Para Fernando G. Toledo, en lo que le soy deudor al materialismo filosófico en el presente trabajo. Los tropezones, seguro son míos.
¿Qué es la ciencia? Sea Universo a mundo y éste a Cosmos. La ciencia es un modelo del Universo. Es, por tanto, una descripción del mundo. Al ser un modelo, éste debe someterse siempre a revisión. La ciencia es en consecuencia, una explicación provisional del Cosmos, y como tal, no puede presentarse como una obra definitiva. Uno de los máximos logros de la ciencia es que cuenta con un aparato crítico que le permite autocorregirse, y así avanzar en su saber.
A partir de lo anterior: ¿Puede la ciencia pronunciarse en forma definitiva y concluyente acerca de la existencia de Dios? En vista de lo presentado, la respuesta debe ser no. Pues la ciencia, al ser una descripción del mundo, no puede pronunciarse en definitiva sobre asunto alguno. Lo único que puede es construir hipótesis, desarrollar un experimento que las confirme o descarte, y elaborar una ley o principio con base en lo planteado y observado.
En sana congruencia con lo anterior, el archifamoso ateo Richard Dawkins, en El espejismo de Dios, al considerar un espectro de probabilidades de la admisión de la existencia de Dios, desde el grado 1° “fuertemente teísta” hasta el grado 7° “fuertemente ateo”, no puede sino admitirse como un agnóstico 6°, pues la ciencia hasta ahí alcanza: “Probablemente Dios no exista, así que deja de preocuparte y disfruta la vida”:
“Yo me cuento a mí mismo en la categoría 6, pero inclinado a la 7—soy agnóstico sólo hasta el punto de que no soy agnóstico sobre la existencia de hadas en el fondo del jardín”.
Dawkins se queja de que la religión frecuentemente pisa el terreno de la ciencia. Pero, ¿qué pasa cuando la ciencia pisa el terreno de la filosofía? Esto empieza a parecerse al recorrimiento de Polonia tras la Segunda Guerra Mundial. Alemania le cede terreno a Polonia para que ésta le ceda parte del suyo a la URSS. Es ya una curiosa tradición que los aficionados a la divulgación científica tenemos que leer cosas como esta:
Paul Davies (1984): “El vacío es el milagroso cuerno de la abundancia de energía en la naturaleza. En principio no hay límite a la cantidad de energía que puede autogenerarse por la expansión inflacionaria. Es un resultado revolucionario en total desacuerdo con la vieja tradición secular de que «nada puede surgir de la nada», una creencia que data al menos de tiempos de Parménides, en el siglo V a. de C. La idea de una creación a partir de la nada pertenecía, hasta recientemente sólo al reino de la religión. Los cristianos han creído desde hace mucho tiempo que Dios creó el universo de la nada, pero la posibilidad de que toda la materia y la energía cósmicas aparezcan espontáneamente como resultado de un proceso puramente físico hubiera sido considerado como algo absolutamente insostenible por los científicos de hace sólo una década” [p. 207].
Brian Greene (1999): “Agujero negro sin masa. En la teoría de cuerdas, un tipo especial de agujero negro que puede tener inicialmente una gran masa, pero que se vuelve cada vez más ligero a medida que una porción de Calabi-Yau del espacio se contrae. Cuando esa porción de espacio se ha contraído hasta convertirse en un punto, el agujero negro ha perdido la masa que inicialmente tenía y ya no tiene nada de masa. En este estado, no manifiesta las propiedades habituales del agujero negro, como es el poseer un horizonte de sucesos” [p. 352].
Stephen Hawking (2010): “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos” [citado en la Web].
Gracias a Davies con la nada hemos topado. Un inesperado chapuzón metafísico en el terreno científico. No será el único, pues el planteamiento de Greene está relacionado con la teoría del Big Bang, la cual sostiene que el Universo comenzó a existir a partir de la nada. Carl Sagan y Stephen Hawking son dos destacadísimos promotores de este planteamiento.
Tras 26 años de lecturas de divulgación de física teórica podemos advertir un patrón en los libros de dicha corriente, una serie de temas que, con ciertas variaciones, se repite como un bajo continuo:
a) El Universo comenzó a partir de la nada. Ésta es la teoría del Big Bang.
b) Hay una partícula indivisible. Los candidatos han sido los átomos, los quarks, y más recientemente, las supercuerdas.
c) Debería haber una teoría que explicara el comportamiento de todo el Universo. Einstein la buscó, pero fue incapaz de conciliar gravedad y cuántica. Desde entonces, han llovido muchas GTU: gran teoría unificada. La más reciente es la teoría de cuerdas/teoría M, la cual, en palabras de Greene:
“Sin duda, el logro de una comprensión total de la teoría de cuerdas/teoría M requerirá un largo y duro trabajo, así como una dosis igual de ingenuidad.
A cada paso que daban por el camino emprendido, los especialistas en teoría de cuerdas han buscado y continuarán buscando consecuencias de la teoría que se puedan observar experimentalmente. No debemos perder de vista las posibilidades remotas de hallar pruebas que confirmen la teoría de cuerdas, tal como se explicó en el capítulo 9. Además, a medida que profundicemos en nuestros conocimientos, habrá sin duda otros raros procesos o aspectos de la teoría de cuerdas que sugerirán otros procedimientos experimentales indirectos” [p. 326].
A partir del párrafo anterior, la exposición de Greene es densa en subjuntivos, que si bien son válidos en ciencia para construir las hipótesis, suenan muy extraños en una teoría que pretende explicar todo el comportamiento del Universo. Por lo tanto, lo que Greene admite es que la teoría M no ha tenido verificación experimental.
Hace varios siglos, con un sencillo argumento la filosofía sacó la tarjeta roja a Dios porque pretendió crear el mundo a partir de la nada. ¿Por qué habríamos de permitirle a la ciencia la misma osadía? ¿Es tan difícil de entender con Lucrecio que “De la nada, nada/¡Ni alguna cosa hacerse de la nada,/Confirman mis probados argumentos!?”:
Ninguna cosa nace de la nada;
No puede hacerlo la divina esencia:
Aunque reprime a todos los mortales
El miedo de manera que se inclinan
A creer producidas por los dioses
Muchas cosas del cielo y de la tierra,
Por no llegar a comprender sus causas.
La ciencia, quizá sabedora de nuestra enemistad, no puede sino dejar de pedir la desaparición de su enemiga. Varias veces mi gobierno ha querido deshacerse de la matrícula de filosofía. ¿Cómo enfrentar críticamente el mundo, sin las herramientas para ello?
¿Podemos prepararnos a criticar un libro que aún no hemos leído? Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, en su nuevo trabajo The great design rescatan y actualizan muchas de las ideas expuestas arriba: un Universo basado en la teoría M, (y por lo tanto en una maravillosa hipótesis, que no teoría), con un Big Bang que supuestamente descarta a Dios como creador del Universo, pero que hace eco fantasmal de la Creatio ex nihilo, y que pretende desterrar a la filosofía para erigir a la ciencia como discurso hegemónico del mundo. ¡Que Dios nos libre de que sea sólo la ciencia quien nos dirija!
¿Cómo enfrentar las hegemonías? Por mi formación irracionalista, no tengo sino una propuesta defectuosa: no debería privar un árbitro de los discursos, sino que bien podríamos admitir que la búsqueda la estamos haciendo entre todos, y este ensayo es mi contribución a dicha idea.
Alguna vez Kant se preguntó si la metafísica podría presentarse como ciencia. Hoy volteamos la tortilla y nos preguntamos: cuando la ciencia plantea “Porque existe la gravedad, el Cosmos puede crearse por sí mismo?” [Hawking, 2010], ¿puede presentarse la ciencia como metafísica? Y esto, sin que la ciencia misma lo advierta. Algo podemos empezar a hacer, por lo menos a muy pequeña escala. En casa, podemos reemplazar la palabra “nada” del Big Bang por “singularidad”. En El universo elegante de Brian Greene se usa muy poco la expresión “nada”, aunque Greene ni siquiera advierte su carácter paradójico en la definición que citamos del agujero negro sin masa. ¿No sería apasionante que a los filósofos se nos permitiese especular con tan curiosa definición? Ahora bien: a la “teoría de cuerdas/teoría M” podemos llamarla “hipótesis M”. Es poquísimo, lo sé; pero algo es algo, dijo el calvo Diablo, y se tocó tres cabellos.
Cuando la ciencia no puede criticarse deja de ser ciencia y se convierte en dogma.
Si tuviésemos que considerar Todo lo que sea verdad de la teoría M, ¿qué quedaría de ella en virtud de su confesa inverificabilidad?
Por eso, si se quiere negar a Dios sin niveles, hay que abandonar la ciencia y atreverse a recorrer los bravos senderos de la filosofía.
Por lo tanto, aquí construyo mi pequeño edificio apoyado en los hombros de gigantes: materialistas, lógicos, ontólogos. Un concepto debe definirse sin contradicciones, pues se excluirían. Los caracteres de Dios son mutuamente excluyentes, y son por consiguiente, contradictorios. Luego, no hay concepto alguno de Dios. Y no necesito de la física de partículas para averiguarlo. Es cuestión de lógica.
Web
Para elaborar este ensayo me fue de mucha utilidad consultar el enlace del Repositorio de Ciencia, que conocí en la hermosa página del Dr. Gen. Clic aquí.
Por supuesto, los magníficos comentaristas de Razón Atea también están presentes.
Davies, Paul. Superfuerza, Salvat. [Versión original en inglés, 1984]
Greene, Brian, El universo elegante, Drakontos. [Versión original en inglés, 1999]
Hawking, Stephen & Leonard Mlodinow, The great design, 2010.



