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domingo, 11 de octubre de 2009

De la nada, nada; inmaculada argumentada (2/2)

Enrique Arias Valencia

Nada puede a la nada reducirse,
¡Ni alguna cosa hacerse de la nada,
Confirman mis probados argumentos!
Lucrecio*

IMPLICACIÓN MATERIAL

(¬p ó q) = (p→q)

Físicos: No hubo Big Bang, a menos que algo pueda salir de la nada. Hubo Big Bang. Por lo tanto, algo puede salir de la nada.

Q ES FALSA

q = F

Materialistas: Nada puede salir de la nada, y si la teoría del Big Bang afirma que el “Universo” salió de la nada, en consecuencia no hubo Big Bang.

DILEMAS CONSTRUCTIVOS

(p→q) & (r→s)
p ó r
:. q ó s

Tenemos que: si es un físico teórico que sostiene que la historia del Universo actual comienza a partir de la nada, la cual estalló hace quince mil millones de años, luego se afirma el Big Bang como el origen absoluto a partir de la nada. En palabras de la distinguida astrofísica y cosmóloga Janna Levin:

“La imagen más simple del Big Bang comienza con nada. Realmente nada, no hay espacio, no hay materia, ni materia ni energía… es NADA, pero con el potencial de existir. Y ese estallido crea el universo. Comienza el tiempo, el espacio es creado, toda la materia y energía del universo son creadas en ese momento”.**



La tesis anterior se enfrenta a la del materialista, la cual consiste en que si se es consecuente con la ley de la conservación de la materia, aquella que dice que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, entonces se sostiene que “de la nada, nada”, como afirmó Lucrecio en su poema De la naturaleza de las cosas. A continuación, el lector atento disculpará la extensa cita de dicha obra, pues excede los límites de este ensayo, ya que en ella se expone el problema del invisible principio del mundo, y se insinúa la teoría atómica, tema que no abordaré aquí. Sin embargo, lo que sigue muestra la composición armonizada en endecasílabo blanco con el que José Marchena vertió al español los versos del latino.

Puesto que te he enseñado que los seres
No pueden engendrarse de la nada,
Ni pueden a la nada reducirse;
No mires con recelo mi enseñanza,
Al ver que con los ojos no podemos
Descubrir los principios de las cosas;
Sin embargo es preciso que confieses
Que hay cuerpos que los ojos no perciben.



O es un físico teórico que sostiene que la historia del Universo actual comienza a partir de la nada, la cual estalló hace quince mil millones de años; o es un materialista, si se es consecuente con la ley de la conservación de la materia, aquella que dice que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Por lo tanto, o se afirma el Big Bang como el origen absoluto a partir de la nada, o se sostiene que “de la nada, nada”, como afirmó Lucrecio.

Consideremos que: si es un físico teórico que sostiene que la historia del Universo actual comienza con un punto matemático, luego afirma el Big Bang. Haciéndole frente a que: si es un materialista estricto, entonces niega el Big Bang.

De lo anterior se sigue que o es un físico teórico o es un materialista estricto. He ahí el dilema.

Por lo tanto, o afirma el Big Bang o niega el Big Bang.

Si admites el Big Bang, entonces sostendrás que algo puede salir de la nada. Por el contrario, si estás de acuerdo con Lucrecio, luego argumentarás que “de la nada, nada”.

Tenemos que o hubo Big Bang o estás de acuerdo con Lucrecio.

Por lo tanto, o sostendrás que algo puede salir de la nada o sostendrás que “de la nada, nada”.

Hay filósofos que están de acuerdo con Lucrecio. Luego, sostienen que “de la nada, nada”. En cambio, hay científicos que sostienen que algo puede emerger de la nada. Luego, sostienen que, en vista del Big Bang, el Universo surgió de la nada.

Es así que hay filósofos que están de acuerdo con Lucrecio, enfrentados a científicos que sostienen que algo puede emerger de la nada.

Por lo tanto, o se sostiene que “de la nada, nada” o se afirma que en vista del Big Bang, el Universo surgió de la nada.

MODUS PONENS

p→q
p
:. q

Si estás de acuerdo en que hubo Big Bang, luego sostendrás que algo puede salir de la nada.

Janna Levin y Paul Davies están de acuerdo en que hubo Big Bang, luego sostienen que algo puede salir de la nada. Janna Levin y Paul Davies serían materialistas cientificistas.

Si estás de acuerdo con Lucrecio, luego sostendrás que “de la nada, nada”.

Fernando G. Toledo, Gustavo Bueno, Mario Bunge y Jorge Méndez están de acuerdo con Lucrecio, luego sostienen que “de la nada, nada”. Serían los materialistas estrictos.

Jorge Méndez sostiene que: “La creación desde la nada es absurda y viola el principio de Lucrecio (de la nada nada, sale)”.

Mario Bunge: “Nada se origina a partir de nada y nada va hacia de nada. Este principio, debido a Epicuro y Lucrecio, es el enunciado más antiguo y general del principio de conservación de la materia”.***

En diferentes ocasiones el ilustre filomaterialista don Fernando G. Toledo ha advertido la insensatez de atreverse a asegurar que de la nada puede obtenerse algo. En palabras de Fernando en su blog Razón atea:

“Un dogma de fe de un materialista cientificista puede ser que sólo la ciencia nos permite acceder a la realidad, o que el método científico es el único modo de obtener una verdad. O que toda la realidad es física. O que de la nada puede surgir algo. Hay montones de ejemplos, y muchos se parecen a dogmas teológicos”.

Aquí tengo que confesar que cuando Toledo argumentó, me robó el corazón. Se trata de empatía. Si la labor filosófica es amor al conocimiento, cuando este se muestra con la solvencia moral de un argumento bien formado, aun un irracionalista como yo es capaz de caer rendido a los brazos de la razón. El argumento se expone inmaculado:

“Salgo al ruedo […] porque este tema es de enorme importancia, y en este caso no puedo más que suscribir los comentarios de Méndez sobre lo absurdo de aceptar la existencia de la nada, y para colmo revestida de un supuesto conocimiento científico.

Primero y principal, tal término no es científico, sino genuinamente filosófico. Y es desde un abordaje filosófico que debemos excluir la existencia y posibilidad de la nada, por contradictorio y absurdo (algo que, como bien señala, Méndez ya sabía Lucrecio).

¿Cómo que es demostrable científicamente que «todo puede surgir de la nada» (sic)? ¿Dónde está esa demostración? ¿No es una demostración que ya presupone la existencia de esa absurda nada y, como digo antes, trata de pasar por ciencia lo que no es más que pura metafísica? ¿Así que la nada es menos metafísica que hablar de algo «externo al universo»? Bien: no es así, en el sentido de que […] la nada es un absurdo, irracional, que ningún procedimiento ha demostrado (ni podría [demostrar]) […]

También aclaro que es absurdo considerar como prueba de que todo puede surgir de la nada que «de hecho» tengamos «el universo y las leyes que inventamos», como si la «invención» surgiera «de la nada» y no de nuestro cerebro y procesos neuronales”.

Es así que en tertulia virtual, tras leer el argumento de Toledo, no pude menos que advertir que la ciencia de la física teórica ha pervertido entre otras cosas, el concepto de la nada, y nos han vendido como nada algo que sí es algo. Cfr. al menos, la (por fortuna) Breve historia del tiempo, de Hawking o Superfuerza de Davies, o mi muy irracionalista "Invitación a la nada"; y por tanto agradezco a Fernando la brillante aclaración al respecto.

En consecuencia: Es la ciencia física teórica la que ningunea los triunfos de la filosofía, al pervertir, por ejemplo, el razonamiento de Lucrecio sobre la nada.

TAUTOLOGÍA: La nada, no es nada.

REDUCCIÓN AL ABSURDO

Si la nada fuera algo, dejaría de ser nada, para pasar a ser algo, lo cual es absurdo acerca de la nada.

De la nada, nada, pues si de la nada partiese algo, luego la nada sería algo: el punto de partida de ese algo, lo cual es contradictorio al predicarse de la nada.
Por lo tanto, la nada no es el punto de partida de nada. Luego, de la nada, nada. Q. E. D.

Luego, es necesario admitir que “De la nada, nada”, y en cambio, la “nada” a la que se refieren los físicos teóricos en sus libros de divulgación científica es un término equívoco que puede provocar confusión entre el gran público.

Por lo tanto, estoy con Lucrecio y sus amigos cuando afirman que “De la nada, nada”.

CONCLUSIÓN

Pasteur desterró la generación espontánea de la biología. ¿Llegarán los físicos teóricos a admitir la tesis de los materialistas estrictos para así desterrar la generación espontánea del estudio de la naturaleza?

* Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas. Poema en seis cantos, traducido por D. José Marchena. Madrid, Librería de Hernando y Compañía, 1918.
**Janna Levin, Brevísima historia del big bang, en video, en Noticias del Cosmos.
*** Mario Bunge, Diccionario de filosofía, Siglo XXI Editores Argentina, 2001.

sábado, 10 de octubre de 2009

De la nada, nada; inmaculada argumentada (1/2)

Enrique Arias Valencia

Todas las cosas suceden por necesidad, porque la causa del nacimiento de todo es
el remolino de los átomos.
Demócrito, según Diógenes Laercio IX, 45


La ciencia es un conjunto de conocimientos ordenados sistemáticamente que busca describir, comprender, usar y predecir el comportamiento de la naturaleza. La manera en que estos conocimientos pueden obtenerse consiste en seguir los pasos que van de la observación, la hipótesis, la experimentación, hasta la obtención de una ley o principio.

Uno de los máximos logros de la ciencia es que cuenta con un mecanismo que le permite, con el tiempo autocorregirse. Lo que emprendemos los seres humanos, no es perfecto pero sí perfectible por medio de la práctica.

Hoy más que nunca, gracias a Internet y al compromiso de personas de gran talla intelectual, bien podemos decir que el conocimiento científico lo construimos entre todos. En Internet convergimos gente de lo más variada, desde joviales irracionalistas como un servidor, hasta serios racionalistas como el filomaterialista Fernando G. Toledo. El choque ha sido inevitable, pero también el reconocimiento de la valiosa labor de aquellos cuyo sincero compromiso con la razón los ha convertido en punto de referencia indiscutible de los problemas científicos y filosóficos que, en esta era de la información, a muchos seres humanos nos apasionan.

"La línea de la costa, de la cual habla Alan Watts, representa el lugar en que la tierra y el agua se tocan".*

Desde mi punto de vista, tal línea es el ateísmo. Como comenta Richard Dawkins en La raíz de todo mal: "Todos somos ateos de algún Dios. Lo que pasa es que algunos hemos dado un paso más allá". ¿Por qué hay gente que se siente impulsada a creer en Dios? Nietzsche sostiene que “El hombre prefiere querer la nada a no querer”. Quizá sea el momento de hacer la advertencia de costumbre al lector: lo que este trabajo tenga de acertado se debe a los pensadores citados, los desatinos, son míos.

¿Qué es la nada? La pregunta nos asalta desprevenidos, y muy pocos somos capaces de responder que por definición, la nada no puede ser algo, pues entonces habría algo en vez de nada.

Desde que era niño me gustaba devorar libros de divulgación científica. Uno de mis favoritos, Superfuerza, de Paul Davies, incluye un típico argumento acerca de la nada que pueden encontrarse en la literatura científica corriente.

“El vacío es el milagroso cuerno de la abundancia de energía en la naturaleza. En principio no hay límite a la cantidad de energía que puede autogenerarse por la expansión inflacionaria. Es un resultado revolucionario en total desacuerdo con la vieja tradición secular de que «nada puede surgir de la nada», una creencia que data al menos de tiempos de Parménides, en el siglo V a. de C. La idea de una creación a partir de la nada pertenecía, hasta recientemente sólo al reino de la religión. Los cristianos han creído desde hace mucho tiempo que Dios creó el universo de la nada, pero la posibilidad de que toda la materia y la energía cósmicas aparezcan espontáneamente como resultado de un proceso puramente físico hubiera sido considerado como algo absolutamente insostenible por los científicos de hace sólo una década”.**


¿En qué quedamos, pues, es la nada algo o no es nada? Un párrafo así puede entusiasmarnos un rato, y llevarnos a divagar acerca de la nada. Nietzsche y Sartre lo hicieron. Debemos al primero este esplendoroso aforismo: “Dios es la máscara de la nada”. Al segundo, una disertación en torno a las relaciones entre el ser y la nada. Pero de la nada, seguimos, literalmente, sin saber nada.

Strictu sensu: ¿es la nada observable, podemos hacer con ella una hipótesis, podemos someterla a experimentación, u obtener una ley o principio a partir de nada? ¿De dónde sacan los físicos como Davies una teoría tan exótica como aquella en la que la nada juega un papel fundamental?

Entenderemos por crítica el examen o juicio de uno de los aspectos de la razón, esto es, de su capacidad de juzgar con base en una premisa, y su capacidad de concluir con base en esa premisa. Entiéndase, pues, esta premisa: “De la nada, nada”.

¿Qué dice pues, Davies, de la nada? De la nada algo, a saber, espontáneamente, de la nada, espontáneamente, el universo.

De todo esto, lo único que me parece divertido acerca del Big Bang es cuando explica Eric Lerner: “En la teoría de Guth el campo de Higgs que existe en el vacío genera toda la energía necesaria a partir de la nada -ex nihilo-. El universo, como él lo plantea, es una gran «comida gratis», cortesía del campo de Higgs”.

*Alan Watts apud. Nicole Diesbach, Frontera. ¿Qué nos separa?, México, Editorial Yug, p. 69.
** Paul Davies, Superfuerza, Salvat, Barcelona, 1985, trad. Domingo Santos, p. 207. La “expansión inflacionaria es una de las teorías que recurren al Big Bang para explicar el supuesto origen del Universo.

jueves, 1 de octubre de 2009

Tipo galeato

Por: Fernando G. Toledo

Una discusión filosófica a veces rebosa la argumentación para alcanzar las cumbres de la estética. Aquí un ejemplo tomado de Razón atea.

Se quejaba este buen hombre
De las cosas que leía.
Muy molesto, le afligía
Algo que tenía nombre,
Y era nadie, se asombre,
El nombre «Filosofía».
Decirlo ya le dolía,
Y no hallaba sobrenombre.
Para evitarlo alababa
(Y se ocultaba en) la ciencia,
Pero era pura apariencia…
Pues ¡también filosofaba!
Revise quien no lo crea:
Lo hacía en Razón Atea.


Fernando G. Toledo sostiene: “Por cierto, acerca de «tipo galeato»: « Con este nombre, un poco arcaico, designo la actitud antifilosófica mantenida por escritores de temas realmente filosóficos, pero que, por causas diversas, desean segregarse de la filosofía»”.

jueves, 20 de agosto de 2009

Blanca crisálida de la inocencia terrible

Enrique Arias Valencia

Algunas cosas son, para todo propósito práctico, seguras. Si saltamos desde una ventana del décimo piso, podemos estar bastante seguros de que nos daremos un feo golpazo, no por la caída, como se dice, sino por la llegada.
Victor J. Stenger,
según traducción de Fernando G. Toledo


El poblado del sur de la Ciudad de México está enclavado en un cerro que saluda verde y pleno. Quiso la Providencia que el domingo pasado fuésemos mi hermano y yo a aquel pueblito que todavía conserva cierto aire de provincia, siendo ella un refugio para el alma que busca un poco de paz y armonía, ya perdidas en las grandes ciudades.

Era la fiesta de la Asunción de María. Quienes me conocen saben que si bien soy un rabioso ateo, por una razón de simpatía he querido ver en la Virgen María una metáfora de la pureza y del buen gusto, sin que por eso sea yo un hombre puro y de buen gusto, pues una cosa es el Dios, y otra su devoto.

Y es así que en torno a María se reúnen la ciencia, la música y la poesía. Para escándalo de propios y extraños, María representa en mi fuero interno la materia, pues ésta ni se crea ni se destruye, sólo se transforma; y lo mismo pasa con la integridad de María. ¿Por qué soy capaz de hacer esa asociación, con base en qué patrón he establecido esta relación entre la materia y la Virgen María?

En tanto que los danzantes retornan de un viaje del que no fui testigo, tres bandas tocan en el atrio de la parroquia de la Asunción de María, en Villa Milpa Alta. De la primera fue la obertura Semiramide, de Rossini, de la segunda los Cuadros de una exposición de Mussorgsky, y de la última, el final de la Quinta sinfonía de Shostakóvich.

Y es así como entramos en materia. Las bandas de pueblo tienen un toque de sabia inocencia que prepara al alma para la experiencia de lo divino, esto es, la poesía. Y no fue casualidad que la segunda banda interpretase el finale de la Cuarta sinfonía de Tchaikovsky, obra que en opinión del propio compositor retrata un sueño de demencia.

Vivimos en un mundo en donde impera la demencia: guerras, pestes, hambre y muerte. Vemos a los seres vivos evolucionar desde criaturas microscópicas hasta criaturas macroscópicas, adaptándose siempre para la guerra, devorándose unas a otras; unas en el papel de peste y otras en el papel de apestadas, unas muertas de hambre, con garras y colmillos, y otras muertas de hambre también, pero dotadas con pezuñas y aficionadas a la hierba. Y bien podemos decir así que “todos los seres vivos son mortales”.

¿Fue el mundo creado con inteligencia? ¿Fue el mundo creado? ¿Qué es la inteligencia? ¿Es esto todo lo que hay? Dice el alma embravecida: “Sólo un Dios demente pudo haber creado el mundo”. Y contesta serena la ciencia: “¡Ea, pues, salgamos a buscar al Divino!” Y la ciencia busca, y busca. Y Dios no aparece. En tanto, lo que sí aparece son evidencias de que Dios no existe.

¿Y si fue la naturaleza quien lo hizo todo? Creemos ver que la naturaleza ensaya una nueva creatura. La mariposa alza orgullosa el vuelo, y el instante siguiente es devorada por un pajarillo.

Y a pesar de todo, aun en este Siglo XXI, hay quienes todavía creen. ¡Seguro que habéis oído del diseño inteligente! Aquella vana opinión que sostiene que los seres vivos fueron creados con base en un plan, producto de la inteligencia. ¿Obró Dios con inteligencia al crear a sus creaturas? Ahí están los seres que nacen con limitaciones, más torpes o más débiles que sus congéneres. Mariposas que al salir de su capullo no pudieron alzar el vuelo, ballenas varadas en un arrecife porque sus aletas no eran lo suficientemente fuertes, mis propios ojos con espejuelos…

Y pues quien esto escribe ha querido expresar este desencanto del mundo en forma de una ironía filosófica, que al serlo, es completamente en broma, y completamente en serio. El etólogo Richard Dawkins sostiene que el cuerpo humano no nos aporta prueba alguna de diseño inteligente. Lo que vale para el cuerpo, vale para el cerebro. Lo que vale para cada cerebro del género humano, vale para el cerebro de Dawkins. Por lo tanto, por las pruebas que Dawkins mismo sostiene, en el cerebro de Dawkins no se distingue atisbo alguno de diseño inteligente. Luego entonces, en el cerebro de Dawkins no hay diseño inteligente distinguible. Ni una pizca, y él solito nos lo dijo.

Y el alma rebelde sentencia: “¡Ea, que la naturaleza es chapucera!” Pero no me he querido quedar a solas con esta impresión, y he salido a proclamarla a un foro ateo. Y hete aquí que fue en el excelente foro de Razón atea donde el brillante investigador S. Jarré me replicó:
“En realidad el chapucero (de existir) sería Dios, no la naturaleza. La naturaleza es una fuerza, un motor que inspira una simulación de creación bastante sofisticada valiéndose de siglos. Por eso, cuando se alude a que Dawkins mismo tiene un cerebro que no ha sido diseñado de forma inteligente, es totalmente cierto, no obstante, como buena simulación, sirve de utilidad para lo que se le pueda dar. Tanto Dawkins, tú o yo, tenemos un cerebro que es casi como un apaño evolutivo, que simula un diseño al igual que el resto del organismo, y en tanto exista esa simulación (que insisto: se generó a través de millones de años de continua evolución) en tanto existirá un atisbo de inteligencia que emane de la misma”.


¿De dónde procede nuestra capacidad de atribuir propiedades antropomórficas a la naturaleza? Chapucera, simuladora. También en Razón Atea, pero con una doctrina conocida como humanismo naturalista científico, Antonio Chávez Sánchez Silva tuvo a bien presentar la teoría de la agencia, cuyo concepto principal en breve, y según un diccionario de Internet quiere decir:

“Desde el punto de vista filosófico, se considera Agencia a la capacidad de un agente de actuar en el mundo; capacidad que incluso puede extenderse a entidades ficticias o no existentes. Esta capacidad de actuar no significa persé una dimensión moral específica para realizar un simple acto de selección para actuar, tema que es tratado por la agencia moral”.

La agencia es la capacidad de descubrir e incluso imponer patrones en el mundo que observamos. Los patrones no tienen existencia objetiva, y somos nosotros quienes los atribuimos a la naturaleza.

Entonces lancé en Razón atea esta pregunta: “¿Es chapucera la naturaleza o es una hiperactividad de la agencia decir eso de nuestra bella madre natura?” Con la respuesta de Jarré que vimos arriba.

Anthares, el bebé rebelde de Razón atea dijo: "No entiendo mucho lo de la agencia de Antonio". Y Antonio contestó: "Un buen ejemplo para enteder qué es: la capacidad de los infantes para darle vida a sus juguetes".

El ateo Atilio con interés científico formó un nuevo argumento, y un servidor lo resumió. Es así que pregunté a Antonio: “¿Tiene razón Atilio cuando sostiene que afirmar la no existencia de patrones en la naturaleza conlleva la refutación del principio antrópico fuerte, y es esto lo que sostiene el humanismo naturalista científico y su aparato del estudio de la cognición?” Y Antonio replicó: “Sí, es un modo de ilustrarlo”. En vista de nuestras constantes rencillas, a mí no me cabe duda de que a nosotros los ateos, el ateísmo es la diferencia que nos une. Pero por un instante, los rabiosos ateos hemos estado de acuerdo en algo. Vuelvo a casa renovado.

Enriquecido por la discusión, mi ateísmo estético es ahora capaz de advertir la terrible inocencia de la naturaleza. Ella es inocente de los pecados de Dios. La Naturaleza no es chapucera. Dada la agencia, la naturaleza es como Nuestra Señora, la Madre del Dios por quien se vive en su advocación de la Asunción de María. ¡Dios tiene un origen, y es la materia! ¡La materia es la madre de Dios! ¡Dios es hijo de María, quien hoy regresa contenta al Cielo, pues sabe que por fin he entendido que la naturaleza no es inepta! ¡Es tan difícil hacer a un lado los antropomorfismos! En mi alma, aun con todas sus garras y colmillos, el universo entero recupera su dignidad, su castidad, su blancura, su perfección, su orden y decoro (en realidad nunca los había perdido). Y esta ciencia inocente de la mariposa de blancura sabia, es en palabras de la poesía, boca de la Virgen, un secreto susurrado al oído atento:

Sábelo bien, tenlo por cierto,
hijo mío, tú el más pequeño,
que yo soy la Virgen perfecta
siempre Casta, María santa.

Cauce del verdadero Dios viviente
de la Causa cabe quien está todo,
sábelo bien que es mi vivaz retoño,
estampa fiel de aquel por quien se vive.

El autor del mundo y de su asunto,
Causa de las personas, en conjunto
el dueño en voluntad del firmamento,
Señor del cerca y dueño del junto,
y del Orbe terrestre, soberano dueño.