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martes, 7 de septiembre de 2010

Crítica del designio manifiesto

Enrique Arias Valencia

Para Fernando G. Toledo, en lo que le soy deudor al materialismo filosófico en el presente trabajo. Los tropezones, seguro son míos.




¿Qué es la ciencia? Sea Universo a mundo y éste a Cosmos. La ciencia es un modelo del Universo. Es, por tanto, una descripción del mundo. Al ser un modelo, éste debe someterse siempre a revisión. La ciencia es en consecuencia, una explicación provisional del Cosmos, y como tal, no puede presentarse como una obra definitiva. Uno de los máximos logros de la ciencia es que cuenta con un aparato crítico que le permite autocorregirse, y así avanzar en su saber.

A partir de lo anterior: ¿Puede la ciencia pronunciarse en forma definitiva y concluyente acerca de la existencia de Dios? En vista de lo presentado, la respuesta debe ser no. Pues la ciencia, al ser una descripción del mundo, no puede pronunciarse en definitiva sobre asunto alguno. Lo único que puede es construir hipótesis, desarrollar un experimento que las confirme o descarte, y elaborar una ley o principio con base en lo planteado y observado.

En sana congruencia con lo anterior, el archifamoso ateo Richard Dawkins, en El espejismo de Dios, al considerar un espectro de probabilidades de la admisión de la existencia de Dios, desde el grado 1° “fuertemente teísta” hasta el grado 7° “fuertemente ateo”, no puede sino admitirse como un agnóstico 6°, pues la ciencia hasta ahí alcanza: “Probablemente Dios no exista, así que deja de preocuparte y disfruta la vida”:

“Yo me cuento a mí mismo en la categoría 6, pero inclinado a la 7—soy agnóstico sólo hasta el punto de que no soy agnóstico sobre la existencia de hadas en el fondo del jardín”.


Dawkins se queja de que la religión frecuentemente pisa el terreno de la ciencia. Pero, ¿qué pasa cuando la ciencia pisa el terreno de la filosofía? Esto empieza a parecerse al recorrimiento de Polonia tras la Segunda Guerra Mundial. Alemania le cede terreno a Polonia para que ésta le ceda parte del suyo a la URSS. Es ya una curiosa tradición que los aficionados a la divulgación científica tenemos que leer cosas como esta:

Paul Davies (1984): “El vacío es el milagroso cuerno de la abundancia de energía en la naturaleza. En principio no hay límite a la cantidad de energía que puede autogenerarse por la expansión inflacionaria. Es un resultado revolucionario en total desacuerdo con la vieja tradición secular de que «nada puede surgir de la nada», una creencia que data al menos de tiempos de Parménides, en el siglo V a. de C. La idea de una creación a partir de la nada pertenecía, hasta recientemente sólo al reino de la religión. Los cristianos han creído desde hace mucho tiempo que Dios creó el universo de la nada, pero la posibilidad de que toda la materia y la energía cósmicas aparezcan espontáneamente como resultado de un proceso puramente físico hubiera sido considerado como algo absolutamente insostenible por los científicos de hace sólo una década” [p. 207].

Brian Greene (1999): “Agujero negro sin masa. En la teoría de cuerdas, un tipo especial de agujero negro que puede tener inicialmente una gran masa, pero que se vuelve cada vez más ligero a medida que una porción de Calabi-Yau del espacio se contrae. Cuando esa porción de espacio se ha contraído hasta convertirse en un punto, el agujero negro ha perdido la masa que inicialmente tenía y ya no tiene nada de masa. En este estado, no manifiesta las propiedades habituales del agujero negro, como es el poseer un horizonte de sucesos” [p. 352].

Stephen Hawking (2010): “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos” [citado en la Web].

Gracias a Davies con la nada hemos topado. Un inesperado chapuzón metafísico en el terreno científico. No será el único, pues el planteamiento de Greene está relacionado con la teoría del Big Bang, la cual sostiene que el Universo comenzó a existir a partir de la nada. Carl Sagan y Stephen Hawking son dos destacadísimos promotores de este planteamiento.

Tras 26 años de lecturas de divulgación de física teórica podemos advertir un patrón en los libros de dicha corriente, una serie de temas que, con ciertas variaciones, se repite como un bajo continuo:

a) El Universo comenzó a partir de la nada. Ésta es la teoría del Big Bang.
b) Hay una partícula indivisible. Los candidatos han sido los átomos, los quarks, y más recientemente, las supercuerdas.
c) Debería haber una teoría que explicara el comportamiento de todo el Universo. Einstein la buscó, pero fue incapaz de conciliar gravedad y cuántica. Desde entonces, han llovido muchas GTU: gran teoría unificada. La más reciente es la teoría de cuerdas/teoría M, la cual, en palabras de Greene:

“Sin duda, el logro de una comprensión total de la teoría de cuerdas/teoría M requerirá un largo y duro trabajo, así como una dosis igual de ingenuidad.

A cada paso que daban por el camino emprendido, los especialistas en teoría de cuerdas han buscado y continuarán buscando consecuencias de la teoría que se puedan observar experimentalmente. No debemos perder de vista las posibilidades remotas de hallar pruebas que confirmen la teoría de cuerdas, tal como se explicó en el capítulo 9. Además, a medida que profundicemos en nuestros conocimientos, habrá sin duda otros raros procesos o aspectos de la teoría de cuerdas que sugerirán otros procedimientos experimentales indirectos” [p. 326].


A partir del párrafo anterior, la exposición de Greene es densa en subjuntivos, que si bien son válidos en ciencia para construir las hipótesis, suenan muy extraños en una teoría que pretende explicar todo el comportamiento del Universo. Por lo tanto, lo que Greene admite es que la teoría M no ha tenido verificación experimental.

Hace varios siglos, con un sencillo argumento la filosofía sacó la tarjeta roja a Dios porque pretendió crear el mundo a partir de la nada. ¿Por qué habríamos de permitirle a la ciencia la misma osadía? ¿Es tan difícil de entender con Lucrecio que “De la nada, nada/¡Ni alguna cosa hacerse de la nada,/Confirman mis probados argumentos!?”:

Ninguna cosa nace de la nada;
No puede hacerlo la divina esencia:
Aunque reprime a todos los mortales
El miedo de manera que se inclinan
A creer producidas por los dioses
Muchas cosas del cielo y de la tierra,
Por no llegar a comprender sus causas.


La ciencia, quizá sabedora de nuestra enemistad, no puede sino dejar de pedir la desaparición de su enemiga. Varias veces mi gobierno ha querido deshacerse de la matrícula de filosofía. ¿Cómo enfrentar críticamente el mundo, sin las herramientas para ello?

¿Podemos prepararnos a criticar un libro que aún no hemos leído? Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, en su nuevo trabajo The great design rescatan y actualizan muchas de las ideas expuestas arriba: un Universo basado en la teoría M, (y por lo tanto en una maravillosa hipótesis, que no teoría), con un Big Bang que supuestamente descarta a Dios como creador del Universo, pero que hace eco fantasmal de la Creatio ex nihilo, y que pretende desterrar a la filosofía para erigir a la ciencia como discurso hegemónico del mundo. ¡Que Dios nos libre de que sea sólo la ciencia quien nos dirija!

¿Cómo enfrentar las hegemonías? Por mi formación irracionalista, no tengo sino una propuesta defectuosa: no debería privar un árbitro de los discursos, sino que bien podríamos admitir que la búsqueda la estamos haciendo entre todos, y este ensayo es mi contribución a dicha idea.

Alguna vez Kant se preguntó si la metafísica podría presentarse como ciencia. Hoy volteamos la tortilla y nos preguntamos: cuando la ciencia plantea “Porque existe la gravedad, el Cosmos puede crearse por sí mismo?” [Hawking, 2010], ¿puede presentarse la ciencia como metafísica? Y esto, sin que la ciencia misma lo advierta. Algo podemos empezar a hacer, por lo menos a muy pequeña escala. En casa, podemos reemplazar la palabra “nada” del Big Bang por “singularidad”. En El universo elegante de Brian Greene se usa muy poco la expresión “nada”, aunque Greene ni siquiera advierte su carácter paradójico en la definición que citamos del agujero negro sin masa. ¿No sería apasionante que a los filósofos se nos permitiese especular con tan curiosa definición? Ahora bien: a la “teoría de cuerdas/teoría M” podemos llamarla “hipótesis M”. Es poquísimo, lo sé; pero algo es algo, dijo el calvo Diablo, y se tocó tres cabellos.

Cuando la ciencia no puede criticarse deja de ser ciencia y se convierte en dogma.

Si tuviésemos que considerar Todo lo que sea verdad de la teoría M, ¿qué quedaría de ella en virtud de su confesa inverificabilidad?

Por eso, si se quiere negar a Dios sin niveles, hay que abandonar la ciencia y atreverse a recorrer los bravos senderos de la filosofía.

Por lo tanto, aquí construyo mi pequeño edificio apoyado en los hombros de gigantes: materialistas, lógicos, ontólogos. Un concepto debe definirse sin contradicciones, pues se excluirían. Los caracteres de Dios son mutuamente excluyentes, y son por consiguiente, contradictorios. Luego, no hay concepto alguno de Dios. Y no necesito de la física de partículas para averiguarlo. Es cuestión de lógica.

***
Mini Bibliografía

Web

Para elaborar este ensayo me fue de mucha utilidad consultar el enlace del Repositorio de Ciencia, que conocí en la hermosa página del Dr. Gen. Clic aquí.


Por supuesto, los magníficos comentaristas de Razón Atea también están presentes.

***
General

Davies, Paul. Superfuerza, Salvat. [Versión original en inglés, 1984]
Greene, Brian, El universo elegante, Drakontos. [Versión original en inglés, 1999]
Hawking, Stephen & Leonard Mlodinow, The great design, 2010.

sábado, 3 de octubre de 2009

Luna que marcha atea sobre San Hipólito

Enrique Arias Valencia


Érase que se era una promesa que hizo la profesora del parvulario: aquel niño que obtuviese la más alta calificación de aprovechamiento sería elegido para representar al Benemérito de las Américas, don Benito Juárez García, en un festival escolar. Por grados, en cada salón se hizo lo mismo. Y hete aquí que en primer año, en vista de mi adelanto en los estudios, me tocó actuar como Benito Juárez pastorcito.

¡Laicismo! Desde siempre disfruté de los ideales de la escuela laica. A veces escuchaba horrorizado los relatos de aquellos amiguitos míos que estudiaban en colegios católicos. Golpes para castigar eran la norma. Yo, en cambio, había sido seleccionado para actuar en el papel de un niño que al llegar a la edad adulta se atrevió a separar iglesia y estado antes que Rusia, antes que España, antes que Gran Bretaña e incluso antes de que clareara la unificación en Alemania e Italia.

¿Qué es la vida? ¿Es esto todo lo que hay? Discordias interminables, necesidades insatisfechas, enfermedades incurables y muertes sin sentido. A mis ojos curiosos la televisión y la experiencia personal me mostraban un mundo desolador. Desde niño fui ateo en secreto. ¿Dónde estaba el Dios bueno del que tanto me hablaban los adultos? De oídas me enteré que había partido el siglo anterior en una carroza fúnebre tras haber firmado Nietzsche el acta de defunción de su ilustre pasajero. ¡Dios es pasajero! El mío era un ateísmo intuitivo antes que racional. Más tarde, a medida que mis estudios avanzaban la ausencia de Dios se fue matizando conceptualmente. Que el Universo era regido por el Sol y no por nuestra Tierra: se lo debemos a Copérnico. Galileo se atrevió a afirmar que "El libro de la naturaleza está escrito en el lenguaje de las matemáticas". Por su parte, Kant había argumentado que el conocimiento está regido por la razón. No había habido creación de especies separadas, pues Darwin había descubierto que todas incluyendo la humana eran hijas de la evolución que resulta durante la lucha por la existencia y la supervivencia del más apto. Marx criticó el capitalismo pero nadie ha podido superar dicho sistema, el cual se ha vuelto verdaderamente salvaje. Freud nos arrebató el alma para sustituirla por una psique desequilibrada. Hoy Dawkins insiste en que la selección natural no opera al azar, ni por diseño. Weinberg argumenta que bien mirado, el Universo no tiene sentido. Por contra, Gustavo Bueno, el pensador del materialismo filosófico prueba que el término "Universo" es demasiado metafísico como para tomarse en serio, y así ad infinitum. Como Golum, el espíritu de Dios fue a refugiarse entre las brechas, y mientras el arroyo reflejaba su imagen, allá fue alcanzado por el más feo de los hombres.

“¡Se respetan las personas, se cuestionan las ideas!” A lo largo de mi vida, Benito Juárez me ha acompañado con sus dilemas. Su figura a veces me ha indignado: quizá debamos a sus decisiones el extravío de los archivos de San Jerónimo, el convento donde vivió y escribió sor Juana Inés de la Cruz; seguro que fue su gobierno liberal quien demolió varios de nuestros monumentos nacionales por el solo pecado de ser edificios religiosos. Y sin embargo, Juárez estaba interesado en las ciencias, en el ferrocarril, en el progreso. El presidente de origen zapoteca tenía en gran estima el Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España de Alexander Von Humboldt; veía en él una promesa de adelanto. Quizá también a Juárez le conmovió cuando en los prolegómenos del Cosmos, Humboldt hablaba de un "empirismo racional".




En mi navegar por Internet fue así que en el blog de Tork me enteré de que había sido convocada en la Ciudad de México, con sede gemela en Guadalajara, la Segunda Marcha Atea “Por una sociedad laica y sin discriminación” para el domingo 27 de septiembre de 2009. Cuando llegué los organizadores tuvieron a bien facilitarme una hermosa bandera con una A negra, leyenda solferina, que blandí orgulloso. Varios pendones más fueron distribuidos entre los manifestantes.

La cita de partida y de llegada sería el Hemiciclo a Juárez. Mármol dórico, cráteras en los extremos, ocho fustes, escalinata tentadora, al centro del semicírculo clásico es coronado don Benito por un ángel secular, la Gloria, mientras la República ilumina la escena con la antorcha de la libertad. ¡Juárez, siempre Juárez! Enfebrecido, al terminar la caminata atea subí al estrado del anfiteatro y tras las extendidas alas del águila republicana, antecedida por dos leones, en el sitio de honor ondeé el único lábaro con el que me siento identificado: el pabellón ateo. Fue sólo un instante, perdido en medio de una manifestación pacífica, ordenada, con decidido amor al progreso.





Muy a pesar nuestro, y según mi parecer, la estrella del liberalismo, con todos sus bemoles nos iluminaba desde el cielo juarista. A lo largo del día, varias veces se repetirían las referencias al Indio de Guelatao. Antes de la marcha, un ávido viandante preguntó: “¿Era Juárez ateo?” Por ahí un informado ateo replicó: “No. Juárez era masón, y los masones creen en el Gran Arquitecto del Universo”. No pude menos que sonreír. Después de todo, ¿qué cosa es el Gran Arquitecto del Universo? Durante el trayecto, a un hombre mayor se le ocurrió gritar: “¡Viva Juárez!” y no han faltado críticos al exabrupto político. Por ejemplo, Héctor Julián Coronado Cervantes sentenció en su blog:


“De vuelta al Hemiciclo, oí a uno de los organizadores echar vivas a Juárez. Me provocó el mismo desconcierto que los gritos que se echan cada 15 de septiembre. Oír gritos de vivas a un muerto (por más notable que haya sido) me suena, por lo inútil, a invocación zombie”.


Más tarde nos enteramos de que el responsable de los incitantes vítores al Benemérito era ajeno a los promotores de la Marcha Atea. Aun cuando nuestra manifestación era apolítica, no pude evitar pensar qué sería de nosotros sin Juárez. Quizá el proceso secularizador de México se hubiese retrasado, como sucedió con la revolución industrial, por ejemplo. Tal vez seamos peces ateos en un océano de aguas juaristas, que no hemos advertido que gran parte del oxígeno laico de nuestra patria se lo debemos a los liberales del siglo XIX.

Una de las consignas que coreamos decía: "¡No creo ni rezo, pienso y actúo!" Durante la jornada conocí a Tork, a Ramasknight, a Martín Fragoso (con su playera de Jesucristo metalero), a Incognia, me parece que a Rafita y a varios compas más. Extrañé a Christian, a quien no conozco en persona. Cuando pasamos frente a San Hipólito los altavoces del templo comenzaban a cantar: “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo”. Las esbeltas torres cuya arista, torsión imaginaria, esquina real apunta hacia el observador de frente a la fachada siempre me han fascinado. Campanario barroco, rejas que abrazan un atrio íntimo en declive escalonado. Al lado, el convento es una magnífica fiesta de arcos y fustes. Retrasado como iba, pues el cansancio me había empezado a vencer, mi bandera era la de la estrella solitaria que se enfrentaba a un mundo dominado por intereses espirituales, más que racionales. Pero, para un irracionalista como yo, ¿qué es la razón?





Hay quien dice que Hipólito fue el inaugurador de la lista de antipapas; si bien, después abjuró de sus posturas. La fiesta del conspicuo mártir, el 13 de agosto de 1521 la ciudad de México Tenochtitlán cayó en manos españolas. Al atardecer el capitán Hernán Cortés ordenó colocar la piedra angular del primer templo católico en el Continente Americano. Como era costumbre, éste fue dedicado al santo del día. Cuatrocientos ochenta y ocho años después, un sereno contingente ateo pasaba frente a la popular iglesia. Al día siguiente se celebraría ahí la multitudinaria pachanga de San Judas Tadeo. En nuestro desfile, la consigna que más me gustó decía: “¿Quiénes somos?” Y respondíamos: “¡Ateos!” Fue una experiencia inolvidable corear aquello frente al templo de San Hipólito. El año pasado, al coincidir la marcha con la fiesta de San Judas, algunos momentos fueron hilarantes.

La paz destacó en nuestra marcha. Prácticamente nadie nos agredió, sólo uno que otro peatón nos cuestionó, sin llegar jamás a la violencia. Ramasknight se encargó de debatir con un hombre que intentó hablarnos de “El Dios Verdadero”. Una señora nos invitó “A reconocer que Dios vive en cada uno de los seres de la naturaleza”. A aquellos que sostienen que “todo es uno” me gusta probarles que de cualquier manera, no compartirían su cuenta bancaria conmigo, luego, no todo es uno en el universo económico.

Y fue la mañana y la tarde del segundo día ateo. Volvimos al Hemiciclo a Juárez, y en medio del razonado furor que se atreve a proclamar que Dios no existe, no pude evitar subir al estrado para ondear la bandera de un ateísmo joven que a mí me alcanzado en una edad que se precia de su desencanto.

Enlaces de interés:

Tork

Libre Pensar

Colibrí Zurdo

Ateos Mexicanos

Ateísmo mexicano

ADM.org

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Encuentro

Por: Simbol

Fue un fúnebre momento, quizás a medio día
Inesperadamente, y en una calle oscura
De frente me encontré con ¡¡La Filosofía!!
Con su traje de Papa, su bastón y tonsura.

No venía sola, no. Que tenía compañía
Un viejito algo torvo de mala catadura
Que le hablaba al oído y a veces sonreía
Y ella le contestaba, con algo de amargura.

Le dije: ¿Con quien andas que parece tu esclavo?
¡Pues hombre! ¡Con quién más que con mi fiel Gustavo!
¿Y qué es lo que le dices que suena como un llanto?

Pues que me han remitido innumerables quejas
De una de sus mas fieles y obedientes ovejas:
Me refiero a Toledo. ¿Por qué joderá tanto?

lunes, 23 de junio de 2008

El materialismo idealista de Gustavo Bueno

Enrique Arias Valencia

ADVERTENCIA PRELIMINAR:
El siguiente texto no pretende ser una crítica dogmática del materialismo filosófico, sino un ensayo de crítica, basado en la destrucción de la tradición occidental con un proceder esteticista y jovial. La lectura de este texto en voz alta en una reunión con mis amigos, llevó a las caracajadas a uno de ellos, y a observar que yo soy un nihilista. Por el contrario, un airado lector de la red advirtió deshonestidad intelectual en mi página. En todo caso, yo juzgo mi ensayito como irreverente y gracioso. Tiempo ha que los políticos saben que pueden ser caricaturizados. ¿Llegará el tiempo de que las ideas también lo sean? No esperéis a que ese tiempo llegue; tomad vosotros la iniciativa, pues hay quien amenaza con quedarse hasta con vuestra sonrisa. De cualquier manera, quizá lo más valioso de este documento esté en las apostillas de Fernando G. Toledo, en las que se refutan mis tesis.

El idealismo y el materialismo filosóficos son dos caras de la misma moneda.

Demostración: tanto el materialismo filosófico como su contrapartida idealista afirman poseer un conocimiento indiscutible de las condiciones inherentes del universo. Luego entonces, según esta definición, ambos son idealismo. Sin embargo, esta misma definición sujeta las ideas a especificaciones estrictamente dadas, esto es, a materia. Así que, ambos son, en este caso, materialismo.

Desarrollo: el materialismo supone que todo, incluso la conciencia, está contenido en la materia y se sujeta a fuerzas materiales o leyes de la materia. No obstante, a partir de que la materia ostenta propiedades concretas, como las adjudicadas en fuerzas o leyes o géneros de materialidad M1, M2, M3, es por consiguiente, ideal. *

Sin lugar a dudas el materialismo filosófico nos permite una explicación del mundo con una óptica rigurosamente idealista, como la impecable diferenciación y actividad de aquellos géneros que se toman como representativos de la materia: M1, M2, M3. Por lo tanto, el materialismo filosófico es una forma de idealismo.

Por otro lado, el idealismo presupone que el universo entero, incluyendo la materia, está contenido en la idea. Con todo, si el universo es y sólo puede ser la idea, esto es dado inmediatamente y no tiene manera de ser otra cosa más que sí mismo, por consiguiente no es ideal sino material, porque la materia es lo dado sin mediación. Por lo tanto, el idealismo es una forma de materialismo.

1° Escolio: lo que se ha hecho con Bueno hacedlo con Leibniz, y podréis hablar del materialismo de Godofredo.

Pasatiempo: intercambiad las palabras mónada y género de materialidad en las obras de los autores mencionados en el escolio. Quizá obtengáis vuestra propia explicación del mundo. Si necesitáis una M más, no dudéis en incorporarla: que la materia no os limite.

2° Escolio: Si eres idealista, prueba a decirle a Gustavo Bueno: “¡Usted no sabe de la materia más que yo!”. Si eres materialista, también puedes decírselo.


3° Escolio: Si eres idealista, prueba a decirle a Gustavo Bueno: “¡Usted no sabe de la la materia trascendental (M), más que yo!”. Si eres materialista, también puedes decírselo.**



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* Crítica de Fernando G. Toledo: ¿Qué menjunje es éste? El fragmento pide el principio de identificar materia exclusivamente con materia primogenérica (por eso habla de propiedades sujetas a «fuerzas»). Sin embargo, luego, a pesar habla de que hay tres géneros de materialidad y entre ellos M3 (ideal), dice que la materia es (sólo) ideal.

**Refutación de de Fernando G. Toledo: ARIAS: "No, hombre. La frase correcta deberías escucharla en tus oídos: «¡Usted no sabe de idealismo más que yo!»".

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Juro por Dios y por Su Majestad que no he leído El mito de la felicidad, y que el título de este ensayo es fruto de un devaneo propio, y que no tiene que ver con el subcapítulo 1 del capítulo 12 de dicho libro: ¡Una de cal por las que van de arena!