Mostrando las entradas con la etiqueta Humboldt. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Humboldt. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de febrero de 2010

Humboldt en Taxco en 1803



Enrique Arias Valencia


Para Atilio y Jack, pues gracias a su amistad he descubierto de nuevo los placeres de la ciencia. Y para Genetticca, quien nos habla del conocimiento en tanto que unión con el Cosmos.


I


¿Podemos unir razón y experiencia? ¿En qué consiste el empirismo racional de Alexander Von Humboldt? El 5 de abril de 1803, mientras Beethoven estrenaba en Viena Cristo en el Monte de los Olivos, op. 85, El botánico Alexander Von Humboldt y su colega Aimé Bonpland llegaban a la ciudad minera de Taxco. Ahí durmieron aquella noche, para después continuar en Tehuilotepec su incansable viaje de descubrimientos científicos por el continente americano.

La casa taxqueña en la que aparezco en la fotografía de arriba fue la breve residencia del geógrafo. En aquel tiempo de las minas de Taxco se obtenían las dos terceras partes de la producción de plata mundial. La cantidad de mineral argentífero era tan abundante que los métodos para su extracción eran muy precarios.

Preocupado por la salud de los mineros, Humboldt había inventado unas máscaras para respirar en las minas con mayor seguridad, así como otros aparatos que beneficiarían a los obreros. Ignoro si en Taxco llegaron a utilizarse.

Con el barómetro, Humboldt estableció la altitud de Taxco en 1783 metros sobre el nivel del mar. Wikipedia sostiene que son 1,778. El guía de turistas nos aseguró que eran 1780. Esto es lo fascinante de la ciencia: que siempre es un dato a verificar.

Geológicamente hablando, Taxco se encuentra en las faldas del Atachi o Atatzin. Es, por lo tanto, una montaña lo suficientemente alta como para permitir la observación de la ley de la tercera dimensión vegetal descubierta por Humboldt. Sobre esta ley, podemos leer en su obra Cosmos:

“La región montañosa cercana al Ecuador... es la zona más pequeña de la superficie de nuestro planeta en la que se observa mayor densidad de la naturaleza. En la arrugada cadena de los Andes de la zona de Nueva Granada [Colombia] y Quito, el hombre... puede contemplar al mismo tiempo... todas las formas de las plantas. En una mirada se abarcan las heliconias, palmeras, bambúes y, por encima de estas formas típicas de los trópicos, otras especies que podemos ver en nuestra patria como robledales, variedades de Mespilus y plantas umbelíferas... Allí las zonas climáticas, al igual que las de la vegetación determinadas por aquellas, se sitúan en capas la una encima de la otra”.



De lo anterior podemos inferir que si en un mismo sitio escalamos la tercera dimensión de la Tierra, encontraremos diferentes ecosistemas vegetales de acuerdo con el clima que se modificará según la altitud. Estas comunidades vegetales serán las mismas que esperaríamos hallar si consideráramos la superficie bidimensional de la Tierra, y si nos moviésemos a nivel del mar a partir del Ecuador hasta llegar a los Polos. Es lo que Humboldt llamó “un bosque sobre el bosque”. Llegamos así a un interesante aspecto de la obra de Humboldt. En su biografía sobre el sabio viajero alemán, el doctor Adolf Meyer-Abich sostiene que


“Este principio es también holístico porque presupone la consideración de las comunidades vegetales como un todo activo, como estructuras que se compensan entre sí y que pueden distribuirse dentro del conjunto, que es la biosfera, como una especie de compendio del todo. Esta y no otra es la idea “cósmica” de la naturaleza que inspira el conjunto de la obra de Humboldt, desde el ensayo sobre geografía botánica hasta Cosmos”.

El descubrimiento de la armonía de la naturaleza acerca a Humboldt al panteísmo. No olvidemos que en otro lugar ya habíamos señalado que según Humboldt “La naturaleza, […] es el Todo, animado por un soplo de vida”. Se trata de un panteísmo hilozoísta. El mayor triunfo del hilozoísmo consiste en probar que la materia no es inerte. Su mayor defecto, hacernos creer que la naturaleza persigue un fin último. En Humboldt, la causa final reúne la belleza y el bien en el gran Todo, como en el más puro ensueño platónico:

“Así es que la afinidad de sensaciones conduce al mismo objeto a que nos lleva más tarde la laboriosa comparación de los hechos, a la íntima persuasión de que un solo e indestructible nudo encadena la naturaleza entera”.





Es seguro que la altitud de Taxco se calcula a partir del piso del templo de Santa Prisca, un edificio totalmente barroco. Al estar rodeado por intrincadas cañadas que le dan cierto aspecto escheriano, si le permitiesen desarrollarse, el piso de vegetación en el que se encontraría el templo de Santa Prisca quizá sería el de los bosques mesófilos de montaña. En la foto podemos ver tres ejemplares de un árbol (Ligustrum vulgare) que en México llamamos trueno porque sus ramas recuerdan los quiebres del relámpago. Dos de ellos están podados, en tanto que el de la izquierda blande sus ramas en libertad. En la parte media aparecen dos pequeñas cicadáceas (Cycadaceae). Las cicadáceas llaman la atención porque formaron parte de la flora del mesozoico, cuando los dinosaurios gobernaban la Tierra. Al pie de la cicadácea de la izquierda se observa con toda claridad un conjunto de flor de Nochebuena (Euphorbia pulcherrima). Seguro que el argento Atilio la conoce como estrella federal, y el níveo Jack como corona del inca. Los mexicas la denominaron cuetlaxóchitl, esto es, la flor de la piel, pues su color es del cuero sangrante arrancado a la víctima, lista para el sacrificio humano. Sólo es la subjetividad Occidental la que ha querido ver en ella el símbolo de la Navidad.


II


“El desarrollo y el movimiento no conocen punto de parada, lanzando su maldición a todo lo que suspende la vida”.
Goethe


Humboldt incluye en la introducción de Cosmos la cita anterior del poeta alemán, de quien era un gran amigo. Fue Goethe quien descubrió la morfología de las plantas con base en la metamorfosis, una teoría que se convertiría en la base de la ley de la tercera dimensión de Alexander Von Humboldt. Y si sentimientos, experiencias, razón y experimento se reúnen armónicamente en Cosmos, entonces a mí no me cabe duda de que el científico alemán encontró en la naturaleza la armonía que otros buscan en la religión.

El sentimiento de unidad con el Cosmos no es patrimonio exclusivo de las religiones organizadas, y en realidad, muchos inquisidores lo han perseguido, pues la unión mística con el Cosmos es un peligro para aquellos que creen que el sentimiento místico debe tener su origen en una doctrina particular. En su página, Jack Rational llama Dios Universal al Dios que aquí identificamos como el Cosmos del panteísmo. Por su parte, Genetticca en su blog nos muestra una de las más bellas expresiones del sentimiento que Humboldt también conoció. Así, tenemos en palabras de Genetticca:

“Amar es una composición hecha con todos los elementos de la naturaleza, una poesía de largo alcance, una sinfonía orquestada por la igualdad, una paleta con todos los colores y todos los paisajes, cromatismo, equilibrios y armonía. Cuando se ama bien, verdaderamente, no se hace daño, no se hiere ni se golpea. Cuando se ama con los cinco sentidos, ninguno de ellos escapa al crecimiento, cada sentido adquiere una relevante grandiosidad. El amor es el motor que mueve la máquina del universo. El amor es polvo estelar, fosforescente, luminoso”.


¿Hay alguna prueba científica de que estamos interconectados al gran Todo? En The Symphoy of science, las citas de Neil deGrasse Tyson, Richard Feynman, Carl Sagan y Bill Nye apuntan en esa dirección. Por ejemplo, deGrasse Tyson canta:

“Todos estamos conectados. Unos a otros, biológicamente. A la Tierra, químicamente. Al resto del Universo, atómicamente. [...] Sé que las moléculas de mi cuerpo las encontramos en los fenómenos del Cosmos. Esto me da ganas de abordar a la gente en la calle, y decirles: «¡¿Lo has oído?! »”


En su artículo, Genetticca habló de sinfonía. Arriba, el proyecto de John Boswell también hace referencia a esta composición musical. Amén de su oratorio, el 5 de febrero de 1803 Beethoven también estrenó su Segunda Sinfonía. Dicha sinfonía es un monumento a las armonías clásicas. Humboldt, por su parte, veía en Cosmos “armonías que ligan al hombre con el mundo exterior”. Este descubrimiento estimula un sentimiento que algunos no han dudado en llamar “religioso”. La expresión debe tomarse sólo metafóricamente, pero de cualquier manera apunta a una reunión con el Cosmos, unión que puede ser descrita en términos científicos. Carl Sagan, con su acostumbrado buen humor, no exento de feliz ironía, añade que "¿Cómo es eso de que casi ninguna religión mayor ha mirado a la ciencia; y concluido que: “¡Esto es mejor de lo que habíamos pensado!" A mí me gusta añadir: ¡Bueno, y si hay filósofos que tampoco lo han advertido!


En el Taxco del mes de enero de 2010 mi hermano y yo encontramos un cielo totalmente nublado. Nimbus y Cumulus se cernían sobre la ciudad. Una persistente lluvia nos recibió al llegar, si bien al amainar pudimos tomar la foto que he comentado arriba. En contraste, hace un par de años mi acompañante, una ninfa de graciosa huida, y yo, sombrío filósofo de pensar rumiado, tomamos unas cuantas fotos del exterior de Santa Prisca. En aquel tiempo el cielo estaba casi despejado, y sólo breves y delicados Cirrus atravesaban las alturas. El clima era entonces templado, con una ligera tendencia al calor. Las dos torres de Santa Prisca anunciaban a la sazón las bodas del Cielo y de la Tierra en una sinfonía de campanarios.


T 2



José de la Borda financió la construcción del templo de Santa Prisca como agradecimiento a dicha santa por el descubrimiento de una de las minas más ricas de Taxco. No sólo eso: el afortunado minero entregó a su hijo al sacerdocio y su hija al convento. Sostienen algunos entendidos que Santa Prisca no tiene más devotos ni templos. Tocayo de Humboldt, mi hermano encontró un dato en el propio Taxco que afirma que en el terreno del templo actual, hubo una vez una capilla dedicada a la misteriosa santa, capillita muy deteriorada ya cuando en el siglo XVIII se inició la edificación de la joya de Taxco.


T 3



Hemos supuesto que el piso de vegetación que hay en las cañadas que albergan la ciudad de Taxco es el del bosque mesófilo de montaña. Si Taxco está a 1783 msnm, por consiguiente basta salir de la cañada para llegar al piso de vegetación de los bosques de pino-encino.

¿He dicho que "basta salir de la cañada"? Al subir el cerro del Atachi, mi hermano y yo tardamos 40 minutos en llegar a las inmediaciones del bosque donde está la estatua conocida como Cristo Monumental. Unos metros antes, el paraje recibe el nombre de Cazahuates (Ipomoea arborescens), que es un árbol caducifolio, acostumbrado a la vida de las laderas. Salgamos de la ladera, hacia la cara de la montaña que apunta hacia la ciudad. Es así como rondando las cimas del monte por fin podemos disfrutar de un bosque de coníferas, último piso de vegetación de Taxco que mi hermano y yo visitamos en nuestra más reciente excursión. Por cierto, que de los olivos del oratorio de Beethoven, de aquel año de 1803, en el que Humboldt y Bonpland visitaron la ciudad minera, al ser árboles mediterráneos, no hay ni sombra de ellos en Taxco.




III


Para concluir voy a hacer un experimento instantáneo que compartiré con los lectores. Recientemente mi hermano y yo estuvimos en las Lagunas de Zempoala, un parque nacional que está formado prácticamente sólo por coníferas de alta montaña. No he consultado a qué altitud se encuentra el parque, pero por su morfología debería estar a más de 2,800 metros sobre el nivel del mar.

Vayamos a las tablas, y veamos qué nos dicen. La primera página de internet que me sale al paso afirma que las Lagunas de Zempoala están a una altitud de 2,900 msnm. Tuve un error de cien metros. No soy geógrafo, y no sé qué rango de error se permita en estos casos. Pero mi cálculo me satisface. No es cosa de magia, ni de que yo lo haya adivinado. Se trata de una deducción a partir de un dato científico. La fronda de las coníferas de alta montaña se alza orgullosa a partir de los 2,800 metros de altitud, y llegará hasta los 3,000, a veces un poco más.

¿Qué es lo que pasa cuando la razón se auxilia con los datos que le proporciona la experiencia? Lo que acabo de contarles es lo que pasa.

domingo, 24 de enero de 2010

Mamá Humboldt

Enrique Arias Valencia

La naturaleza, considerada por medio de la razón, es decir, sometida en su conjunto al trabajo del pensamiento, es la unidad en la diversidad de los fenómenos, la armonía entre las cosas creadas, que difieren por su forma, por su propia constitución, por las fuerzas que las animan; es el Todo, animado por un soplo de vida.
Alexander Von Humboldt*



Recientemente ensayé hablar sobre la ley de la tercera dimensión de la flora de Tepoztlán. Una amiga me escribió sobre dicho particular:

“En realidad deseo que tengas un año mágico, leí tu relato de Tepoztlán y me gustó mucho, ¡aunque no describiste cómo se veía el cielo desde ahí! Tu vista siempre anda más en la tierra... Me encanta Tepoztlán”.


A mi amiga le contesté con seis citas del aspecto del cielo en mi artículo:

"Presidido por densa bruma, el monte nos recibe con un ahuehuete partido por la mitad, riachuelo bajo sus raíces." Luego, el cielo estaba nublado.

"Al frente, la ladera, atrás, la herida del cielo cortada por las murallas de verde amarillo".

"Las aves de rapiña surcan el cielo en busca de sus presas".

Si por cielo te refieres a atmósfera, las referencias son tantas que sólo pondré estas:

"...aquí el clima es semicálido subhúmedo".

"Aquí el clima es definitivamente frío, sin ser inclemente para la vida".



A lo que ella replicó:

“Sí, vi estas referencias, pero me refería a una ocurrencia mía, una explicación del cielo así de detallada y poética como la hiciste con el suelo, "los relieves del cielo", "las alturas del cielo", "los pisos del cielo", "el sendero escalonado del cielo" Cuando iba a Tepoztlán, para mí el bosque era azul, había tejones blancos... se me ocurría una prosa poética y fantástica del cielo de Tepoztlán…”



Y entonces ocurrió el milagro laico. Cuando leí aquello de "el sendero escalonado del cielo" acudió a mi mente un recuerdo atesorado en secreto desde mi más temprana infancia. Mi madre había escrito un cuento para mi hermano y para mí. En él, mamá nos hablaba de las diversas formas de las nubes, y cómo dicha estructura servía de indicio para saber qué clase de clima iba a presentarse.

La clasificación que ella siguió era Cirrus, Nimbus, Cúmulus y Stratus. Cirrus era la nube más alta, a 5 kilómetros de altura. Le seguían los Nimbus, de 2 a 5 kilómetros de alto. Los Cúmulus y Stratus, a menos de 2 kilómetros de la superficie terrestre.

No lo tengo a la mano, pero recuerdo muy bien que el relato de mi madre era muy amable, pues los personajes exponían las características de las nubes en un ambiente cordial y sereno. Es así que Cirrus puede manifestarse como el cielo aborregado, Cirrus fibratus y nunca produce precipitación alguna. En contraste, Nimbus, el cielo gris de los más elegíacos poetas, cuya acumulación oculta por completo al Sol, sí trae consigo una lluvia continua de intensidad variable, resultado de la interacción de las nubes.

Los nombres específicos del género Cúmulus invitan al juego: Cúmulus humilis y mediocris casi nunca engendran lluvias, pero Cúmulus congestus, muchas veces sí obligan a sacar el paraguas.

Por último, Stratus. Son las nubes completamente extendidas en el cielo, tornándolo, ya sea gris plomizo o blanquecino. Su destino es, o transformarse en niebla, como aquel día en que mi hermano y yo subimos el Tepozteco, o regalar una insistente llovizna. Al ser las nubes más bajas, su misteriosa neblina puede invadir los riachuelos, las rocas, los matorrales y los abetos.

La escala armónica del cielo canta una canción que, si llegamos a comprender, nos ayudará a saber qué clase de lluvia debemos esperar hoy.

Mi progenitora no nos leyó los tradicionales cuentos de hadas, sino que ella misma escribió para sus hijos relatos que nos mostraban un mundo lleno ternura, risas, conocimiento y esplendor. En otra fábula, mis juguetes cobraban vida para hablar de valores morales sin recurrir a la violencia. ¡Juro por todas las hadas del bosque que aquello no tenía nada que ver con una desdichada niña y su abuela amenazadas con ser comidas por el lobo feroz! Por lo tanto, fue mi madre quien primero me habló del Cosmos, del universo en tanto que orden y concierto.

Niñez bendita, diminuto y discreto templo de la Edad de Oro, fue también cuando mi madre nos inició en las canciones de Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri. Hay una que le viene como anillo al dedo a esta reflexión sobre el clima:

La gota de agua que da la nube
como regalo para la flor
en vapor se desvanece
cuando se levanta el sol;
y nuevamente al cielo sube
hasta la nube que la soltó.
La gotita sube y baja,
baja y sube
al compás de esta canción...



La gotita de Cri Cri se instala en una fuente. Ahí vive algunas experiencias sobre la influencia del clima en el estado de ánimo. Y después se dirige a un volcán. Francisco Gabilondo Soler esboza en breves y sencillas líneas el ciclo del agua:

En el paisaje siempre nevado
acurrucado sobre el volcán
hay millones de gotitas
convertidas en cristal.
En el invierno la nieve crece,
en el verano la funde el sol.


Bajo el Popocatépetl, uno de los volcanes más famosos de México, se encuentra la ciudad de Cuernavaca. Frente a la Catedral se erige una exquisita estatua dedicada a la memoria del científico alemán Alexander Von Humboldt. Recientemente mi hermano y yo la fuimos a admirar. A sus pies yace un libro en el que se lee en griego “Cosmos”, haciendo alusión al trabajo más grandioso del incansable viajero. Una iguana, un caracol y una enredadera trepan la roca en la que descansa el broncíneo cuerpo que representa al célebre naturalista.

Ahora bien, quizá fue mi padre quien en mi remota niñez primero me habló de este titánico científico del siglo XIX que había visitado varias naciones de América, realizando varias y muy apasionantes exploraciones en México. Y hete aquí que cuando comencé a leer los prolegómenos de Cosmos, en mi temprana adolescencia, escuché una delicada y hermosa voz que me pareció familiar:

“Por una feliz conexión de causas y de efectos, generalmente aun sin que el hombre lo haya previsto, lo verdadero, lo bello, y lo bueno se encuentran unidos a lo útil”.



Asombrado, Wilhelm Von Humboldt, el hermano mayor de Alexander sostenía que en la obra de Alex se reunían “la ciencia y la moral”. El pasaje anterior confirma lo sostenido por Wilhelm. Siguiendo una tradición científica que comenzó en la Edad Moderna, quizá antes, según Alexander Von Humboldt el mundo no actuaba ni por coincidencia ni por azar, sino por causas y efectos físicos, que pueden descubrirse por medio de la observación, el experimento y el razonamiento:

"Extraño a las profundidades de la filosofía puramente especulativa, mi ensayo sobre el Cosmos es la contemplación del universo, fundado en un empirismo razonado; es decir, sobre el conjunto de los hechos registrados por la ciencia y sometidos a las operaciones del entendimiento que compara y combina".



Mi madre nos había dicho que si observábamos las nubes, sabríamos si iba a o no a llover. Era la primera vez que quien esto escribe llegó tener contacto con el poder de la observación, verdadera fuente de conocimiento. De la misma manera, Humboldt elogiaba las facultades de la experiencia. Pero sobre este asunto, en mi alma bullía algo más, una intensa metáfora. Así como la naturaleza de la que nos hablaba mamá era un amable mundo cognoscible, también el universo que descubría Humboldt era un Cosmos accesible por medio de la razón:

“La naturaleza es el reino de la libertad, y para pintar vivamente las concepciones y los goces que su contemplación profunda espontáneamente engendra, sería preciso dar al pensamiento una expresión también libre y noble en armonía con la grandeza y majestad de la creación”.



Hay placer en la observación del Cosmos. Humboldt creía que la belleza indicaba utilidad. Que el bien conducía a la verdad, y por lo tanto, que la Naturaleza nos hará libres. Parafraseando a Goethe, Cosmos es el poema más delicioso que haya inspirado a hombre alguno Urantia, la musa de la ciencia.

Algo hay de genuino asombro infantil en la obra del científico. Para Humboldt el Cosmos es un espectáculo interminable. Sabe ya que la astronomía ha revelado un espacio que no duda en decir que se ensancha de manera indefinida:

“En tanto que la ilusión de los sentidos fija los astros en la bóveda del cielo, la astronomía con sus atrevidos trabajos engrandece indefinidamente el espacio”.



Quien lo reflexione, aunque sólo sea un poquito, con cierta curiosidad infantil, no podrá aburrirse nunca en este mundo, pues siempre le resultará infinitamente maravilloso. Hace poco, mi amiga Rosa Angélica me aseguró: “Tú sí eres un verdadero filósofo, porque todo te asombra”. No se trata de que lo presuma en vanidad, sino de una invitación a la fascinación por la ciencia. Mi amiga añadió con sarcasmo juguetón que quien no fuese capaz de asombrase debería dedicarse a una cierta profesión que deja mucho dinero, pero que se distingue por ser muy aburrida. No diré cuál, pues muchos de mis conocidos se dedican a ella, y quizá se molestarían.

La obra de Humboldt es colosal. Yo, el peor de los aficionados a la ciencia, he de confesar que de su Cosmos, ensayo de una descripción física del mundo sólo he podido leer sus prolegómenos. Acabo de terminar una versión resumida del Ensayo sobre la geografía de las plantas, alguna vez leí párrafos escogidos del Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, y poquísimas pero muy sustanciosas páginas de la sección correspondiente a Venezuela del Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Asimismo, sólo conozco la idea general de sus Cuadros de la Naturaleza, pero creo que la belleza de dicha idea me inspiró durante mucho tiempo algunas amenísimas y curiosas disertaciones.

He leído también dos biografías de Humboldt, la de Adolf Meyer-Abich y la conocidísima de Douglas Botting. En la primera se habla con mucho énfasis del vínculo entre los genios de Humboldt y Goethe, de donde brota la tesis sobre ciencia y moral y sus relaciones con el viaje latinoamericano de Humboldt. En la segunda, se exagera la visita del científico en Estados Unidos, menospreciando lo que hizo en Nueva España.

Algunos trabajos de Jaime Labastida sobre Humboldt también han caído en mis manos. Su visión es la del filósofo de la ciencia que descubre el aspecto racional del mundo en la obra humboldtiana, inserta en la tradición que preside Kant.

A veces, salgo de casa y la lluvia me sorprende. No puse la debida atención a las nubes del cielo, a los indicios del aire, y me río de mí mismo, de mi asombrosa incapacidad para gozar con los beneficios de la ciencia. Así pues, aunque no soy un experto en el tema, espero haber podido darle gusto a mi amiga, y mostrar en este breve ensayo todos los pisos del cielo y algunos de los de mi corazón. En el primero he mostrado una teoría de las nubes. En el segundo, el día de hoy he encontrado cierto parecido entre Humboldt y mi madre. Ambos siempre se refieren a la Naturaleza como una madre amorosa, a la luz de la razón, “el todo animado por un soplo de vida”. Sin embargo, para que el cuadro del mundo quedase completo, mi corazón me exigió, alguna vez, dar cuenta del caos de violentas tormentas y devastadores terremotos que igualmente se hacen patentes en el Universo, no sólo natural, sino sobre todo humano, y para eso durante una convulsiva noche resonó en mi corazón el muy intempestivo y espeluznante grito de ultratumba de Nietzsche.

También sé que he dicho alguna sandez por ahí; pero estoy de acuerdo en que de vez en cuando deberíamos de darnos un tiempecito para soltar carcajaditas mientras jugamos con un bebé, sobre todo si ese bebé es nuestro niño interior, quien espolea nuestra atención con las pataditas de la curiosidad.

Notas:

*Todas las citas de Alexander Von Humboldt que aparecen en este ensayito proceden de los prolegómenos de Cosmos, ensayo de una descripción física del mundo. La versión que tengo a la mano es un juego de fotocopias del original procedente del legado del ingeniero Alfonso Cornejo Canalizo, resguardado en la Biblioteca Central de la UNAM, y que me fue entregado en dicha institución. No obstante, por supuesto que me he valido de las ventajas de internet para completar esta investigación.


Enlaces bibliográficos:

Con mucho, la mejor página dedicada al Cosmos de Humboldt.


La canción de "El Chorrito", de Cri Cri.

¡Xibalba habla de Cri Cri!

miércoles, 20 de enero de 2010

Año nueve ojo de reptil

Enrique Arias Valencia

De piedad el raro ejemplo
en esta Fábrica admiro,
y mientras me admiro, miro,
que es lo que contemplo, templo.

Sor Juana Inés de la Cruz

Don José Antonio de Alzate y Ramírez, ilustre sobrino de la aún más ilustre madre Juana Inés de la Cruz, visitó en el año de 1777 unas misteriosas ruinas que engalanaban la cima de uno de los cerros de lo que hoy llamaríamos el Eje Volcánico Transversal, en el actual estado de Morelos.

Sacerdote, polígrafo, científico, naturalista, cartógrafo, historiador y periodista, a Alzate le disgustaron las condiciones de terrible deterioro en que se encontraban los monumentos de aquel lugar, conocido como Xochicalco. En contraste con su célebre tía, el estilo literario de Alzate es rudo, a veces indigesto, sin los primores de su parental poeta. Pero era tan directo como sor Juana. Por eso, para don José Antonio, los saqueadores de Xochicalco debían ser condenados a “permanecer en oprobio para con los amantes de la antigüedad”. (1) Y por lo que respecta a quien esto escribe, debe concedérsele razón a Alzate. El investigador observó que Xochicalco era una fortaleza. Investigaciones subsiguientes lo confirmaron. Don Antonio creyó que fueron los toltecas quienes construyeron Xochicalco.

En realidad, “tolteca” hace referencia a la sabiduría de los antepasados, un grado de conocimiento que se puede alcanzar al ser iniciado en los misterios de Quetzalcóatl. No se trata de una nación, sino de una forma de hacer cultura. En mis ensayos he retomado el término para referirme a los mesoamericanos en general.

En Xochicalco confluyen varios de mis primeros ídolos de juventud: Alzate, Humboldt y Julio Verne. Alexander Von Humboldt y Aimé Bonpland no conocieron Xochicalco. Dice el querido científico alemán: “No tuve ocasión de visitar este notable monumento... cuando pasé de Acapulco a Cuernavaca en abril de 1803, ignoraba la existencia de la colina de Xochicalco”. (2) Si bien en su obra Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América, el sabio barón adjuntó una pequeña reseña del lugar, basada en Alzate con una ilustración de la pirámide inspirada por el dibujante Agüera. Más adelante veremos qué fue lo que Julio Verne creyó ver en Xochicalco.

Mi hermano y yo hicimos una reciente expedición a Xochicalco. Éstas son las impresiones del diletante viajero. Adolecerán de muchas fallas, y todo lector que encuentre algún disparate mío, no dudaré en enmendarlo, si considero que en efecto se trata de un desaguisado.

Nadie sabe cómo llamaron a Xochicalco sus habitantes. Fueron los mexicas quienes lo bautizaron como “El jardín de la casa de flores”. Colotepec significa el cerro del escorpión. En una de sus cimas se encuentra Xochicalco.



En Mesoamérica predominó un estilo de construcción llamado talud-tablero. El talud es un largo contrafuerte, y el tablero es una estructura recta colocada sobre el anterior. (3)

Talud-tablero, talud-tablero, talud-tablero, canta una niña para mostrar la manera en que se construían los templos mesoamericanos. Es así que el talud era un basamento en plano inclinado, más ancho en la base que en la cima, sobre el que se colocaba una plataforma de recta pared, cuyo borde sobresalía al talud. Cuando se superponen varias capas de este ingenioso sistema, tenemos lo que hasta yo he llegado a llamar “una pirámide mexicana”. ¿De dónde el término?

El sacerdote jesuita Atanasio Kircher fue un inquieto científico, diletante temerario de la época barroca. Debemos a Atanasio Kircher la confusión sobre las pirámides mexicanas. Matemáticamente hablando y según la docta Wikipedia, una pirámide es “un poliedro limitado por una base, que es un polígono cualquiera; y por caras, que son triángulos y coinciden en un punto denominado ápice”. Pues bien: que me frían si en México se llegaron a construir pirámides. ¿Qué fue lo que sucedió?

Que el buen Kircher sostenía que todas las culturas antiguas del mundo precedían del antiguo Egipto, y como allá sí se levantaron edificios que corresponden con lo que debería ser una pirámide matemática, por lo tanto Kircher hizo entrar con calzador a todos los edificios antiguos en su clasificación piramidal.

Los mexicas llamaron teocalli a sus construcciones sagradas. Como los mexicas fueron la cultura más importante, que recogió la sabiduría de varias de sus predecesoras, quizá sea más correcto llamarlas así, teocalli y no “pirámides”. El sistema de talud-tablero se complementa con las escalinatas y sus alfardas. Los estudiosos llaman alfardas a las bandas de piedra que delimitan las escalinatas de los templos mesoamericanos. Como sucede en todos los sitios prehispánicos, mi brújula marcó siempre la perfecta orientación de los edificios.



Este teocalli lo dibujé con base en un diseño de Xochicalco. Simplemente repetí el motivo en pisos sucesivos. Mi fuente de inspiración, es el templo de la Serpiente Emplumada y uno de los templos de la plaza de la estela de los dos glifos.

¡Humboldt nunca pudo ver esto en persona! Otro ilustre personaje que tampoco visitó Xochicalco, pero que al contrario de lo que hiciese el minucioso científico alemán, le dio rienda suelta a su siempre fértil imaginación para representar las ruinas, fue Julio Verne. Aún conservo el librito de Editorial Porrúa en el que el apasionado novelista francés mencionaba una extraña y muy fantasiosa forma de teocalli. Es así que en su novela Un drama en México, podemos leer que: “El viejo fuerte se parecía bastante a un bisonte acurrucado con la cabeza inmóvil, y la mirada inquieta de Martínez creía ver sombras que se agitaban sobre el cuerpo del monstruoso animal”. Verne llama "fuerte" a Xochicalco basándose en la descripción de Humboldt, cuya fuente era Alzate; pero, ¿de dónde sacaría la idea de que la fortaleza tenía forma de bisonte? Al menos el literato no se fue por la vía fácil de llamar “pirámide” al templo. La entrada de los personajes en Xochicalco es maravillosa, una de las mejores escenas de las narraciones de aventuras:

El paisaje se presentó entonces bajo un aspecto extremadamente abrupto, haciendo presentir los picos gigantescos cuyas cimas basálticas detienen las nubes procedentes del Pacífico. A la vuelta de un ancho roquedo apareció el fuerte de Cochicalcho, edificado por los antiguos mexicanos, y cuya planta tiene nueve mil metros cuadrados. Los viajeros se dirigieron hacia el inmenso cono que forma la base y que coronan rocas oscilantes e impresionantes ruinas. (4)


Pero el escritor haría algo más. Tras su estancia en Xochicalco, los personajes de Julio Verne alcanzan Cuernavaca para continuar un inverosímil viaje rumbo a la ciudad de México. Así, se desvían hacia el majestuoso volcán Popocatépetl, haciendo escala en un pueblito imaginario: Aracopistla. En vez de seguir por la ladera Oeste del volcán, nuestro amigo busca el mayor de los efectos dramáticos y lo hace rodeando todo el monte, para que los buenos y los malos atraviesen el boscoso Paso de Cortés, aquel puerto de montaña que en 1519 cruzó el ejército del Conquistador, entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, a 3600 metros sobre el nivel del mar. Más que una cacería de malvados se trató de un viaje pintoresco donde los haya, de Acapulco a “Cigualán”, a Taxco, a Cacahuamilpa, a Xochicalco, a Cuernavaca, a “Aracopistla”, al Popocatépetl con su Paso de Cortés, y por fin, la Ciudad de México. Todo esto con referencias al templo con forma de búfalo, agrestes cañadas, selvas vírgenes, erupciones volcánicas del pasado reciente y nieves perpetuas. Lo malo es que si los novelescos chicos que salieron de Xochicalco sólo hubiesen tomado la dirección del Norte, se hubiesen ahorrado tantos descalabros. Al pertenecer a una exposición sobre la forma de los templos del México antiguo, este párrafo es, en realidad, una ridícula digresión sobre un aspecto ridículo de las novelas de Julio Verne: el efectismo novelesco. Volvamos a lo nuestro.

La secuencia talud-tablero también echa por tierra la hipótesis de una supuesta influencia babilonia en la construcción de los teocallis mesoamericanos. No hay tal secuencia en los zigurates babilonios.

En las paredes del templo de la Serpiente Emplumada pueden verse bajorrelieves que celebran un acontecimiento importante: de la cola de un camaleoncito brotan unos dientes que se comen al Sol, convertido en tortilla seccionada en cuatro trozos. Asimismo, los bajorrelieves sorprenden porque muestran influencia teotihuacana y maya.

Como muchos de mis lectores no son mexicanos, creo que no está de más decir que los mexicanos conocemos como tortilla un pan plano y circular hecho a base de maíz.

En el museo, mi hermano me había comentado que una de las piezas muestra un exótico glifo calendárico consistente en una calavera que representa una fecha que él no puede identificar. Los expertos sostienen que en Xochicalco se ajustó el calendario a partir de la observación de un eclipse que se celebró en piedra. En el adoratorio del centro se alza una estela con dos glifos: el superior señala el año diez caña y el inferior el año nueve ojo de reptil. Como la última de esas fechas no la heredó el calendario mexica, a mí también me resulta misteriosa, tanto la figura como el tiempo al que se refiere. (5)

Las ruinas muestran en varios puntos un etéreo matiz rosado que no sale en las fotografías, y que juega con el gris oscuro de la andesita y el blanco de la argamasa. Hay en Xochicalco tres canchas de juego ritual de pelota, palacios, temazcales, una rampa con representaciones de animales y una enigmática hilera de altares circulares. En la plaza del observatorio mi hermano encontró un lugar donde el silencio es el señor. Quiso quedarse un rato ahí, disfrutando de un sigilo que la ciudad nos arrebató hace mucho tiempo.

Enlaces bibliográficos y fotográficos:

(1) Cita de Altaze.

(2) Cita de Humboldt: Ibíd.

(3) Para hacer el dibujo, me basé en esta ilustración de Wikipedia y mis propias observaciones del sitio.

(4) Un drama en México, de Julio Verne, completito. En esta versión, así como en la original, llama Verne “Cochicalcho” a Xochicalco. Quizá a mí me faltará nombrar algún otro de los parajes que visitaron los expedicionarios vernianos.

(5) En Wikipedia pueden ver una estupenda fotografía de altísima resolución de la estela y sus dos glifos. Recuerden que si le hacen clic a la foto, ésta se ampliará aún más.

jueves, 7 de enero de 2010

Hubo un homenaje diletante a Alexander Von Humboldt

Enrique Arias Valencia



“La naturaleza es el reino de la libertad”.

Alexander Von Humboldt

El gran naturalista Alexander Von Humboldt descubrió los pisos de vegetación en Tenerife y los Andes. En México pueden observarse con cierta atención cuando ascendemos el Tepozteco. Si bien en este caso las diferencias entre los pisos no son muy dramáticas, sí tienen gran atractivo didáctico.

La teoría de los pisos de vegetación también se conoce como cliséride. Ésta sostiene que ascender 100 metros de una montaña equivale a recorrer 100 kilómetros de latitud terrestre. Por lo tanto, los 600 metros de altura del Tepozteco equivalen a 600 kilómetros de recorrido, tomando como punto de partida el Ecuador. A esto sumemos los 1400 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra el Valle de Tepoztlán, sobre el que se asienta el macizo.



Los pisos de vegetación del Chimborazo, según Humboldt y Bonpland


La tesis principal de la cliserie consiste en que cada piso se corresponde con una pauta especial de flora y fauna. En el Ensayo sobre la geografía de las plantas, leído el 7 de enero de 1805 a la Clase de ciencias físicas y matemáticas del Instituto Nacional (París), Humboldt y Bonpland explicaron que:
“Bajo los trópicos, sobre la vasta extensión de cuatro mil ochocientos metros de altura, en esa rápida pendiente que se eleva desde la superficie del océano hasta las nieves perpetuas, los diversos climas se suceden y están, por decirlo así, sobrepuestos”.

Es así que en el caso del Tepozteco, por debajo de los 1,600 metros sobre el nivel del mar el piso de vegetación pertenece al bosque tropical caducifolio, conocido también como selva baja. Para el visitante que sigue el sendero escalonado, este piso se distingue en lontananza como un manchón amarillento. En este piso del Tepozteco podemos ver los árboles de cuajiotes, cazahuates, cauhuilotes, tepehuajes y huizaches emparentados con matorrales y herbáceas. Los entendidos dicen que aquí el clima es semicálido subhúmedo. El bosque tropical caducifolio abarca de 1,500 a 2,200 metros sobre el nivel del mar. En otoño, a estos árboles se les caen las hojas, quedando bien pelones. A decir verdad, al estar fuera de mi alcance, aquí no pude pisar las hojas de otoño de este bosque, pero en otros lados, es algo que me gusta hacer muchísimo. Y es de la selva baja caducifolia de donde parten prestos los tejones para buscar alimento en la zona de la pirámide del Tepozteco, pues saben bien que ahí hay gente bien dispuesta a darles cacahuates gratis. El problema es que a los tejones les gusta cavar sus madrigueras en las paredes del templo, deteriorando así la construcción.

Presidido por densa bruma, el monte nos recibe con un ahuehuete partido por la mitad, riachuelo bajo sus raíces. La garra de león, quizá Philodendron sp. es la primera planta de media sombra que nos sale al paso.

Flanqueada por sendas paredes de perfecta vertical de cientos metros de altura, la garganta que remonta el Tepozteco es una invitación al deleite. Algunas de las rocas ígneas que atraviesan la cañada son producto de la actividad del Cenozoico medio volcánico. No obstante, hace 600,000 años, el Chichinautzin hizo erupción de nuevo. En consecuencia, los derrames de lava que conforman el suelo que pisamos son muy recientes, y las plantas que conquistaron esta barranca aprovecharon la creación de un lugar virgen. Las rocas más viejas del lugar pertenecen al Paleozoico y el Mesozoico. Al frente, la ladera, atrás, la herida del cielo cortada por las murallas de verde amarillo.

Por lo tanto, conquistando las laderas de las barrancas húmedas tenemos el bosque mesófilo de montaña. Si subimos por las escaleritas del Tepozteco, éste será el piso que nos acompañará a lo largo de dos kilómetros, sempiterno manchón verde. Se trata de una selva densa, que combina árboles caducifolios y de hoja perenne, con ejemplares de 15 a 20 metros de altura. Aunque los tengo al alcance de la mano, no los puedo distinguir por sus nombres; si bien aquí pongo algunas de sus especies: Quercus laurina, Clethra mexicana, Ternstroemia pringlei, Styrax ramirezii, Cornus disciflora, Meliosma dentata, Oreopanax peltatus, Carpinus caroliniana, Symplocos prionophylla y Arbutus xalapensis. La mayor parte de los árboles de este piso tienen hoja en forma de elipse, o que la recuerdan, como la ovada, la obtusa, la elíptica y la lanceolada, por ejemplo. Hermosas flores amarillas, violáceas y blancas salpican los caminos. Algunas son diminutas, otras mayores, todas esplendorosas. Por supuesto que abundan las enredaderas, los helechos, las aves y los ciempiés. De esta última especie, en una nueva aventura en la montaña, mi hermano me mostró un ejemplar rojizo.

El bosque mixto de pino-encino se encuentra entre los 1,600 y 2,800 metros sobre el nivel del mar. En este piso veremos el bosque compuesto por Juniperus y Cupressus. No es difícil de localizar, porque se trata de una selva tupida y muy atractiva a la vista, compuesta por enormes árboles recios. El clima se hace más frío. A más de 2,000 metros sobre el nivel del mar, en el bosque mixto de pino-encino fue donde se levantó el templo de Ometochtli-Tepoxtécatl, verdadero dios del pulque, la fertilidad y la cosecha, algo así como un Dionisos mesoamericano. La forma de las hojas de los árboles de esta serie tienen forma fractal, dispuestas en escamas que se ramifican minuciosamente, imbricadas para surgir en un espacio en forma triangular. Las aves de rapiña surcan el cielo en busca de sus presas.

Más allá de la pirámide del Tepozteco, a 2,800 metros sobre el nivel del mar se localiza la fronda de los pinares, bosque de coníferas, constituida por Abies religiosa, árbol conocido popularmente como oyamel. Este piso persistirá a una altitud mayor a los 3,000 metros sobre el nivel del mar. Aquí el clima es definitivamente frío, sin ser inclemente para la vida. Las hojas del oyamel son como agujas. Los oyameles son, pues, abetos que pueden alcanzar hasta los 50 metros de altura. En una lozana excursión con mi hermano al Tepozteco, a 2,000 metros de altitud, pude ver un hermoso ejemplar que quizá tenía 30 metros de altura. Hasta ahí llegaron nuestros pasos. Allende se desplegaba un bosque inaccesible para el aficionado.

La teoría de los pisos tiene otra notable consecuencia: mis recientemente realizados 30 metros de descenso en rappel equivalen a 30 kilómetros de recorrido de la latitud terrestre.

***


El Tepozteco de arriba a abajo:

a) Bosque de coníferas.

b) Bosque de pino-encino.

c) Selva baja caducifolia.

d) En las barrancas o laderas húmedas: bosque mesófilo de montaña.

***


Enlaces útiles:

Áreas naturales protegidas del Tepozteco

Prodigios del Tepozteco

Fichero sobre geobotánica

El blog de Pérez Medina




Fragmento de Ensayo sobre la geografía de las plantas

Geología y problemática de Morelos