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sábado, 23 de junio de 2012

El amor percibido a los doce años

Enrique Arias Valencia

Hay cosas que percibo aun cuando yo no haya decidido percibirlas. Hay cosas que he decidido percibir y que sin embargo, no percibo. ¿Qué es lo percibido? De entre lo percibido, hay algo que destaca por atractivo, por estimular en nosotros el sentimiento de placer y displacer. Recordemos que Immanuel Kant nos ha ayudado a ver en lo bello aquello que corresponde al siguiente esquema:

Cualidad: sin concepto.
Cantidad: universal.
Relación: finalidad sin fin.
Modalidad: necesario.

¿Seguro que así funciona? En tal caso, tal vez sólo las flores serían bellas, pues ellas placen sin decirnos nada, su belleza es aceptada por todos, gozamos con ellas sin atender a objetivo alguno y necesariamente admitimos esto como cierto. Pero, ¿son sólo bellos aquellos objetos que se acomodan al severo juicio reflexionante? Al declinar el siglo XVIII, ya Friedrich Schiller había elaborado una espléndida crítica a las tesis estéticas kantianas. ¿Qué es pues, lo bello, y quién es el árbitro de tan difícil materia?

¿Quién soy?

Vine al mundo sin saber porqué. ¿Qué hago aquí? ¿A qué he venido? Omar Kayam lo ha dicho en forma de poema:

Al mundo me trajeron sin mi consentimiento
y los ojos abrí con sorpresa infinita,
partiré después de reposarme un tiempo
sin saber la razón de mi entrada y mi salida.

El primer sentimiento es la admiración, que se volcará en asombro con el paso de los años. Asombro permanente: ante lo bueno y lo malo, lo bello y lo sublime, lo verdadero y lo espantoso. ¿Quién puede ayudarme a buscar la belleza en este mundo? ¿Podríamos, por un conjuro, percibir por un instante el mundo como alguna vez lo percibimos, como cuando teníamos doce años? ¿Quién era yo a los doce años?

¿De dónde vengo?

He llegado tarde a todos los compromisos. Casi no me entusiasmó la música de mi generación, si bien fui sensible a algunas excepciones. Me pareció curioso, hoy diría tal vez tragicómico, que la jarocha Yuri cantara baladas con inusuales reminiscencias de trompetas bachianas. He dicho tragicómico, aunque la palabra no es exactamente esa, porque cada vez que escucho la solemne intervención de los vientos en estas piezas, mi corazón cree encontrarse en medio de una revelación sobrenatural. Ahí tenemos “Esperanzas” de Yuri, con sus versos contradictorios, pues las primeras líneas sostienen categóricas:

Sólo tengo recuerdos de un pasado feliz.
Sólo tengo añoranzas en mi mente de ti.
Vuelve aquí.

Para, a renglón seguido, hablar de años difíciles que quiere borrar de la memoria:

He vivido unos años algo duros sin ti
Ahora quiero olvidarlos y volver a reír.

Por fin: ¿qué hay en la mente aferrada a un amor pasado? ¿Únicamente recuerdos que hablan de los días felices o tiempos rudos que se preferiría olvidar? Por confesión propia, ambas cosas. Por lo tanto, nos pese o no, los que vivimos creyendo que todo tiempo pasado fue mejor también tenemos la cabeza ocupada por las inclemencias del presente. Y si la belleza tiene que ver con lo mejor, entonces la belleza no es, en consecuencia, la pura muestra sin concepto, sino toda una pléyade de sentimientos, no sólo el del placer y displacer, sino de todo aquello que tenga sabor humano, como el concepto de la angustia, por decirlo en términos del existencialismo kierkegaardiano.

Al final, las armonías que despide la canción recuerdan tanto a Johann Sebastian Bach como a Richard Clayderman: lo mejor y lo peor se dan cita para hablarnos de la nostalgia, un sentimiento peligroso porque nos ancla al pasado en vez de permitirnos abrir las puertas del presente.

Yuri aún canta aquel que fuera uno de sus más tempranos éxitos. Lo acaba de hacer en Viña del Mar en 2011. En lo personal me parece que en esta versión en vivo la línea del teclado queda descontextualizada de las “Esperanzas”. Pero la voz de Yuri compensa los descalabros. Consultando internet me he enterado que esta canción fue cantada por primera vez por un dueto español, Pecos.




También recuerdo que cuando estaba en la escuela primaria canté una parodia de “La ladrona” de Diego Verdaguer:

Mi corazón es delicado…
Pues vete a un hospital y asunto arreglado…

Asimismo me pareció maravillosa “Mi gran noche” con Raphael. La encontré vigorosa y llena de vida. En la letra, se hacía uso de uno de los elementos más importantes de todo idilio: la expectativa. Y cuando la vida comienza, es decir, cuando se tienen sólo doce años, la vida entera tiene el esplendor rampante de la expectativa. El mundo nunca ha dejado de asombrarme, aun en aquello que podría parecer banal…

¿A dónde voy?

Soy un ser social, y por lo tanto, he sido influido por mis padres, mi hermano y mis primos. Mi hermano presume que cuando yo voy a la música popular, él ya viene de regreso. Pero, ¿no podría presumirme lo mismo mi prima Rosa quien, cuando éramos niños nos invitó a ver una película llamada Una aventura llamada Menudo? Y a la fecha, puedo identificar algunas canciones de aquel grupo ochentero.

¿Qué hacer con todo aquello que escapa a lo cualitativo, a lo cuantitativo, a lo relativo y a lo modal? ¿Qué hacer con lo que según los académicos no es bello, pero que de todas formas vive en tanto que bello en nuestro corazón estético? ¿Qué hacer con la cultura popular?

Kant y la gente culta lo ponen demasiado esquemático: “esto es bello si y sólo si no es conceptual”. Sin embargo, no sólo el concepto, sino los retruécanos contradictorios de la cultura popular perfilan nuestra experiencia de la belleza. En lo que Kant no se equivoca es cuando dice que “Nada es en sí la belleza sin atender al sentimiento del sujeto”. Y es en atención a la subjetividad que he abordado este ensayo.

Gracias a la influencia de nuestra madre, tanto a mi hermano como a mí nos gustó la música clásica. Sin embargo, él además supo deleitarse con los frutos de su tiempo, en tanto que a mí con mi solemne lentitud, tarde me llegó el amor por lo popular, a pesar de que me conmovió aun antes de que yo cumpliese doce años. En lo que a mí respecta, la mayoría de las primeras canciones de la cultura popular que escuché me hablaban de un sentimiento que entonces no experimenté. Tardé años en enamorarme por primera vez.

El primer amor es el amor por la línea, por la melodía. Que los ateos me perdonen: esto es una epifanía. Y que los creyentes me dispensen, pues el Dios que se revela no es Jesús. La belleza es bandera de un mundo donde se vive en la santa paz de las armonías del espíritu.

domingo, 15 de mayo de 2011

De la Voluntad o La Valquiria

Enrique Arias Valencia

Le estás hablando a tu voluntad,
cuando me dice tu voluntad.
¿Quién soy yo
sino tu propia voluntad?
Brunhilda en La Valquiria


La ciencia es sólo un modelo de la realidad, pero no es la realidad misma. Hay que recordarlo cuando la ciencia refuta temas fuertes como la existencia de Dios o el libre albedrío. Según el modelo de la ciencia, yo no tendría libre albedrío porque según el modelo de la ciencia yo no debería tenerlo. No obstante, no hay que olvidar que la ciencia es un modelo de la realidad, y no la realidad misma. La ciencia se acerca lo más posible a la realidad, pero no puede sustituirla. La realidad no se aprehende por completo con un modelo, siempre hay algo que se desase del modelo, que es rebelde a él, y cuyo comportamiento no puede reducirse a la explicación del modelo. La realidad es superior a cualquier modelo: sea éste científico o moral.

Ése es el defecto de la ciencia: su rotundo sí y su rotundo no sobre temas fuertes, olvidando su carácter de representación. ¿Que todo puede explicarse en términos de las partículas y las fuerzas y que en vista de que en ellas no hay propósito, luego el mundo en sí no tiene propósito? ¿Que por lo tanto no hay libre albedrío? No olvidemos: si lo que hay en última instancia son fuerzas y partículas, eso lo sostiene un modelo, con un montón de supuestos.

Por eso el arte es rebelde al modelo científico, y nos muestra arquetipos en lo que podemos ver el despliegue de la voluntad. En mi caso, no es Richard Dawkins quien me habla al fondo de mi corazón, pero tampoco es el catolicismo. No es el cine tampoco. Son la poesía y la música. La poesía no habla de modelos: habla de arquetipos. La música ni siquiera habla de arquetipos: su mensaje supera al intelecto, y habla directo el lenguaje de la voluntad.

Con Richard Wagner encontramos la más bella metáfora del triunfo del libre albedrío en La Valquiria. Wotan le ordena a su hija Brunhilda hacer algo que repugnará a la valquiria. Y ella procederá a seguir los dictados de su conciencia, aunque esto implique desobedecer los aparentes dictados de su padre. Desobedecer a un dios significa modificar el orden cósmico, y eso es lo que hará Brunhilda. Es curioso, pero la orden de Wotan también repugnaba al propio dios.



Ante una situación trágica sólo el libre albedrío ilumina la escena. Somos más libres que Dios cuando procedemos desde nuestra conciencia, y no desde los dictados de Dios. Dios es esclavo de sus pactos y leyes, y atado como está a ellas, sólo puede confiar en alguien que trascienda los pactos y leyes: un alma libre, y esa es Brunhilda.

Por eso, algunos de nosotros, estetas, preferimos ver trastocado el orden del Valhala y el de la torre de marfil de la ciencia antes que claudicar ante un poder de oscuros pactos y leyes.

En pantalla gigante, desde el Met de Nueva York he podido disfrutar en pantalla gigante de La valquiria: todo un triunfo de la voluntad, capaz de desobedecer al propio Dios para seguir los más oscuros senderos del corazón. Cuando la ciencia llegue a la edad adulta, entonces descubrirá el libre albedrío que ahora niega. Después de todo, la libertad de acción es un signo de madurez.

¡Muera, por tanto el Valhala, con todo su esplendor!

domingo, 1 de mayo de 2011

Primero ensayo en Do

Enrique Arias Valencia


¿Acaso es bella la nota Do? En cierta forma, Kant nos ha enseñado que sí. Incluso es bella porque sabemos desentendernos de ella. La nota Do es bella porque nos contenta o descontenta sin brindarnos concepto alguno. Por consiguiente, Bach, Mozart, Beethoven, y hasta los compositores contemporáneos han encontrado bella la nota Do. Do ha sido aceptada universalmente como una nota bella. Por lo tanto, es necesario que Do sea bella, como si cumpliese un propósito que, sin embargo, permanece oculto a la razón. El sentimiento que despierta en nosotros la nota Do: bello propósito sin fin que permanece en nosotros.


La palabra acuerdo significaría que las cuerdas se conforman a una norma: digamos, la 432, Do 256. Y pasamos a otra nota. Por lo tanto, decíamos, Do es bella porque sabemos desinteresarnos de ella. Por lo tanto, el sentimiento que despierta en nosotros la nota Do es necesario para amar la música. No es bella por sí misma, es bella cuando la referimos a nuestros sentimientos.


Lo mismo podríamos decir de cada nota, de cada acorde, de cada motivo, aunque quizá ya no de cada melodía ni de cada estilo musical. Encontramos belleza en lo más general, lo que sigue es cuestión de agrado, quizá. Sostendremos lo mismo de la luz y la oscuridad, y de cada color.


¿Y en poesía, qué decir en poesía sino que nos placen la rima y el metro? En 1670 Sor Juana escribió un poema para celebrar la construcción del Templo de San Bernardo, en la muy noble e insigne, muy leal e imperial ciudad de México. El metro y la rima de sor Juana son perfectos, modelo de arte elevada:




A este edificio célebre


sirva pincel mi cálamo


aunque es hacerlo mínimo


medida de lo máximo.




Pues de su bella fábrica


el espacioso ámbito


excede a la aritmética,


deja vencido el cálculo.




Donde aquel Pan angélico,


entre accidentes cándidos,


asiste como antídoto,


quiere estar por viático.





Le he leído a Nietzsche un pensamiento que también ha cristalizado en la imaginería popular del siguiente modo: “Los dioses tejen las desdichas de los hombres para que los poetas tengan algo que cantar”. Es así que en 1861, durante la guerra de Reforma, el célebre convento de San Bernardo de México, fue demolido por completo. Sólo se salvó una parte del templo. El pintor José María Velasco pintó algunas escenas de tan triste acontecimiento. Advirtamos que al disgustarnos sin interés, en un juicio de gusto universal, bello despropósito sin fin, es necesario descubrir la enérgica belleza del sublime nacimiento del México moderno entre las ruinas del templo de san Bernardo en el pincel de Velasco.








¿Qué pasa cuando el dolor es sin interés ni concepto, cuando se antoja universal y necesario? Tal dolor deja de ser fuente de infelicidad y se convierte en manantial de belleza. ¿Cómo llamaríamos a aquel ateo que sabe cultivar dicho dolor, sino esteta, y su dolor sería, por lo tanto, bello? No soy optimista, soy ateo, pero no veo la vida como un Valle de Lágrimas, salvo en su misteriosa belleza.


¿Cómo era de hermoso el templo de San Bernardo que arrancó a sor Juana un bello trabajo de poesía? No lo sé. Lo que sí sé es que en vista del triste papel que la Iglesia Católica desempeña ahora que se acerca al ocaso, no puedo dejar de advertir que liberales de Juárez hicieron bien en procurar el laicismo para nuestro México. Sin embargo, al ser partícipe de la destrucción del patrimonio cultural, el partido de Juárez se hace odioso para el ateo esteta. Por lo tanto, la historia de México es con Juárez, trágica; y sin Juárez, trágica.








He partido de la nota Do para comenzar este ensayo, y me he dirigido a lo muy particular del martirio del templo de San Bernardo. Para regresar a la tónica, modularé este ensayo con una visita al Museo José Luis Cuevas. Este recinto cultural está alojado en lo que fuera el Convento de Santa Inés. Con su belleza, ¿da una idea de la magnificencia del extinto convento de san Bernardo? No podemos saberlo.


Este sábado 30 de abril asistí a un concierto que el Ensamble Alter Voce brindó en el patio de la Giganta del Museo José Luis Cuevas. Dirigido por Rodrigo Castañeda, Alter Voce nos deleitó con un concierto a capella, que comenzó al mediodía en el siglo XVI con el Tourdion de Pierre Attaignant (1494-1552) y terminó en la tarde del siglo XX, con MKL (1984) de U2.


Con un anónimo del Cancionero de palacio “Dindirindin”, del siglo XVI los cantantes nos llevaron al deleite de las notas ágiles. “Triste España sin ventura” bien podríamos hacerla nuestra los mexicanos, pues por ejemplo, lo que le sucedió al muy célebre templo de san bernardo en México es parte del martirio de España. Una canción catalana “El cant des ocells” fue coreado por los pájaros que viven en el patio del museo. La filosofía también estuvo presente en ese juego de espejos que es el yo: “Yo no soy yo” del compositor Inocente Carreño y poesía de Juan Ramón Jiménez. Creo que a ésta siguió “Esta tierra” de Javier Busto.


La música popular tuvo su parte con el Bullerengue de José Antonio Rincón. También escuchamos tres piezas mexicanas: “A la orilla de un palmar”, de Manuel M. Ponce y la sandunga y la bamba, todas en arreglo de Ramón Noble. La aventura estética incluyó un paseo por África, con una pieza llamada “Caminando en la luz de Dios”.


Y así regresamos a la tónica de este ensayo: la nota Do estuvo presente en el concierto, pero los estetas pudimos desentendernos de ella, al fundirla en la cascada de melodías con que nos agasajó Alter Voce.

lunes, 11 de abril de 2011

Hermosa luz del arte plumario

Enrique Arias Valencia

Si uno no espera lo inesperado, no lo encontrará, que es difícil e inaccesible.
Heráclito

Este sábado 9 de abril he asistido con gran alegría a la exposición “El vuelo de las imágenes. Arte plumario en México y Europa” en el Museo Nacional de Arte de esta ciudad de México. Lo que sigue lo he elaborado a partir de los cuadros explicativos del museo y mi propia investigación.

Alrededor del siglo XVI el centro de nuestro México era un lugar privilegiado por una animadísima fauna aviar. Las plumas son uno de los elementos más coloridos y sorprendentes del reino animal. En aquel dichoso tiempo se cultivaban en esta región varias artes. Una de ellas era el arte plumario. Los indígenas mexicanos sabían utilizar las plumas de ave para engalanar sus atuendos, y también para elaborar lienzos y escudos. Por lo tanto, en México se desarrolló una habilidad conforme a los hermosos caracteres de las plumas en concierto. Los artistas de la plumaria eran los amantecas. Ellos usaban sobre todo quetzal, garza, loro, guacamaya, zacuán, águila y colibrí.

La más famosa de las piezas de arte plumario es el penacho de Moctezuma, el Quetzalapanecayotl. Sin embargo, en el México antiguo no sólo se elaboraban penachos. También se hacían escenas en papel de maguey o de amate e incluso tela, en las que se pintaba la más pura fantasía. En los escudos los temas eran las elaboradas geometrías de la compleja mitología guerrera mexicana.

La labor de los artistas de la plumaria se reseña en el Códice Florentino, donde se explican detalladamente los procedimientos de la elaboración de las obras. Para fijar las plumas en el papel de amate o de maguey o la tela se usa el mucílago de la orquídea tzauhtli.

En el rico universo de la mitología indígena, las aves y sus plumas juegan un papel destacado. Así tenemos que Quetzalcoatl estaba muy triste porque asustaba su forma de serpiente. Entonces leemos en la guía del museo que: “Coyotl Inahual adornó de plumas de quetzal a Quetzalcoatl para liberarlo del aislamiento en que su apariencia de serpiente lo había relegado”. Desde entonces, Quetzalcoatl fue la orgullosa Serpiente Emplumada. Hasta en la Conquista Española estuvieron involucradas las aves y sus plumas: “La llegada de los españoles, adornados con yelmos emplumados es anunciada, según el Códice Florentino, en el espejo de obsidiana que un pájaro habría llevado al tlatoani Moctezuma”. Termina diciendo la guía del museo.

Sacra plumaria de la eucaristía, tras la Conquista de México, los temas autóctonos del arte plumario cedieron su lugar a la imaginería religiosa cristiana. Es así que desde el siglo XVI México se convirtió en el proveedor de obras plumarias del Imperio Español. Con esta técnica los amantecas elaboraron mosaicos piadosos, cubre cálices, mitras e ínfulas, entre muchos otros objetos. El arte plumaria se exportaba a Europa, China, Japón y Mozambique.

No plumaria en la materia, pero sí en el espíritu, una de las más curiosas representaciones del escudo nacional, aparece un águila Habsburgo. Bicéfala posada sobre un nopal. ¡Sincretismo de dos mundos! Plumaria, sí, podemos ver un cubre cáliz del siglo XVI con un motivo geométrico completamente mexica. El autor anónimo novohispano, hizo un mosaico de plumas que hoy se conserva en el Museo Nacional de Antropología.

Podemos ver una mitra e ínfulas, piezas anónimas novohispanas del siglo XVI. Mosaico de plumas sobre papel de maguey y tela. Piezas del museo del Duomo, Venerada Fabrica de Duomo di Milano, Italia.

En un curioso mosaico de plumas sobre lámina de cobre, del siglo XVI, anónimo, hoy en la colección Mario Uvence Rojas, vemos que la Mujer del Apocalipsis, identificada con la Virgen María, calza huaraches.

Aparentemente envejecido por el tiempo, el Cristo Pantocrator Salvator Mundi es un mosaico plumario novohispano del siglo XVI que se encuentra originalmente en el Museo Nacional del Virreinato. Allá en Tepotzotlán pudimos verlo Lísida y yo en 2008. Se trata de Cristo como soberano victorioso del Universo, conjunción de arte plumario e iconografía bizantina cristiana.

En el universo espiritual de la Nueva España las aves son ángeles. La exposición está animada por muestras musicales del tiempo de mayor esplendor del arte plumaria. Es así que podemos escuchar entre muchas otras obras, los villancicos de sor Juana, “A la cima, al monte, a la cumbre” con música de Blas Tardío Guzmán, activo durante la segunda mitad del siglo XVIII y “A este edificio célebre” con música de Andrés Flores (1690-1754). De otro poeta, cuyo nombre no sé “Si el pan y el vino son dos”, con música de Gaspar Fernández (1566-1629) con la Capella Cervantina bajo la dirección de nuestro muy querido y admirado Horacio Franco.

Fue mi padre primer jilguero del alba poética. A él le escuché los primeros poemas de sor Juana. En México, la poesía siempre ha sido muy importante. Los Cantares mexicanos en la traducción de Berenice Alcántara dicen:

“Que tus alas,
tus orillas, las sacudas delante de Dios,
Aquel por quien vivimos”.

La forma “Aquel por quien se vive” es de origen prehispánico y siempre que la escucho me pone la piel de gallina. ¡Mis plumas reniegan de mi ateísmo!

En la colección que se expone temporalmente en el Museo Nacional de Arte, podemos ver de José Rodríguez, activo en la segunda mitad del siglo XIX un Escudo de la República Mexicana de 1829. Las plumas del águila son autorreferenciales.

Alguna vez, entre brumas, verde de los pastos, vi una madrugada varias garzas posarse en mi patio. Vivía entonces en Milpa Alta. En la exposición del museo, han traído varias aves disecadas, mencionaré sólo algunas. Chrysolophus pictus, conocido como faisán dorado. Es quizá el faisán celebrado por Lerdo de Tejada en forma de música. Casmerodius albus, es quizá la garza blanca que se posaba en mi patio. Llamada también garza de dedos dorados. El ejemplar pertenece a la Colección Nacional de Aves del Instituto de Biología de la UNAM. Aquila chrysactos, el águila real, de la misma colección.

Hoy el arte plumario se encuentra en peligrosa decadencia. Sé que estando en Nueva España, el barón explorador Alexander Von Humboldt compró un mosaico de plumas con una imagen de la Virgen, que ya en otra exposición pude contemplar alguna vez. El museo incluye una sala con piezas actuales de arte plumario. Manuel de Jesús Medina es uno de los artistas que todavía lo practican. Se exhibe una Virgen de Guadalupe, mosaico de plumas sobre cobre, colección particular.

Sin embargo, la plumaria influyó durante breve tiempo a las artes del mundo. Hay un anónimo europeo con la imagen del pájaro huitzilin, esto es, el colibrí. Dionisio Minaggio, influido por el arte plumario compuso el Libro de las plumas en 1618. Como ejemplo señalaré la “Imagen que muestra un escenario coompleto de la comedia escrita por Nicolo Barbieri, 1618”. Esta pieza pertenece a la colección de la Blacker-Word Library of Zoology and Ornithology, McGill University, Montreal, Canadá. Hoy también podemos ver en México cinco ilustraciones de aves de Dionisio Minaggio.

El arte plumario fue digno de atención de científicos y artistas del siglo XVI. Ulisse Aldrovandi en su libro Ornithologiae, de 1599 llega a hacer afirmaciones que sostienen que los mosaicos novohispanos de arte plumario están entre la ciencia y el arte. El boloñés Ulisse Aldrovandi pudo ver el San Bernardo del siglo XVI, arte plumaria anónima novohispana, que hoy se guarda en el Musei Civici d'Arte Antica de Bologna, Italia.

Siempre he tenido la gran fortuna de contar con la valiosa ayuda de científicos que aparecen en el momento justo para hacerme disfrutar mejor con el arte, y hoy no ha sido la excepción. Un físico óptico cuyo nombre no me ha sido posible recoger, me revela personalmente un gran secreto que pongo aquí para que sea deleite de quien pueda admirar obras de arte plumario.

Hemos dicho que las plumas de ave son sorprendentes y coloridas. Veamos porqué. Podemos observar que en las plumas el carácter de la luz varía según el ángulo en que sea observada. Dicho fenómeno óptico se llama iridiscencia, y también podemos encontrarlo en las pompas de jabón y las manchas de aceite. Este secreto de las plumas era conocido por los indígenas.

En los cuadros plumarios las plumas de azul turquesa representan el cielo y el manto de la Virgen y las plumas pardas serán trajes de santos y apóstoles.

A continuación, el secreto. Los mosaicos plumarios se elaboraban para ser contemplados desde abajo. Por lo tanto, mi amigo el óptico me indica que es menester que humildemente renuncie a mi ateísmo, y me arrodille frente al mosaico de San Pedro, de los siglos XVI-XVII, procedente de la Capilla del Espíritu Santo de la Catedral Metropolitana de Puebla. Al arrodillarse se hace el milagro visual: frente a mí San Pedro adquiere el brillo de la asombrosa majestad del Universo. Por primera vez en mi vida contemplo extasiado la iridiscencia de la pluma azul turquesa. La materia se desploma, y por un instante lleno de gloria mayestática queda sólo el Espíritu Santo a quien se le canta sin cesar: “Dios Itlazonantzine”. ¡Santa Madre de Dios! Los mosaicos de San Francisco de Asís, San Juan Bautista, la Sagrada Familia y San Juan Evangelista también adquieren un inusitado esplendor. Se trata del libre juego de la imaginación y el entendimiento gracias al efecto de unos mosaicos del periodo virreinal.

Lo quiera o no, dejo de interesarme en un viejísimo mosaico del siglo XVI para admirar la luz prístina de los primeros días de la Creación, cuando vio Dios que todo era bueno. El breve relámpago por el que soy bañado trasciende los conceptos. La naturaleza universal de su belleza nos acerca al reino de los fines, donde la vida se realiza en su sublime necesidad. Una voz en lo alto, la de Kant resuena vigorosa: “El cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral dentro de mí”. Es así como la experiencia estética cobijase bajo sus suaves alas a la razón práctica y a la razón pura.



El milagro del juicio del que he sido testigo en el siglo XXI me transporta a otro que viví veinticinco años antes de que terminara el siglo pasado. En junio de 1975 para celebrar el fin de cursos en el jardín de niños, la profesora nos enseñó a untar mucílago en una cartulina redonda con el fin de sujetar unas plumas blancas alrededor de un diseño con grecas de colores. El círculo era acompañado por una diadema a la que se le sujetaron unas plumas en forma vertical. Fue así como en forma mágica, mi profesora de párvulos nos hizo partícipes a los niños de un arte ancestral. Quizá mi desbordado interés por el arte plumario se derive de lo que pasó aquella mañana, cuando en la escuela descubrí la emoción de vestir un tocado indígena. En cierta forma, todavía soy ese niño travieso de la fotografía: no puedo ser ni cristiano ni ateo. Aquel feliz día, en el parque público, mis padres toman algunas fotografías. Acompañado por mi hermano el querube, soy heredero de un culto secreto, que supo ver en las plumas el emblema de un espíritu que está siempre dispuesto a abandonar este oscuro mundo material en pos de un Universo de belleza y esplendor en las blancas alas de la libertad estética.

jueves, 7 de abril de 2011

Soneto imperfecto con estrambote solidario

Enrique Arias Valencia

Tras el asesinato de su hijo, Javier Sicilia ha dicho que abandona la poesía. Por mi parte, yo no sé ni sumar, ni restar, por lo que mis poemas son siempre de metros y versos imperfectos; pero el dolor me ha revelado el valor de las lágrimas. Si Javier se calla, yo gritaré, pero la mía será una voz sin Dios.


Me acompañaste, casi sin saberlo,
venías, tú con Cristo y yo sin nada,
y alegraste mi tarde desconsuelo,
tu pluma en la Musa transformada.


Escucha, Javïer lo que te digo:
pues según las Escrituras el Padre
vio morir a su hijo, y höy tu hijo
mártir, se encüentra entre los caídos.


No comparto tu fe, has de saberlo;
mas abrazo tu dolor, y lo hago mío,
y agradezco tu voz viva de poeta


en torpes líneas del ateo esteta.
No, no dejes de gritar tu fe, bardo,
sabemos bien que eres santo con huevos.



***
La Carta abierta de Javier en el blog de Ego

lunes, 21 de marzo de 2011

Celebración del Juicio Estético

Enrique Arias Valencia

Nuevamente, este año, asistí a un concierto en el que se interpretó la Novena sinfonía de Beethoven. En el autógrafo que me ha brindado, el tenor José Antonio Díaz apunta: “Para un nonofanático”. A mis amables lectores les suplico que lean este ensayo, pues si bien la obra que he escuchado es la misma de la reflexión anterior, les aseguro que mis juicios son diferentes.

Obertura Coriolano de Beethoven

Tras disfrutar de una fiesta pagana para recibir el equinoccio vernal al pie de la pirámide de Cuicuilco, ahora estoy en el vestíbulo del Centro Cultural Ollin Yoliztli, para asistir al octavo concierto de la temporada de invierno de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, con el Coro Filarmónico Universitario, los solistas Alejandra Sandoval, soprano; Grace Echauri, mezzosoprano; Leonardo Villeda, tenor y Josué Cerón, bajo; todos dirigidos por la batuta de Jorge Armando Casanova. Fuera de la sala, espero a que la soprano Adriana Ruiz Sotelo me entregue un boleto que su esposo, el tenor José Luis Sosa Trujillo me ha prometido. Mientras aguardo la preciada prenda, el tenor José Antonio Díaz charla conmigo. Poco antes de las doce y cuarto, aparece Adriana y me entrega mi billete de entrada. La hermosa aparición de Adriana es saludada por la alegría de mi espíritu. En los caracteres morales se refleja la belleza del alma en forma tal que me hace ver que es en mis amigos en quienes encuentro el mayor deleite ético.

Entro a la Sala Silvestre Revueltas, la cual está atestada. Me sentaré hasta atrás. Como individuo, estoy solo, pero a mi alma Immanuel Kant la ha acompañado a este concierto con su Crítica del juicio. En ella, el filósofo alemán aborda el problema de la estética, y por lo tanto, del arte. He querido, el día de hoy, efectuar una síntesis entre algunos aspectos de esta sección del idealismo trascendental de Kant y la música del concierto que escucharé. Los aciertos son de Kant, los errores son míos, y el deleite de lo bello es universal. Para comenzar diré que el heroísmo de Coriolano place en la realización de su bella finalidad sin fin.

K.200 de Mozart

Kant me invita a reflexionar que el espíritu descubre en el sentimiento de placer y pesar la facultad del juicio de gusto, asombro del principio universal y necesario que, cautivo de subjetividad cree haber encontrado el propósito secreto de la Naturaleza. Juicio por el cual no se puede demostrar nada acerca del mundo, porque dicho principio es en sí mismo indeterminable y por eso no produce conocimiento. Pero encuentra satisfacción en las artes.

¿Puede satisfacernos una sinfonía de Mozart no en tanto que sinfonía sino en tanto que sonido puro? Si la respuesta es sí, luego lo que ha operado en nosotros es el juicio de gusto. ¿Nos gustan los sonidos, el ritmo, la melodía y la armonía? Luego, nos gusta la música.

Novena sinfonía de Beethoven

PRIMER MOVIMIENTO

¿Podemos escuchar el primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven sin esperar identificar alguno de sus temas con alguna situación del mundo exterior? ¿Podemos escucharla desinteresándonos del mundo ordinario? Sí podemos, porque nuestro espíritu estará derramado en la propia música, desnuda de todo asunto ajeno. Sólo se trata del ritmo, el modo, la melodía y la armonía, vertidas en nuestro espíritu sin interés alguno.

Leemos en la Crítica del juicio que “El juicio de gusto es estético”. Kant establece cuatro momentos del juicio estético, el primero, según la cualidad, dice a saber: “Gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llámase bello”. Yo soy un esteta desde el primer momento.

Intentaré aplicar la anterior definición al primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven. Bello es lo que satisface desinteresadamente. Podemos juzgar el primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven sin interés alguno. Por lo tanto, el primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven es bello.

SEGUNDO MOVIMIENTO

Pareciera que el segundo momento del juicio estético está anunciado en el anterior, pues según la cantidad, el juicio estético nos llevará a saber que: “Bello es lo que, sin concepto place universalmente”. Y si hemos despojado a lo bello de interés, ¿cómo podríamos tener de ello un concepto?

Tomemos como ejemplo el Molto vivace - Presto de la Novena sinfonía de Beethoven. Al ser considerado en abstracto, esto es, sin interés, de ahí se sigue que esta música no tiene concepto alguno que ofrecernos, pues si lo hubiere, de inmediato atraparía nuestro interés.

Por eso, al intelecto, la música no le dice nada, pues su lenguaje no es conceptual, es emocional. Es un asunto de alegría y pesar, nada más. Y dicho sea de paso, el pesar de la música es bello pues es ajeno a nuestros intereses particulares. Es un dolor universal que, sin embargo, en su momento también nos comunica con la sonrisa del universo.

En su Crítica del juicio, Kant trató el asunto de los chistes, recomendándolos como fuente de salud para el cuerpo y el espíritu. Uno de los chistes que cuenta Kant, dice a la sazón: “Otro gracioso cuenta, con gran lujo de detalles, la aflicción de un mercader que, volviendo de las Indias a Europa con toda su fortuna en mercancías, se vio obligado a echarlo todo por la borda, durante una tempestad, y se apenó de tal suerte que en la misma noche encaneció su peluca”. Kant aclara que la gracia del chiste consiste en que la apariencia se resuelve en la nada, mostrando un absurdo.

Mozart y Kant usaban preciosas pelucas. Beethoven prefirió soltarse el pelo, y arrojó fuera de sí uno de los más queridos emblemas del Antiguo Régimen.

TERCER MOVIMIENTO

La finalidad sin fin del juicio estético es uno de los aspectos más difíciles de la metafísica kantiana. Ésta aparece al analizar la relación de los fines considerada en el juicio de gusto. Ésta relación es universal y necesaria. Por lo tanto, es independiente de encanto y emoción particulares. Por consiguiente, sostiene Kant que “Belleza es la forma de la finalidad de un objeto en cuanto es percibida en él sin la representación de un fin”.

No puedo decir objetivamente que el Adagio molto e cantabile de la Novena sinfonía es bello. Pero si aparto de mí el interés por la estructura de la obra, en tanto que sonido, este sonido apunta sin la representación de un fin, y entonces, lo encuentro bello.

CUARTO MOVIMIENTO

Hay un enlace en el tercer y cuarto momentos del juicio estético, y es entonces cuando subjetivamente descubrimos la finalidad de la naturaleza. El juicio subjetivo del fin de la naturaleza apunta al enlace entre belleza y bien. Éste sólo puede realizarse en la poesía. Gracias al juicio de gusto, la naturaleza parece tener un propósito. Dicho propósito es una idea de la razón que encuentra su correspondencia en el reino de los fines. Sin embargo, no hay que olvidar que las ideas no son conocimiento de objeto de experiencia alguna. En cambio, sobre el propósito de la naturaleza humana, Schiller pregunta en el himno A la alegría, al que Beethoven puso música: “¿Presientes, oh mundo, a tu creador?”

Ahora bien, según Kant, lo bello, a partir del cuarto momento, esto es, la modalidad de la satisfacción en los objetos, consiste en que: “Bello es lo que, sin concepto, es conocido como objeto de una necesaria satisfacción”.

La satisfacción necesaria está dada en el juicio subjetivo de la finalidad. Es así que el juicio, al ser reflexionante, se pliega sobre sí mismo. Por lo tanto, al contemplar la belleza desinteresada de mi corazón bien puedo advertir que yo no soy un artista, soy un esteta. Si quiero disfrutar con arte, debo relacionarme con artistas. Ha sido una gran alegría charlar con algunos miembros del Coro Filarmónico Universitario: Adriana, Pepe, José Antonio y Alejandra, sobre el pasaje que comienza en el compás 730 de la partitura que me acompaña, y que dice:

Ihr stürzt nieder, Millionen?

Ahnest du den Schöpfer, Welt?

Such ihn überm Sternenzelt,

Über Sternen muss er wohnen.


En el que las voces, por relevos van subiendo a lo que parecen los Cielos, desde la cuerda más baja hasta la más alta y culminan en un “¡Hermanos!” De hecho, Adriana Ruiz fue muy gentil y paciente, pues supo interpretar mi pésima voz y terrible ejemplificación cuando yo me refería a dicho pasaje musical como la parte en la que los cantantes se pasan la bolita diciendo “Ahora vas tú, ahora vas tú, ahora vas tú”. De camino a mi hogar, José Antonio Díaz me ayudó a ubicar mejor este párrafo en la partitura. Esta parte termina cuando el coro canta por última vez “Sobre las estrellas debe habitar”. Gracias al YouTube, ahora sé que esta sección termina en el compás 762 y sigue a la fuga. No puedo dejar de señalar que con su grandilocuencia acostumbrada, Nietzsche comentó este mismo pasaje en El nacimiento de la tragedia, y asegura que es entonces cuando le salen las patitas al fauno.

Dadas las características que la conforman, la Novena sinfonía es una obra ideal, en la que los agudos exigidos a los cantantes así como los requerimientos demandados a la pericia de la orquesta la colocan aparte de la mayoría de las obras humanas. En este sentido, su ejecución sólo puede realizarse como ideal de la razón, y es por tanto, una obra bella en la partitura, y su ejecución es siempre difícil, aunque no irrealizable.

CONCLUSIÓN

El encore de la coda de la Novena sinfonía de Beethoven me permite escuchar temas que preludian la Carmina Burana de Orff. Así también, Kant en su Crítica del juicio abrió las puertas del romanticismo, y su labor fue criticada por Schiller, por ejemplo.

A Kant lo abandono cuando entro en éxtasis místico, gracias a la música. ¡Me sucedió en este concierto a partir del compás 730! Por eso, a pesar de la laboriosa construcción del juicio de gusto estético desprovisto de interés, no puedo dejar de interesarme en sólo algunos aspectos del arte. Es decir, la Novena me gusta como una orgía sagrada, aunque quizá Kant me alegaría que no a todos place de ese modo. Después de todo, como dice una tradicional canción antikantiana “Mi gusto es, ¿y quién me lo quitará?” Y eso no tiene nada de universal.

Bibliografía

Kant, Manuel, Prolegómenos a toda metafísica del porvenir, Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, Crítica del Juicio, México, Porrúa, 1997, Col. “Sepan cuantos”, No. 246, 408 pp. Trad. de la Crítica del Juicio: Manuel G. Morente.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Yo soy una iguanita enhuevada

Enrique Arias Valencia

Recién una generación allende la mía, la numerosa familia de mi abuela, mi padre y sus hermanos todos vivían en una de las riberas del río Grijalva. Niño inquieto como era, mi tío Lorenzo se arrojaba a nadar en la anchurosa corriente, y ahí, en medio de la gloriosa y blanca espuma, descubrió una increíble diversión. Lorenzo había advertido que los lagartos no eran muy hábiles para dar la vuelta en redondo, y el niño aprovechaba esa circunstancia para ganarles a los reptiles un palmo de nado. Fue así que a mi temerario tío le gustaba azuzar lagartos.

Cocodrilos, caimanes, lagartos varios, todos ellos fueron vencidos porque la cola de estos animales les impedía girar con rapidez en un río tan ancho, que barcos de cierto calado atracaban en Villahermosa para cargar y descargar sus mercancías. Hoy la presa de Malpaso ha hecho descender el nivel del río, y aquella ribera ya no es visitada por lagartos.

La selva está grabada en mi alma gracias a los sones populares que mi padre cantaba cuando yo era niño. Uno de ellos decía así:

¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay!
Qué iguana tan fea
Que se sube a un palo
Y se zarandea
Pone su huevito
Y después se apea.


En lo personal, yo veía a las iguanas desafiantemente atractivas. Su reluciente colorido, sus escamas filigranas, su apariencia de pacientes, circunstancia esta última que comparten con otros reptiles, en especial las tortugas, eran el emblema de una época que no me tocó vivir, pero que frecuentemente era evocada por mi padre y su nostalgia por Tabasco.

Una tía materna me había prestado un libro. Gracias a mi tía Graciela en aquella obra tuve un primer contacto con la historia natural. Por eso, la naturaleza pródiga, cuando aún siendo niño y gentilezas de sus fósiles, conocí a los dinosaurios, fue para ellos amor a primera vista. En ellos se simbolizaba cierta pasión reptil, iguanita que crece y se hace gigante como el iguanodonte, o que se hace brava como el tiranosaurio. O que se hace toro como el triceratops, o que se hace trueno como el brontosaurio.

Alguna vez, en cama por los bronquios, mi madre y mi hermano me regalaron un colorado diplodoco de felpa. Fueron los tiempos de parasaurolofos de plastilina y de estegosaurios de hule. De las colecciones de animales prehistóricos de plástico. Una tarde de feria del libro mi padre me regaló mi primer manual de dinosaurios.

Un día mis padres llegaron con una tortuga mojina de mediano tamaño. Estuvo poco tiempo con nosotros, en una bandeja anaranjada. La regalamos, y alguna vez supe que en el jardín donde vivía se había hecho enorme.

Ya antes mis padres me habían regalado una tortuga japonesa. La llamé Pefita, y en cierta forma convivió con una jaiba a quien puse por nombre Bravo el Chamaco. Nunca osé tenerlos en el mismo lugar, pero ambos animales eran una promesa de un futuro feliz que nunca cristalizaría por completo. Algo en mí nunca maduró bien.

Todavía en la secundaria los lagartos terribles excitaban mi imaginación, y sabe bien mi muy querido amigo David Canales que en la Edad de Oro los dinosaurios aún brillaron con gran fuerza. Sin embargo, tras mi larga adolescencia, el amor por los reptiles fósiles se apagó sin dolores. Cuando llegó a mi ciudad la primera exposición de dinosaurios robot ya mi pasión se había extinguido, pero de todas formas fue un gusto sincero verlos por primera vez animados frente a mí.



Y los dinosaurios tomaron alas. Aunque les perdí la pista durante mucho tiempo, me conmovió saber que las nuevas investigaciones apuntaban a que hubo dinosaurios de sangre caliente y emplumados. Por eso, a pesar de que me despedí de ellos tras mi exagerada niñez, los dinosaurios me han regalado todavía algunas sorpresas de vez en cuando. A ellos pertenece un poco de estos versos, cuyo origen señalaré en breve:
Aléjate, la brisa que sopla en la ribera,
Llevarte entre sus alas, quisiera desde aquí;

En diciembre de 2008, en Ciudad Nezahualcóyotl, en el así llamado Palacio de sor Juana, se montó una exposición de dinosaurios robot. La entrada era gratuita. Un amable chico nos habló de la evolución de las especies. Al terminar de recorrer la exhibición, llamé a Lísida para invitarla; pero su tiempo para conmigo ya daba indicios de haber llegado a su final, y ya no asistió a la convidada.

Dice la poesía paleontológica que los dinosaurios se extinguieron cuando las plantas dieron su primera flor. Entonces aparecieron los insectos polinizadores: las laboriosas abejas y las níveas mariposas. Hay quienes afirman que gracias a las luces que nos da la ciencia podemos extinguir los monstruosos anacronismos de la religión.

En lo que a mí respecta, conocer la teoría de la evolución no me hizo ateo. Fue el saber que los perfiles, las esencias y las formas mueren y se van de nosotros a veces sin siquiera despedirse. Hay una canción tabasqueña, del poeta José Claro García, con música de Cecilio Cupido, que se refiere a esto, y habla de unas flores llamadas mariposas. “Los átomos del alma que sufre y desespera”… A ellas, a las hijas “del férvido Aquilón” sí podemos decirles adiós, pues son el símbolo de las alas libres que se van para siempre, dejándonos un hueco que nada ni nadie, ni Dios mismo, podrá llenar:

Adiós mis perfumadas y blancas mariposas,
Adiós mis ilusiones, mi amor, mi porvenir
Les mando mis suspiros, que en alas vaporosas,
Irán a susurrarles lo que me ven sufrir.

domingo, 18 de julio de 2010

Dios de los Estetas

Enrique Arias Valencia

Lámina sirva Universo a la imagen. Luego, ésta tendría 30 mil millones de años luz de diámetro. En este colosal lienzo Universo al menos hay un esteta que no ha tenido manera de encontrar el bien y el mal. A cambio, es capaz de percibir lo bello y lo feo. No obstante, el Dios de los estetas ha sido muy estricto con nosotros, y nos ha ordenado que no rechacemos lo feo por feo, sino que admitamos que aun lo feo tiene su buen lugar en la experiencia estética. Incluso, a veces lo horrible nos brinda una lección que lo bello jamás podrá dar. Por lo tanto, el Universo estético sólo estará completo si se reconocen lo bello y lo feo, por lo menos, y no se les mira como opuestos, sino como complementarios.

Pórtico, que si es siglo, pasa, pues el siglo es lo que se desvanece en la marea del devenir. En este sentido, el mundo sobrevenido es un amasijo de confusión, como nos lo hace saber la Madre Juana Inés de la Cruz en El Divino Narciso:

Tiempo que siglos son,
selva que es mundo.

El siglo es lo mutable, lo cambiante, lo veleidoso. Por eso es una selva, porque la selva representa lo incomprensible. Sin embargo, para comprender esta selva, podemos recurrir a la investigación científica. Digamos como ejemplo, que con la ayuda de un genio como Humboldt podemos abrirnos paso en la selva para saber qué hay en ella.

Cálices cautivos, la lección del sufrimiento. Lo dijo Jesús en aquella representación que alcanzó matices de redención: “Padre, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Cálices cautivos de este cáliz altivo. El Dios de los creyentes es, en cierta forma, altivo: exige un sacrificio absoluto, y al profeta de la tierra prometida le había advertido que era un “Dios celoso”. La discreta paradoja consiste en que la casa del Dios celoso es la amorosa madre que, en tanto que fenómeno estético, nos recibe como un edificio perfecto:

Círculo desplegado en esfera.
Búcaro de las rosas castillas.
Céntricos diámetros de aljófar.
Cúpula de esplendor auspicioso.
Bóveda que despliega su curva:
Basílica del amor más hermoso.

Crátera, que si el dolor es siglo, el dolor pasa. Como pasó el amor de Lísida, como para la madre Juana se fue el amor de Laura. En la pluma inmejorable de la Musa Décima:

Muera mi lira infausta en que influiste
ecos, que lamentables te vocean
y hasta estos rasgos mal formados sean
lágrimas negras de mi pluma triste.

Cúspide, la pasión del pensamiento. ¿Qué no nos ayudan las emociones a decidir? Mientras la razón evalúa, el corazón ya ha decidido: el de algunas almas será para abandonar; a otros nos tocará odiar. Sin embargo, del arte es la promesa de redención. Algún día será verdad que lágrimas despidan al extinto duelo, y entonces será que, como dije hace poco:

Tíbares de la alegría más gustosa.
Campánulas que repican al vuelo.
Cósmicas si se escuchan graciosas;
mídanse y serán diminutas;
escúchense y entonarán magna gloria.

Sílfide alma, es el consuelo, de la música, de la religión, de la filosofía. En mi caso, “ateo místico”, significa, amén de mi ateísmo, que soy capaz de reconocer mi innegable herencia cristiana, que se mueve en mi mente como bello horizonte de poesía. No soy tibio, yo ya me decidí: Dios es para mí un personaje poético, poeta de un poema llamado mundo, que sólo se hace espantoso en el dolor de su ausencia. Hago mías las palabras de Jesús: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” Dios ha muerto, sí, pero yo lo extraño como a un amante muerto. Por tanto, mi alma es la viuda de Cristo. ¡Ah, si Dios hubiese tenido la fineza de tener esencia!

Gótica gala en la argamasa. Exultante estoy en la fotografía. Espadaña peraltada con tres arcos de campanario, y sobre ellos un cuarto arco: una breve hornacina. Es el templo de El Rosario, la capilla más bella de Tlayacapan, la cual dibujé completamente ebrio, tratando de olvidar la partida de Lísida. Una niñita se acerca a ver mis desgarbados trazos y me pregunta: ¿Por qué dibuja esa capilla? Un niñito interviene y le contesta a la escuincla: “Porque las capillas de Tlayacapan son muy bonitas, ¿qué no lo sabías?” Al terminar el feo boceto, he decidido ir a comer algo. Es así que desayuno un tlacoyo de Tlayacapan aplatanado en un platón de Talavera. Y todo esto revela influencia nahuatlata. Allá en la capilla, la cocoxóchitl está de gala en la argamasa. Es un fin de semana de 2009: rapsodia sobre la plenitud del atlas de Tlayacapan. He podido visitar todas sus capillas. En la capilla del Tránsito el paisaje es también un jagüey. En el utópico poblado, enormes rocas volcánicas conforman la cañada: un estanque sulfuroso. Algún día, cuando todas las lágrimas se descubran como ríos que desembocan en el mar de la alegría, jugaré de nuevo contigo en el jardín sagrado.

Tránsito de aquel que atiende al alto ruego. Estoy enamorado de los volcanes y de las montañas que conforman el centro de México. Mentiría si dijese que los conozco todos. ¡Son tantos y se alzan infinitos! San Martín está abierta. Estoy en el campanario. Puedo ver el Popocatépetl con fumarola y a San Juan Bautista con espadaña. La Luna, el Sol y el Cerro de la Ventanilla; la capilla de El Rosario, que acabo de retratar. Tlaxcalchica, la más pequeñita, voces lejanas de bebés. Santiago, visitado por ebrios en el atrio, no los condeno. Mi nombre es un graffiti en la Biblia. En lontananza de tiempo y espacio, desde el Bosque de Nativitas, en Xochimilco, se divisan Topilejo y Parres. Un volcán que supongo es el Tláloc. Entre tantos cerros, valles y cuencas no puedo evitar pensar en lo que dijo Arturo Graf: “La existencia es un viaje en el que no existen los caminos llanos: todo son subidas o bajadas”. Frase que también me recuerda mi persistente asombro para con el mundo: jamás me aburro, no puedo aburrirme: el horror y la dicha me lo impiden. A Milpa Alta llego para ver el final con mariachi del recorrido con el Santísimo Sacramento el 10 de julio de 2010. Es la fiesta de la Purísima e Inmaculada Concepción. La siguiente semana será montar Alondra, y galopará con fuerza hasta que lleguemos al establo. Alguna vez, en Tlayacapan, un caballo me impidió ascender hasta la cruz del cerro de la Ventanilla. Fue mi Cancerbero equino: tímpano que relinchó en el monte. Hoy celebro la montada de Chabelita, Moztaza y Alondra, por mencionar a los más queridos. A veces, quisiera que mi vida tuviese plenitud, como dijera Alfred Víctor de Vigny: “Una vida lograda es un sueño de adolescente realizado en la edad madura”. ¿No es éste el misterio de Santa Catarina? Y con la venia de la madre Juana, quiero orar así al Dios de los estetas:

No pescuden más,
porque más no sé,
de que es Catarina,
para siempre. Amén.

domingo, 4 de julio de 2010

Consuelo de Guadalupe

Enrique Arias Valencia


Hola, José Antonio. Desde que tuve el hermoso honor de compartir la mesa de tu familia el día de tu Santo, quise agradecer el bello gesto de tu linaje, en especial tu mamá, quien irradia una gran alegría y valor de vivir. Por eso le dedico este breve trabajo poético. Espero puedas dárselo de mi parte.



Para Consuelo Gutiérrez, el valor de vivir


Lámina sirva Universo a la imagen.
Pórtico, que si es siglo, pasa,
cálices cautivos, la lección del sufrimiento.
Crátera, que si el dolor es siglo, el dolor pasa,
cúspide, la pasión del pensamiento.
Sílfide alma, es el consuelo,
Gótica gala en la argamasa.
Tránsito de aquel que atiende al alto ruego.

Lágrimas despiden al extinto duelo.
Tíbares de la alegría más gustosa.
Campánulas que repican al vuelo.
Cósmicas si se escuchan graciosas;
mídanse y serán diminutas;
escúchense y entonarán magna gloria.

Círculo desplegado en esfera.
Búcaro de las rosas castillas.
Céntricos diámetros de aljófar.
Cúpula de esplendor auspicioso.
Bóveda que despliega su curva:
Basílica del amor más hermoso.

Cátedra tanto de José, como de
Angélica Rosa que florece.
Vástagos de Consuelo y Antonio.
Sándalo empíreo se estremece.
Ábside, coro responsorio.
Vísperas de sus tíos, primos y familia.

Cánticos míos que misterios desvelan
dionisíacos si se esconden nocturnos;
sinfónicos si se escucha su tono.
Méritos de madre, méritos diuturnos.
Último, con la gracia soberana de la madre Juana:
“Cítara solamente de Apolo”.

miércoles, 14 de abril de 2010

Para Fanor, aquel atardecer en el Austral

Enrique Arias Valencia

¿Te acuerdas de aquella tarde, cuando robamos sendos corceles y por unos instantes pudimos escapar de la mirada inquisidora de Dios, y fuimos libres en un bosque de lejanas ninfas cuyo recuerdo atesoraré como un desafío burlón al orden estricto de la eternidad?

Tú supiste imprimir más brío a tu rocín, en tanto que el mío, como el lucero vespertino, sólo fue una alazana que te seguía en lontananza…

¡Y sin embargo te agradezco que te hayas atrevido a desafiar al eterno gruñón, y así pudimos hacerle un guiño a la felicidad que Dios, en su terco egoísmo, está siempre dispuesto a arrebatarnos…!


¡A continuación, mira, pues amigo, cuánto se asemeja nuestra vida a los mundos que Diego imagina!

¡Si bien Jean buscaba a un sabio, y nosotros escapábamos de un tirano!




Ilustración tomada de Los Mundos Imaginarios de Diego Cárcano, en la cual nuestro amigo recrea un emocionante pasaje de los Viajes de Jean Mandeville. Me impresionó gratamente que los personajes literarios retratados por Diego montaban corceles cuyo color recordaba el de los de un amigo mío y yo en reciente correría por uno de los bosques del Sur de la Ciudad. ¡Hasta el lucero del jinete que trota con demora estaba ahí! ¿Sincronismo o coincidencia poética? ¡Arte visual!

lunes, 4 de enero de 2010

Dios no es perfecto, pero el arte sí

Enrique Arias Valencia

DRAE:

perfecto. 1. adj. Que tiene el mayor grado posible de bondad o
excelencia en su línea.


Esta definición es malísima, pero nos acerca a lo que debe entenderse por perfecto. Quizá ni Dios sería perfecto en caso de que admitiésemos lo que dice el DRAE en su primera definición de perfecto.

Por lo tanto, aquí propondremos que por perfecto debe entenderse algo que se ciñe por completo a una regla. Así, un decasílabo perfecto es el siguiente:

“Lámina sirva el Cielo al retrato”

Porque se ciñe por completo a la regla del metro de diez sílabas. Ahora, según la definición anterior, ¿es Dios perfecto? Veamos cuál es la regla a la que debe ceñirse Dios: Dios es omnipotente e infinitamente bueno, los cuales son caracteres que se autoexcluyen. Aun con una definición restringida de Dios, ésta le queda grande.

La objeción de Epicuro sigue vigente:

1) O Dios quiso eliminar el mal y no pudo.
2) O Dios pudo eliminar el mal y
no quiso.
3) O Dios ni quiso ni pudo eliminar el mal.
4) O Dios quiso y pudo eliminar el mal.


Todas contradicen la definición de Dios.

Prueba:

En el caso 1, Dios es impotente, lo cual contradice su omnipotencia.
En el caso 2, Dios es malvado, lo cual contradice su infinita bondad.
En el caso 3, Dios es impotente y malvado a la vez, lo cual contradice su omnipotencia e infinita bondad.
En el caso 4, si Dios quiere y puede acabar con el mal, ¿por qué no elimina el mal? En este caso, Dios es incoherente, lo cual contradice su suma perfección.

Es así que Dios ni siquiera puede aspirar a la perfección, en tanto que el arte es perfecto y es algo que puede probarse.

Epicuro lanzó su crítica a un Dios personal y benevolente como Zeus. Hay dioses, como Shiva, que quedan fuera de este argumento, pues el problema del bien y del mal es ajeno a un dios como él.

Dice el DRAE:

Soneto: soneto.

(Del it. sonetto, y este del lat. sonus, sonido).

1. m. Composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. En cada uno de los cuartetos riman, por regla general, el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero, y en ambos deben ser unas mismas las consonancias. En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras.

~ caudato.

1. m.
soneto con estrambote.



Este soneto va dirigido a mí, desde Razón atea, el autor es Fernando G. Toledo.

Soneto aconsejado y con estrambote para el ínclito Enrique Arias Valencia, el de lengua fácil y lectura difícil

He de recomendarle, Arias Valencia,
Que al componer una silva los versos
Que a Vd. le brotan sin mayor esfuerzo
Estén bien contados. Tenga paciencia

Si con ellos no desea violencia
Provocar en los públicos diversos
Que lo siguen por todo el universo
Y admiran su gran arte y mejor ciencia.

Si, además, contra Dawkins se abalanza
Con fusiles de pólvora mojada,
Disimule su crítica iletrada

Con algo de más peso que una chanza.
Y evite en suma invocar a Dios mismo
Para no ser menos que un espejismo.

Son consejos modestos,
Don Enrique, que puede Vd. seguir,
O bien doctorarse en Hazmerreír.


Prueba de que acabamos de leer un soneto perfecto:

He-de-re-co-men-dar-le,A-rias-Va-len-cia,
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Queal-com-po-ner-u-na-sil-va-los-ver-sos
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Queaus-ted-le-bro-tan-sin-ma-yor-es-fuer-zo
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Es-tén-bien-con-ta-dos.-Ten-ga-pa-cien-cia.
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 ¡Perfecto!

Otra prueba:
Dice el DRAE: “En cada uno de los cuartetos riman, por regla general, el primer verso con el cuarto”.

He de recomendarle, Arias Valencia,
Que al componer una silva los versos
Que a Vd. le brotan sin mayor esfuerzo
Estén bien contados. Tenga paciencia

¡Perfecto! Y de tres sílabas. Todo un portento.

Otra prueba: DRAE de nuevo: “y el segundo con el tercero…”

He de recomendarle, Arias Valencia,
Que al componer una silva los versos
Que a Vd. le brotan sin mayor esfuerzo
Estén bien contados. Tenga paciencia

¡Perfecto! Y con esa exquisita ambigüedad que dan dos vocales seguidas…

Otra prueba: DRAE: “y en ambos deben ser unas mismas las consonancias”.

Prueba:

Valencia del primer cuarteto y violencia del segundo.
Versos del primer cuarteto y diversos del segundo.
Esfuerzo del primer cuarteto, y universo del segundo.
Paciencia del primer cuarteto, y ciencia del segundo.

¡Perfecto!

DRAE: “En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras”.

Lirismo:

Si, además, contra Dawkins se abalanza
Con fusiles de pólvora mojada,
Disimule su crítica iletrada

Con algo de más peso que una chanza.
Y evite en suma invocar a Dios mismo
Para no ser menos que un espe
jismo.

Algo sorprendente es que en la conversación en prosa Fernando replicó una necedad de mi autoría del siguiente modo: “Por cierto, y fuera de broma, no le eche la culpa a Dios que no vamos a encontrar a quién imputar.” frase poética que antecedió al segundo verso del segundo terceto. Si así obtengo poesía, ¡bienvenida sea mi necedad!

Wikipedia:

Soneto con estrambote

El estrambote (del italiano strambotto) es un verso o serie de versos que se añaden a un poema de estructura fija, como el soneto. Un ejemplo de soneto con estrambote es "Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla", de Miguel de Cervantes; a los catorce versos de que consta el soneto se añaden tres más, que constituyen el estrambote.

El soneto con estrambote persigue casi siempre una finalidad humorística; es de notar que del sustantivo estrambote deriva el adjetivo estrambótico, que significa, según la Real Academia Española, "extravagante, irregular y sin orden".


Va el estrambote del poema que hemos estado analizando.

Son consejos modestos,
Don Enrique, que puede Vd. seguir,
O bien doctorarse en Hazmerreír.

¡Perfecto y humorístico!

También quiero añadir que por eso ya he sostenido que si para hacer el mundo Dios hubiese sido un poco más humilde, bien habría aceptado la ayuda de, por lo menos un poeta y un músico, y entonces el mundo sería siempre bello y esplendoroso; pero nuestro ausente Dios, no nos dio nada y debemos luchar, es decir, sufrir, para llegar a conquistar la alegría.

Enrique Arias Valencia

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Abandonar el mundo que nos abandona

Enrique Arias Valencia
Sabido es por muchos que en el horizonte de los sentimientos, la muerte de un ser querido muchas veces se experimenta como un abandono injustificado. De hecho, todo abandono es muerte.

Sin entrar en rencillas
de espinas, la rosa.
No formaré familia
en este mundo traidor
pues yo no sé amar
a quien me abandona.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Poema 189 de Sor Juana

En la muerte de la Excelentísima Señora
Marquesa de Mancera.

III
(189)

Mueran contigo, Laura, pues moriste,
los afectos que en vano te desean,
los ojos a quien privas de que vean
hermosa luz que un tiempo concediste.

Muera mi lira infausta en que influiste
ecos, que lamentables te vocean
y hasta estos rasgos mal formados sean
lágrimas negras de mi pluma triste.

Muévase a compasión la misma Muerte
que, precisa, no pudo perdonarte;
y lamente el Amor su amarga suerte,

pues si antes, ambicioso de gozarte,
deseó tener ojos para verte,
ya le sirvieran sólo de llorarte.



Sor Juana Inés de la Cruz

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Para la bebé de Barullo

Linda niña has de tener, Barullo
para que evoques su nombre
cuando la metáfora de mi vida espiritual
yo añoro en un río que corre,
de las piedras, en un murmullo.

¡¡Saludos!!


Enrique Arias Valencia

martes, 8 de diciembre de 2009

Niña de Dios

Miguel de Cervantes Saavedra

En Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, L III



Niña de Dios, por nuestro bien nacida;

tierna, pero tan fuerte que la frente,

en soberbia maldad endurecida,

quebrantasteis de la infernal serpiente.

Brinco de Dios, de nuestra muerte vida,

pues vos fuistes el medio conveniente,

que redujo a pacífica concordia

de Dios y el hombre la mortal discordia.



La justicia y la paz hoy se han juntado

en vos, Virgen santísima, y con gusto

el dulce beso de la paz se han dado,

arra y señal del venidero Augusto.

Del claro amanecer, del sol sagrado,

sois la primera aurora; sois del justo

gloria; del pecador, firme esperanza;

de la borrasca antigua, la bonanza.



Sois la paloma que al eterno fuistes

llamada desde el cielo, sois la esposa

que al sacro Verbo limpia carne distes,

por quien de Adán la culpa fue dichosa;

sois el brazo de Dios, que detuvistes

de Abrahán la cuchilla rigurosa,

y para el sacrificio verdadero

nos distes el mansísimo Cordero.



Creced, hermosa planta, y dad el fruto

presto en sazón, por quien el alma espera

cambiar en ropa rozagante el luto

que la gran culpa le vistió primera.

De aquel inmenso y general tributo

la paga conveniente y verdadera

en vos se ha de fraguar: creed, Señora,

que sois universal remediadora.



Ya en las empíreas sacrosantas salas

el paraninfo alígero se apresta,

o casi mueve las doradas alas,

para venir con la embajada honesta:

que el olor de virtud que de ti exhalas,

Virgen bendita, sirve de recuesta

y apremio, a que se vea en ti muy presto

del gran poder de Dios echado el resto.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Sor Juana y Aragón

Fragmento de San Pedro Nolasco, de Sor Juana Inés de la Cruz

Enrique Arias Valencia

El proyecto estético de sor Juana consistía en una obra de arte que abarcase todos los temas, todas las naciones del imperio español, todo el conocimiento.

En uno de sus poemas menciona al Reino de Aragón, con ocasión de la fiesta de San Pedro Nolasco, fundador de los redentores de la Orden de Nuestra Señora de la Merced. Comerciante activo en Valencia, Pedro Nolasco habría nacido en Barcelona o en el Mas Santas Puellas, cercano a Carcasona (Languedoc), alrededor de 1180. Si bien en su poema sor Juana sostiene que dicho santo era francés,* las alusiones a Aragón se deben en primer lugar, a las labores de Nolasco a favor de los cautivos de Valencia. En segundo lugar, a que fue el rey Jaime I de Aragón quien consintió la fundación de la Orden de Pedro. Y por último, a que fue el obispo de Barcelona quien le dio la instrucción canónica. Por lo tanto, la vida de Nolasco estuvo indisolublemente ligada a Aragón.

La orden de los mercedarios tuvo un importante papel en México. En forma amorosa y discreta, los colores de Aragón pueden verse en el Templo de Nuestra Señora de la Merced, en la calle de Arcos de Belén, en el Distrito Federal. Ahí, en el altar está un escudo con los colores amarillo y rojo. Durante cerca de diez años, mi familia vivió en la misma manzana donde se aloja el templo, de arioso altar barroco. Sin olvidar el enorme convento que dio nombre a todo un barrio de la ciudad novohispana: el Convento de la Merced, en el corazón de la ciudad. Hasta uno de los más concurridos mercados se llama así: La Merced.

Durante el barroco los villancicos se cantaban en cualquier época del año, no sólo en navidad.

Reproducimos aquí un fragmento del parágrafo 234 de los Villancicos de San Pedro Nolasco de 1677. No está de más señalar el detalle de que el escudo de los mercedarios luce las famosas barras gules y oro que se asocian con Aragón y Barcelona. La primera vez que un servidor vio esos símbolos era un partido de balompié televisado. Fue mi hermano quien me explicó los caracteres del Barça.

Sor Juana hace eco del célebre estandarte. El amable lector disculpará que yo confiese con cinismo sincopado que en las lineas de sor Juana encuentro mucho de la pasión futbolística: hay gloria, celebración, una flamante escuadra, triunfo y hasta lo que hoy identificamos con las barras del Barça, con un futbolista francés jugando en sus filas. Por lo tanto, sor Juana tenía bien presente el Reino de Aragón en su obra poética, verdadera Inundación Castálida.


En la Mansión inmortal
donde no habita la pena,
que es toda de gloria llena,
Jerusalén celestial
ya libres de todo mal
los espíritus gloriosos
todos celebran gozosos
de Pedro el triunfo feliz
que unió la francesa lis
a las barras de Aragón;
entre tan santo escuadrón
él muestra más bizarría,
por ser hijo de María.


Sor Juana Inés de la Cruz, a 1677

*Susie en Vida Natural ha hecho este interesantísimo descubrimiento: "En los tiempos de sor Juana Inés de la Cruz el territorio donde nació San Pedro Nolasco era francés pero no cuando nació el santo que era de la corona de Aragón, por lo tanto sería un santo aragonés o catalán, si se quiere".

viernes, 27 de noviembre de 2009

¿Qué es el aburrimiento?

Enrique Arias Valencia

Los notables me han preguntado si amo el mundo, y siendo quienes preguntan quienes también sostienen que el aburrimiento lo usa la naturaleza para exhortarnos a crecer, y que en eso consiste su acicate, he contestado con los siguientes malos versos, para aquellos que creen que así también se crece

La persuasión del aburrimiento es en mi caso
tan sólo es un mortal fracaso,
pues al no haberme aburrido
si éste a mí me sorprendiera
por asombrarme en vez primera
aburrido yo no estaría
pues en novedad el sentimiento
en mí se disolviera.
¿Qué es el aburrimiento?
Un vano intento de la espiral del crecimiento.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Poema 140 de Sor Juana

GLOSA
En que describe la catástrofe de las dichas y aun deseos
de los Amantes.

Sor Juana Inés de la Cruz

Si de mis mayores gustos
mis disgustos han nacido,
gustos al Cielo le pido,
aunque me cuesten disgustos.

¡Oh qué mal, Fabio, resiste
mi amor mi suerte penosa,
pues la Estrella que me asiste,
de una causa muy gustosa
produce un efecto triste!
Porque mis pesados sustos,
que padezco desiguales
en mis pesares injustos,
no nacieron de mis males,
sí de mis mayores gustos.

Y de manera me ordena
los sucesos mi desdicha,
que, como los encadena,
la futura de una dicha
es posesión de una pena.
Todo lo debo a Cupido:
pues de un favor que me da,
que es siempre de prometido,
aún no está engendrado, y ya
mis disgustos han nacido.

Y aun han hecho efectos tales
de mi Estrella los desdenes,
con efectos desiguales,
que aborrezco ya los bienes
como a causas de los males.
Y así, no llora el sentido
el ver que carezco aquí
de las dichas que he tenido;
porque sólo para ti
gustos al Cielo le pido.

Pues te quiero de manera,
y el bien así me limito,
que al Cielo le agradeciera
si el gusto que a mí me quito,
a ti Fabio, te lo diera.
Que estimo tanto tus gustos,
que, sin mirar mi pesar,
o sean justos o injustos,
tus gustos he de comprar
aunque me cuesten disgustos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Nada de ti

Seguramente Leticia Carrera se lo dedica a su expareja, pero yo se lo dedico a Dios. ¡Es hermosísimo!:

Nada de ti

Mientras tu silencio me dice que agote la esperanza,
los vientos ya me anuncian nuevas voces.
Brujer

Fuente:

Caracol de fuego

domingo, 8 de noviembre de 2009

Glosa sobre unos versos de Luis Alposta

Enrique Arias valencia

Oceanida: Gracias por compartir tus excelentes versos. Espero me permitas hacer una variación sobre tu trabajo poético. Una glosa, pues, como se acostumbraba en el barroco

En mi alma un ápice, un pico
mi pequeñez desmesurada aviso.
Estoy a la orilla del océano cósmico.
Entender me es muy sencillo.
el nacimiento del desplazamiento,
de la idea su principio.

¿Puedo así tornarme a la indiferencia?
De mí mismo a imagen y semejanza
He forjado mi propia conciencia.
Soy la voz que predica en el desierto.
Y en tanto el eco de mi voz
se acompase al Universo,
perseveraré en mi ser.


***

El poema original