada en la mano:

—¡Levántate y dame agua para las manos!

La mujer, que estaba segura de que él la despedazaría, se levantó muy aprisa y le dio agua para las manos. Y él dijo:

—¡Ah, cuánto agradezco a Dios que hiciste lo que te mandé, que si no, por el enojo que me dieron esos locos, te habría hecho igual que a ellos!

Y después le mandó que le diese de comer y ella lo hizo.

Y siempre que decía algo, se lo decía con tal tono que ella creía que le iba a cortar la cabeza.

Y así pasó aquella noche: ella nunca habló y hacía lo que él le mandaba. Y cuando habían dormido un rato, él dijo:

—Con la saña que he tenido esta noche, no he podido dormir bien. No dejes que nadie me despierte mañana y prepárame una buena comida.

Y por la mañana los padres y los parientes llegaron a la puerta y como nadie hablaba, pensaron que el novio estaba muerto o herido. Y lo creyeron aún más cuando vieron en la puerta a la novia y no al novio.

Y cuando ella los vio en la puerta, se acercó muy despacio y con mucho miedo les dijo:

—¡Locos, traidores! ¿Que hacen? ¿Cómo se atreven a hablar aquí? ¡Cállense, que si no, todos moriremos!

Al oír esto, ellos se sorprendieron y apreciaron mucho al mancebo que tan bien sabía mandar en su casa.

Y de ahí en adelante su mujer era muy obediente y vivieron muy felices.

Pocos días después su suegro quiso hacer lo que había hecho el mancebo, y mató un gallo de la misma manera, pero su mujer le dijo:

—¡A la fe, don Fulano, lo hiciste demasiado tarde! Ya no te valdría nada aunque mates cien caballos, porque ya nos conocemos.

—Y por eso —Le dijo Patronio al conde—, si su criado quiere casarse con tal mujer, sólo lo debe hacer si es como aquel mancebo que sabía domar en su casa.

El conde aceptó los consejos de Patronio y todo resultó bien.

Y a don Juan le gustó este ejemplo y lo incluyó en este libro. También compuso estos versos:

Si al comienzo no muestras quién eres,
nunca podrás después, cuando quisieres.

martes, 27 de octubre de 2009

Reseña de I Am a Strange Loop

I Am a Strange Loop
Douglas Hofstadter, 2007

Reseña elaborada por Atilio


I am a strange loop es un trabajo sobre la consciencia, el alma, el “yo” y la noción de identidad. Todos esos conceptos son intercambiables, de acuerdo con Hofstadter. Se trata de una obra cuyo tema central se "compone", más que se "desarrolla", por la adición de numerosos temas que van desde lo general a lo particular y hasta privado. Es el estilo Hofstadter.

Es un libro realmente fascinante y generoso. Este último adjetivo se debe a que encontramos en el texto referencias a música, matemáticas, ciencias cognitivas, la vida privada del autor, filosofía, una gran cantidad de metáforas, analogías, humor y menciones a hechos y objetos de la vida corriente.

Cuando uno cierra finalmente el libro se siente satisfecho del volumen de información y de los argumentos vertiginosos expuestos, pero sediento de conocimientos complementarios, por ejemplo, en neurociencia.

Supongo que debe haber otro tipo de personas que se sienten insatisfechas con el libro porque no están de acuerdo con esto o con aquello.

Querría hacer una advertencia a los mencionados. Hofstadter es un pensador multidisciplinario y con una gran capacidad de abstracción y concepción de estructuras complejas que se manifiesta en los temas más oscuros y complicados. Y hay que leer sus otros libros. I am a strange loop es una suerte de aclaración sobre el tema principal de Gödel, Escher, Bach: an Eternal Golden Braid, que no fue correctamente comprendido, según el autor.

Encontramos partes dedicadas a las matemáticas más abstractas y que necesitan ser leídas varias veces; diálogos; pasajes autobiográficos de gran intensidad emocional; demolición de "vacas sagradas" de la filosofía (afectadas de la enfermedad de la vaca loca, dice Hofstadter); generosas citas de Dennett y Parfit (ambos filósofos pero diferentes a los adoradores de vacas sagradas); metáforas, analogías y humor de excelente nivel.

Hay momentos en los cuales el lector pierde las ganas de seguir estirando su imaginación cuando las propuestas parecen exageradas o improbables y cuando la dificultad es extrema, como en el caso del strange loop de Gödel (para los no matemáticos). Pero me gustaría instar al lector potencial a persistir pues la recompensa está solo detrás de algunas páginas. Ese ciclo se repite varias veces a lo largo del libro y me alegra decir que cerrarlo por última vez produce esa hermosa sensación de satisfacción y algo de pena, como cuando se llega a destino en un viaje.

Por supuesto, Hofstadter es siempre un gran raconteur, muy amable en sus juicios y de excelente humor. Además de ser un gran pedagogo que simplifica fácilmente los temas más complejos como la consciencia y se toma el trabajo de explicarlos de varias maneras.

Personalmente, el libro me hizo darme cuenta, una vez, más, por donde andan las cabezas de los investigadores en ciencias cognitivas. Son lugares muy extraños y alejados de las percepciones cotidianas.


***


FICHA BIBLIOGRÁFICA

Hofstadter, Douglas
I Am a Strange Loop
USA
Basic Books
2007
ISBN 978-0465030781
OCLC Number 64554976
412 pages

Hay versión en español:

Hofstadter, Douglas
Yo soy un extraño bucle. ¿Por qué un fragmento de materia es capaz de pensar en sí mismo?
Traducción: Juan Vidales, Luis Enrique de
Barcelona
Tusquets
2008
ISBN: 978-84-8383-087-1
524 págs.

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Sitios relacionados:

Hofstadter y el vegetarianismo

Club de lectura "La Ilíada"

Nico Cassinelli

lunes, 29 de enero de 2007

Requiem redentor

Enrique Arias Valencia
“El arte sobreviene para salvarnos de la verdad”.
Nietzsche

Es así que las grandes preguntas de la humanidad no tienen respuesta. Así, la pregunta del Salvador en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” nos dice que Jesús era verdadero Dios, pero también, verdadero hombre. Y como hombre, Jesús estaba desesperado en la cruz. Y su pregunta no obtiene respuesta. Al menos, no en ese momento.

Ningún hombre sabe qué sucede al morir. Soy un hombre, por lo tanto, no sé qué me sucederá al morir. Mozart murió en la juventud, tras concluir una colosal herencia musical que le dio el regalo de la inmortalidad. Las obras de Mozart son redentoras. El mejor Requiem es de Mozart. Por lo tanto, el mejor Requiem es redentor. Sobre este asunto de la muerte, Heráclito sostuvo que: “A los hombres les aguardan cuando mueran tales cosas que ni esperan ni imaginan”.

Rayo de Ira divina desvanece al hombre en un instante. ¿Qué es el hombre, y qué es Dios en vista de que en la Escritura se proclama que el hombre está hecho a su imagen? ¿Cómo conseguiríamos acercarnos a lo divino sin ser calcinados por su poder? Si fuéramos producto del azar y del error, entonces ¿qué serían el entendimiento y el amor? ¿Quién puede saberlo? ¿Quién puede afirmarlo? ¿Quién es Dios? Por todo esto, sin embargo, ¿no deberíamos, en cierta forma, sonreír frente a nuestros orígenes? Después de todo, ¿no es el mundo una invitación a ser feliz? Y si la vida no es eso, entonces, ¿qué es?

Inclinaos: Introitus. El Requiem de Mozart es una enorme reflexión sobre la muerte de un ser querido. La muerte es el acertijo principal que se nos plantea cuando venimos a este mundo. “¿Qué sigue?” Cito de memoria: decía Schopenhauer que si supiéramos qué sigue tras la muerte, ni la religión ni la filosofía existirían.

¿Qué es la verdad? ¿A qué se refiere Nietzsche cuando dice que el arte nos redime de la verdad? Planteemos primero que el arte es la expresión simbólica de los sentimientos ideales. La verdad a la que se refiere Nietzsche es la verdad filosófica, que provisionalmente podríamos proponer como una adecuación entre el pensamiento y la realidad, y con esto creo seguir al Estagirita. Es así que Nietzsche nos pone en guardia contra la realidad, y el arte se yergue soberano como un reino feliz de fantasía metafísica.

Ustedes conocen la historia mejor que yo. Mozart era un enamorado de los números capicúa, y así, en varias de sus obras dichos números juegan un papel importante. Como todo buen músico, Mozart creía en la redención por medio del arte. Una obra de Mozart cuyo número de catálogo es un número capicúa es el Requiem K 626 en re menor. Circula por ahí una historia muy romántica pero también muy equivocada que sostiene que Mozart compuso su Requiem pensando que era el suyo propio porque Salieri lo había envenenado. Incluso se afirma que no pudo terminar su obra porque lo sorprendió la muerte y tras muchos problemas, la tarea de concluir la partitura recayó en su alumno Franz Xaver Süsmayer. Sin embargo, tales historias son falsas. Para comenzar, Mozart ya había recurrido a Süsmayer para componer una obra, su ópera La clemencia de Tito, en 1791. Por lo tanto, Mozart ya sabía que contaba con Süsmayer para emprender su obra más ambiciosa. Tal obra es el Requiem en re menor. A Mozart le gustaba componer. Esta frase en apariencia insulsa, cobra relieve si recordamos que varias veces tuvo que hacerlo por la fuerza: un encargo de un príncipe y así nacía una nueva sinfonía del genio de Salzburgo.

El Requiem fue escrito por Mozart como una expresión de libertad. Toda obra fruto de la libertad trasciende las convenciones de la forma, por eso el Requiem trasciende todos los convencionalismos de las misas de difuntos. ¿Estamos en el punto de partida o hemos avanzado? Es así que a las seis de la tarde del sábado 27 de enero de 2007, teniendo como marco el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, el Coro Cantus Hominum nos recreó con el Requiem de Mozart. Las voces entrelazadas de bajos, barítonos, tenores, contraltos, mezzosopranos, sopranos y solistas son una prueba de que “El mundo es un entretejido de relaciones”, tal y como, en un contexto muy distinto señala Paul Davies.

Ahora bien, Mahler dijo que una vez, tras una función de La Walkiria, se puso a aplaudir hasta desollarse los dedos. Pues bien, cuando el Coro Cantus Hominum terminó su excelente interpretación del Requiem de Mozart yo aplaudí y grité entusiasmado hasta desgañitarme. Me gusta mucho escuchar música, porque la música es parte del arte redentor.

Redonda medalla Mozart. ¿Es redonda la medalla Mozart? No lo sé, desde mi lugar se veía muy pequeñita. Para un filósofo, lo más maravilloso y sorprendente de la medalla Mozart es que es. Heidegger nos cuestiona, nos lleva al límite de la pregunta: “¿Es el «ser» meramente una palabra de un significado evanescente o es el destino espiritual de Occidente?”

¿Inició el mundo con una gran explosión? Hay quien dice que para darle vida a este universo, Dios hizo estallar un fortissimo de poderío que formó las sustancias y encendió las estrellas.

Al paso de los tiempos, el mundo cayó en pecado, y hubo de necesitar un Salvador. ¿Qué es el mal? A decir verdad, el mal es un misterio. El filósofo se arriesga a equivocarse, y así, también pide perdón por sus pecados.

Salvador, Soter en griego, es el nombre de un Dios redentor. Cuando Jesús dijo: “Tengo también otras ovejas, que no son de este rebaño”; ¿quién puede afirmar ser parte de ese otro rebaño? Los ortodoxos no pueden afirmarlo, porque ellos conforman el rebaño estándar de Cristo. Ahora bien, si nosotros nos declaráramos como el otro rebaño de Cristo, es porque asumimos que no pertenecemos al rebaño ortodoxo. ¿Quién puede interpretar este pasaje, si parece que a quienes se refiere no pertenecen al rebaño ortodoxo? Si el otro rebaño al que se refiere Jesús no es ortodoxo, ¿no tiene derecho, por definición, el rebaño no-ortodoxo de interpretar la expresión de Cristo al margen de la ortodoxia? Y sin embargo, ¿no es la ortodoxia quien nos alecciona sobre la forma correcta de interpretar el Evangelio? No hay que dejar de advertir que si admitimos a la ortodoxia, entonces no formamos parte del otro rebaño de Cristo, sino del rebaño estándar, y entonces sigue siendo un misterio a quién se refiere Cristo cuando dice que tiene otras ovejas. Y no obstante lo anterior, sabemos que ambos rebaños al pertenecer a Cristo, comparten características comunes. Los dos rebaños reconocen los aspectos esenciales de la doctrina de Cristo, en especial el que se refiere al amor, pues en el amor está el elemento principal del cristianismo, el cual debe ser en consecuencia, el elemento que esté a la base del ecumenismo. ¿Cómo podría ser el otro rebaño de Cristo? Quizá, si al rebaño estándar le corresponde la ortodoxia, entonces al otro rebaño le corresponde la heterodoxia. Si al primero le corresponde la fe, al segundo le corresponden la duda y la fe. El primero enfatiza la certidumbre, el segundo, la ciencia. Hay un inevitable conflicto entre duda y certidumbre porque ambos se enfrentan en la arena del mundo. Es así que Bertrand Russell sostenía que “La filosofía es la tierra de nadie entre la religión y la ciencia”. Por consiguiente, éste es el camino de en medio de la filosofía. Quizá el otro rebaño de Cristo sea el de los filósofos que estamos buscando la Verdad sin saber qué es. De tal forma que sé que puedo contestar sin temor a equivocarme a la pregunta ¿existe Dios?; pero no puedo contestar a la pregunta sobre si creo o no en Dios. Es así que a la pregunta: “¿Existe Dios?” Contesto: “No lo sé”, y sé que no me equivoco al dar esa respuesta. Pero, a la segunda pregunta, no sé qué contestar.

Vida es lo que celebra la música. En el caso del Requiem de Mozart se celebra la vida del difunto. Vida que pasa, pero que nos deja a nosotros los vivos los gratos recuerdos de aquello que el hoy difunto compartió con sus queridos familiares y amigos.

Azar es la pseudónimo que Dios utiliza cuando no quiere firmar su obra. Fausto, siempre Fausto. En un banquete de filósofos, endrinas más, endrinas menos, lo mejor de la lógica aún está por venir. El error hace el trabajo sucio; el azar hace lo demás. Ambos son un par de eficientes trenzas del destino. Todo en esta vida no son más que enredos que nos sujetan con hilos firmes e invisibles. Y ya lo dijo el buen Heráclito: “Los hilos invisibles son más fuertes que los visibles”. Y según Heráclito también, ser y pensar se identifican en el devenir. En este orden de ideas de los bucles, y para hacer divertida esta vida nos dice Hofstadter que: “El fenómeno del «Bucle extraño» ocurre cada vez que, habiendo hecho hacia arriba (o hacia abajo) un movimiento a través de los niveles de un sistema jerárquico dado, nos encontramos inopinadamente de vuelta en el punto de partida”.1 Quisiera poner a vuestra consideración un nuevo ejemplo de un «Bucle extraño» de mi autoría. Procede del Post Scriptum de mi tesis de licenciatura, y dice a la letra: “Este argumento es wagneriano. Nada de lo que es wagneriano es beethoveniano. Todo lo que es beethoveniano es válido. Por lo tanto, este argumento no es válido. Y sin embargo, lo es”. ¿Jugará el azar algún papel en la música?

Lacrimosa. Los artistas forman una cofradía de iniciados. Leonardo Villeda es un hombre con gran capacidad de convocatoria artística. Un saludo para todos mis amigos del Coro, con quienes he compartido muchas melodías. Yo aquí, ustedes allá. Yo en el público, ustedes en el escenario: es así como más me gusta. De hecho, esta postura me recuerda la del observador que mira sin inmutarse los fenómenos del mundo. Soy un par de ojos llorosos que el universo usa para mirarse a sí mismo.

El director de música es un sacerdote que todavía oficia de espaldas al pueblo. En este caso el director fue Fernando Lozano. Todas las voces maravillosas. Todos los tiempos perfectos. La orquesta, un deleite incomparable. El Coro Cantus Hominum en su mejor momento. Lourdes Ambriz conmovedora. Encarnación Vázquez, sensacional. Leonardo Villeda, magnífico. Jesús Suaste, voz inconmensurable. La Orquesta Nueva Filarmónica de México, en su punto. Yo disfruté el concierto desde el tercer piso, en la última fila. En el público, Eduardo me acompañó en la función. No cabe duda que Pascal tiene razón cuando dice que “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.

¡Nace de nuevo! El misterio lo ha dicho por nosotros. La nada, hija de la voluntad ilimitada, el inocente trasfondo, origen y fin del mundo manifiesto. La inexistencia es el trasfondo indiferenciado, el núcleo del mundo, su aspecto más misterioso. Y no hay nada más misterioso que la nada. La inexistencia es la nada que constituye el mundo. Es la nada en la que todo flota y todo fluye: es la más pura esencia de las cosas. La nada es el vacío por excelencia. Y Dios hizo el mundo sacándolo de la nada.

¿Conforman los pensamientos a la realidad o la realidad conforma el pensamiento? ¿Son reales los pensamientos? ¿Es la realidad un pensamiento? ¿Qué es un pensamiento? ¿Qué es, si es que es algo, la realidad?

Interroguemos al Ser. Heidegger de nuevo, viejo amigo. Al final de pasar revista a todas la vanidades del mundo, el pensador se pregunta: “¿Para qué?, ¿Hacia dónde, ¿Y luego qué?” Y por supuesto, nosotros continuamos: ¿Y qué sigue?

Ahora bien, según el filósofo Friedrich Nietzsche Apolo es medida prudente. Tomemos a Apolo como la intuición que constituye el espacio. Es así que Apolo nos entrega tres dimensiones: largo, ancho y alto. Por lo tanto, en esta concepción Apolo es el señor del espacio. El mundo visible es el mundo como representación, determinado por el tiempo y el espacio, que son la condición que hace que aquello que es uno, aparezca como múltiple, ya sea en serie, ya sea de manera simultánea. El tiempo y el espacio son el principium individuationis. Apolo es un elemento estético que nos otorga el don de la medida, y aunque puede enojarse, su imagen siempre estará adornada por el nimbo de la belleza. La mesura es un elemento Apolíneo en el arte, un elemento que distingue a la tragedia.

Génesis
“Si el pensar es tu destino, adora ese destino con honores divinos y ofréndale lo mejor, lo más querido”.
Nietzsche

Allende Apolo, el siguiente elemento de El nacimiento de la tragedia es la verdad de Dionisos, la cual nos dice que el mundo es uno. Dionisos es el desenfreno de la danza, la muerte del sentido común. Con una enorme licencia poética, consideraremos cómo los pensamientos apolíneos de Einstein contrastan con las evidencias dionisiacas de Bohr.
La física clásica y la relatividad son una medida mesurada. La mecánica cuántica es desenfrenada: en el mundo cuántico nada es como parece, y la lógica clásica debe abandonarse cuando exploramos los caracteres de las partículas subatómicas.
Ésta es la razón de la afirmación de Einstein: “No creo que Dios juegue a los dados con el Universo”. Es así que la teoría general de la relatividad es apolínea, pues se trata de un edificio elegante y mesuradamente planeado. Mesura que contrasta con la frenética danza de las partículas del mundo cuántico, lo cual la convierte en una teoría dionisiaca.
No obstante, algo hay de herético en los planteamientos de Einstein. Es así que Einstein fue uno de los científicos que revolucionó nuestra visión del universo con su planteamiento del espacio y el tiempo que se resuelven en una sola unidad, socavando la física newtoniana que nos hablaba de un espacio y un tiempo separados y absolutos. Por eso, si queremos conocer a un apolíneo puro, debemos buscar a Newton. Y en medio de nosotros, Newton como un Dios.
Las leyes de la naturaleza son inviolables. Así por ejemplo tenemos el mandamiento “No viajarás a una velocidad mayor que la de la luz”, el cual cumplimos todos los mortales. Los automóviles son rápidos si alcanzan los 150 kilómetros por hora, pero la luz viaja a 300,000 kilómetros por segundo. Nadie que yo conozca puede viajar tan rápido como la luz.
Y sin embargo, gracias a la física, todos nosotros podríamos viajar a la velocidad de la luz. Y nosotros lo estamos haciendo. Para conseguirlo, añadamos el tiempo a las tres dimensiones apolíneas, entonces tendremos un espacio-tiempo de cuatro dimensiones: largo, ancho, alto y el tiempo.
“Einstein afirmó que cualquier objeto del universo está siempre viajando a través del espacio-tiempo a una velocidad fija —la de la luz—. Esta idea resulta extraña; estamos acostumbrados a pensar que los objetos viajan a velocidades considerablemente menores que la de la luz. Hemos puesto el énfasis repetidas veces en esto, considerándolo como la razón por la cual los efectos de la relatividad son tan desconocidos en la vida cotidiana. Todo esto es verdad. En este momento estamos hablando de la velocidad combinada de un objeto a través del conjunto de las cuatro dimensiones —tres dimensiones espaciales y una temporal— y precisamente en este sentido de generalización es donde la velocidad del objeto es igual a la velocidad de la luz”.2
Es así que si consideramos el tiempo como la cuarta dimensión, podemos viajar a la velocidad de la luz.
Apolo: teoría especial de la relatividad: espacio y tiempo son influidos por el movimiento del observador. Teoría general de la relatividad: espacio y tiempo se curvan debido a los efectos de la gravedad.
Mi alma es un nudo Giordano. En todos los cultos dionisiacos se buscaría la disolución del individuo. Las religiones apolíneas son clara afirmación de la conciencia. La coincidencia de los contrarios mostrada por la fusión de lo apolíneo con lo dionisiaco nos conduciría a una teoría sobre todo, una explicación completa del mundo físico.
¿Qué es una fuerza? Si, como dicen los físicos, hay cuatro fuerzas que actúan en la naturaleza, la fuerte, la débil, la electromagnética y la gravedad, ¿cuál de estas fuerzas es la responsable de que pueda mover la mano para escribir una nota en mi cuaderno? ¿Cuál sería, en última la fuerza responsable de la energía calorífica que irradia una vela?
Hay una relación entre Nietzsche y la física. Entre sus numerosos aforismos, él recurre a un lenguaje que podemos equiparar con el de la física moderna. Veamos un ejemplo.
“¿Y sabéis qué es para mí «el mundo»? ¿Tendré que mostrároslo en mi espejo? Este mundo: una inmensidad de fuerza, sin comienzo, sin fin, una magnitud fija y broncínea de fuerza que no se hace grande ni más pequeña, que no se consume, sino que sólo se transforma, de magnitud invariable en su totalidad, una economía sin gastos ni pérdidas, pero también sin aumento, sin ganancias, circundado por la «nada» como por su límite [...]”3
Nietzsche dice que este mundo está regido por una sola fuerza, con lo cual se acerca a los físicos de nuestros días, con su teoría de la súper fuerza. El asunto es muy rico y merece más atención. Nietzsche identifica esta fuerza única con Dionisos y la voluntad de poder. Al mencionar que la fuerza no se consume, sino que sólo se transforma, Nietzsche hace eco de la famosa ley de la conservación de la energía.

Al Coro Cantus Hominum

Si me preguntan qué es la santidad, pienso en un primer momento en mis amigos Gaby y su esposo Jaime. Su amable trato es una muestra del triunfo discreto del cristianismo: una religión para todos los hombres, de todas las naciones y de todas las condiciones. Compartir el pan con ellos es signo auténtico de la mesa de la amistad con Jesucristo.
Si me preguntan cómo se percibe la santidad, pienso en Leonardo, pues su compromiso con el arte es un reflejo feliz de su compromiso con lo más valioso del trabajo del hombre y para con la belleza de la armonía y el concierto. Y así, si me preguntan por la simpatía de la santidad, pienso en Claudia, la esposa de Leonardo y aquellas tardes en el Café Carusso, de tan gratos recuerdos.
Si me preguntan si la santidad es valiente, yo contesto que sí, y acude a mi mente la valiente Mariana, a quien he visto sortear las tormentas de la vida con la inigualable firmeza de una arrojada madre. Y tengo también un saludo cordial para su esposo, Sergio.
Si me preguntan si podemos confiar en la santidad, pienso en el trabajo de Paty, siempre dispuesta a tratar con el cuidado del alma.
Si me preguntan si la santidad es honesta, la charla del organista Pepe es la respuesta. Siempre escucho la verdad en las conversaciones que con él sostengo, y él y su esposa son mis vecinos de jornada.
Por supuesto que recuerdo a los médicos que me asistieron cuando un rufián furtivo me asaltó, y así puedo dar cuenta de que la santidad alivia al cuerpo herido.
Si me preguntan por la santidad solidaria está Alejandro, quien tendió su mano amiga en momentos de quebranto. A él y a Carla un afable abrazo.
Si me preguntan si la santidad descubre al artista, ahí están Federico y Ade para alentarlo, con su escuela.
Por supuesto que me faltan muchos nombres por mencionar, pero mi memoria es mala, y además, tengo muchos vecinos santos, por lo tanto, sólo puedo añadir que si me preguntan cómo se escucha la santidad, la respuesta es: Cantus Hominum.
P.S.
Algunas personas quizá se hayan dado cuenta de que yo tengo cierto afán de contradictorio diablillo sentimental; sin embargo, quizá por eso mismo puedo percibir con mucha claridad el bien y dónde está.

Coda

A la memoria de la señora Polita Villeda
Primavera sin fin.
Ella está en cada nota que entonas.
Y también en cada silencio.
Estío.
Ella está en la cálida lluvia.
Y también está en la primera gota de rocío.
Otoño.
Ella está en las hojas que caen.
Y la luna se mueve entre las nubes.
Invierno.
Ella está en el aliento del viento.
Y también está en tu corazón.

1 Douglas Hofstadter, Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle, Barcelona, Tusquets editores, 2003, p. 12.
2 Brian Greene, El universo elegante, Drakontos, Barcelona, trad. Mercedes García Garmilla, p. 81-82.
3 Friedrich Nietzsche, aforismo 1 067 de La voluntad de poder apud. Eugen Fink, La filosofía de Nietzsche, Alianza Universidad, Madrid, 2000, trad. de Andrés Sánchez Pascual, p. 212.