Enrique Arias Valencia
Para Atilio y Jack, pues gracias a su amistad he descubierto de nuevo los placeres de la ciencia. Y para Genetticca, quien nos habla del conocimiento en tanto que unión con el Cosmos.
La casa taxqueña en la que aparezco en la fotografía de arriba fue la breve residencia del geógrafo. En aquel tiempo de las minas de Taxco se obtenían las dos terceras partes de la producción de plata mundial. La cantidad de mineral argentífero era tan abundante que los métodos para su extracción eran muy precarios.
Preocupado por la salud de los mineros, Humboldt había inventado unas máscaras para respirar en las minas con mayor seguridad, así como otros aparatos que beneficiarían a los obreros. Ignoro si en Taxco llegaron a utilizarse.
Con el barómetro, Humboldt estableció la altitud de Taxco en 1783 metros sobre el nivel del mar. Wikipedia sostiene que son 1,778. El guía de turistas nos aseguró que eran 1780. Esto es lo fascinante de la ciencia: que siempre es un dato a verificar.
Geológicamente hablando, Taxco se encuentra en las faldas del Atachi o Atatzin. Es, por lo tanto, una montaña lo suficientemente alta como para permitir la observación de la ley de la tercera dimensión vegetal descubierta por Humboldt. Sobre esta ley, podemos leer en su obra Cosmos:
“La región montañosa cercana al Ecuador... es la zona más pequeña de la superficie de nuestro planeta en la que se observa mayor densidad de la naturaleza. En la arrugada cadena de los Andes de la zona de Nueva Granada [Colombia] y Quito, el hombre... puede contemplar al mismo tiempo... todas las formas de las plantas. En una mirada se abarcan las heliconias, palmeras, bambúes y, por encima de estas formas típicas de los trópicos, otras especies que podemos ver en nuestra patria como robledales, variedades de Mespilus y plantas umbelíferas... Allí las zonas climáticas, al igual que las de la vegetación determinadas por aquellas, se sitúan en capas la una encima de la otra”.
“Este principio es también holístico porque presupone la consideración de las comunidades vegetales como un todo activo, como estructuras que se compensan entre sí y que pueden distribuirse dentro del conjunto, que es la biosfera, como una especie de compendio del todo. Esta y no otra es la idea “cósmica” de la naturaleza que inspira el conjunto de la obra de Humboldt, desde el ensayo sobre geografía botánica hasta Cosmos”.
El descubrimiento de la armonía de la naturaleza acerca a Humboldt al panteísmo. No olvidemos que en otro lugar ya habíamos señalado que según Humboldt “La naturaleza, […] es el Todo, animado por un soplo de vida”. Se trata de un panteísmo hilozoísta. El mayor triunfo del hilozoísmo consiste en probar que la materia no es inerte. Su mayor defecto, hacernos creer que la naturaleza persigue un fin último. En Humboldt, la causa final reúne la belleza y el bien en el gran Todo, como en el más puro ensueño platónico:
“Así es que la afinidad de sensaciones conduce al mismo objeto a que nos lleva más tarde la laboriosa comparación de los hechos, a la íntima persuasión de que un solo e indestructible nudo encadena la naturaleza entera”.
“El desarrollo y el movimiento no conocen punto de parada, lanzando su maldición a todo lo que suspende la vida”.
Goethe
El sentimiento de unidad con el Cosmos no es patrimonio exclusivo de las religiones organizadas, y en realidad, muchos inquisidores lo han perseguido, pues la unión mística con el Cosmos es un peligro para aquellos que creen que el sentimiento místico debe tener su origen en una doctrina particular. En su página, Jack Rational llama Dios Universal al Dios que aquí identificamos como el Cosmos del panteísmo. Por su parte, Genetticca en su blog nos muestra una de las más bellas expresiones del sentimiento que Humboldt también conoció. Así, tenemos en palabras de Genetticca:
“Amar es una composición hecha con todos los elementos de la naturaleza, una poesía de largo alcance, una sinfonía orquestada por la igualdad, una paleta con todos los colores y todos los paisajes, cromatismo, equilibrios y armonía. Cuando se ama bien, verdaderamente, no se hace daño, no se hiere ni se golpea. Cuando se ama con los cinco sentidos, ninguno de ellos escapa al crecimiento, cada sentido adquiere una relevante grandiosidad. El amor es el motor que mueve la máquina del universo. El amor es polvo estelar, fosforescente, luminoso”.
“Todos estamos conectados. Unos a otros, biológicamente. A la Tierra, químicamente. Al resto del Universo, atómicamente. [...] Sé que las moléculas de mi cuerpo las encontramos en los fenómenos del Cosmos. Esto me da ganas de abordar a la gente en la calle, y decirles: «¡¿Lo has oído?! »”
En su artículo, Genetticca habló de sinfonía. Arriba, el proyecto de John Boswell también hace referencia a esta composición musical. Amén de su oratorio, el 5 de febrero de 1803 Beethoven también estrenó su Segunda Sinfonía. Dicha sinfonía es un monumento a las armonías clásicas. Humboldt, por su parte, veía en Cosmos “armonías que ligan al hombre con el mundo exterior”. Este descubrimiento estimula un sentimiento que algunos no han dudado en llamar “religioso”. La expresión debe tomarse sólo metafóricamente, pero de cualquier manera apunta a una reunión con el Cosmos, unión que puede ser descrita en términos científicos. Carl Sagan, con su acostumbrado buen humor, no exento de feliz ironía, añade que "¿Cómo es eso de que casi ninguna religión mayor ha mirado a la ciencia; y concluido que: “¡Esto es mejor de lo que habíamos pensado!" A mí me gusta añadir: ¡Bueno, y si hay filósofos que tampoco lo han advertido!
En el Taxco del mes de enero de 2010 mi hermano y yo encontramos un cielo totalmente nublado. Nimbus y Cumulus se cernían sobre la ciudad. Una persistente lluvia nos recibió al llegar, si bien al amainar pudimos tomar la foto que he comentado arriba. En contraste, hace un par de años mi acompañante, una ninfa de graciosa huida, y yo, sombrío filósofo de pensar rumiado, tomamos unas cuantas fotos del exterior de Santa Prisca. En aquel tiempo el cielo estaba casi despejado, y sólo breves y delicados Cirrus atravesaban las alturas. El clima era entonces templado, con una ligera tendencia al calor. Las dos torres de Santa Prisca anunciaban a la sazón las bodas del Cielo y de la Tierra en una sinfonía de campanarios.
¿He dicho que "basta salir de la cañada"? Al subir el cerro del Atachi, mi hermano y yo tardamos 40 minutos en llegar a las inmediaciones del bosque donde está la estatua conocida como Cristo Monumental. Unos metros antes, el paraje recibe el nombre de Cazahuates (Ipomoea arborescens), que es un árbol caducifolio, acostumbrado a la vida de las laderas. Salgamos de la ladera, hacia la cara de la montaña que apunta hacia la ciudad. Es así como rondando las cimas del monte por fin podemos disfrutar de un bosque de coníferas, último piso de vegetación de Taxco que mi hermano y yo visitamos en nuestra más reciente excursión. Por cierto, que de los olivos del oratorio de Beethoven, de aquel año de 1803, en el que Humboldt y Bonpland visitaron la ciudad minera, al ser árboles mediterráneos, no hay ni sombra de ellos en Taxco.
Vayamos a las tablas, y veamos qué nos dicen. La primera página de internet que me sale al paso afirma que las Lagunas de Zempoala están a una altitud de 2,900 msnm. Tuve un error de cien metros. No soy geógrafo, y no sé qué rango de error se permita en estos casos. Pero mi cálculo me satisface. No es cosa de magia, ni de que yo lo haya adivinado. Se trata de una deducción a partir de un dato científico. La fronda de las coníferas de alta montaña se alza orgullosa a partir de los 2,800 metros de altitud, y llegará hasta los 3,000, a veces un poco más.
¿Qué es lo que pasa cuando la razón se auxilia con los datos que le proporciona la experiencia? Lo que acabo de contarles es lo que pasa.




