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domingo, 28 de agosto de 2011

La Gran Trinidad

Enrique Arias Valencia
“La sinfonía ha de ser como el mundo, debe implicarlo todo”.
Gustav Mahler
Érase que se era una lejana ciudad provinciana en una de cuyas casas, una noche, una jovencita escuchó una propuesta de amor del mismo Dios. ¿Qué contestaría si Dios le dijese que se ha enamorado de usted? ¿Aceptaría? Después de todo, jugar a ser la noviecita de Dios parece implicar un gran compromiso. Y sin embargo, la mexicana Concepción Cabrera de Armida (1862-1937) contestó con entusiasmo a la voz de Dios, voz de amor, voz de misticismo. Y si bien Conchita visitó en vida el mundo celestial, ella también se movió en el mundo ordinario, pues se casó y tuvo nueve hijos. Concepción Cabrera retrató su amor por la Eucaristía en una obra teológica de sesenta y seis volúmenes manuscritos, entre la que se puede advertir una prosa poética asombrosa:
“¡Quisiera ser tu sagrario, tu copón, la oscuridad misma que te envuelve, y las especies sacramentales que te llevan consigo, y tu misma substancia y calor y luz!”
¡Quisiera ser tú!, dice la amante enamorada. Nosotros, menesterosos hombres hijos de la Razón, nada sabemos de la identidad contemplativa de Concepción Cabrera con el pan y con el vino, un amor espiritual que culminará con la encarnación mística de Conchita en 1906. Entre los papeles que nos dejó esta visionaria mujer hay un libro, Ven oh Santo Espíritu en el que incluye el himno del siglo IX “Veni Creator”. En esta obra, la mística mexicana celebra sus esponsales con el Espíritu Santo. Alma arrebatada, Conchita sabe que si uno entra en contacto con Dios, la prueba de su existencia sale sobrando.
Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a Ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que creaste poderoso.
¿Vendrá? Vida paralela, pues en el mismo año de la encarnación mística, pero en el otro extremo del globo el compositor austriaco Gustav Mahler (1860-1911) escribió la primera parte de su Octava sinfonía en mi bemol mayor basándose también en este himno de pentecostés, atribuido a Rabano Mauro, arzobispo de Maguncia. Mahler aborda su Octava como una obra completamente vocal. Escuchada entre líneas, nos damos cuenta de que si prestamos una muy delicada atención, Dios nos ofrece una serenata cada madrugada para crear con su omnipotente voz el mundo que habitamos. La música de las esferas de la filosofía idealista es testimonio vivo de esto.



No puedo resistirme a la tentación de confesar que Mahler habla directamente a mi niño interior cuando desata la llamada postrera de los metales en lontananza, los bronces del escenario, los ocho cornos de los maravillosísimos donceles y las voces en agudísimo, un efecto estético gozoso, todo un sonido de la naturaleza en un cuento de hadas que deja de ser un símbolo de la infancia y se hace triunfante realidad.

¿Qué es el hombre, y qué es Dios en vista de que en la Escritura se proclama que el hombre está hecho a su imagen? ¿Quién puede saberlo? ¿Quién puede afirmarlo? ¿Quién es Dios? ¿Quién es mi prójimo? Os contaré una parábola auténtica. Cien años después de la muerte de Gustav Mahler, yo, el más infeliz de los estetas entré a la página de la Orquesta Sinfónica de Minería, y vi con tristeza que los organizadores anunciaban que los boletos para la Octava de Mahler estaban agotados para sus tres días. Hubiera sido capaz de venderle mi alma al Diablo con tal de obtener un boleto. No obstante, la orquesta invitaba a asistir al ensayo general del miércoles. Asistí con ánimo renovado. Y hete aquí que dicho ensayo estuvo abarrotado. Fue espléndido, un auténtico concierto. ¡Una de las mejores versiones de la Octava que he escuchado en mi vida! Al finalizar el fastuoso recital, un amigo y yo fuimos a felicitar a algunos de los cantantes que intervinieron en tan emotiva interpretación de Mahler. Y entonces fue el milagro: una generosa soprano del Coro Filarmónico Universitario me obsequió un boleto para la gala del día siguiente.

Es así que puedo abrazar y felicitar en persona y por orden de aparición a mis amigos de los coros, los cantantes Adriana Ruiz y su esposo José Luis Sosa, Sergio Méndez y su esposa Mariana Peña, José Antonio Díaz y si novia Alejandra Jiménez, Alejandro González y su esposa Karla Giancaterino, el bajo Javier Platas y la contralto Patricia Palacios. El jueves obtuve el autógrafo de María Alejandres, quien interpretó el papel de la Madre Gloriosa.

La mística potosina Concepción Cabrera es la primera persona de mi trinidad estética. El kalisteano Gustav Mahler es la segunda. Mis amigos de los coros más importantes de México, gente cristiana toda ella, son la tercera persona: la humanidad generosa que sabe cantar la gloria de Dios en el mejor lenguaje de todos, la música; y que con su ejemplo vivo hace fracasar mi ateísmo al compartir la llama de la gracia que se derrama sobre mí cada vez que la lengua universal del Espíritu Santo sopla en mi cabeza transfigurando mi mundo en sonido.



***

Sala Nezahualcóyotl
Carlos Miguel Prieto, Director

Ensayo abierto: agosto 24 de 2011
Programa de Gala Agosto 25 y 27, 20:00 hrs. Agosto 28 12:00 hrs.

Gustav Mahler (1860-1911)
Movimiento de cuarteto para piano en La menor

Fernando Mino, violín
Luis Abbott, viola
Vitali Roumanov, violonchelo
Edith Ruiz, piano

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Gustav Mahler (1860-1911)
Octava sinfonía en mi bemol mayor

Jennifer Grimaldi, soprano
María Alejandres, soprano
Carla López-Speziale, mezzosoprano
Marjorie Elinor Dix, mezzosoprano
Carlo Scibelli, tenor
Jorge Lagunes, barítono
Andrea Silvestrelli, bajo
Niños y Jóvenes Cantores ENM / UNAM /Patricia Morales, directora coral
Schola Cantorum de México /Alfredo Mendoza, director coral
Coro Filarmónico Universitario / Alejandro León, director coral
New York Choral Society / John Daly Goodwin, director coral
Coral Ars Iovialis / Facultad de Ingeniería / Óscar Herrera, director coral
Coro Convivium Musicum /Víctor Luna, director coral
Coro ProMúsica /Samuel Pascoe, director coral
Grupo Coral Cáritas /Carlos Alberto Vázquez, director coral

domingo, 21 de agosto de 2011

La caída de Gustav Mahler

Enrique Arias Valencia

“Las notas son huesos cubiertos de carne”.

Gustav Mahler (1860-1911) el artista cuyo pentagrama audaz compuso el siglo XX, era un músico supersticioso. Para ser audaz hay que arriesgarse a ser un exagerado, y para ser supersticioso hace falta creer en el poder metafísico de la música.

A la más apolínea de las agrupaciones musicales de México, la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta perfecta de José Areán le tocará interpretar la sinfonía maldita de Gustav Mahler. ¿Cuál es el origen de la maldición de la Décima? Desde que Beethoven estableció el canon de nueve sinfonías, muchos han sido los músicos que temen componer la décima de su ciclo propio. Así Schumann, así Schubert, así Bruckner, así Dvorak y suma y sigue. Gustav Mahler quiso evitarse contrariedades por medio de un truco con el que pretendería engañar al destino. Así, cuando Mahler terminó su Octava, escribió La Canción de la tierra como una nueva sinfonía, a la que no numeró como su novena. Luego hizo su propia Novena, y después, creyendo que había vencido la maldición, confiadamente empezó a redactar su Décima, en fa sostenido mayor. Sin embargo, el espíritu de Mahler estaba ya muy quebrantado cuando emprendió el proyecto de la Décima, y las notas que acompañan la partitura son estremecedoras. ¿Cómo podría un irracionalista como yo combatir la maldición de la Décima sinfonía?





Sala Nezahualcóyotl. He asistido a la función del sábado por la noche. Se trata de la versión ejecutable de Deryck Cooke, pues Mahler murió sin terminar la partitura fatal. El fantasmal Adagio que abren las cuerdas, motivo coreado por los bronces me recuerda por momentos la “Muerte de amor” wagneriana. Me resulta imposible identificar el primer y segundo sujetos del primer movimiento, pues el ambiente sombrío y sarcástico de la orquesta lo que predomina, por encima de cualquier sujeto. Citas de la noche de amor de la Séptima del propio Mahler perfilan una atmósfera que contrasta sutilmente con el carácter general del colosal Adagio.

En el segundo movimiento la dramática irrupción de la broncínea llamada de los alientos sobrecoge el espíritu. Quizá sean mis delirios irracionales, pero la rítmica del primer Scherzo me recuerda la marcha turca de Las ruinas de Atenas de Beethoven.

El tercer movimiento es chinesco. “¿Purgatorio?”, me pregunto. Y es que esta música es, desde mi muy personal punto de vista, sencillamente celestial. Amo el tratamiento pentatónico en las obras de Mahler. Hace ya un cuarto de siglo que leí en el clásico Mahler de José Luis Pérez de Arteaga que el compositor austriaco escribió en la partitura de este Allegretto Moderato las siguientes palabras: “Purgatorio o Infierno”, y que de forma muy supersticiosa tachó la palabra “Infierno”.

El cuarto movimiento me convence de que Mahler ya se había convertido en el amo del Scherzo. De nuevo, se hace en mí el recuerdo de la biografía de Pérez de Arteaga, pues fue al comienzo del segundo Scherzo de su incompleta Décima sinfonía, que Mahler apunta en la partitura: “El diablo baila conmigo, ¡locura, poséeme, maldito de mí! ¡Destrúyeme para que pueda olvidar que existo!” Mahler escribió estas notas cuando ya sabía que su querida y bella Alma era la amante del arquitectosete del universo Bauhaus. También la hija del desdichado matrimonio ya había muerto. En consecuencia, para un alma atormentada, es irrelevante que Dios y el Diablo no existan. Los científicos podrán llevar razón al sostener que Dios es un peligroso espejismo, y sin embargo, el hombre perdido en este tiempo que siglos son, selva que es mundo confuso y espantoso, no dejará de creer en los seres del mundo suprasensible sólo porque la ciencia sea el supuesto adalid de la verdad. Las escalofriantes palabras de Mahler acerca de la satánica posesión de la locura las leí casi veinte años antes de que fuera yo testigo de primera fila del espeluznante brote de locura de la Señorita Sin Nombre. En más de un sentido, Mahler ha sido para mí un asombroso profeta musical. Cuando reflexiono en estos acontecimientos, no puedo dejar de escapar una carcajadita de conmiseración, dirigida a quienes piensan que la ciencia es la mejor manera de conocer el mundo. Mahler, más humano que cualquier científico, y por lo tanto, más acertado que lo que pueda llegar a ser cualquier teoría científica, anota en su pentagrama: “¡Piedad, oh, Dios!, ¿por qué me has abandonado?”. Y al final: “¡Hágase tu voluntad!” En las manos de un artista, Dios es la mayor metáfora, mayor que la cual no hay nada más metafórico.

Antes de terminar su Décima, Gustav Mahler había muerto, pero su Evangelio musical vivirá por siempre. Sí, es cierto que Dios es sólo un prodigioso espejismo, una mentira con la que la mente se miente a sí misma. No obstante, en la sala de conciertos una detonación anuncia el final. La tuba y los metales replican a la violenta percusión. En vivo es más impresionante que cualquier grabación: del gran tambor me espanta su rugido, y cada vez que interviene me sobrecoge el corazón. A continuación, la flauta y las cuerdas nos ofrendan una de las páginas más bellas de Mahler. La catarsis es perfecta. A pesar del imbécil de Walter Gropius, a pesar de las infidelidades de su propia Alma, a pesar de las líneas mal trazadas de la naturaleza, como la bebé que parte prematuramente, la vida se impone como una esmerada danza apolínea que celebra ditirambos dionisíacos. ¿Qué es pues la Décima sinfonía para mí, el más irracional de los estetas? He digerido en mis venas las palabras de Aristóteles, y encuentro en su tesis de la purificación de las pasiones amén de la obra de arte, la respuesta al significado de la página incompleta de Mahler. Éste es el milagro del amor hermoso que cura mi cuerpo y embellece mi alma. Y que me sea deparado un futuro clemente.

***

Programa VIII | Agosto 18 y 20, 20 hrs. | Agosto 21, 12 hrs. |

Johann Sebastian Bach (1685-1750) - (orquestación de Luciano Berio)|
Contrapunctus XIX de “El arte de la fuga“

Gustav Mahler (1860-1911)
Décima sinfonía en fa sostenido mayor (versión ejecutable de Deryck Cooke)

sábado, 13 de agosto de 2011

Kindertotenlieder

Enrique Arias Valencia

Fue en una tranquila noche de noviembre. Mis padres habían salido, y mi hermano y yo estábamos solos en casa. Llamaron a la puerta, y los hermanos nos asomamos por un huequito de la cortina para ver quién podría ser. Afuera, un par de niños, quizá de cinco años, aguardaban disfrazados. Un vampiro y una bruja. No abrimos. Yo me los quedé viendo unos instantes. Ahí, un par de niños, algo menores que nosotros, insistieron un poco, y después se fueron. Jamás los volví a ver. Éste es uno de mis recuerdos más misteriosos, pues persiste a lo largo de los años. Ese par de niños, en cierta forma, eran yo mismo. ¿Qué fue de ellos? No lo sé, como no sé qué fue del niño que yo era. ¿Crecieron, como yo lo hice? ¡Pero si yo no he madurado aún! ¿Están contentos con su vida, como lo estoy yo? ¡Pero si yo no estoy contento con mi vida! Lo cual no quiere decir que en este momento no me encuentre alegre. La alegría es hermana del desenfreno, y a mí ella siempre me ha parecido muy fácil de invocar y tener.

¿Qué sucede con un niño cuando crece? ¿Acaso no es crecer morir en pequeño? Después de todo, la muerte es el destino final de todo individuo ahora viviente. Los niños, pues, no sólo pueden morir cuando niños, sino que madurar es matar al niño, como la crisálida mata al gusano para que pueda nacer la mariposa.

El arte es la representación perfecta del mundo metafísico. Mahler, en los Kindertonenlieder, quiso retratar la tragedia de Rückert, y terminó representando su propia tragedia. ¿Qué pueden significar ambas desgracias? Al ser los Kindertonenlieder una obra de arte, ¿qué es lo que representan?

Mahler en su superstición proyectó sus más sombríos temores. En cambio yo, esteta de la alegría, al escuchar la perfecta relación entre acorde y melodía, no puedo sino asombrarme del hermoso matrimonio de la música con un mundo ideal, mundo metafísico que trasciende todos los sentidos.

Algo he hecho este año bien e incluso muy bien, pues este 2011 he tenido la oportunidad de escuchar dos veces los Kindertotenlieder de Mahler, en dos versiones distintas. La primera, con la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta de José Areán y con la voz de la mezzosoprano Barbara Dever en el marco del Ciclo Gustav Mahler II, el 10 de julio, a las 12:00 hrs. La segunda versión es una reducción para piano y voz en el Museo Nacional de Arte.

No cabe duda de que el Mahler monumental de la Orquesta Sinfónica de Minería es apolíneo por sobre todas las cosas. Solemnemente triste, bello y en cierta forma inaccesible por monumental y perfecto, este Mahler hiere como el hielo.

En cambio, la versión de los Kindertotenlieder que he escuchado este mes de agosto es entrañable y cálida: una verdadera catarsis del espíritu. Que Mahler amaba la música de cámara nos lo dicen los momentos camerísticos de sus colosales sinfonías: en algunos pasajes de sus obras sólo intervienen unos cuantos instrumentos en esmerado pianissimo para después ceder el paso a los estruendos del tutti.

El domingo 7 de agosto, a las 12:00 horas, en el elegantísimo Salón de Recepciones del Museo Nacional de Arte la mezzosoprano Carla López-Speziale, y el pianista Józef Olechowsky, nos regalan un concierto llamado “Homenajes a la vuelta de un siglo 1811-1911” pues nos llevarán del bicentenario de Franz Liszt al centenario de Gustav Mahler. Los Kindertotenlieder de Carla López-Speziale y Józef Olechowsky son apolíneos por íntimos. En vez de una colosal orquesta, estamos ante una transcripción para piano que transparenta el alma del artista en forma diáfana.

Dionisos duerme: sólo la belleza está presente, pues la verdad terrible no es capaz de ensombrecer nuestra senda, pues aunque la mente se agite con la angustia de los poemas de Rückert y su fatal relación con Mahler, el alma entiende que aquello sólo es una representación, y que el mensaje profundo de la música está escrito en el lenguaje del espíritu sereno, muestra sensible y apolínea del arte, reflejo perfecto del mundo suprasensible, manifestado en forma de música y poesía.

martes, 2 de agosto de 2011

La flauta china

Enrique Arias Valencia

Ya centellea el vino en copas de oro
mas no son estos los sonidos todavía:
antes de apurarlo, les cantaré.
La dolorosa canción del espíritu
deslumbra hilarante al sonar la llamada del dolor.
Li Bai (Li Tai-Po)*

Tomar contacto con una pieza que sólo una vez escuché en la radio en mi lejana juventud es una experiencia que me hace encarar como a un extraño a alguien que creía un viejo conocido. De Mahler escuché cientos, quizá miles de veces el Scherzo de su Primera Sinfonía en Estereomil FM, El sonido de los clásicos. No tardé en oír con devoción el ciclo “Todo sinfonías de Mahler” en esa misma estación. Devoré los comentarios de apreciación musical de Alberto Muñoz Flores en los programas dedicados a Mahler en “Estereomil y una noches con la música”. Más tarde pude escuchar el Titán en vivo, en el Palacio de Bellas Artes. Invité a varios de mis amigos, y a la chica guapa que en aquella época me había robado el corazón. En XELA FM, Buena música desde la ciudad de México programaban frecuentemente la Cuarta sinfonía de Mahler, con una hermosa introducción comentada de la obra, a cargo del locutor.

La primera vez que escuché la Octava Sinfonía de Mahler fue tras salir del quirófano, en la radio. Es curioso, pero la Sinfonía de los Mil es una de las obras de Mahler que más veces he escuchado en vivo, en sala de conciertos. El año pasado la escuché ya, en la Sala Nezahualcóyotl, con la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez, para conmemorar los 150 años del nacimiento del compositor y los 100 años del estreno de la obra. Posiblemente la escuche de nuevo este año, con la Orquesta Sinfónica de Minería. En fin, que hasta he tenido la osadía de cantar “Ging heut Morgen übers Feld”.

Y sin embargo, La canción de la Tierra sólo la escuché una vez, por radio, allá (cuando) las verdades eran ciertas, antes de que la tormenta de los rayos y truenos de Nietzsche terminara con el camino hacia el reino-verdad. Esta tarde, cansado del día anterior, pedales, remos y trotes, he llegado exhausto al concierto en el que por vez primera escucharé en vivo La canción de la tierra, que cobrará vida gracias a la Orquesta Sinfónica de Minería.

Los primeros movimientos de la obra me suenan extraños: son Mahler, sí, pero también no lo son. A esta sinfonía la olvidé porque nunca la escuché de nuevo. Ahora, aquí, en la Sala Nezahualcóyotl el tenor debió luchar bravamente contra la colosal orquesta, y muchas veces fue vencido. De pronto, es el milagro. Ramón Vargas interpreta “Von der Jugend” y un relámpago ilumina la escena: es un lied, es chinesco, es sinfonía que se destroza en el alto vuelo de la fantasía: es Mahler. La lírica voz del tenor es ideal para este papel. Es como volver a ser joven. En muchos aspectos, yo me he propuesto vivir en carne propia las canciones de Mahler: son los corceles, los lagos, los brindis y la amada ausente. Este mundo es sólo un reflejo de otro mundo.

Todo se ve al revés
en el pabellón de porcelana
verde y blanca.

Y sin embargo, soy yo el que hace las cosas al revés, el mundo del arte muestra las cosas en su justa dimensión. No puedo evitar asociar algunos giros del movimiento con una canción de Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri, pues este autor también recurrió a la escala pentatónica para narrar las desventuras de un chinito que vivía en un jarrón. Cuando la pieza se hace más intensa y profunda, el mundo, como un sueño se desvanece.



La mezzosoprano rumana Ruxandra Donose luce dulcísima, el matiz de su voz, evocación oscura de las profundidades del alma es el más asombroso semblante de la tentación de existir eternamente. La despedida de esta sinfonía de Mahler es también, la bienvenida de la esencia del arte.

*traducido al alemán por Hans Bethge, quien se basó en la traducción de Marie-Jean-Léon Le Coq de poemas chinos, y de aquélla en versión libre por Enrique Arias Valencia.

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Orquesta Sinfónica de Minería
Programa V | Julio 28 y 30 20 hrs | Julio 31 12 hrs |
Carlos Miguel Prieto | Director
Ruxandra Donose | mezzosoprano
Ramón Vargas | tenor

Richard Strauss | 1864-1949
Metamorfosis
Gustav Mahler | 1860-1911
La canción de la tierra

Sala Nezahualcóyotl

domingo, 17 de julio de 2011

El luminoso Scherzo de la noche eterna de los dioses

Enrique Arias Valencia

Bendita sea la noche eterna.
Novalis


Que quede bien claro que sólo soy ateo del Dios de los católicos. Sin embargo, esto no me hace universalmente ateo. Si soportáis la ironía, bien podría deciros que soy ateo católico. En fin, que a lo largo de mi vida he podido constatar que dioses hay muchos, y no sólo uno, como quieren hacernos creer el teísmo, el monismo, el no-dualismo y (al negar sólo uno: Creador Eterno e infinitamente bueno) el ateísmo. Después de todo, ¿qué diablos podría ser un dios?

He salido a buscarlos, y los he encontrado. No sólo dioses santos varones, también diosas. He podido advertir que esta legión de dioses comparten un rasgo común que me permite sostener una apófansis que quizá calmará los ánimos de los ateos fuertes. “Todos los dioses son mortales”. Pero, si todos los dioses son mortales, ¿qué los hace dioses?




Hace varios meses, tras mi lenta recuperación de mi caída del corcel, me atreví a montar de nuevo. En aquella ocasión me tocó por caballerango un niñito de nombre Alexis. La conversación que sostuvimos casi se ha borrado de mi memoria, pero recuerdo que, de alguna manera, el niño me preguntó si había yo escuchado hablar de La Llorona, un mito famoso entre los mexicanos. Fingí no saber nada de la fábula, y le pedí que me hablara de ella. “La Llorona también es una diosa” me aseguró. La expresión del chaval me encantó, pues hasta ese momento nadie había mencionado dios alguno, y ahora, con un niño por mozo de espuela, en mi montura pude disfrutar de una versión de la historia de La Llorona de la que yo no me había enterado.




“La Llorona se enfrenta a sus cuatrocientos hijos, quienes terminan por matarla, si bien cada cierto periodo puntual, ella revive”. Ingenio hermoso de la razón mítica, hieros logos nahuatlato, el niño me puso en comunión con toda la gloria del pasado indígena. Minutos antes, yo era Quijote y él fiel Sancho, ahora, el mozo de espuela el sabio que aleccionaba al tozudo jinete.

Con su breve relato, el niñito me puso en contacto con muchos conceptos de los antiguos mexicanos. Sabed que el número cuatrocientos, centzontli, está relacionado con el número de las estrellas más importantes. Sería entonces La Llorona en esta versión una figura solar, que se enfrenta a la noche. Es vencida, sí, pero vuelve con cada amanecer.

¿Muere la diosa del día para, transfigurada en espíritu gemir la muerte de sus hijos en la noche? Indudablemente. El nuevo ateísmo, con candidez involuntaria, cree que su principal enemigo está en las creencias en un Dios judeocristiano. Aquí, en un bosque perdido en el Sur de la Ciudad de México, un mocito no habla de Jesús ni del Creador ni del Espíritu Santo. Sabio como es todo su pueblo, su religiosidad se ha dirigido a un mito fundacional, de veracidad innegable: la eterna batalla entre las fuerzas del día y las de la noche.




¿Qué es la Epifanía sino la manifestación de la divinidad en el mundo? Toda epifanía es una apófansis, por lo tanto toda epifanía nace de la aserción de una experiencia, por lo tanto toda epifanía nos conduce a los caminos claroscuros de los sentidos, por lo tanto, de un indefinido sufrimiento.

Meses después, la tarde del domingo 17 de julio de 2011 he escuchado en la Sala Nezahualcóyotl la Séptima sinfonía de Mahler, aquella que José Luis Pérez de Arteaga llama La canción de la noche, en la espléndida biografía homónima del músico austriaco que este año cuenta cien años de haber muerto. La Orquesta Sinfónica de Minería se ha enriquecido con la participación de YOA, Orquesta de las Américas, todos bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto, director principal.

El Scherzo Schattenhaft de esta obra me ha evocado el recuerdo que señalo arriba. La noche no sólo es un idilio, como en el cuarto movimiento, ni una colosal llamada, como en el primero, ni una resurrección de esqueletos, como en el segundo, ni una ronda infantil, como en el último, es ante todo, el asombro entre la sombras indefinidas de la noche, que nos sugieren que, a pesar de todos nuestros científicos esfuerzos, los hombres no sabemos nada, y la noche misma siempre será capaz de asustarnos con sus fuegos fatuos y los horrísonos lamentos de una diosa muerta.

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domingo, 13 de marzo de 2011

El páramo pródigo de la existencia en abandono

Enrique Arias Valencia
Para el pueblo de Japón, en su dolor

Preludio antes de empezar la sinfonía. Tempo de Nona

Es la primera vez en este año que escucho la Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven, y parece que no será la última. De entre las de Beethoven, se podría decir que ésta es la obra de su vida. Aunque le fue encargada por la Royal Philharmonic Society en 1817, nuestro amigo comenzó a trabajar en la partitura en 1824. Hay quienes sostienen que existen bocetos del material musical que fueron planeados en 1811 y 1817.

Hay algunos melismas del primer movimiento que evocan la obertura de El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini, ópera estrenada en 1816; si bien sabemos que dicha obertura ya había sido utilizada por el propio Rossini para óperas anteriores. También el trío del Scherzo beethoveniano cita la melodía del fagot rossiniano. Los expertos sostienen que tema del Scherzo fue tomado de una fuga compuesta por Beethoven en 1815.

Tengo un olfato perfecto para los melismas, lo cual a veces es una desventaja. En lo personal, hay un pasaje del tercer movimiento, Adagio molto e cantabile, que me causa cierto escozor, pues en medio de la serenidad general, la llamada de los bronces tiene mucho parecido con una canción de cumpleaños mexicana, llamada “Las mañanitas”, y no puedo evitar empezar a recitar mentalmente “¡Éstas son, éstas son...!” cada vez que lo escucho.

La Fantasía coral, Opus 80, data de 1808, y ahí se encuentra ya el germen de lo que será la Oda a la alegría del último movimiento. A su vez, la Fantasía coral se basa en otra obra, el Gegenliebe, de 1795. Ésta última son cinco minutos deliciosos de piano y barítono.

El Sordo de Bonn es por lo tanto, un seguidor de una tradición que nació antes que él, y a ella vuelve como un caudaloso río tributario. Beethoven finalizó la composición de su Novena sinfonía en 1824.

I. Allegro ma non troppo, un poco maestoso

En una frase clara y breve, buena por tanto según Gracián nos enseñó el deleite de lo atinado, Gustavo Bueno sostuvo que “El monoteísmo es la antesala del ateísmo”. Es cierto, pues el Dios que nos pide decir siempre la verdad será devorado por la búsqueda de la verdad. Sin embargo, su retirada no significa que en modo alguno la religión en tanto que el empeño de volver a unir lo que la costumbre austera separó se vea reducida a un curioso fósil. ¡No es tan fácil resolver el problema de la existencia humana!

Siete días después de que se diera a la luz imprenta La presencia desierta de Javier Sicilia la ciudad entera ardía en cenizas y ruina. ¿Es ese el destino de las grandes obras, nacer en medio de terribles dolores? Juan José Arreola así lo creía, y alguna vez nos advirtió del parto de los montes. Lo cierto es que, si hablamos de ruinas silenciosas, no podemos olvidar que la Novena sinfonía adquirió su forma definitiva en medio del más completo silencio, cosa espantosa para un músico. La sordera es el desierto de Beethoven.

¡Dios ha huido! Músicos, filósofos y poetas lo saben. Pero, ¿qué es la muerte de Dios? ¿Qué es su ausencia? Si aun desde un punto de vista lógico la proposición “Dios no existe” no se puede admitir.

A la sala de conciertos me ha acompañado un ejemplar de La presencia desierta de Javier Sicilia. Ya su título es una paradoja: ¿qué puede estar presente si se ha ido? Antes de que comience la velada musical, en la primera cascada de liras de este tríptico, se habla del encuentro del alma con Dios en la figura de la muerte, cantada por el Coro:

Desde el Vértice Tuyo, hacia Tu adentro
la materia palpita con Tu ausencia
el día generoso
le devuelve la luz de tu presencia.
Se realiza en la nada de mi centro
la profunda labor de tu reposo.

Se trata de versos de a once y de a siete, en seis líneas, liras para los entendidos. Tanto en La presencia desierta de Javier Sicilia como en la Novena sinfonía de Beethoven en el principio está la muerte. Para Beethoven es la amenaza de muerte del héroe trágico, como en su Tercera sinfonía. El hombre está solo en un Cosmos de quince mil millones de años luz de radio medio. Si el centro del alma es nada, ¿qué es el alma? En el primer tríptico de Javier, descubrimos que la muerte mística es la fusión del alma en el amor de Dios. Para ambos, en medio de relámpagos, diáfana, el alma se disuelve en la negrura de su nada.

En las ventanas que se abren frente a las escaleras hacia el segundo piso de la sala, veo que se ha desatado una curiosa lluvia.

Lira perfecta, el primer verso de Javier retrata un intenso erotismo que se cernirá a lo largo de la mayor parte de la obra, para precipitarse finalmente en la unión mística. La segunda línea es un gemido de orfandad; Dios se ha ido, y la Creación lamenta su ausencia. Ya durante el albor del cristianismo ni más ni menos que el ultraortodoxo San Pablo había reconocido que “Toda la creación gime y sufre con dolores de parto” (Rm 8, 22). El sufrimiento del poeta hace eco de este adviento gemebundo. Sin embargo, hay un tono erótico en el misticismo de Javier Sicilia, erotismo que bebe en el manantial de San Juan de la Cruz. Manantial del que bebieron también fray Luis de León y santa Teresa de Jesús. Por lo tanto, Javier Sicilia recorre dos mil años de cristianismo y los funde en una lira:

...tu vela a la deriva es como un sueño
oculto y demudado en el escándalo
del viento ¡Vive dada
entre los puertos! Y el aroma a sándalo
y a jazmín sobre todo nuestro ensueño...
¿Qué dios fue más amante de su amada...?

Amén de San Juan, la última línea, metro lira, es una delicia. Al Dios de los cristianos lo habían ya destacado porque era más hábil en la guerra que los otros dioses: era “el Dios de los ejércitos”. Ahora, la comparación con los otros dioses es en las artes amatorias, y el Dios de los cristianismo sale avante.

En cambio, el erotismo de Beethoven es más difícil de descubrir, pero también surgirá en forma de orgía sagrada al final del cuarto movimiento.

II. Scherzo: Molto vivace - Presto

En reciente charla, antes de un concierto de cámara en el que fue acompañado por la pianista María Teresa Frenk, nos dijo el flautista Rafael Urrusti que el minué era el emblema del antiguo régimen. Danza lenta y solemne. Añadió Urrusti que Beethoven hizo eco de la Revolución Francesa introduciendo una revolución en la música. El tercer tiempo de las sinfonías clásicas era un minué. Beethoven sustituyó el minué por un Scherzo, y en esta Novena sinfonía lo colocó como segundo movimiento: chispeante y rápido.

III. Adagio molto e cantabile

El adagio contiene un tema con un intervalo de cuarta que hará historia en las manos de Wagner y Mahler. Wagner en la obertura Rienzi, Mahler en la introducción del primer movimiento de su Primera sinfonía.

En tanto, el tríptico central de La presencia desierta celebra la encarnación, es decir celebra la materia por lo tanto anuncia que por medio de lo físico podemos advertir el amor de Dios. Es el Dios de los estetas, pues el arte necesariamente necesita de la materia para expresarse: el poeta y el músico juegan con los sonidos y silencios para entregarnos una nueva visión del mundo. Dice, pues, Javier Sicilia.

A TU MATERIA AMADA ME ACOSTUMBRO,
A TU SITIO MORTAL, —EN ÉL ME ALUMBRO
Y ESTALLO EN AMORÍOS—.
OCIOSIDAD QUE AFIRMA SU POTENCIA;
A LA VENTURA ENTREGO MI PRESENCIA;
SOBRE CAUCES DE RÍOS VOY GOZOSA.

Recordemos que Teilhard de Chardin nos invitó a empaparnos de materia en aquel texto del que yo, he de confesarles con vergüenza, sólo he leído escasos fragmentos: el Himno del Universo. Aquí Javier se hace uno con esa idea, y nos entrega el más bello homenaje al mundo como representación. Porque tanto amó Dios al mundo…

IV. Presto

Érase que se era un pueblo en el que las cafeterías eran atentidas por cantantes, los templos tenían coros sinfónicos y los niños se preparaban para tocar en una orquesta clásica. Aunque me inspiré en Los maestros cantores de Richard Wagner para las líneas anteriores, hace algunos años me tocó vivir en persona una escena exactamente así como la que he pintado en este párrafo. Sólo diré una indiscreción: alguna vez, en el café Carusso, el barítono Armando Gama me sirvió un sabroso café. Hoy lo escucho decir: “O Freunde...” Y es secundado por la Sociedad Coral Cantus Hominum y el Coro del Centro Universitario México.

En el último tríptico que compone La presencia desierta, el poeta Javier Sicilia se dirige al abandono del amor de Dios. Como en la Novena sinfonía, Sicilia trata el tema de la comunión con lo divino. En la unión mística. Beethoven nos hace a todos hermanos. Por su parte, como en el vértice del principio, Sicilia nos reúne en erotismo Creador:

EL VÉRTICE del alma
se hiende en soledad y madrugada,
muchacho, cuando en calma
desciendo a tu morada
en busca de tus besos transformada.

¡Qué hermoso homenaje al Siglo de Oro español, y a los siglos de cristianismo! Al terminar la sinfonía, salto a abrazar a los millones que han cantado. No miento cuando les digo que todos son mis amigos. Uno de los vigilantes de la sala me advierte que no puedo pasar hacia los camerinos. Este guardia nada sabe de la disolución de las barreras que ha tenido lugar en la sala de conciertos, y a pesar de la prohibición del policía me acerco a darle un afectuoso abrazo a Leonardo Villeda, director de la Sociedad Coral Cantus Hominum. Tras el saludo, es el tiempo de la instrucción. No puedo evitar preguntarle si me puede decir el nombre de cierto extraño instrumento musical que he visto hoy por vez primera.

Le aseguro a Leonardo que vi unos platillos verticales con borlas de color rojo, coronados por una media luna, y sostenidos por un bastón de metal. ¿Qué instrumento es ese, que aparece en la marcha del tenor? Leonardo Villeda afirma que tal instrumento se llama campanelo, y es de origen mongol. Se usaba durante las batallas, y era una suerte de bandera, que con movimientos y sonidos indicaba el comportamiento de las tropas. En lo personal, ¡qué bello ha sido para mí ver un aporte musulmán en una sinfonía hecha como himno de la humanidad! Si he escuchado en vivo varias veces la Novena sinfonía, ¿por qué no había visto ese instrumento? Por lo regular, la orquesta que interpreta la Novena sinfonía de Beethoven es enorme. Mahler añadió más cornos y más cuerdas. Ahora, la he escuchado en una versión reducida para orquesta de cámara, y el campanelo pudo lucir en medio de ésta. Por cierto, en algunos programas llaman “platillos turcos” a dicho instrumento. Una amiga le llamó sistro. Así, la Novena sinfonía de Beethoven siempre me asombra con su frescura mensaje de inmortal poeta, de alegría que nos reúne a todos los seres humanos bajo el suave cobijo de sus alas.

***


Marcela Chacón, soprano
Belem Rodríguez, mezzosoprano
Saúl Sánchez-Román, tenor
Armando Gama, barítono
Sociedad Coral Cantus Hominum. Leonardo Villeda, director
Coro del Centro Universitario México: Jorge Pastor Escobar, director
La Pequeña Camerata Nocturna, bajo la dirección de Gabriel Camacho
Novena sinfonía, Ludwig van beethoven
Domingo 6 de marzo, 18:00 horas
Sala Nezahualcóyotl, del Centro Cultural Universitario

Bibliografía:

Sicilia, Javier, La presencia desierta, México, 1985, Fondo de Cultura Económica, 72 pp.

lunes, 23 de agosto de 2010

Canciones de Rückert

Enrique Arias Valencia

Para el racional Jack, del irracional Enrique
Dice la leyenda que a medida que avanza el siglo, la música de Mahler se hace más sombría. Algunos críticos sostienen que el compositor transita de las Wunderhorn Werken a las Rückert Werken. Esto, en parte se justifica porque las sinfonías de la Uno a la Cuatro están muy influidas por el ambiente de El cuerno mágico de la juventud. En cambio, a partir de la Quinta, Mahler visitará los más secretos recovecos del corazón, guiado por uno de los más nostálgicos poetas del romanticismo tardío: Friedrich Rückert. Este domingo estoy en la Sala Neza para escuchar los poemas de Friedrich Rückert a los que Mahler puso música.



¡Son tantos recuerdos con estas piezas! Por ejemplo, en mis incursiones en YouTube “No mires a mis canciones” fue la primera pieza en Vocaloid que escuché. La voz sintética imita tan bien a la voz humana, que no pude evitar asociarla con la Chachis, una bebé de quien me hice amigo en el 2007, y que partió con su familia a su lejano pueblo en agosto de ese mismo año. Mi hermano escuchó la grabación, y al principio no se dio cuenta de que era una máquina quien cantaba. Él también asoció a la cantante artificial con la ausente Chachis. Siguiendo con el orden del ciclo vocal, la canción que sigue tiene un encanto que los tiempos prosaicos actuales no pueden entender. Tomo del programa de mano la traducción que dice:

Respiraba una fragancia dulce
En la habitación había
De tilo una ramita
Regalo
De una mano amada.
¡Qué agradable era del tilo el aroma!


Por cierto: en el siguiente video alguien ilustró “Respiraba una fragancia dulce” con sonrisas de jóvenes.


La canción “A media noche” incluye un glorioso episodio que, en parte, desmiente el predominio de lo triste en este periodo de la vida artística del compositor. Ante este majestuoso acorde, dado en fortissimo, no puedo evitar recordar que el sábado anterior monté al brioso Mister durante media hora. Entre los árboles dimos una vuelta a galope en el Bosque de Nativitas, barrio de Xaltocan. Es un instante en el que el alma es libre, aunque sólo sea para después volver a las oscuras regiones de la vida mundana y sin belleza alguna.

“Si amas la belleza, no me ames”. Este título me sirve para resignarme el abandono de Lísida. En su cínico discurso, Lísida sostenía que ella jamás se ha resignado a nada. Yo, el más feo de los hombres, al menos tengo como consuelo que alguna vez, ella me amó, aunque siempre sólo estuvo dispuesta a amar sólo por la belleza. Para compartir con mi amiga María José alguna vez hice una traducción de "Me he convertido en un extraño para el mundo", la canción de Gustav Mahler que cierra el ciclo de las Rückert-Lieder. Ahora estoy en Santa Cruz Acalpixca ordenando mis necias notas a un programa de música que he disfrutado en la Sala Neza.

Me he convertido en un extraño para el mundo.
Con quienes solía perder tan gratos momentos
no se ha oído nada de mí durante tanto tiempo
¡que bien podrían creer que estoy muerto!

Para mí no tiene mayor peso.
Si creen que he muerto,
no puedo desmentirlos,
porque en realidad estoy muerto para el mundo.

Estoy muerto para el tumulto del mundo,
¡Y reposo en un sitio manso!
¡Vivo solo en mi cielo,
en mi amor y en éste mi canto!

***

El reseñista asistió el día 22.
Ciclo Gustav Mahler I
Temporada de verano 2010
Orquesta Sinfónica de Minería
Sala Nezahualcóyotl

Octavo programa
Agosto 19, 21 y 22
Jueves: dedicado al Instituto de Química
Sábado: dedicado a la Facultad de Química
Domingo: dedicado a la Facultad de Medicina
Carlos Miguel Prieto, director

Gustav Mahler (1860-1911)
Canciones de Rückert (18’)
1. Blicke mir nicht in die Lieder
2. Ich atmet’ einen linden Duft
3. Um Mitternacht
4. Liebst du um Schönheit
5. Ich bin der Welt abhanden gekommen
Carla López-Speziale, mezzosoprano

Samuel Zyman (1956)
Tres laberintos concertantes (Estreno absoluto) (25’)
Adagio con moto - Allegro energico
Larghetto espressivo
Allegro con brio

Intermedio

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía nº 4 en re menor op. 120 (28’)
1. Ziemlich langsam – Lebhaft
2. Romanze. Ziemlich langsam
3. Scherzo. Lebhaft
4. Langsam – Lebhaft

jueves, 19 de agosto de 2010

España como madre del mundo

Enrique Arias Valencia
Para Manuel Millán y José Miguel Moreno Sabio,
quienes están allende la Mar Océano
El motivo nace como melisma en una guitarra granadina. La melodía madura, y volvemos a encontrarla como tema de una canción andaluza. De ahí salta a las tonadas populares, y entonces se hace parte de la forma de la Madre Patria. Muchos siglos más tarde, el motivo aparecerá como parte de la Danza bohemia, uno de los temas de la ópera Carmen. Nietzsche sostiene que escuchó Carmen varias veces, y en alguno de sus libros no dudará en referirse a la Verdad como una astuta jovencita... Carmen, ni más ni menos.

Ahora bien, los críticos que he consultado encuentran en Mahler la influencia de dos grandes compositores: Wagner y Beethoven. Se les escapa Bizet, y con él, España. De la Carmen de Bizet, Mahler tomará ágiles pinceladas de la Danse Boheme para la Cuarta y Sexta sinfonías. En ambas obras el tema recibirá un tratamiento expresionista. En la sinfonía en Sol Mayor sorprende en el segundo movimiento, y deleita en el último. Así, el tresillo de las maderas del scherzo es una interesantísima variación de un tema que nació español, se naturalizó francés y se exilió austriaco. En el movimiento Muy cómodo de la Cuarta, tras los efectos chinescos de la mezzosoprano, tras los estallidos de la fanfarria, ocultos en la selva, aparecen de vez en cuando melismas de Carmen. Sí, es cierto que se trata de una España fingida por un sinfonista, la Península retratada por los ojos de un creador desmesurado, que conoció España por vía de un operista francés. Pero todo en Mahler se modifica para convertirlo en una expresión personal.

Muchos años después, la Guerra Civil hará que varios españoles salgan de su patria. Son almas melodías que, como el melisma de Carmen, partirán a otros países para fecundarlos. México fue inundado por un gran contingente español en dos grandes ocasiones: la primera fue la Conquista. La segunda fue el Exilio Español. La víspera del desembarco en el puerto de Veracruz, el poeta salamantino Pedro Garfias nos entregará “Entre España y México”, poema en el que en su conclusión se intercambian los papeles históricos del conquistador y el conquistado:
pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja,
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!

En el México del final de mi infancia no fui ajeno al exilio español. Uno de mis profesores de los cursos de verano era español. Firmaba sus trabajos poéticos como Magadiel, y era comunista y ateo. Recuerdo que intentó enseñarme parte de la tabla del cubo. Siempre fui refractario al orden, y no la aprendí. Tampoco conservo ni uno solo de sus poemas, que Manuel Galicia de Dios solía colgar en los cristales de una panadería que estaba en el Boulevard Xola, antes de que la camarilla de la burguesía de izquierda de México desfigurara mi barrio.

Décadas más tarde, durante la licenciatura de filosofía, me encontré en la Universidad con una generosa parte de la herencia de los maestros del exilio español. El doctor José Gaos nació en Gijón, llegó a México en 1939. En 1951 tradujo El ser y el tiempo, de Martin Heidegger. El mexicano Samuel Ramos consultó a Gaos cuando hizo su traducción de dos ensayos de Heidegger que fueron publicados en forma conjunta bajo el título de Arte y poesía. Yo, el peor de los lectores, a lo largo de este año he sido acompañado por este libro, en mis paseos por el sur de la Ciudad.

Leyendo “El origen de la obra de arte”, de Heidegger, intento comprender no el mundo, sino el arte. Pero quien comprende el arte, comprende la verdad del mundo: “La obra de arte abre a su modo el ser del ente” (p. 67). Y abrir el ser del ente, equivale a saber la verdad. La verdad acontece en la obra de arte: “En la obra está en operación la verdad, no solamente una verdad” (p. 90). “El brillo puesto en la obra es lo bello. La belleza es un modo de ser la verdad” (p. 90). Y sin embargo, “¿Qué es la verdad, que puede o debe incluso acontecer como arte? ¿Hasta qué punto, hay, en general, arte?” (p. 92). Y vuelvo al punto de partida.

Volver al punto de partida es situarse en la pregunta que no puede responderse sino desde el arte mismo. Por eso, Heidegger se hace poeta, y concluye en la belleza de la verdad.

La melodía a la que me he estado refiriendo nació en Granada. Pero, ¿dónde fue concebida? ¿No es acaso una danza bohemia? En una confusión típica de Europa, a los bohemios se les identificaba con los gitanos. Carmen era gitana. Se le llamó gitana porque se creía que esta nación errante procedía de Egipto: “egiptano”. Nómada, estuvo también en Bohemia, la patria de Gustav Mahler. Por eso se llama Danza bohemia la pieza musical de Carmen que, sostengo en este ensayo, Mahler usó en sus sinfonías 4° y 6°. ¿Y no sería para la Danza bohemia volver a su patria cuando fue dispuesta por Mahler? ¿He dicho patria? Mahler mismo dijo alguna vez: “Yo, el tres veces sin patria, bohemio entre los austriacos. Austriaco entre los alemanes. Judío en todo el mundo”.

La palabra sánscrita sitar se usa en la India para designar a un instrumento musical de cuerda pulsada. Quizá sitar pasó a cítara en Grecia. Sitar es la raíz indoeuropea de la que proceden gitana, guitarra y baraja. Baraja fatal como la que arrojan las gitanas en Carmen, anunciando una muerte segura.

¿Y por qué llamo a toda esta gitanería como España, madre del mundo? Si eres capaz de leer esto como tu lengua materna, la respuesta la tendrás en la punta de la lengua. En palabras de la Madre Juana Inés de la Cruz:
“Cítara solamente de Apolo”.
***


Relacionado con Heidegger.

***

Reflexiones que tuve en la Sala Nezahualcóyotl el domingo 15 de agosto de 2010:


Ciclo Gustav Mahler I

Temporada de verano 2010
Sala Nezahualcóyotl, 14 Y 15

Séptimo programa

Jueves: dedicado a Grupedsac
Sábado: dedicado a la Generación 60 de la Facultad de Química
Domingo: dedicado al Instituto de Física

José Areán, director


Joaquín Gutiérrez Heras (1927)

Postludio (11’)

Max Bruch (1838-1920)

Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor op. 26 (24’)
1. Vorspiel. Allegro moderato
2. Andante
3. Finale. Allegro energico

Philippe Quint, violín

Intermedio

Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía nº 4 en sol mayor (54’)
1. Bedächtig. Nicht eilen
2. In gemächlicher Bewegung. Ohne Hast
3. Ruhevoll
4. Sehr behaglich (“Wir genießen die himmlischen Freuden”. Text aus
“Des Knaben Wunderhorn”)
María Alejandres, soprano

domingo, 15 de agosto de 2010

La magia de las canciones de juventud

Enrique Arias Valencia

Si el pensamiento es tu destino, ofrécele lo mejor, lo más divino.
Nietzsche

Érase que se era una Eva futura. La idea original es del escritor Auguste Villiers de L'Isle-Adam, quien imaginó a Edison como el inventor de una autómata que tendría todo el atractivo de la mujer sin los inconvenientes del ser humano natural. No debería hacer aquí un análisis de lo equivocado que estaba Villiers de L'Isle-Adam al creer que las mujeres podían tener algún defecto; sino antes hacer eco de lo acertado de su visión futurista sobre lo que podrían hacer las máquinas.

Por ejemplo, las máquinas ya saben cantar. No lo hacen tan bien como los seres humanos, pero están aprendiendo muy rápido. ¡Yo creo que primero entenderán la máquinas el arte, aun antes que nuestros gobernantes!

A continuación les presento una máquina que canta una canción de mi amado Mahler ya con cierta emoción. Conozco gente que no se dio cuenta de que cantaba una computadora, por lo que si la prueba de Turing hubiese incluido un apartado estético, la máquina ya lo hubiese pasado. Ya hay, pues, artistas artificiales que cantan incluso mejor que varios cantantes de moda.





Este domingo he estado en la Sala Nezahualcóyotl para escuchar la serie de canciones conocida como El cuerno mágico del doncel, y Urlicht, la pieza anterior, forma parte tanto de este ciclo vocal, como de la Segunda sinfonía.

Ahora bien, “Donde resuenan las brillantes trompetas” fue la primera pieza vocal que escuché, una tarde soleada de mi lejana adolescencia. Antecedía el track de la Primera sinfonía en un disco de la Enciclopedia Salvat de los grandes compositores, grabación que escuché varias veces en el ático del Templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, hogar del entonces sacristán Juan Alejandro López Calzada.

¿Qué es el arte? Acabo de leer que Heidegger sostiene que “el arte es la fijación de la verdad que se establece en la forma”. Yo, el peor de los filósofos, tengo para el día de hoy la que quizá sea la peor respuesta para esta pregunta que Heidegger contesta con esmero en El origen de la obra de arte.

El arte es aquello que habla directamente de nuestras vivencias, a veces con pasmosa identidad. En el siglo XIX los poetas Arnim y Brentano recopilaron una serie de poesías populares alemanas. Las piezas hablan de lo que nos pasa a todos, y nos regresan al mundo real. Así, una de las líneas de “Leyenda del Rin” dice: “¿De qué sirve una amada, si mañana no estará?” Pregunta que me hace saber que la sabiduría popular y yo tenemos mucho en común, si bien yo no soy un hombre popular, aunque eso es de lo más común.

¿De qué sirve que la mujer no tenga defectos, si es en función de su perfección que es capaz de abandonarnos? Yo tuve una pareja tan inteligente que tan pronto le resulté aburrido, se deshizo de mí. Luego, ésta es la pertinencia de la Eva futura, de Auguste Villiers de L'Isle-Adam.

Para los inconformes, la función del arte debe ser redimirnos de la vida que llevamos. Incluso, la fuerza del poeta es capaz de iluminar y transformar nuestra existencia con aquello que tenemos: el pensamiento. La purificación de las pasiones es la serenidad de la contemplación de una obra perfecta en su contenido y plena de mensaje. Esto me lleva a la “Canción del prisionero en la torre”


Los pensamientos son libres,
¿Quién podría adivinarlos?
Pasan tan veloces
Cual nocturnas sombras.
No hay hombre que pueda conocerlos,
No hay cazador que pueda derribarlos,
Pues siempre así será,
Los pensamientos son libres.*

Y en vista de que el tema es la libertad, para la Eva de la Nueva Era de la tecnología, propongo que su diseño sea parte del software libre. ¿Sueno demasiado cínico? La vida debe atemperarse con bromas, para que la risa no nos abandone, a pesar de que la búsqueda de la felicidad, aunque sea mandato constitucional de al menos una nación, sea un fracaso. Canta así el prisionero:

Y pues tanto te lamentas,
Yo renuncio al amor,
Y si de valor me armo,
Nada entonces me será tormento.
Y así en mi corazón
Siempre risas, siempre bromas,
Pues siempre así será,
Los pensamientos son libres.

¡Mis pensamientos son mordaces! ¡Les aseguro que San Antonio me dio hoy un sermón! ¿Y de qué sirven los sermones, aunque me fascinen? Aun a mis amigos los peces:

El sermón les ha gustado,
Mas igual que antes se conservan.

Blasfemar es imposible. Si eres creyente, tu insulto no puede importunar a Dios, quien trasciende todo. Y si no eres creyente, no hay nadie que reciba la blasfemia. Luego, sólo el prójimo creyente puede ofenderse con una blasfemia.

“Consuelo en la desgracia”. ¿Quién me acompañará a cabalgar? Por el momento, a pie, sólo el niño arriero, que apresta a Alondra. Libre por un instante, puedo galopar por el bosque. Al niño le daré una buena propina. A Lísida, la recordaré toda la vida.

Montaré mi caballo
Y de vino fresco beberé una copa,
Y por mi barba haré juramento:
Ser eternamente fiel a ti.

La Eva del porvenir está muy cerca, pues la fuerza de la imaginación puede traerla a la vida, aun para pesimistas como yo. Tal es la deslumbrante respuesta que podemos brindar cuando nos pregunten: “¿A quién se le ocurrió esta cancioncilla?”

La sinfonía de Schumann que escuché hoy también es catarsis. La dejaré en abstracto.

Por cierto, en el epígrafe cité de memoria a Nietzsche...

***

*Todas las citas de El cuerno mágico del doncel de este ensayito están tomadas del Programa de Lujo del Ciclo Gustav Mahler I que comparto con ustedes gracias a Internet.

Asistí el 8 de agosto del presente.

Temporada de verano 2010
Ciclo Gustav Mahler I

Sexto programa
Agosto 5, 7 y 8
Jueves: In memoriam Jorge Velazco (1943-2003)
Sábado: dedicado a la Facultad de Derecho
Domingo: dedicado al Instituto de Geografía
Carlos Miguel Prieto, director
Gustav Mahler (1860-1911)

Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del doncel) (42’)
1. Revelge (barítono)
2. Rheinlegendchen (mezzosoprano)
3. Trost im Unglück (barítono)
4. Verlor’ne Müh (mezzosoprano)
5. Der Schildwache Nachtlied (barítono)
6. Das irdische Leben (mezzosoprano)
7. Lied der Verfolgte im Turm (barítono)
8. Wer hat dies Liedlein erdacht? (mezzosoprano)
9. Des Antonius von Padua Fischpredigt (barítono)
10. Wo die schönen Trompetten blasen (mezzosoprano)
11. Lob des hohen Verstandes (barítono)
12. Urlicht (mezzosoprano)
13. Der Tamboursg’sell (barítono)

Barbara Dever, mezzosoprano
Jorge Lagunes, barítono

Intermedio

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía no 3 en mi bemol mayor op. 97, Renana
1. Lebhaft
2. Scherzo. Sehr mäßig
3. Nicht schell
4. Feierlich
5. Lebhaft

domingo, 1 de agosto de 2010

Sinfonía Nietzsche

Enrique Arias Valencia

“Yo moriré para vivir”.
Mahler

Hace varios siglos, al Sur de la Cuenca de México, cuando todavía existía el Lago de Texcoco, comenzaba a florecer la cultura indígena de Cuicuilco, cuyo nombre significa “El lugar de las danzas, los colores y los cantos”. Entre los años 800 a 600 a. C. la civilización cuicuilca fue capaz de edificar una de las primeras pirámides mexicanas. Hacia el siglo I, con el auge de la cultura teotihuacana, Cuicuilco fue perdiendo importancia.

Una noche, el cercano volcán Xitle rugió con gran violencia, y su incandescente lava se derramó hacia la población. En un espacio cuyas dimensiones corresponde establecer a los geólogos, la lava borró todo rastro de vida: humana, animal y vegetal.

En Cuicuilco sólo se salvó el Gran Basamento Circular, una construcción que junto a otras menores, fueron mudos testigos de aquella catástrofe preclásica. Aquel hirviente caos fue el origen del Pedregal de San Ángel. Más asombroso fue lo que hizo la Naturaleza en aquel lugar. Semillitas pioneras repoblaron el yermo pedregal, y enfrentando unas nuevas condiciones, la lucha por la existencia y la supervivencia del más apto prodigaron un ecosistema único por variado, esplendoroso por verde, en el que plantas y animales rindieron un paisaje agreste.

El siglo XX vio nacer a la Universidad Nacional Autónoma de México. Hacia la segunda mitad del siglo la UNAM se estableció en buena parte del Pedregal de San Ángel. Al Sur quedó una reserva ecológica, y en 1979, rodeada por roca volcánica, se inauguró la Sala Nezahualcóyotl. Hoy estoy ahí para escuchar la Tercera sinfonía de Gustav Mahler.

El triunfo del verano sobre el invierno es la victoria de la razón por encima de la magia. Ésta es la alegre filosofía de la aurora, la cual en palabras de Nietzsche “a través del frescor de madrugada, presiente al Sol que amanece”. Es así como el individuo se libera de las ataduras del oscuro mundo sobrenatural. Para el primer movimiento de su Tercera sinfonía Gustav Mahler habló de “La seducción del verano”, el cual en encarnizada batalla contra el invierno, triunfa el Sol finalmente sobre las fuerzas oscuras de la Naturaleza. La llamada inicial de las ocho trompas canta sin cesar: “Todos los dioses son mortales”.


44


El frío invernal es la gélida indiferencia de los dioses. A los dioses bellos y armoniosos, pero fríos y distantes se opone la audaz disonancia de la alegría y el esplendor del Sol, tropo de la diosa razón que se levanta con la corona de hiedra de un Dios desconocido.


43

El segundo movimiento, proyectado como “Lo que me dicen las flores en el prado” es un Tempo di Menuetto que goza con los frutos del verano: las plantas florean gracias a la luz del Sol, y no debido a algún milagro estrambote. Es la sola expresión de la Naturaleza.

Por eso, aunque Mahler renunció a un programa formal para su Tercera sinfonía, al tercer tiempo, un chispeante Scherzo, lo sigo identificando con el movimiento y la astucia de los animales, metal en lontananza, que San Antonio predique a los peces.

Y llegamos así a la musicalización de un fragmento del Zaratustra de Nietzsche. Mahler pone a una mezzosoprano a cantar “Antes de la salida del Sol” la famosa canción de las campanadas de medianoche:

¡Oh hombre! ¡Atención!
¿Qué dice la profunda medianoche?
Dormía yo; dormía.
De profundo sueño desperté:
El mundo es profundo.
Y mas profundo de lo que creía el día.
Profunda es su pena.
El gozo, aún más profundo que la pena del corazón.
Dice la pena: ¡Perece!
Pero todo gozo quiere eternidad.
¡Quiere profunda, profunda eternidad!

¿No es para que yo le dé gracias a Dios por este milagro secular? ¡Nietzsche y Mahler, juntos gracias a la magia de la música! Por eso no es ocioso lo que sigue. La “Plegaria de los niños pobres” atacca una poesía fruto del Cuerno maravilloso del doncel:

“He violado los diez mandamientos;
Voy y peno amargamente
¡Ay, ven y ten piedad de mí!”

Porque si bien Dios ha muerto, y los nietzscheanos pretendemos estar más allá del bien y del mal; lo cierto es que el horror del pecado y la triste amenaza de la muerte nunca se van de nuestro corazón. A Dios lo resucita el arte para que sea un personaje redentor. Es así que un descarado Deus ex machina baja a redimir el dolor del mundo, y a transformarlo todo con el amor. Paráfrasis de Schiller, la música es la magia que une lo que la costumbre austera separó. Entre el coro están mis amigos Patricia Palacios, Cristina Rico, Alejandra Jiménez, y Adriana Ruiz. En el público estamos José Luis Sosa, José Antonio Díaz y un servidor. Dionisos, el Dios de la alegría, no sabe de separaciones y todo lo reúne con la música embriagadora.


12


Doloroso y bello, “Lo que me dice el amor”, último tempo de la sinfonía del amanecer, es la gracia apoteósica de un Adagio que con la orquesta en pleno entona sin solución de continuidad una canción orquestal:

“La celestial alegría, la ciudad bendita.
La celestial alegría que no tendrá fin”.

Cuatro cuartos en un enorme coral. “La redención por el amor”, finale con delirantes fanfarrias postrománticas, se encarna en el redoble de los timbales para dos ejecutantes, que se transfiguran en el corazón del mundo. La obra se expresa en un brillante Re mayor. Mahler nos regala un sueño de juventud: Paloma libre, brioso corcel que galopa audaz entre los brezales de un bosque lluvioso. A media noche un niño nos acompaña, y al reparar el caballo, despertamos en medio de ángeles y campanas. La Luna es una madrugada niña que danza en círculo virtuoso un leitmotiv mahleriano: Dios ha muerto, sí; pero lo necesitamos para reírnos de nosotros mismos, y con eso basta para resucitarlo.

Ciclo Gustav Mahler I
Temporada de Verano 2010
Quinto programa
29, 31, julio. 1° agosto

Jueves: dedicado al Cardenal Norberto Rivera
Sábado: dedicado a la Escuela Nacional de Música
Domingo: dedicado a la Facultad de Contaduría y Administración

Carlos Miguel Prieto, director
Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía no 3 en Re menor

Erste Abteilung:
1. Kräftig. Entscheiden

Zweite Abteilung:
2. Tempo di Menuetto. Sehr mäßig
3. Comodo. Scherzando. Ohne Hast
4. Sehr Langsam. Misterioso. Durchaus pp (“O Mensch! Gib acht!”
Text aus “Also sprach Zarathustra” von Friedrich Nietzche)
5. Lustig in Tempo und keck im Ausdruck (“Bimm bamm! Es sungen
drei Engel einen süßen Gesang”. Text aus “Des Knaben Wunderhorn”)
6. Langsam. Ruhevoll. Empfunden

Orquesta Sinfónica de Minería
Carlos Miguel Prieto, director
Barbara Dever, mezzosoprano
Damas del Coro Filarmónico Universitario
Gerardo Rábago, director coral
Damas del Coro ProMúsica
Samuel Pascoe, director coral
Niños y Jóvenes Cantores de la Escuela Nacional de Música
Patricia Morales, directora coral
Ana Patricia Carbajal, directora coral asistente

(El reseñista asistió el sábado 31 de julio de 2010, a las 20:00 hrs.)

domingo, 25 de julio de 2010

Tonadas de un ateo errante

Enrique Arias Valencia

Estas tonadas de un ateo diletante son hasta cierto punto, aristotélicas, pues el Estagirita tuvo a bien sostener que el objetivo de la tragedia es la catarsis. Y hace tiempo que estetas y artistas advertimos que lo que es válido para el Ática lo es para el resto de las artes. Y es así que ahora que Dios ha muerto la redención es por medio del arte. Estoy en el segundo piso de la Sala Nezahualcóyotl a punto de comenzar el cuarto programa del Ciclo Gustav Mahler I, temporada de Verano de 2010.

Esmerado orquestador, Gustav Mahler me ha regalado hoy su arreglo y versión de la Suite Orquestal tras las suites BWV 1067 y BWV 1068 de Johann Sebastian Bach. En una sala atestada, mi soledad es mayúscula. La frase anterior es muy manida; pero una terrible verdad repetida duele más que una mentira piadosa dicha sólo una vez. Por eso es doble el mérito catártico de la Suite: el célebre Aire en la cuerda de Sol, cuyo nombre corresponde a la G de Gödel en la maravillosa imaginería del Gödel, Escher, Bach de Douglas Hofstadter: la autorreferencia, el teorema, la lógica divertida. Pero por encima de la lógica que sólo es “Apolo transfigurado en crisálida”, está el brillo puro del diamante del arte.

Estos tarareos de un ateo irracionalista se basan en un movimiento bachiano que Mahler decidió orquestar en forma de pizzicato: Badinerie. En cambio, el finale, es la Gavota el éxtasis prometido tras tres éxtasis realizados: uno por cada movimiento de la Suite.

Las Canciones para un camarada errante, de Gustav Mahler, a querer y no rescatan la figura de Caín, quien ha de vagar por el mundo para intentar en vano reparar su falta. Quizá mi inconsciente me ha jugado una broma a costa de mi propia vida. ¿No es mi existencia una puesta en escena de estas canciones? Pues “Mi tesoro celebra su boda”, mientras yo lloro desconsolado por su irreversible partida.

Durante el viaje iniciático del ateo místico llega el amanecer. Éste es el fuego metafórico de la intuición intelectual. Para uno de los más espléndidos finales de una silva barroca, la madre Juana Inés hizo a nuestra Tierra saludar con su reflejo el nacimiento del Sol, tropo de la culminación del más apasionante viaje del conocimiento humano:

ilustraba del Sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el mundo iluminado y yo despierta.

Sor Juana Inés de la Cruz despierta de un sueño de primera. En contraste, yo le soy fiel hasta el denuedo al pesar manifiesto en las postrimerías de la segunda canción, pues “Cuando esta mañana crucé los campos”, acompañado por pinzones, campanitas y faroles sólo puedo darme cuenta de que el mundo puede estar muy contento por la mañana:
“Entonces, a la luz del Sol,
el mundo comenzó a brillar;
sonidos y colores todos,
renacieron a la luz del Sol”.

en tanto que en mi corazón mi propia alegría “¡Florecer nunca podrá!” porque (y llegamos ya a terrenos de la tercera canción) “Tengo un cuchillo al rojo vivo”, que es el recuerdo de los ojos verdes de mi amada Lísida.

Tengo unos amigos católicos que dicen que en realidad, mi ira sólo habla de que estoy enojado con Dios. Y sí es así: yo estoy tan enojado con el Dios de los creyentes como lo puedo estar con Zeus porque mandó clavar a Prometeo a una roca, como escarmiento por habernos regalado el fuego del conocimiento.

Aquí debo hacer una pausa para recordar al lector que todo esto pretende ser purificador, por lo que no hay que desesperar con los desvaríos de la desesperanza. Por eso, al final, reflexionar sobre “Los ojos verdes de mi amada” conduce a descubrir que
“De nuevo todo estaba bien.
Todo, todo, amor y penas
y el mundo y el sueño”.

Ésta es la redención artística por medio de la conciliación con los sentimientos. Por cierto, en realidad Mahler en su cuarta canción retrató unos ojos azules. Mío es el recuerdo de unos ojos verdes. Es así que bajo el tilo, la revelación poética que procede del mundo del ensueño y del deleite embriagador es la serena alegría honrada por la pluma del poeta. Es la preciosa hija de los más luminosos dioses, señores del mundo.


T 17


Mahler amaba estos finales, en los que el amor redime el mundo. Del mismo modo termina su Tercera sinfonía: “Lo que me dice el amor”. Gustav Mahler lo aprendió de “la redención por el amor”, de Wagner. Wagner lo asimiló de Schopenhauer, y éste filósofo a su vez, lo descubrió en el cristianismo. Es así que como ateo irracionalista, debo reconocer que gracias a la catarsis el Creador del mundo se deja traslucir diáfano como principio de fusión de la redención por medio del amor, augurando la existencia de una Divinidad invisible que aguarda en el mundo metafísico. El resto, no es silencio. Es el aplauso para el barítono Jorge Lagunes y la Orquesta Sinfónica de Minería que hoy dirige José Areán, mientras yo me pregunto: ¿Es el hombre un sueño, de aquel que al despertar sólo puede descubrir que todo es uno?



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Orquesta Sinfónica de Minería
Temporada de Verano 2010
Ciclo Gustav Mahler I
Sala Nezahualcóyotl
Concierto IV
22, 24 y 25 de julio
Director: José Areán
Solista: Jorge Lagunes, barítono

Programa
* Johann Sebastian Bach (arreglo y orquestación de Gustav Mahler): Suite Orquestal tras las suites BWV 1067 y BWV 1068

1. Ouverture
2. Rondeau – Badinerie
3. Air
4. Gavotte I / Gavotte II


* Gustav Mahler:
Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones para un Camarada Errante)

1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día de la boda de mi amada)
2. Ging heut Morgen übers Feld (Salí esta mañana a caminar al campo)
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo ardiente)
4. Die zwei blauen Augen von meinem Schatz (Los dos ojos azules)


* Robert Schumann: Segunda Sinfonía
1. Sostenuto assai – Allegro, ma non troppo
2. Scherzo. Allegro vivace
3. Adagio espressivo
4. Allegro molto vivace


(El reseñista asistió el domingo 25 de julio).

domingo, 11 de julio de 2010

¿Oyes acaso la marea, aterradora?

Enrique Arias Valencia

Cuando Platón expulsó a los poetas de la República, decidí exiliarme con ellos, no porque yo me considere poeta, sino para seguirme deleitando con las coplas del ateo poeta. Aquella tarde gris de gris matiz, en la estación del rápido ferrocarril, a mí, el peor de los estetas, la bebé Lily me preguntó:

“Oiga teñó, ¿y cómo es el mundo sin poetas?”


Lo más terrible bebé Lily, es que un mundo sin poetas es este mundo, tan prosaico en su vulgaridad y tan vulgar en su proceder, que nadie puede vivir en él. Y como estoy con una sabia bebé, me dan ganas de contarle un cuento. Había una vez unos ingenuos que creían que los cuentos de hadas son sólo mentiras que nada dicen. Cargo en brazos a la bebé y añado: Que la Biblia está llena de cuentos de hadas no es ningún secreto ya. Tras el triunfo del racionalismo todas las historias bíblicas periclitaron en historias que sólo los niños creen al pie de la letra. Lo que es motivo de escándalo para propios y extraños es que, aún así las historias bíblicas son capaces de decir la verdad.

Los genetistas descubrieron algo que los poetas ya sabían: que somos hermanos de ADN de todos los seres vivos. Los astrónomos lo dicen con las bellas palabras de Carl Sagan: “Somos polvo de estrellas”. Estamos, por lo tanto, hermanados con el mundo, entendiéndose Universo. Salimos a buscar una roja flor en competencia con nuestro hermano.

Dos hermanos al bosque se marcharon
En busca de la flor.
Grácil y dulce era el primero;
el otro blasfemo y nada más.
¡Oh caballero, horrible caballero,
detén ya tus horribles maldiciones!*


¿He dicho roja flor? Bien podríamos decir que salimos a buscar petróleo. ¿Somos o no somos hermanos del benton, la tortuga y la gaviota? ¿Qué nos dice la doble hélice? ¿Hasta qué punto somos capaces de sentir el terrible lamento de la Tierra que se escapa negro y amenazante sin descanso desde un punto perdido en el Golfo de México?

Ojo también, porque hay que tener en cuenta que el ateo jamás blasfema, pues si blasfemamos no hay nadie a quien insultar. La maldición que como hermanos hemos aherrojado a nuestros hermanos no tiene nada que ver con la blasfemia, al menos, no con la blasfemia común. En palabras de Niezsche:

“Ahora el único pecado es pecar contra la Tierra”.


Es así que el mito de Caín y Abel se repite a pesar de haya quienes digan que nunca existieron. Y a todo esto, Mahler, músico supersticioso y muy sensible a los cuentos de hadas, retomó en forma de cantata sinfónica el sencillo y sabio cuento del carnaval asesino. Cito del programa de mano del concierto de hoy:

El texto, para cuya creación Mahler se basó en diversas fuentes poéticas y legendarias, cuenta la historia de una altiva reina que ha decretado que se casará con aquel caballero que encuentre una flor roja que crece en el bosque. Dos hermanos compiten en la búsqueda, y uno de ellos la encuentra. El otro lo sorprende en su sueño y lo mata para apoderarse de la flor y casarse con la reina. Un trovador encuentra un hueso del hermano muerto y con él construye una flauta. Al ser soplada, la flauta cuenta la terrible historia del crimen. El día de la boda del fratricida con la reina, aparece el trovador con su flauta, y el instrumento fabricado con el hueso de la víctima delata al asesino antes de que el matrimonio se lleve a cabo. La escena concluye con el desmayo de la reina, la huída de los invitados y el colapso del castillo.


Hemos asesinado a nuestro hermano, la Mar Océano. Y la flauta que denuncia nuestro asesinato toca sombrías y disonantes notas que advierten del peligroso desmayo de la madre Tierra, reina altiva de los demás planetas, porque sólo en ella hay vida.

En la escena, cantan José Antonio Díaz y su novia, José Luis Sosa y su esposa, Cristina Rico, y muchos queridos amigos míos más, que mi memoria de ostión de marea roja me impide traer a la memoria. Es la primera vez que escucho La canción del lamento en vivo, aunque en YouTube ya me había deleitado con los movimientos autorizados por Mahler; si bien hoy y gracias al Dios de los estetas, he podido escuchar la versión completa. La reina se desmaya y el Walhalla se colapsa:

En el suelo la reina yace,
Tambores y trompetas en silencio quedan.
Con horror huyen caballeros y esposas,
Los viejos muros se colapsan.
Las luces ya no brillan en la sala del rey.
¿Qué fue de su nupcial festín?

¡Ay, pena!


Al escucharse el fortissimo de la percusión final, la bebé Lily se sobresalta, pero no llora. Ahora bien, como público, me he llevado la parte del león con los comentarios de Patricia Palacios, quien me orienta sobre el significado metafórico, filosófico y psicológico de esta cantata sui generis de Mahler. El postrer derrumbe de la fortaleza medieval del cuento, significa un retorno al inconsciente. “Es la historia de Caín y Abel. La obra nos habla del mal necesario”, sostiene hermosa Paty, y no puedo sino rogarle tomar algunas de sus enseñanzas para escribir este artículo.

El rey de un salto deja el trono,
y a los invitados arroja la mirada.
Toma la flauta con ultrajado gesto,
y a su propia boca se la lleva.
Horrible es el sonido que produce.
¿Oyes acaso la marea, aterradora?


Hace rato, la bebé Lily ha partido con su mamá. Me quedo a solas con mis contertulios. Entonces, aprovecho para decir la verdad sin recurrir a cuentos de hadas. Si es usted una persona de oídos decentísimos, le ruego no lea este párrafo, pues para decir la verdad sin poesía, es necesario decir la verdad sin tapujos, y la verdad es siempre espantosa. En palabras de La canción del lamento: “Horrible es el sonido que produce”. ¿De acuerdo? Aquí va: hemos abierto un enorme hoyo en el culo del mundo, y toda esa mierda que brota lo único que grita es que estamos matando un chingo de especies vivas, dándole en toda su puta madre a titipuchal de ecosistemas de los que no tenemos ni carajo de idea, y eso, aunque les duela a los racionalistas, es pecar contra la Tierra.

No obstante, una última palabra: fue la técnica la que nos metió en este lío, y sólo la técnica apoyada por la ciencia podrá sacarnos de él, a menos que se agote por sí misma la reserva que un puñado de imprudentes abrieron en una vena de la Tierra.

Nadie en todo el orbe podrá intervenir por nosotros.

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Ciclo Gustav Mahler I
Temporada de verano 2010
Sala Nezahualcóyotl
Segundo programa

El reseñista asistió el domingo 11 de julio de 2007:
In memoriam Oscar Vega Argüelles (1912-2010)
Orquesta Sinfónica de Minería
José Areán, director

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía No 1 en si bemol mayor op. 38, Primavera, (30’)
1. Andante un poco maestoso – Allegro molto vivace
2. Larghetto
3. Scherzo. Molto vivace – Trio I. Molto più vivace – Trio II
4. Allegro animato e grazioso

Intermedio

Gustav Mahler (1860-1911)
Das klagende Lied (La canción del lamento) (65’)

1. Waldmärchen
2. Der Spielmann
3. Hochzeitsstück


Sally Dibblee, soprano;
Marjorie Elinor Dix, mezzosoprano
Arturo Chacón – Cruz, tenor
Stephen West, bajo – barítono

Coro Filarmónico Universitario
Gerardo Rábago, director coral

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*Todas las citas de La canción del lamento de este ensayito están tomadas del Programa de Mega Lux de la temporada Mahler que comparto con ustedes gracias a esto de la Internet:


¡Mi versión de Caín y Abel!:

Irichc niega que Adán y Eva sean sólo un mito:
También, desde Frustarción Voluntaria: