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martes, 7 de septiembre de 2010

Crítica del designio manifiesto

Enrique Arias Valencia

Para Fernando G. Toledo, en lo que le soy deudor al materialismo filosófico en el presente trabajo. Los tropezones, seguro son míos.




¿Qué es la ciencia? Sea Universo a mundo y éste a Cosmos. La ciencia es un modelo del Universo. Es, por tanto, una descripción del mundo. Al ser un modelo, éste debe someterse siempre a revisión. La ciencia es en consecuencia, una explicación provisional del Cosmos, y como tal, no puede presentarse como una obra definitiva. Uno de los máximos logros de la ciencia es que cuenta con un aparato crítico que le permite autocorregirse, y así avanzar en su saber.

A partir de lo anterior: ¿Puede la ciencia pronunciarse en forma definitiva y concluyente acerca de la existencia de Dios? En vista de lo presentado, la respuesta debe ser no. Pues la ciencia, al ser una descripción del mundo, no puede pronunciarse en definitiva sobre asunto alguno. Lo único que puede es construir hipótesis, desarrollar un experimento que las confirme o descarte, y elaborar una ley o principio con base en lo planteado y observado.

En sana congruencia con lo anterior, el archifamoso ateo Richard Dawkins, en El espejismo de Dios, al considerar un espectro de probabilidades de la admisión de la existencia de Dios, desde el grado 1° “fuertemente teísta” hasta el grado 7° “fuertemente ateo”, no puede sino admitirse como un agnóstico 6°, pues la ciencia hasta ahí alcanza: “Probablemente Dios no exista, así que deja de preocuparte y disfruta la vida”:

“Yo me cuento a mí mismo en la categoría 6, pero inclinado a la 7—soy agnóstico sólo hasta el punto de que no soy agnóstico sobre la existencia de hadas en el fondo del jardín”.


Dawkins se queja de que la religión frecuentemente pisa el terreno de la ciencia. Pero, ¿qué pasa cuando la ciencia pisa el terreno de la filosofía? Esto empieza a parecerse al recorrimiento de Polonia tras la Segunda Guerra Mundial. Alemania le cede terreno a Polonia para que ésta le ceda parte del suyo a la URSS. Es ya una curiosa tradición que los aficionados a la divulgación científica tenemos que leer cosas como esta:

Paul Davies (1984): “El vacío es el milagroso cuerno de la abundancia de energía en la naturaleza. En principio no hay límite a la cantidad de energía que puede autogenerarse por la expansión inflacionaria. Es un resultado revolucionario en total desacuerdo con la vieja tradición secular de que «nada puede surgir de la nada», una creencia que data al menos de tiempos de Parménides, en el siglo V a. de C. La idea de una creación a partir de la nada pertenecía, hasta recientemente sólo al reino de la religión. Los cristianos han creído desde hace mucho tiempo que Dios creó el universo de la nada, pero la posibilidad de que toda la materia y la energía cósmicas aparezcan espontáneamente como resultado de un proceso puramente físico hubiera sido considerado como algo absolutamente insostenible por los científicos de hace sólo una década” [p. 207].

Brian Greene (1999): “Agujero negro sin masa. En la teoría de cuerdas, un tipo especial de agujero negro que puede tener inicialmente una gran masa, pero que se vuelve cada vez más ligero a medida que una porción de Calabi-Yau del espacio se contrae. Cuando esa porción de espacio se ha contraído hasta convertirse en un punto, el agujero negro ha perdido la masa que inicialmente tenía y ya no tiene nada de masa. En este estado, no manifiesta las propiedades habituales del agujero negro, como es el poseer un horizonte de sucesos” [p. 352].

Stephen Hawking (2010): “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos” [citado en la Web].

Gracias a Davies con la nada hemos topado. Un inesperado chapuzón metafísico en el terreno científico. No será el único, pues el planteamiento de Greene está relacionado con la teoría del Big Bang, la cual sostiene que el Universo comenzó a existir a partir de la nada. Carl Sagan y Stephen Hawking son dos destacadísimos promotores de este planteamiento.

Tras 26 años de lecturas de divulgación de física teórica podemos advertir un patrón en los libros de dicha corriente, una serie de temas que, con ciertas variaciones, se repite como un bajo continuo:

a) El Universo comenzó a partir de la nada. Ésta es la teoría del Big Bang.
b) Hay una partícula indivisible. Los candidatos han sido los átomos, los quarks, y más recientemente, las supercuerdas.
c) Debería haber una teoría que explicara el comportamiento de todo el Universo. Einstein la buscó, pero fue incapaz de conciliar gravedad y cuántica. Desde entonces, han llovido muchas GTU: gran teoría unificada. La más reciente es la teoría de cuerdas/teoría M, la cual, en palabras de Greene:

“Sin duda, el logro de una comprensión total de la teoría de cuerdas/teoría M requerirá un largo y duro trabajo, así como una dosis igual de ingenuidad.

A cada paso que daban por el camino emprendido, los especialistas en teoría de cuerdas han buscado y continuarán buscando consecuencias de la teoría que se puedan observar experimentalmente. No debemos perder de vista las posibilidades remotas de hallar pruebas que confirmen la teoría de cuerdas, tal como se explicó en el capítulo 9. Además, a medida que profundicemos en nuestros conocimientos, habrá sin duda otros raros procesos o aspectos de la teoría de cuerdas que sugerirán otros procedimientos experimentales indirectos” [p. 326].


A partir del párrafo anterior, la exposición de Greene es densa en subjuntivos, que si bien son válidos en ciencia para construir las hipótesis, suenan muy extraños en una teoría que pretende explicar todo el comportamiento del Universo. Por lo tanto, lo que Greene admite es que la teoría M no ha tenido verificación experimental.

Hace varios siglos, con un sencillo argumento la filosofía sacó la tarjeta roja a Dios porque pretendió crear el mundo a partir de la nada. ¿Por qué habríamos de permitirle a la ciencia la misma osadía? ¿Es tan difícil de entender con Lucrecio que “De la nada, nada/¡Ni alguna cosa hacerse de la nada,/Confirman mis probados argumentos!?”:

Ninguna cosa nace de la nada;
No puede hacerlo la divina esencia:
Aunque reprime a todos los mortales
El miedo de manera que se inclinan
A creer producidas por los dioses
Muchas cosas del cielo y de la tierra,
Por no llegar a comprender sus causas.


La ciencia, quizá sabedora de nuestra enemistad, no puede sino dejar de pedir la desaparición de su enemiga. Varias veces mi gobierno ha querido deshacerse de la matrícula de filosofía. ¿Cómo enfrentar críticamente el mundo, sin las herramientas para ello?

¿Podemos prepararnos a criticar un libro que aún no hemos leído? Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, en su nuevo trabajo The great design rescatan y actualizan muchas de las ideas expuestas arriba: un Universo basado en la teoría M, (y por lo tanto en una maravillosa hipótesis, que no teoría), con un Big Bang que supuestamente descarta a Dios como creador del Universo, pero que hace eco fantasmal de la Creatio ex nihilo, y que pretende desterrar a la filosofía para erigir a la ciencia como discurso hegemónico del mundo. ¡Que Dios nos libre de que sea sólo la ciencia quien nos dirija!

¿Cómo enfrentar las hegemonías? Por mi formación irracionalista, no tengo sino una propuesta defectuosa: no debería privar un árbitro de los discursos, sino que bien podríamos admitir que la búsqueda la estamos haciendo entre todos, y este ensayo es mi contribución a dicha idea.

Alguna vez Kant se preguntó si la metafísica podría presentarse como ciencia. Hoy volteamos la tortilla y nos preguntamos: cuando la ciencia plantea “Porque existe la gravedad, el Cosmos puede crearse por sí mismo?” [Hawking, 2010], ¿puede presentarse la ciencia como metafísica? Y esto, sin que la ciencia misma lo advierta. Algo podemos empezar a hacer, por lo menos a muy pequeña escala. En casa, podemos reemplazar la palabra “nada” del Big Bang por “singularidad”. En El universo elegante de Brian Greene se usa muy poco la expresión “nada”, aunque Greene ni siquiera advierte su carácter paradójico en la definición que citamos del agujero negro sin masa. ¿No sería apasionante que a los filósofos se nos permitiese especular con tan curiosa definición? Ahora bien: a la “teoría de cuerdas/teoría M” podemos llamarla “hipótesis M”. Es poquísimo, lo sé; pero algo es algo, dijo el calvo Diablo, y se tocó tres cabellos.

Cuando la ciencia no puede criticarse deja de ser ciencia y se convierte en dogma.

Si tuviésemos que considerar Todo lo que sea verdad de la teoría M, ¿qué quedaría de ella en virtud de su confesa inverificabilidad?

Por eso, si se quiere negar a Dios sin niveles, hay que abandonar la ciencia y atreverse a recorrer los bravos senderos de la filosofía.

Por lo tanto, aquí construyo mi pequeño edificio apoyado en los hombros de gigantes: materialistas, lógicos, ontólogos. Un concepto debe definirse sin contradicciones, pues se excluirían. Los caracteres de Dios son mutuamente excluyentes, y son por consiguiente, contradictorios. Luego, no hay concepto alguno de Dios. Y no necesito de la física de partículas para averiguarlo. Es cuestión de lógica.

***
Mini Bibliografía

Web

Para elaborar este ensayo me fue de mucha utilidad consultar el enlace del Repositorio de Ciencia, que conocí en la hermosa página del Dr. Gen. Clic aquí.


Por supuesto, los magníficos comentaristas de Razón Atea también están presentes.

***
General

Davies, Paul. Superfuerza, Salvat. [Versión original en inglés, 1984]
Greene, Brian, El universo elegante, Drakontos. [Versión original en inglés, 1999]
Hawking, Stephen & Leonard Mlodinow, The great design, 2010.

lunes, 4 de enero de 2010

Dios no es perfecto, pero el arte sí

Enrique Arias Valencia

DRAE:

perfecto. 1. adj. Que tiene el mayor grado posible de bondad o
excelencia en su línea.


Esta definición es malísima, pero nos acerca a lo que debe entenderse por perfecto. Quizá ni Dios sería perfecto en caso de que admitiésemos lo que dice el DRAE en su primera definición de perfecto.

Por lo tanto, aquí propondremos que por perfecto debe entenderse algo que se ciñe por completo a una regla. Así, un decasílabo perfecto es el siguiente:

“Lámina sirva el Cielo al retrato”

Porque se ciñe por completo a la regla del metro de diez sílabas. Ahora, según la definición anterior, ¿es Dios perfecto? Veamos cuál es la regla a la que debe ceñirse Dios: Dios es omnipotente e infinitamente bueno, los cuales son caracteres que se autoexcluyen. Aun con una definición restringida de Dios, ésta le queda grande.

La objeción de Epicuro sigue vigente:

1) O Dios quiso eliminar el mal y no pudo.
2) O Dios pudo eliminar el mal y
no quiso.
3) O Dios ni quiso ni pudo eliminar el mal.
4) O Dios quiso y pudo eliminar el mal.


Todas contradicen la definición de Dios.

Prueba:

En el caso 1, Dios es impotente, lo cual contradice su omnipotencia.
En el caso 2, Dios es malvado, lo cual contradice su infinita bondad.
En el caso 3, Dios es impotente y malvado a la vez, lo cual contradice su omnipotencia e infinita bondad.
En el caso 4, si Dios quiere y puede acabar con el mal, ¿por qué no elimina el mal? En este caso, Dios es incoherente, lo cual contradice su suma perfección.

Es así que Dios ni siquiera puede aspirar a la perfección, en tanto que el arte es perfecto y es algo que puede probarse.

Epicuro lanzó su crítica a un Dios personal y benevolente como Zeus. Hay dioses, como Shiva, que quedan fuera de este argumento, pues el problema del bien y del mal es ajeno a un dios como él.

Dice el DRAE:

Soneto: soneto.

(Del it. sonetto, y este del lat. sonus, sonido).

1. m. Composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. En cada uno de los cuartetos riman, por regla general, el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero, y en ambos deben ser unas mismas las consonancias. En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras.

~ caudato.

1. m.
soneto con estrambote.



Este soneto va dirigido a mí, desde Razón atea, el autor es Fernando G. Toledo.

Soneto aconsejado y con estrambote para el ínclito Enrique Arias Valencia, el de lengua fácil y lectura difícil

He de recomendarle, Arias Valencia,
Que al componer una silva los versos
Que a Vd. le brotan sin mayor esfuerzo
Estén bien contados. Tenga paciencia

Si con ellos no desea violencia
Provocar en los públicos diversos
Que lo siguen por todo el universo
Y admiran su gran arte y mejor ciencia.

Si, además, contra Dawkins se abalanza
Con fusiles de pólvora mojada,
Disimule su crítica iletrada

Con algo de más peso que una chanza.
Y evite en suma invocar a Dios mismo
Para no ser menos que un espejismo.

Son consejos modestos,
Don Enrique, que puede Vd. seguir,
O bien doctorarse en Hazmerreír.


Prueba de que acabamos de leer un soneto perfecto:

He-de-re-co-men-dar-le,A-rias-Va-len-cia,
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Queal-com-po-ner-u-na-sil-va-los-ver-sos
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Queaus-ted-le-bro-tan-sin-ma-yor-es-fuer-zo
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Es-tén-bien-con-ta-dos.-Ten-ga-pa-cien-cia.
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Otra prueba:
Dice el DRAE: “En cada uno de los cuartetos riman, por regla general, el primer verso con el cuarto”.

He de recomendarle, Arias Valencia,
Que al componer una silva los versos
Que a Vd. le brotan sin mayor esfuerzo
Estén bien contados. Tenga paciencia

¡Perfecto! Y de tres sílabas. Todo un portento.

Otra prueba: DRAE de nuevo: “y el segundo con el tercero…”

He de recomendarle, Arias Valencia,
Que al componer una silva los versos
Que a Vd. le brotan sin mayor esfuerzo
Estén bien contados. Tenga paciencia

¡Perfecto! Y con esa exquisita ambigüedad que dan dos vocales seguidas…

Otra prueba: DRAE: “y en ambos deben ser unas mismas las consonancias”.

Prueba:

Valencia del primer cuarteto y violencia del segundo.
Versos del primer cuarteto y diversos del segundo.
Esfuerzo del primer cuarteto, y universo del segundo.
Paciencia del primer cuarteto, y ciencia del segundo.

¡Perfecto!

DRAE: “En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras”.

Lirismo:

Si, además, contra Dawkins se abalanza
Con fusiles de pólvora mojada,
Disimule su crítica iletrada

Con algo de más peso que una chanza.
Y evite en suma invocar a Dios mismo
Para no ser menos que un espe
jismo.

Algo sorprendente es que en la conversación en prosa Fernando replicó una necedad de mi autoría del siguiente modo: “Por cierto, y fuera de broma, no le eche la culpa a Dios que no vamos a encontrar a quién imputar.” frase poética que antecedió al segundo verso del segundo terceto. Si así obtengo poesía, ¡bienvenida sea mi necedad!

Wikipedia:

Soneto con estrambote

El estrambote (del italiano strambotto) es un verso o serie de versos que se añaden a un poema de estructura fija, como el soneto. Un ejemplo de soneto con estrambote es "Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla", de Miguel de Cervantes; a los catorce versos de que consta el soneto se añaden tres más, que constituyen el estrambote.

El soneto con estrambote persigue casi siempre una finalidad humorística; es de notar que del sustantivo estrambote deriva el adjetivo estrambótico, que significa, según la Real Academia Española, "extravagante, irregular y sin orden".


Va el estrambote del poema que hemos estado analizando.

Son consejos modestos,
Don Enrique, que puede Vd. seguir,
O bien doctorarse en Hazmerreír.

¡Perfecto y humorístico!

También quiero añadir que por eso ya he sostenido que si para hacer el mundo Dios hubiese sido un poco más humilde, bien habría aceptado la ayuda de, por lo menos un poeta y un músico, y entonces el mundo sería siempre bello y esplendoroso; pero nuestro ausente Dios, no nos dio nada y debemos luchar, es decir, sufrir, para llegar a conquistar la alegría.

Enrique Arias Valencia

domingo, 11 de octubre de 2009

De la nada, nada; inmaculada argumentada (2/2)

Enrique Arias Valencia

Nada puede a la nada reducirse,
¡Ni alguna cosa hacerse de la nada,
Confirman mis probados argumentos!
Lucrecio*

IMPLICACIÓN MATERIAL

(¬p ó q) = (p→q)

Físicos: No hubo Big Bang, a menos que algo pueda salir de la nada. Hubo Big Bang. Por lo tanto, algo puede salir de la nada.

Q ES FALSA

q = F

Materialistas: Nada puede salir de la nada, y si la teoría del Big Bang afirma que el “Universo” salió de la nada, en consecuencia no hubo Big Bang.

DILEMAS CONSTRUCTIVOS

(p→q) & (r→s)
p ó r
:. q ó s

Tenemos que: si es un físico teórico que sostiene que la historia del Universo actual comienza a partir de la nada, la cual estalló hace quince mil millones de años, luego se afirma el Big Bang como el origen absoluto a partir de la nada. En palabras de la distinguida astrofísica y cosmóloga Janna Levin:

“La imagen más simple del Big Bang comienza con nada. Realmente nada, no hay espacio, no hay materia, ni materia ni energía… es NADA, pero con el potencial de existir. Y ese estallido crea el universo. Comienza el tiempo, el espacio es creado, toda la materia y energía del universo son creadas en ese momento”.**



La tesis anterior se enfrenta a la del materialista, la cual consiste en que si se es consecuente con la ley de la conservación de la materia, aquella que dice que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, entonces se sostiene que “de la nada, nada”, como afirmó Lucrecio en su poema De la naturaleza de las cosas. A continuación, el lector atento disculpará la extensa cita de dicha obra, pues excede los límites de este ensayo, ya que en ella se expone el problema del invisible principio del mundo, y se insinúa la teoría atómica, tema que no abordaré aquí. Sin embargo, lo que sigue muestra la composición armonizada en endecasílabo blanco con el que José Marchena vertió al español los versos del latino.

Puesto que te he enseñado que los seres
No pueden engendrarse de la nada,
Ni pueden a la nada reducirse;
No mires con recelo mi enseñanza,
Al ver que con los ojos no podemos
Descubrir los principios de las cosas;
Sin embargo es preciso que confieses
Que hay cuerpos que los ojos no perciben.



O es un físico teórico que sostiene que la historia del Universo actual comienza a partir de la nada, la cual estalló hace quince mil millones de años; o es un materialista, si se es consecuente con la ley de la conservación de la materia, aquella que dice que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Por lo tanto, o se afirma el Big Bang como el origen absoluto a partir de la nada, o se sostiene que “de la nada, nada”, como afirmó Lucrecio.

Consideremos que: si es un físico teórico que sostiene que la historia del Universo actual comienza con un punto matemático, luego afirma el Big Bang. Haciéndole frente a que: si es un materialista estricto, entonces niega el Big Bang.

De lo anterior se sigue que o es un físico teórico o es un materialista estricto. He ahí el dilema.

Por lo tanto, o afirma el Big Bang o niega el Big Bang.

Si admites el Big Bang, entonces sostendrás que algo puede salir de la nada. Por el contrario, si estás de acuerdo con Lucrecio, luego argumentarás que “de la nada, nada”.

Tenemos que o hubo Big Bang o estás de acuerdo con Lucrecio.

Por lo tanto, o sostendrás que algo puede salir de la nada o sostendrás que “de la nada, nada”.

Hay filósofos que están de acuerdo con Lucrecio. Luego, sostienen que “de la nada, nada”. En cambio, hay científicos que sostienen que algo puede emerger de la nada. Luego, sostienen que, en vista del Big Bang, el Universo surgió de la nada.

Es así que hay filósofos que están de acuerdo con Lucrecio, enfrentados a científicos que sostienen que algo puede emerger de la nada.

Por lo tanto, o se sostiene que “de la nada, nada” o se afirma que en vista del Big Bang, el Universo surgió de la nada.

MODUS PONENS

p→q
p
:. q

Si estás de acuerdo en que hubo Big Bang, luego sostendrás que algo puede salir de la nada.

Janna Levin y Paul Davies están de acuerdo en que hubo Big Bang, luego sostienen que algo puede salir de la nada. Janna Levin y Paul Davies serían materialistas cientificistas.

Si estás de acuerdo con Lucrecio, luego sostendrás que “de la nada, nada”.

Fernando G. Toledo, Gustavo Bueno, Mario Bunge y Jorge Méndez están de acuerdo con Lucrecio, luego sostienen que “de la nada, nada”. Serían los materialistas estrictos.

Jorge Méndez sostiene que: “La creación desde la nada es absurda y viola el principio de Lucrecio (de la nada nada, sale)”.

Mario Bunge: “Nada se origina a partir de nada y nada va hacia de nada. Este principio, debido a Epicuro y Lucrecio, es el enunciado más antiguo y general del principio de conservación de la materia”.***

En diferentes ocasiones el ilustre filomaterialista don Fernando G. Toledo ha advertido la insensatez de atreverse a asegurar que de la nada puede obtenerse algo. En palabras de Fernando en su blog Razón atea:

“Un dogma de fe de un materialista cientificista puede ser que sólo la ciencia nos permite acceder a la realidad, o que el método científico es el único modo de obtener una verdad. O que toda la realidad es física. O que de la nada puede surgir algo. Hay montones de ejemplos, y muchos se parecen a dogmas teológicos”.

Aquí tengo que confesar que cuando Toledo argumentó, me robó el corazón. Se trata de empatía. Si la labor filosófica es amor al conocimiento, cuando este se muestra con la solvencia moral de un argumento bien formado, aun un irracionalista como yo es capaz de caer rendido a los brazos de la razón. El argumento se expone inmaculado:

“Salgo al ruedo […] porque este tema es de enorme importancia, y en este caso no puedo más que suscribir los comentarios de Méndez sobre lo absurdo de aceptar la existencia de la nada, y para colmo revestida de un supuesto conocimiento científico.

Primero y principal, tal término no es científico, sino genuinamente filosófico. Y es desde un abordaje filosófico que debemos excluir la existencia y posibilidad de la nada, por contradictorio y absurdo (algo que, como bien señala, Méndez ya sabía Lucrecio).

¿Cómo que es demostrable científicamente que «todo puede surgir de la nada» (sic)? ¿Dónde está esa demostración? ¿No es una demostración que ya presupone la existencia de esa absurda nada y, como digo antes, trata de pasar por ciencia lo que no es más que pura metafísica? ¿Así que la nada es menos metafísica que hablar de algo «externo al universo»? Bien: no es así, en el sentido de que […] la nada es un absurdo, irracional, que ningún procedimiento ha demostrado (ni podría [demostrar]) […]

También aclaro que es absurdo considerar como prueba de que todo puede surgir de la nada que «de hecho» tengamos «el universo y las leyes que inventamos», como si la «invención» surgiera «de la nada» y no de nuestro cerebro y procesos neuronales”.

Es así que en tertulia virtual, tras leer el argumento de Toledo, no pude menos que advertir que la ciencia de la física teórica ha pervertido entre otras cosas, el concepto de la nada, y nos han vendido como nada algo que sí es algo. Cfr. al menos, la (por fortuna) Breve historia del tiempo, de Hawking o Superfuerza de Davies, o mi muy irracionalista "Invitación a la nada"; y por tanto agradezco a Fernando la brillante aclaración al respecto.

En consecuencia: Es la ciencia física teórica la que ningunea los triunfos de la filosofía, al pervertir, por ejemplo, el razonamiento de Lucrecio sobre la nada.

TAUTOLOGÍA: La nada, no es nada.

REDUCCIÓN AL ABSURDO

Si la nada fuera algo, dejaría de ser nada, para pasar a ser algo, lo cual es absurdo acerca de la nada.

De la nada, nada, pues si de la nada partiese algo, luego la nada sería algo: el punto de partida de ese algo, lo cual es contradictorio al predicarse de la nada.
Por lo tanto, la nada no es el punto de partida de nada. Luego, de la nada, nada. Q. E. D.

Luego, es necesario admitir que “De la nada, nada”, y en cambio, la “nada” a la que se refieren los físicos teóricos en sus libros de divulgación científica es un término equívoco que puede provocar confusión entre el gran público.

Por lo tanto, estoy con Lucrecio y sus amigos cuando afirman que “De la nada, nada”.

CONCLUSIÓN

Pasteur desterró la generación espontánea de la biología. ¿Llegarán los físicos teóricos a admitir la tesis de los materialistas estrictos para así desterrar la generación espontánea del estudio de la naturaleza?

* Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas. Poema en seis cantos, traducido por D. José Marchena. Madrid, Librería de Hernando y Compañía, 1918.
**Janna Levin, Brevísima historia del big bang, en video, en Noticias del Cosmos.
*** Mario Bunge, Diccionario de filosofía, Siglo XXI Editores Argentina, 2001.

sábado, 10 de octubre de 2009

De la nada, nada; inmaculada argumentada (1/2)

Enrique Arias Valencia

Todas las cosas suceden por necesidad, porque la causa del nacimiento de todo es
el remolino de los átomos.
Demócrito, según Diógenes Laercio IX, 45


La ciencia es un conjunto de conocimientos ordenados sistemáticamente que busca describir, comprender, usar y predecir el comportamiento de la naturaleza. La manera en que estos conocimientos pueden obtenerse consiste en seguir los pasos que van de la observación, la hipótesis, la experimentación, hasta la obtención de una ley o principio.

Uno de los máximos logros de la ciencia es que cuenta con un mecanismo que le permite, con el tiempo autocorregirse. Lo que emprendemos los seres humanos, no es perfecto pero sí perfectible por medio de la práctica.

Hoy más que nunca, gracias a Internet y al compromiso de personas de gran talla intelectual, bien podemos decir que el conocimiento científico lo construimos entre todos. En Internet convergimos gente de lo más variada, desde joviales irracionalistas como un servidor, hasta serios racionalistas como el filomaterialista Fernando G. Toledo. El choque ha sido inevitable, pero también el reconocimiento de la valiosa labor de aquellos cuyo sincero compromiso con la razón los ha convertido en punto de referencia indiscutible de los problemas científicos y filosóficos que, en esta era de la información, a muchos seres humanos nos apasionan.

"La línea de la costa, de la cual habla Alan Watts, representa el lugar en que la tierra y el agua se tocan".*

Desde mi punto de vista, tal línea es el ateísmo. Como comenta Richard Dawkins en La raíz de todo mal: "Todos somos ateos de algún Dios. Lo que pasa es que algunos hemos dado un paso más allá". ¿Por qué hay gente que se siente impulsada a creer en Dios? Nietzsche sostiene que “El hombre prefiere querer la nada a no querer”. Quizá sea el momento de hacer la advertencia de costumbre al lector: lo que este trabajo tenga de acertado se debe a los pensadores citados, los desatinos, son míos.

¿Qué es la nada? La pregunta nos asalta desprevenidos, y muy pocos somos capaces de responder que por definición, la nada no puede ser algo, pues entonces habría algo en vez de nada.

Desde que era niño me gustaba devorar libros de divulgación científica. Uno de mis favoritos, Superfuerza, de Paul Davies, incluye un típico argumento acerca de la nada que pueden encontrarse en la literatura científica corriente.

“El vacío es el milagroso cuerno de la abundancia de energía en la naturaleza. En principio no hay límite a la cantidad de energía que puede autogenerarse por la expansión inflacionaria. Es un resultado revolucionario en total desacuerdo con la vieja tradición secular de que «nada puede surgir de la nada», una creencia que data al menos de tiempos de Parménides, en el siglo V a. de C. La idea de una creación a partir de la nada pertenecía, hasta recientemente sólo al reino de la religión. Los cristianos han creído desde hace mucho tiempo que Dios creó el universo de la nada, pero la posibilidad de que toda la materia y la energía cósmicas aparezcan espontáneamente como resultado de un proceso puramente físico hubiera sido considerado como algo absolutamente insostenible por los científicos de hace sólo una década”.**


¿En qué quedamos, pues, es la nada algo o no es nada? Un párrafo así puede entusiasmarnos un rato, y llevarnos a divagar acerca de la nada. Nietzsche y Sartre lo hicieron. Debemos al primero este esplendoroso aforismo: “Dios es la máscara de la nada”. Al segundo, una disertación en torno a las relaciones entre el ser y la nada. Pero de la nada, seguimos, literalmente, sin saber nada.

Strictu sensu: ¿es la nada observable, podemos hacer con ella una hipótesis, podemos someterla a experimentación, u obtener una ley o principio a partir de nada? ¿De dónde sacan los físicos como Davies una teoría tan exótica como aquella en la que la nada juega un papel fundamental?

Entenderemos por crítica el examen o juicio de uno de los aspectos de la razón, esto es, de su capacidad de juzgar con base en una premisa, y su capacidad de concluir con base en esa premisa. Entiéndase, pues, esta premisa: “De la nada, nada”.

¿Qué dice pues, Davies, de la nada? De la nada algo, a saber, espontáneamente, de la nada, espontáneamente, el universo.

De todo esto, lo único que me parece divertido acerca del Big Bang es cuando explica Eric Lerner: “En la teoría de Guth el campo de Higgs que existe en el vacío genera toda la energía necesaria a partir de la nada -ex nihilo-. El universo, como él lo plantea, es una gran «comida gratis», cortesía del campo de Higgs”.

*Alan Watts apud. Nicole Diesbach, Frontera. ¿Qué nos separa?, México, Editorial Yug, p. 69.
** Paul Davies, Superfuerza, Salvat, Barcelona, 1985, trad. Domingo Santos, p. 207. La “expansión inflacionaria es una de las teorías que recurren al Big Bang para explicar el supuesto origen del Universo.

jueves, 1 de octubre de 2009

Tipo galeato

Por: Fernando G. Toledo

Una discusión filosófica a veces rebosa la argumentación para alcanzar las cumbres de la estética. Aquí un ejemplo tomado de Razón atea.

Se quejaba este buen hombre
De las cosas que leía.
Muy molesto, le afligía
Algo que tenía nombre,
Y era nadie, se asombre,
El nombre «Filosofía».
Decirlo ya le dolía,
Y no hallaba sobrenombre.
Para evitarlo alababa
(Y se ocultaba en) la ciencia,
Pero era pura apariencia…
Pues ¡también filosofaba!
Revise quien no lo crea:
Lo hacía en Razón Atea.


Fernando G. Toledo sostiene: “Por cierto, acerca de «tipo galeato»: « Con este nombre, un poco arcaico, designo la actitud antifilosófica mantenida por escritores de temas realmente filosóficos, pero que, por causas diversas, desean segregarse de la filosofía»”.