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martes, 1 de enero de 2013

La nada calumniada

Enrique Arias Valencia


La primera vez que la nada fue calumniada fue cuando la Iglesia Católica incluyó en sus enseñanzas aquello de que Dios había hecho el mundo sacándolo de la nada. Desde entonces la ciencia, sí, pero sobre todo la filosofía, no ha dejado de señalar que tal cosa es un disparate.

Es curioso que ahora que la Iglesia se encuentra en un declive inexorable, sea la ciencia la que trate de tomar la estafeta del absurdo, y con la teoría del Big Bang, continuar con la pretensión de ofuscar las mentes con un cuento tan viejo como el mundo, pero que no a fuer de repetirse, ha terminado por ser verdad. Goebels se equivocaba: una mentira repetida mil veces no termina por ser verdad, aunque esté muy bien contada. Por lo tanto, aún sigue siendo verdadero, le pese a quien le pese, lo dicho por Lucrecio: “De la nada, nada”. Y el Big Bang es tan sólo una metáfora de un misterio que quizá carezca de sentido: el mundo no comenzó nunca, es el mito de origen sostener que alguna vez hubo un principio prestigioso.

Sin embargo, en parte creo saber porqué la ciencia nos habla tanto de la nada, pues ésta ejerce una fascinación que va más allá del concepto que engalana. Mi fascinación por la nada no procede de la ciencia, sino de mi anhelo de dejar de ser algún día. Para los cientificistas, un óvolo fecundado no es un ser humano, pues carece de sistema nervioso. Para los creyentes, un óvulo fecundado es un alma con un cuerpo. Desde mi punto de vista, un óvulo fecundado es demasiado, pues es una promesa en un mundo miserable que quizá no pueda satisfacer dicha promesa. La verdad es que envidio a mis hijos: ellos no deberán morir para no ser, ser nada. Ellos, al no haber sido concebidos nunca, son hermanos de leche de la nada. Están ahí, en ese lugar que supera al limbo en paz: “la sagrada paz de la nada”, como la llamó Schopenhauer.

Sabido es para quienes siguen este blog que no suelo simpatizar con los argumentos de Richard Dawkins, quien por cierto, y como la mayoría de los científicos, admite la teoría del Big Bang. Sin embrago, cuando en “¿Es la ciencia una religión?” su pluma toca el tema del destino de la vida humana individual, llega a conmoverme hasta la simpatía su reflexión, pues entonces, el célebre etólogo sostiene:



“Moviéndonos a la escatología, sabemos por la segunda ley de la termodinámica que toda complejidad, toda vida, toda risa, toda pena, está condenada al final a la fría nada. Ellos, y nosotros, no somos sino rizos temporales del resbalón universal hacia los abismos de la uniformidad”.



Suena tan bello lo que dice, que quizá no sea verdad. ¿Y a la nada, nada? ¿Qué sucederá cuando me muera? Si la nada siguiese a la muerte, sería algo: la nada sería el estado que le sigue a la muerte. Pero la nada no es nada, y por lo tanto, no sigue a la muerte.


Pero si la nada no sigue a la muerte, ¿fue o no fue un necio quien dijo una noche de negra quietud “¡No hay Dios!”?

No sé si el resto sea silencio…

sábado, 22 de enero de 2011

Museo Dolores Olmedo Patiño

Enrique Arias Valencia

Tú que con una lanza de fuego
has roto el hielo de mi alma
y la empujas hacia el mar espumoso
de sus más altas esperanzas,
cada día más claro y más sano,
libre en una sujeción amable,
por eso ella celebra tus milagros,
¡oh mes de Enero, el más hermoso!

Friedrich Nietzsche



Amanecer en mi cuartito, en un mes de feliz memoria, el más bello mes de enero, tuve a bien dirigir mis pasos hacia el sur, y llegué a Xochimilco. Lo que sucedió allí encantó tanto a mi alma, que fue dado a mi parecer repetir la experiencia durante tres días espaciados en dos fines de semana. Ésta sería una crónica de mi aventura. Empiécela la memoria, empiécela con prudencia. ¿Qué es la memoria? Me ha acompañado Sor Juana, y en la Inundación Castálida, la Musa Décima sostiene, que la memoria dice de sí misma:

Yo soy el archivo, yo
depósito donde encierra
de sus especies, el Alma,
los tesoros y riquezas;
y así, infórmate de mí,
para que tú después puedas
persuadir la Voluntad,
sin que el orden se pervierta.


Y mi archivo me inunda con gratos recuerdos. ¿Qué aloja mi depósito? Me presento así ante las puertas del Museo Dolores Olmedo Patiño. Portón grande, arco de piedra. A la izquierda, una discreta fuente nos recibe en la entrada, hoy adornada con flores de cuetlaxóchitl, que algunos han querido ver como flor de Nochebuena. En el anchuroso jardín el pavo real vibra durante el cortejo. Sobre las ramas del ahuehuete se han posado un par de pavo reales. Y es hora de entrar al edificio. La primera pieza que admiro es de Diego Rivera. Una pintura llamada La noche en Ávila, de 1907. Tras la fronda de los fresnos, talud del monte, una ventana de luz encendida en medio de la noche oscura del alma. En lontananza se alza la torre románica de la esperanza.

Varias piezas después, amén de salas, me cautiva el retrato de Pita Amor, de 1949. Óleo sobre tela, la Undécima Musa, Pita Amor está sobre un fondo verde, quizá de madreselva. Encaje y holanes del vestido blanco, los labios rojos y el cabello castaño, de bucles infinitos. Los ojos, cafés, siempre expresivos. Asombro de la hermosa poetisa que se descubre filósofa, que se descubre atea. Las cejas arqueadas, los ojos grandes, los aretes como almendras. Es la sorpresa de saberse finita, expresada en una rima inmortal:

I

Dios, invención admirable,
hecha de ansiedad humana
y de esencia arcana,
que se vuelve impenetrable.
¿Por qué no eres tú palpable
para el soberbio que vio?
¿Por qué me dices que no
cuando te pido que vengas?
Dios mío, no te detengas,
¿o quieres que vaya yo?




VIII

No creo en ti, pero te adoro.
¡Qué torpeza estoy diciendo!
Tal vez te voy presintiendo
y por soberbia te ignoro.
Cuando débil soy, te imploro;
pero si me siento fuerte,
yo soy quien hace la suerte
y quien construye la vida.
¡Pobre de mí, estoy perdida,
también inventé mi muerte!


Las Décimas a Dios son de 1953, apenas cuatro años después de que Diego Rivera pintara el retrato de Pita Amor que hoy admiro. Pita me roba el alma porque es mi propia alma: contradictoria, buscadora de Dios, atea, agnóstica, insatisfecha del mundo espiritual. El lesbianismo de Pita Amor es mi ambivalencia espiritual: soy totalmente ateo, no agnóstico, como Dawkins; pero por ese mismo hecho terrible, soy un adorador del Dios sempiternamente desconocido. Ahora estoy frente a las esculturas de marfil. Gordo, calvo y sonriente. ¿No es el Buda chino un bebé pícaro? Y es hora de pasar de nuevo al jardín.

El 9 de enero de 2011, en el foro al aire libre del Museo Dolores Olmedo Patiño se presenta la Orquesta Típica Añoranzas. Todos los mexicanos son nostálgicos. Yo soy mexicano. Luego, soy nostálgico. Por eso me arroban las obras que esta orquesta interpreta. De entre los tesoros y riquezas, destacaré las siguientes piezas:

Polka mexicana anónima: “Tris tras”.
De Agustín Lara: “Novillero”.
De Miguel Lerdo de Tejada: “El Faisán”.

El director nos comenta que las “Blancas mariposas” a las que se refiere la canción homónima son unas orquídeas en las que los enamorados tabasqueños se escribían poemas. ¿Lo harán todavía? La poesía es de José Claro García, escrita en Villahermosa, Tabasco, el 21 de septiembre de 1918. La música es de Cecilio Cupido. La música vernácula se atreve a decir las cosas con valiente nostalgia. Es así que, por su parte, la canción “Un viejo amor” sentencia valientemente:

“Por unos ojazos negros
igual que penas de amores…”


En emoción contraste, a pocos metros de mí, el orgulloso pavo real despliega su cola. En pleno invierno es época de celo. El pavo real hace vibrar su cola en forma majestuosa. He dicho al comienzo que quedé tan encantado con el lugar, que el fin de semana siguiente volví. Y en mi querido patio de recreo, mi archivo quiere advertir al entendimiento. El 15 de enero es el turno de la Marimba Nanishe, palabra que en zapoteco quiere decir “sabroso”.

Popurrí chiapaneco.
Gerardo Tamez: “Tierra mestiza”. Nostálgica.
Son istmeño de Oaxaca: “La bruja”. Otros sostienen que es de Veracruz.
Rubén Fuentes: “La Bikina”.
“Chiapas”, de Alberto Domínguez.
Son abajeño “La calandria”.
“Rascapetate”, de Chiapas.
Chilena de Oaxaca: “Pinotepa”.
Danzón chiapaneco “Juárez.
Son istmeño adoptado por chiapanecos: “La tortuga del arenal”.
Agustín Lara: “Danzones”. 1° clave, 2° güiro, 3° bongós.

La marimba es acompañada por caja, pandero, claves, maracas, bongós, güiro, batería y bajo eléctrico. A la una de la tarde del domingo 16 de enero es el turno de Danzaura: un grupo de danza regional mexicana. Y hete aquí que durante uno de los números, varias bailarinas descienden hacia el público, y en suerte soy invitado a bailar un son jarocho. Si bien nada sé de pasos de baile, sé por experiencia propia que un nuevo dios, hasta hoy desconocido, habla por medio de nuestro cuerpo.

En una de las dos Ofrendas de Día de Muertos, que han durado hasta enero, vemos que durante la Guerra de Independencia la Virgen de Guadalupe se enfrentaba a la Virgen de los Remedios. Alguna vez, en mi lejana infancia, mi padre me comentó que cuando se libraba la Independencia de México, ambos bandos acostumbraban capturar y fusilar a la Virgen estandarte del rival. Por eso no puedo ser tan ateo como mis hermanos ateos, porque yo sé que la Virgen de Guadalupe es símbolo de la resistencia de la nación frente al poder invasor, y eso desde tiempos de la Conquista. La fuerte espiritualidad de los antiguos mexicanos fue una de las razones de que los conquistadores españoles impidieran a los indígenas tomar cargos religiosos, cosa que J.-M. G. Le Clésio señala en El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido:

“La consecuencia de esta exclusión es la desconfianza que los religiosos españoles sienten por todas las manifestaciones populares de la fe cristiana en el Nuevo Mundo, empezando por el culto a la Virgen de Guadalupe”.


Porque para escándalo de creyentes y ateos, bien mirada, en la Virgen de Guadalupe se presentan lo humano y lo divino como una y la misma cosa. Sus ropas están adornadas por símbolos prehispánicos: el nahui ollin y el tépetl, por ejemplo. Nahui Ollin es símbolo de movimiento, el Quinto Sol, el nuestro. Tépetl es cerro, como el Tepeyac donde auténticamente se apareció la Virgen de Guadalupe en 1531. Espiritualidad autóctona. La veneración a la Virgen de Guadalupe es algo más que el culto a una tilma. Es danza extática, música estruendosa, delirio de devoción encendida. Es, desde luego, la larguísima peregrinación desde los más remotos lugares. Entre los pueblos nómadas del México antiguo, a los dioses se les cargaba en la espalda. Alguna madrugada, yo he visto a ciclistas cruzar la Calzada de Tlapan con un enorme retrato de la Virgen de Guadalupe en la espalda. La Virgen de Guadalupe es, le pese a quien le pese, Tonantzin, nuestra madrecita, la Tierra y la Señora del Cielo, que sólo habla a los iniciados en los más grandes misterios, en tanto que para los gentiles, sólo es tierra muda que nada les dice. Siguiendo este orden de ideas, muy a pesar de su ateísmo, Diego Rivera y Frida Kahlo celebraban el Día de Muertos con una ofrenda. La Ofrenda de la entrada del Museo Dolores Olmedo Patiño es un homenaje a su fundadora y al México artístico. Aquí, en el museo, entre incontables figuras de xoloitzcuintle, vivos y de barro, danzando entre dioses arquetípicos, extraviado entre muestras olmecas y zapotecas, sé que estoy rodeado por mis dioses, los dioses de los antiguos mexicanos, a los que hay que celebrar con flor y canto. Nezahualcóyotl lo ha dicho por nosotros:

¡Oh, valeroso señor nuestro,
debajo de cuyas alas nos amparamos,
y defendemos, y hallamos abrigo;
tú eres invisible, y no palpable,
bien así como la noche y el aire!
¡Oh, que yo, bajo y de poco valor,
me atrevo a parecer delante de Vuestra Majestad!


Con ensalmos y encantamientos, se trata de un dios que huye de nosotros, que se desvanece con la llegada del ocaso. La tarde es el reflejo del amanecer. Yo soy un sueño que sufre la ponzoña del alba. Y en esta noche sin término, Dios es poco menos que una sombra fugitiva.

Bibliografía Web:

Sanctus Januarius

Sor Juana

Pita Amor

Blog de San Álvaro

sábado, 17 de julio de 2010

Genes y moral 2

Aguinaliu escribió: El egoismo también puede ser visto de dos modos. Es más egoista el que desea tener (A si mismo, conocimientos, riqueza...) para ayudar a los demás o el que da esperando recibir a cambio tanto o más que lo dado.

Respondo: ¡Totalmente de acuerdo Aguinaliu! Por eso nuestra especie es un fracaso moral; porque no puede salir del Maelstrom del gen egoísta.

¡Todo, absolutamente todo está configurado por la lucha por la existencia!

No hay culpables de esto, simplemente es la actuación de la naturaleza biológica, ciega, pero omnipotente.

Por eso hay genios en el campo del arte, de la cocina, de la medicina, del naturismo, del New Age, de la filosofía, del deporte, de la ciencia, de la tecnología, de la moda del vestir, del arte de amar a la pareja, de la educación, y podría seguirme con los etcéteras.

Pero no hay genios de la política, ni de la economía ni de la moral, porque el gusano del egoísmo corroe el corazón inmóvil del ser humano. De ahí las crisis económicas, las hambres y las guerras.

Esta situación es irremediable, y en el fondo carece de culpables. Sólo es una grave advertencia sobre la verdadera naturaleza del ser humano.

Naturaleza descubierta por Darwin, y que una vez comprendida, nos sirve para aceptar con humildad que la miserable condición humana es resultado de la selección natural.

Saberlo, nos evita enfados y enojos, y nos hace sentir piedad por los ricos y los pobres por igual.



Salud

***

Este artículo estaba programado para salir el día de hoy, si bien debe considerarse este otro como importante antecedente:




***


Sobre este tema, Atilio ha tenido la amabilidad de recomendarnos:

Para quienes quieran comenzar a enterarse recomiendo:
"The Altruism Equation: Seven Scientists Search for the Origins of Goodness".
http://www.amazon.co.uk/Altruism-Equation-Scientists-Origins-Goodness/dp/0691125902

Los excelentes libros de Franz De Vaal:
"Primates and Philosophers: How Morality Evolved"
http://www.amazon.co.uk/Primates-Philosophers-Morality-Evolved-Princeton/dp/0691141290/ref=pd_sim_b_1

"Age of Empathy"
http://www.amazon.co.uk/Age-Empathy-Frans-Waal/dp/0307407764/ref=pd_sim_b_3

"Good Natured: Origins of Right and Wrong in Humans and Other Animals"
http://www.amazon.co.uk/Good-Natured-Origins-Humans-Animals/dp/0674356616/ref=pd_sim_b_4

"Our Inner Ape: The Best and Worst of Human Nature"
http://www.amazon.co.uk/Our-Inner-Ape-Worst-Nature/dp/1862078823/ref=pd_sim_b_1

Y también:

"The Origins of Virtue" de Matt Ridley
http://www.amazon.co.uk/Origins-Virtue-Penguin-Press-Science/dp/0140244042/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=books&qid=1279270725&sr=1-1

"The blank slate" de Steven Pinker (disponible gratis en la Net, Arias puede colgar el link al sitio del amigo Dr Gen si así lo desea)

Y muchos muchos más. Por favor, noten que no he incluido ningún libro de neuropsicología ni de ciencias cognitivas. En ambos sectores hay montañas de información al respecto de la moral y de los actos morales e inmorales.

viernes, 16 de julio de 2010

Genes y moral 1

Susie9 escribió: "Por lo tanto, el mundo en cuanto a los hombres se refiere, no sería un absurdo sino un muy lógico mecanismo movido por el egoísmo y el interés que nace del amor propio".

Respondo: Richard Dawkins sostiene que el motor que impulsa a los seres vivos a vivir es el gen egoísta, que lo único que busca es preservar su información para entregarla a la siguiente generación.

Incluso afirma que tanto el egoísmo como el altruismo de los seres vivos sólo son programas que se cumplen porque somos máquinas programadas por los genes para preservarlos a ellos (a los genes).

El altruismo y el amor (sobre todo el amor propio) serían "errores" de la selección natural cuyo fin último sería hacer más eficiente la lucha por la existencia.

Yo ya hasta me imagino el comercio como una mera competencia evolutiva sancionada por la darwinización de la moral:

Si pagas, te dan. Si no pagas, te ningunean. ¡Es lo justo!

Las reflexiones anteriores son justas para sobrevivir; pero no son buenas para vivir.

El propio Dawkins reconoce que "La ciencia no es proveedora de criterios de moralidad"; y en al menos en algún escrito, él mismo sugiere dirigirse a la filosofía moral racional para discurrir sobre ética.

¡Saludos!
_________________
Sé que soy un hombre, pero no sé lo que es el hombre.

***

Muy importante: este artículo estaba programado para salir el día de hoy; sin embargo, mi reflexión de estos días debe entenderse con base en este otro:

domingo, 6 de junio de 2010

El extraño anillo del Señor de los anatemas

Enrique Arias Valencia


Cuanto más comprensible nos parece el universo, tanto más sin sentido pareciera ser.
Steven Weinberg


No sé hasta qué punto lo que escribo es un ensayo, pues no sé hasta dónde el presente tiene un carácter personal. He de señalar mis lecturas recientes: el capítulo “El origen de la moral” de El espejismo de Dios, de Dicky Dawkins, algunos curiosos poemas atribuidos a sor Juana, buena parte de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi, recuerdos gratos de algunas obras de Platón, Tolkien, Asimov, incluyendo jocosas lecturas de la Biblia, y porqué no decirlo, mis lecturas favoritas de los posts de los blogs que sigo, todo esto acompañado por música de Wagner y Mahler.

¿Es esto un ensayo? He pensado durante largo tiempo que, a pesar de que soy un reverendo ateo, la ciencia no puede ser atea. La ciencia comprometida con una sincera investigación de los fenómenos de la naturaleza no debe ser ni atea ni creyente, sino que debe estar siempre abierta a una perpetua revisión de sus conclusiones. Agnosticismo contra certeza, ni más ni menos.

Si bien entre los miembros de la Iglesia católica durante el Renacimiento brillaron algunas de las mejores mentes de la ciencia, el papel del cristianismo fue declinando inexorablemente a medida que pasaron los siglos. Parte de la responsabilidad de la decadencia intelectual de la Iglesia se debe a la propia Jerarquía de la Iglesia Católica, pues ella arremetió contra sus hijos. En 1600, la Inquisición eliminó en la hoguera al dominico Giordano Bruno, un adelantado filósofo que pudo haber hecho muchísimo por el avance de la ciencia en Europa. Poco conocido, Giulio Cesare Vanini fue un filósofo, que en pleno Renacimiento, fue capaz de proponer que el hombre descendía del mono, y que por lo tanto no tenía alma inmortal. Fue quemado en 1619.

Galileo fue silenciado en 1633. Durante el proceso contra Galileo, las obras de Copérnico fueron censuradas. Hasta la Vida de Santa Teresa de Jesús estaba en el Índice de libros prohibidos. No conforme con devorar a su grey amada, la Iglesia maldijo los Pensamientos de Blas Pascal, la obra de Spinoza, la de Leibniz, la de Newton, la de Kant. ¿Qué entenderían esos dementes de la Jerarquía por pecado de pensamiento?

El Índice fue abandonado en 1966. Pero, ¿ha cambiado la postura de la Jerarquía? En esencia, no. Casi un siglo antes de renunciar a su querido Índice, la Jerarquía nos regaló el Dogma de la existencia de Dios, que tal y como está escrito, es una condena a la labor científica. El científico confiesa que no sabe; la Jerarquía obliga a creer, so pena de castigos imaginarios, como el Infierno y los anatemas, o muy peligrosos, como las Inquisiciones del pasado. ¿Qué significa ser anatema? Ser sujeto de maldición. El dogma a la letra dice:

El concilio Vaticano I (1869-1870) bajo Pío IX (1846-1870) declaró:


"Si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y Señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema." Dz.1806



Y bien, ¿qué significa eso? ¿Que al explorar el universo con nuestra ciencia, estamos obligados a descubrir a Dios, a riesgo del anatema? ¿Acaso debemos admitir que es la Tierra el centro del Universo para satisfacer al Dios de las Escrituras? ¿Significa que debemos falsear los resultados de las investigaciones genéticas para que cuadren con el diseño inteligente y así satisfacer la Quinta vía de Santo Tomás? ¿Que hasta las matemáticas deben ceñirse a los caprichos de un Dios celoso que quiso reservarse para sí las propiedades del infinito?

Y pues bué, si Dios hubiese querido que lo encontráramos con la sola luz de la razón natural por las cosas que han sido hechas, por lo menos debió de darnos una ayudadita. ¿Qué tal si la Biblia nos hubiese facilitado el cálculo correcto del número π, porque resulta que en uno de sus libros el Espíritu Santo inspiró al autor para revelarnos que π es un número entero?

Porque en el segundo libro de las Crónicas, capítulo 4, se afirma con gran pompa y solemnidad que los hebreos estaban muy ocupados construyendo un templo. Pues bien, el versículo segundo dice a la letra que alguien “también hizo un mar de fundición, el cual tenía diez codos de un borde al otro, enteramente redondo: su altura era de cinco codos, y una línea de treinta codos lo ceñía alrededor”. No obstante, resulta que el inspiradísimo escribano de la palabra de Dios no se dio cuenta de que al dar el diámetro de un círculo, diez codos en este caso, de inmediato nos dijo la medida de la circunferencia. Y creyó que era necesario declarar que la circunferencia medía treinta codos, revelando como palabra cierta de Nuestro Señor que π vale exactamente tres. Nosotros los amantes de los griegos sabemos que el divino Platón advierte sobre su Academia: “Que nadie entre aquí, si no sabe geometría”. No olvidemos que en la geometría corriente, π sólo tiene un valor aproximado si lo mencionamos con números, siendo el más común 3.1416. ¿Podría entrar a la Academia el Dios de la Biblia? ¿Qué clase de certeza es esa?

Y eso que a la sola luz de la razón natural que examina la así llamada Creación nunca hemos calculado el último decimal de π… ¡pero es que por ahí hay un dogma que dice que con la luz de la razón natural se puede deducir con certeza la existencia de Dios! ¡No puede ser que algo tan sencillito como π se nos escape de los dedos, si lo del asunto de Dios es tan fácil que hasta una maldición puede caer para quien desafíe la prueba racional de su existencia!

Leamos de nuevo el dogma. ¿No es una petición de principio asegurar que las cosas han sido hechas? ¿Cómo vamos a saber de antemano que las cosas fueron hechas por Dios si eso es lo que hay que probar? ¡Menudo anillo, epígrafe y culmen del circulus in probando! Los teólogos que maldicen sin ayudarnos con buenas razones necesitan una compasiva dosis de bicarbonato de sodio para apaciguar su ira: Dies irae, Requiem dixit, ¡je je je!

¿Qué si con la razón y la experiencia no encontramos a Dios? ¿Debemos ser insinceros con la razón y la experiencia para seguir consintiendo a la incierta teología de las cada vez más angostas brechas?

Si algo ha probado la ciencia no es que Dios no exista; pero tampoco podremos avanzar en nuestras investigaciones si se nos envenena la búsqueda con un dogma que incluye una ridícula amenaza sobre qué es lo que debemos obtener al examinar la naturaleza.

¿Es el objetivo de la ciencia encontrar a Dios? No. El objetivo de la ciencia consiste en elaborar, probar y mejorar modelos que expliquen los fenómenos del Universo. Si la Jerarquía católica cree que con “la sola luz de la razón natural” se puede encontrar a Dios, en el mundo quien está obligada a probarlo es ella. Después de todo, ¿qué podemos hacer auxiliados tan sólo por la razón? Gracias a la ciencia sabemos que un gramo de experiencia vale más que una tonelada de razones.

Y la ciencia, explorando más de quince mil millones de años luz de radio medio del Cosmos nunca ha encontrado un lugar para el Creador, ni en lo más pequeñito de las células ni en los vastos abismos de la noche eterna de los mundos.

A ningún científico se le ha ocurrido maldecir el fruto de sus teorías, a lo mucho hubo uno que se vio obligado a renegar de ellas amenazado por la Inquisición, y otro que, al ver las cosas que se hicieron con las teorías de la fisión hubiera querido mejor ser relojero…

domingo, 7 de marzo de 2010

¡Ya circula el autobús ateo en Latinoamérica!

Me enteré en Razón atea de que en Argentina ya circula el autobús ateo. Como a Fernando no le gustó la frase dawkinsiana, aquí les pongo una página para que cada quien ponga su cita atea favorita. Yo escogí una archifamosa de Nietzsche:


domingo, 27 de diciembre de 2009

Plenitud de Tepoztlán; tragicomedia de Cuauhnáhuac

Enrique Arias Valencia

Reflejada en el río
he visto mi imagen,
y ahora la veo de nuevo:
tal como antes apareció en el agua,
tú ahora me muestras mi propia imagen.

Sieglinde, La Walkyria, Acto I, Escena III


Árbol de tronco viejísimo, este enorme ahuehuete partido por un riachuelo es el portón más natural para recibir al viajero que busca comulgar con el espíritu de nuestros antepasados indígenas. La ascensión del cerro del Tepozteco es labor titánica que demanda salud. Macizo vertical, se conquista recorriendo infinitas escaleras de labrado burdo, extenuantes, interminables. Verdura varia, árboles de bosque de altura, el noble sinople del paisaje atrapa la mirada. Sólo de vez en cuando parda roca se asoma entre la sinfonía de coníferas, selva baja caducifolia, bosque mesófilo de montaña, ceibas y tepozanes.

El premio es la así llamada pirámide, basamento prehispánico de orientación perfecta, hoy infestado de coatíes, plaga omnívora que con sus enervantes chillidos hace eco de una naturaleza que está siempre dispuesta a devorarnos. Ellos son parte de las fuerzas oscuras de la Tierra que siempre acechan y velan por nosotros.

Arrojar cacahuates a los coatíes es peligroso. Ingratos como son, suelen soltar una dentellada a su cándido benefactor. Si los ignoramos, podremos llegar sin cargo al santuario que los arquitectos xochimilcas levantaron a más de dos mil metros sobre el nivel del mar, entre los siglos XII y XIV. Más tarde, los mexicas conquistarían el lugar.

Consagrado al dios del pulque, Dos Conejo se celebra por partida doble: Ometochtli-Tepoxtécatl, pues se trata no de otro dios sino de nuestro inmortal Dioniso. Si bien los frailes en su febril evangelización destruyeron el ídolo del Conejo, hijo de Quetzalcóatl, nunca pudieron levantar nada en el lugar donde todavía hoy puede observarse airoso el templo prehispánico.

Yo soy el peor de los naturalistas. Bajar la montaña es labor vesánica, que demanda no sólo paciencia sino que uno mismo se torne tecolote. Con mis manos enconchadas a la boca imito el llamado de estas aves. Mi ulular llama la atención de una bebé norteamericana, quien tratará de imitarme. Le enseño lo que puedo, pero de su práctica personal dependerá su éxito. Sigo descendiendo.

Un enorme escarabajo rinoceronte demanda mi atención. Su negrísimo cuerpo es admirado por unos niños que me piden que se lo muestre. A continuación, libero al artrópodo en un paraje seguro, lejos de las pisadas de los viandantes. No puedo evitar recordar que hay más especies de artrópodos que de todos los demás animales juntos, y que hay más especies de escarabajos que de cualquier otra cosa viva y con patas.

Desde un círculo de roca, una amable chica invita a los turistas a practicar rappel. En mi lejana adolescencia le tuve alguna vez pavor a las alturas. Ahora, frente a esta peligrosa tentación, no puedo resistirme al llamado de la ninfa de la montaña. Nunca antes me había colocado un arnés de rappel en la cadera. Me acompaña un amable instructor quien me indica que debo abrir las piernas en perfecto compás, y después señala los demás movimientos de un deporte que despierta los entusiasmos de la adrenalina. Nos ceñimos el casco, corona del temerario, y con la advertencia de nunca soltar la soga, comienza el descendimiento.

Mis movimientos son torpes, pero no riesgosos. A mi alrededor, verde interminable que contrasta con algunas cimas de roca desnuda. La vista es pavorosa, pero los dioses prehispánicos me protegen. En lontananza, algunas aves de rapiña chillan hambrientas. Treinta metros de descenso limpio, tan sólo un leve tropezón que me hace exclamar “¡Virgen Santísima!” El ateísmo no es derrotado por la religión, sino por las fuerzas oscuras de la naturaleza; fuerzas que también operan en la mente humana, y que fueron en realidad quienes moldearon el cerebro y sus chapuceros descalabros. No obstante, el envidioso Jehová nada podrá hacerme esa tarde. ¡Tonatzin ilumina mi agitado corazón! La vertical del cerro es sublime en su majestad, infinitamente grande en su declive. El aire puro de la montaña danza en mis oídos, casi silenciosamente descendemos la escarpada pendiente.

Alcanzar con mis propios pies la tierra es el éxtasis. ¡He logrado salir bien librado de esta! Pero mañana será la revancha de Jehová, y habrá tiempo para el justo ateísmo.

Una visita al Exconvento culminó un día magnífico. Atrio espacioso, dórico ingenuo, macizos jónicos, ángeles que enmarcan a la Virgen, los brazos sostienen al bebé Jesús sonriente, en tanto que su madre pisa la Luna. El templo otrora dominico, con dos campanarios llamará pronto a la misa de Nochebuena. Y es así que en la Nueva España, para los oficios de Navidad de 1689, Sor Juana Inés de la Cruz escribió unos villancicos de los que extraigo el estribillo del Segundo Nocturno:

1.- Pues mi Dios ha nacido a penar,
déjenle velar.
2.- Pues está desvelado por mí,
déjenle dormir.

1.- Déjenle velar,
que no hay pena, en quien ama,
como no penar.

2.- Déjenle dormir,
que quien duerme, en el sueño
se ensaya a morir.

1.- Silencio, que duerme.
2.- Cuidado, que vela.
1.- ¡No le despierten, no!
2.- ¡Sí le despierten, sí!
1.- ¡Déjenle velar!
2.- ¡Déjenle dormir!


El hombre es el sueño de un Dios desconocido. En una de las ventanas del mirador han montado un telescopio desde el cual puede contemplarse la pirámide del Tepozteco. En aquella espaciosa veranda de vetusta roca no pude evitar recordar la compañía de mi recientemente fallecida directora espiritual, en el lejano Tepotzotlán.

Al amanecer, encantado como estoy, invito a mi hermano a un nuevo viaje al Sur. El riachuelo que labró la cañada en la que está situado el segundo Cerro del Chapulín se ensancha al final del parque, y ahí atracan unas lanchitas que, en aparente tranquilidad, conducen a los viajeros por un lago que culmina en una cascada de doce metros de altura. Con audacia, mi hermano navega por el borde de la cascada. Allá abajo, un ahuehuete solitario preside una islita. ¡Este año he visto muchos ahuehuetes!

Ahuehuete quiere decir “viejo del agua”. En el Bosque de Chapultepec, la fronda de un ahuehuete acompaña silenciosa un ebúrneo monumento dedicado a mi amada Sor Juana. No falta quien afirme que este ejemplar, amigo de la broncínea imagen de la poetisa, tiene setecientos años. Una enredadera juega a ahorcar a su anfitrión. El árbol de la Noche Triste, bajo cuyas ramas el conquistador español Hernán Cortés lloró su derrota, era también un ahuehuete. Unos cohetes lo incendiaron hace algunos años. Quizá nadie se haya dado cuenta de que veinticuatro ahuehuetes rodean la fuente de la Diana, en el Paseo de la Reforma. En alguno de mis paseos diarios, yo he abrazado a algunos de ellos. Ahuehuete imponente, el árbol del Tule, en Oaxaca, quizá sea tan viejo como el cristianismo: sostienen los entendidos que tiene dos mil años, y es el árbol con el tronco más grueso del mundo: 14,05 metros de diámetro.

Tras bordear el apartado ahuehuete el río continúa su curso cantarín. El rastro del arroyo se pierde entre las rocas y la selva. Arriba, el agua tranquila se refleja entre los árboles en cristales danzarines y mágicos. Yo nunca había visto esos centelleos. Un polluelo y su mamá pata nos siguen. También nos grazna un pato gruñón, quizá el padre del patito. Aquí y ahora, todo es paz y alegría. ¡El mundo está lleno de dioses! Eolo, Coros, Flora, Pan y Siringa nos acompañan. Éste es el ambiente en el que sor Juana nos hace reyes cuando nos regala las siguientes melodías de notas breves:
Porque cantando las Aves,
süaves,
y las Flores más tempranas,
ufanas,
y los Árboles valientes,
lucientes,
y las Fuentes halagüeñas,
risueñas,

dando de su afecto señas
a sus luces soberanas,
con hacerle salva…

Nacido en un desierto, hijo de una espantosa abstracción, ajeno a las impresiones de las ninfas de los ríos y enemigo de los más radiantes colores, el tenebroso Jehová nunca ha podido soportar tanta belleza. Tiene razón el ilustre científico Richard Dawkins cuando lo llama “El personaje más desagradable de toda la literatura. Celoso y orgulloso de ello, un mezquino, injusto e implacable enloquecido fuera de control, un injusto vengativo siempre sediento de sangre, un sulfuroso megalómano, sadomasoquista, caprichoso y malévolo matón". Pero Dawkins se equivoca cuando dice que Jehová es un espejismo. Jehová es realmente un ser celoso y cruel, quien siempre acecha como un cazador furtivo, dispuesto a atormentar con el ridículo a aquel que ha escogido como su víctima.

¿Se trata de un lago o de un arroyo? A mí me parece que la naturaleza no se ciñe a categorías estrictas de rigidez artrítica, y más pronto o más tarde, se escapa de nuestras clasificaciones. El arroyo refleja mi imagen. Mi hermano comenta que el fondo del lago está bastante cerca; pero yo sé que se trata de una ilusión óptica. El fondo indiferenciado del mundo está mucho más próximo de lo que parece. El día es tan sólo un espejismo de los sentidos. En el mundo-verdad jamás ha amanecido.

En su genial obra poética, auto sacramental culmen del barroco, El Divino Narciso, sor Juana fundió la figura del generoso Cristo con la del ególatra griego. Es así que al ver su imagen reflejada en el abismo del mundo, el divino Narciso muere ahogado para redimir el amor por su creación. Eco, Satán acústico, mimo de Dios, es en el poema una hermosa pero imperfecta réplica de la omnipotente pluma de la madre Juana. Narciso es la Idea, y Eco es su pálido y paródico reflejo:
ECO y NARCISO viendo que quiera tu amor.
NARCISO ¡Si ves que siempre he de amar
ECO Amar.
NARCISO y que he de estar en un ser;
ECO Un ser.
NARCISO que aunque juzgas inferior
ECO Inferior.
NARCISO el objeto de mi amor
que tu soberbia desdeña,
mi propia bondad me enseña

ECO y NARCISO amar a un ser inferior!

Una barca a la deriva es lo que ahora nos transporta, y de la nada, nuestra embarcación hace agua con rapidez pavorosa. No hay modo de achicarla, y en tanto que mi hermano sabe saltar a tiempo, la maldita lancha se vuelca sobre mi cabeza. Caín y Abel han caído al agua. Mi hermano, un año menor que yo, sabe nadar, y sin ningún problema se las arregla solo para alcanzar la orilla, donde tras un épico y muy elegante chapuzón, es recibido por un improvisado público con vítores y aplausos. Hasta creo recordar que Píndaro, resucitado, recitó para mi hermano una de sus más preciadas Ístmicas:
Con la gracia divina,
llenaré de una y otra los deseos,
entre gente marina
cantando a Febo en Ceos,
y en Corinto los ístmicos trofeos...

En ridículo contraste, yo soy el tercer error de Dios. Desesperado, toco la lancha encallada, y arrastrado por mis manotazos, me sumerjo en las lóbregas aguas del lago. Cuando mi cabeza logra salir a la superficie del estanque, suplico ayuda a gritos, sujeto a una embarcación que supongo que se hundirá en cuestión de instantes. ¡No sé nadar! Afortunadamente, no pido la ayuda de ningún poder celestial. Si me han de salvar, tendrá que ser alguno de los hombres. En medio de la espuma, de las brazadas sin sentido, de mis gritos de pavor, Dionisos pasa carcajeándose.

Desde niños, mi hermano me llama Cacho. Y muy cerca de mi oído, escucho la voz serena de mi hermano, que me advierte: “¡Cacho, estás flotando!” Pero en ese momento no confío ni en el chaleco salvavidas que llevo puesto. Bajo mis pies, más de doce metros de una columna de agua amenazan con tragarme. El fondo del lago es un amasijo de ramas y lodo que impedirían salvarme si me atrapase alguna planta acuática. Soy un titán de talla cósmica que ahora es castigado por un Zeus inmortal. Prometeo es atado a las lianas del espanto y lo ridículo, aquello que Nietzsche llama “la descarga artística de la náusea de lo absurdo”. Si bien nunca me estuve ahogando, sí llegué a creer que moriría. Siempre he deseado morir de un infarto fulminante que me sorprenda mientras duermo, así, calientito en mi cama, antes de cumplir cuarenta años, para que la vejez no me humille con sus decadencias. No saber que voy a morir es uno de mis más caros sueños. Pero el malvado Jehová es ahora el dueño de la situación. ¡Al saberme primogénito, en su enloquecida soberbia me ha confundido con Caín! Por eso tiene mucha razón Saramago cuando recientemente se ha preguntado: “¿Qué diablo de Dios es éste que para enaltecer a Abel desprecia a Caín?”

No tarda en llegar la ayuda. El hombre que nos alquiló la lancha me extiende un chaleco salvavidas extra, y me arrastra de a muertito a la orilla. Nadaremos unos instantes. No necesitan reanimarme, pues no tragué agua en absoluto. Pero mi alma está más que muerta, y al tomar tierra, en medio del estupor trato de comprender por qué este mundo está bajo el imperio de un viejo envidioso y sangrón. Y sin embargo, aquella tarde, Jehová no pudo matarme, pues un hombre me salvó.

Al terminar mi estricto bautismo por inmersión, los cielos se nublaron, y en mi delirio creí escuchar una voz del cielo, que con voz jocosa recitó las siguientes palabras de Franz Kafka: “Yo jamás llegaré a la edad madura. Cuando sea viejo, me convertiré en un niño con el cabello blanco”.

También perdí mi teléfono celular y mis lentes, por lo que escribo esto con mucha incomodidad.


***



Enlaces de interés:

La Walkyria en Wagnermanía

"Pues mi Dios ha nacido a penar", versión musicalizada

Un breve ensayo sobre El Divino Narciso

sábado, 3 de octubre de 2009

Luna que marcha atea sobre San Hipólito

Enrique Arias Valencia


Érase que se era una promesa que hizo la profesora del parvulario: aquel niño que obtuviese la más alta calificación de aprovechamiento sería elegido para representar al Benemérito de las Américas, don Benito Juárez García, en un festival escolar. Por grados, en cada salón se hizo lo mismo. Y hete aquí que en primer año, en vista de mi adelanto en los estudios, me tocó actuar como Benito Juárez pastorcito.

¡Laicismo! Desde siempre disfruté de los ideales de la escuela laica. A veces escuchaba horrorizado los relatos de aquellos amiguitos míos que estudiaban en colegios católicos. Golpes para castigar eran la norma. Yo, en cambio, había sido seleccionado para actuar en el papel de un niño que al llegar a la edad adulta se atrevió a separar iglesia y estado antes que Rusia, antes que España, antes que Gran Bretaña e incluso antes de que clareara la unificación en Alemania e Italia.

¿Qué es la vida? ¿Es esto todo lo que hay? Discordias interminables, necesidades insatisfechas, enfermedades incurables y muertes sin sentido. A mis ojos curiosos la televisión y la experiencia personal me mostraban un mundo desolador. Desde niño fui ateo en secreto. ¿Dónde estaba el Dios bueno del que tanto me hablaban los adultos? De oídas me enteré que había partido el siglo anterior en una carroza fúnebre tras haber firmado Nietzsche el acta de defunción de su ilustre pasajero. ¡Dios es pasajero! El mío era un ateísmo intuitivo antes que racional. Más tarde, a medida que mis estudios avanzaban la ausencia de Dios se fue matizando conceptualmente. Que el Universo era regido por el Sol y no por nuestra Tierra: se lo debemos a Copérnico. Galileo se atrevió a afirmar que "El libro de la naturaleza está escrito en el lenguaje de las matemáticas". Por su parte, Kant había argumentado que el conocimiento está regido por la razón. No había habido creación de especies separadas, pues Darwin había descubierto que todas incluyendo la humana eran hijas de la evolución que resulta durante la lucha por la existencia y la supervivencia del más apto. Marx criticó el capitalismo pero nadie ha podido superar dicho sistema, el cual se ha vuelto verdaderamente salvaje. Freud nos arrebató el alma para sustituirla por una psique desequilibrada. Hoy Dawkins insiste en que la selección natural no opera al azar, ni por diseño. Weinberg argumenta que bien mirado, el Universo no tiene sentido. Por contra, Gustavo Bueno, el pensador del materialismo filosófico prueba que el término "Universo" es demasiado metafísico como para tomarse en serio, y así ad infinitum. Como Golum, el espíritu de Dios fue a refugiarse entre las brechas, y mientras el arroyo reflejaba su imagen, allá fue alcanzado por el más feo de los hombres.

“¡Se respetan las personas, se cuestionan las ideas!” A lo largo de mi vida, Benito Juárez me ha acompañado con sus dilemas. Su figura a veces me ha indignado: quizá debamos a sus decisiones el extravío de los archivos de San Jerónimo, el convento donde vivió y escribió sor Juana Inés de la Cruz; seguro que fue su gobierno liberal quien demolió varios de nuestros monumentos nacionales por el solo pecado de ser edificios religiosos. Y sin embargo, Juárez estaba interesado en las ciencias, en el ferrocarril, en el progreso. El presidente de origen zapoteca tenía en gran estima el Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España de Alexander Von Humboldt; veía en él una promesa de adelanto. Quizá también a Juárez le conmovió cuando en los prolegómenos del Cosmos, Humboldt hablaba de un "empirismo racional".




En mi navegar por Internet fue así que en el blog de Tork me enteré de que había sido convocada en la Ciudad de México, con sede gemela en Guadalajara, la Segunda Marcha Atea “Por una sociedad laica y sin discriminación” para el domingo 27 de septiembre de 2009. Cuando llegué los organizadores tuvieron a bien facilitarme una hermosa bandera con una A negra, leyenda solferina, que blandí orgulloso. Varios pendones más fueron distribuidos entre los manifestantes.

La cita de partida y de llegada sería el Hemiciclo a Juárez. Mármol dórico, cráteras en los extremos, ocho fustes, escalinata tentadora, al centro del semicírculo clásico es coronado don Benito por un ángel secular, la Gloria, mientras la República ilumina la escena con la antorcha de la libertad. ¡Juárez, siempre Juárez! Enfebrecido, al terminar la caminata atea subí al estrado del anfiteatro y tras las extendidas alas del águila republicana, antecedida por dos leones, en el sitio de honor ondeé el único lábaro con el que me siento identificado: el pabellón ateo. Fue sólo un instante, perdido en medio de una manifestación pacífica, ordenada, con decidido amor al progreso.





Muy a pesar nuestro, y según mi parecer, la estrella del liberalismo, con todos sus bemoles nos iluminaba desde el cielo juarista. A lo largo del día, varias veces se repetirían las referencias al Indio de Guelatao. Antes de la marcha, un ávido viandante preguntó: “¿Era Juárez ateo?” Por ahí un informado ateo replicó: “No. Juárez era masón, y los masones creen en el Gran Arquitecto del Universo”. No pude menos que sonreír. Después de todo, ¿qué cosa es el Gran Arquitecto del Universo? Durante el trayecto, a un hombre mayor se le ocurrió gritar: “¡Viva Juárez!” y no han faltado críticos al exabrupto político. Por ejemplo, Héctor Julián Coronado Cervantes sentenció en su blog:


“De vuelta al Hemiciclo, oí a uno de los organizadores echar vivas a Juárez. Me provocó el mismo desconcierto que los gritos que se echan cada 15 de septiembre. Oír gritos de vivas a un muerto (por más notable que haya sido) me suena, por lo inútil, a invocación zombie”.


Más tarde nos enteramos de que el responsable de los incitantes vítores al Benemérito era ajeno a los promotores de la Marcha Atea. Aun cuando nuestra manifestación era apolítica, no pude evitar pensar qué sería de nosotros sin Juárez. Quizá el proceso secularizador de México se hubiese retrasado, como sucedió con la revolución industrial, por ejemplo. Tal vez seamos peces ateos en un océano de aguas juaristas, que no hemos advertido que gran parte del oxígeno laico de nuestra patria se lo debemos a los liberales del siglo XIX.

Una de las consignas que coreamos decía: "¡No creo ni rezo, pienso y actúo!" Durante la jornada conocí a Tork, a Ramasknight, a Martín Fragoso (con su playera de Jesucristo metalero), a Incognia, me parece que a Rafita y a varios compas más. Extrañé a Christian, a quien no conozco en persona. Cuando pasamos frente a San Hipólito los altavoces del templo comenzaban a cantar: “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo”. Las esbeltas torres cuya arista, torsión imaginaria, esquina real apunta hacia el observador de frente a la fachada siempre me han fascinado. Campanario barroco, rejas que abrazan un atrio íntimo en declive escalonado. Al lado, el convento es una magnífica fiesta de arcos y fustes. Retrasado como iba, pues el cansancio me había empezado a vencer, mi bandera era la de la estrella solitaria que se enfrentaba a un mundo dominado por intereses espirituales, más que racionales. Pero, para un irracionalista como yo, ¿qué es la razón?





Hay quien dice que Hipólito fue el inaugurador de la lista de antipapas; si bien, después abjuró de sus posturas. La fiesta del conspicuo mártir, el 13 de agosto de 1521 la ciudad de México Tenochtitlán cayó en manos españolas. Al atardecer el capitán Hernán Cortés ordenó colocar la piedra angular del primer templo católico en el Continente Americano. Como era costumbre, éste fue dedicado al santo del día. Cuatrocientos ochenta y ocho años después, un sereno contingente ateo pasaba frente a la popular iglesia. Al día siguiente se celebraría ahí la multitudinaria pachanga de San Judas Tadeo. En nuestro desfile, la consigna que más me gustó decía: “¿Quiénes somos?” Y respondíamos: “¡Ateos!” Fue una experiencia inolvidable corear aquello frente al templo de San Hipólito. El año pasado, al coincidir la marcha con la fiesta de San Judas, algunos momentos fueron hilarantes.

La paz destacó en nuestra marcha. Prácticamente nadie nos agredió, sólo uno que otro peatón nos cuestionó, sin llegar jamás a la violencia. Ramasknight se encargó de debatir con un hombre que intentó hablarnos de “El Dios Verdadero”. Una señora nos invitó “A reconocer que Dios vive en cada uno de los seres de la naturaleza”. A aquellos que sostienen que “todo es uno” me gusta probarles que de cualquier manera, no compartirían su cuenta bancaria conmigo, luego, no todo es uno en el universo económico.

Y fue la mañana y la tarde del segundo día ateo. Volvimos al Hemiciclo a Juárez, y en medio del razonado furor que se atreve a proclamar que Dios no existe, no pude evitar subir al estrado para ondear la bandera de un ateísmo joven que a mí me alcanzado en una edad que se precia de su desencanto.

Enlaces de interés:

Tork

Libre Pensar

Colibrí Zurdo

Ateos Mexicanos

Ateísmo mexicano

ADM.org

viernes, 4 de septiembre de 2009

Oración indispensable (revisada)

Padredawkins* o Dawkinsnuestro

Enrique Arias Valencia

Dawkins ateo que estás en las ciencias.
Memetizado sea tu nombre.
Venga tu ingenio.
Hágase la voluntad de la naturaleza
así en las plantas como en los animales.
El gen nuestro favorable dánosle hoy,

para la lucha por la existencia
de cada día.
No perdones nuestras creencias
así como nosotros no perdonamos
aquellas que a la razón más ofenden.
No nos dejes caer en la religión,
y líbranos de Dios,
en un santiamén.


Juro que fue el Espíritu de la Naturaleza quien me inspiró en revelación darwinista la línea que se refiere a la lucha por la existencia y la supervivencia del más apto. EAV

Gracias sean dadas a San Atilio, quien en batalla escolástica batió una herejía que se había trasminado en el texto del Evangelio.

* Título sugerido por Manuel. Doy Fe.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Oración indispensable

Enrique Arias Valencia

Dawkins ateo que estás en la ciencia.
Memetizado sea tu nombre.
Venga tu ingenio.
Hágase la voluntad de la naturaleza
así en las plantas como en los animales.
El gen nuestro favorable dánosle hoy.
Perdona nuestras creencias
así como nosotros perdonamos
tu agnosticismo.
No nos dejes caer en la religión,
y líbranos de Dios,
en un santiamén.

domingo, 9 de agosto de 2009

Homenaje palimpsesto a la Virgen María

Enrique Arias Valencia

Para Jimena, la hija de Manuel Millán, en su nacimiento

Magnificat
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus
in Deo salutari meo.

Lucas 1:46 &

En un muy interesante y muy divertido artículo llamado "Ateos por Jesús", el etólogo ateo Richard Dawkins, entre muchas ideas, afirma que "La religión motiva a las personas a flagelarse la espalda, o a prenderse fuego a ellas mismas o a sus hijas, a denunciar que sus abuelas son brujas o, en casos menos extremos, a permanecer arrodilladas semana tras semana durante ceremonias estupefacientemente aburridas". Como al final Dawkins suelta un juicio de valor, creo que puedo contestarle. ¿Son aburridos los cultos religiosos? He hecho la prueba tres domingos seguidos. Primero me fui al Santuario del Señor de la Cuevita, en Iztapalapa, a participar en una misa cuyo dato más característico consistió en que durante, me parece que el Ofertorio, una soprano cantó el Ave María de Bach-Gounod.

¿No es para estremecerse saber que Johann Sebastian Bach compuso un preludio en Do mayor, con el cual se abre su colosal Clave bien temperado, partitura que tras la muerte del compositor, y sabrá Dios cómo, fue vendida como papel para envolver? Varios años después, la esposa del músico Charles Gounod fue a comprar pescado, ¡y le empacaron su pedido con la partitura del Do mayor del Clave!

Al llegar a casa, la señora mostró a Charles la página. El maestro estudió aquellas notas, y tras deleitarse con su delicada belleza, sobre el preludio barroco, Gounod compuso la melodía de un Ave María. Por eso esta obra tiene dos compositores. ¡Se trata de un palimpsesto musical! Fue esta la pieza que escuché en una oscura iglesia el primer domingo de mi experimento.

El segundo domingo me fui a un poblado del sur del Distrito Federal, Villa Milpa Alta. No escogí el día, fue mera chiripa. Y hete aquí que era la fiesta del barrio, y la ceremonia fue llena de esplendores y colorido. Pueblo de reyes, barrio de espíritus de Dios. Ha sido la fiesta de la Santísima Virgen en el barrio de los Ángeles en Malacachtepec Momozco. La misa comenzó con aquel himno que reza:

Pueblo de reyes,
asamblea santa,
pueblo sacerdotal,
pueblo de Dios,
bendice a tu Señor.

Himno que tengo en grande estima y muy curiosa virtud, porque me fue presentado hace muchos años por el sacristán de la parroquia donde por primera y última vez tomé el sacramento de la comunión. Algo que me llamó la atención fue que no se rezó el "Yo pecador". Tras la misa, las danzas prehispánicas. Así es: el atrio del templo se despejó para que se presentasen hombres y mujeres ataviados con penachos de largas plumas, cascabeles en los talones y el taparrabos en su pundonoroso sitio. Al comenzar la ceremonia se enciende el enervante copal, se tocan las caracolas, se pulsan las conchas (una especie de bandurrias) y se entona una melodía que dice:

El Señor Momozco
esta tierra dio.
Toda en herencia
nos la entregó.


Por cierto que la caja de las bandurrias está formada por la concha de un armadillo. Y entonces comenzaron cuatro horas de danzas prehispánicas. Tambores de guerra, copal y casacabeles. Las plumas, los colores, los escudos, y el saludo a los cuatro puntos cardinales. Y nada más tocar este asunto de los cuatro puntos cardinales, deja de ser aburrida la religión. Resulta que los frailes que llegaron a México tan sólo terminada la conquista, tuvieron a bien permitir a los arquitectos indígenas participar en la construcción de los primeros templos católicos de la Nueva España, y por eso, quienes elevaron todos los edificios religiosos del México del siglo XVI e incluso varios del XVII, fueron artistas que estaban iniciados en las artes secretas de la geometría, y una de las cosas que hicieron fue trazar la planta de los templos cristianos con una perfecta orientación mesoamericana. El templo donde me encontraba tiene una fachada que mira al Occidente. Cuando los danzantes hicieron el saludo a los cuatro puntos cardinales, sus plantas se desplazaron por un espacio sagrado, un cuadrado que había sido dibujado con varios siglos de anticipación por sus antepasados. Esto no sucede en todos los templos de México, así, por ejemplo, la fachada de la muy noble y muy criolla Catedral Metropolitana, mira al Sur.

¿Por qué es interesante que la fachada de un templo del Centro de México mire al Occidente? Si nada más fuera esto, la cosa no despertaría ningún interés. El caso es que cuando miramos la portada de muchos templos del sur de México, tras dicha fachada se recorta la silueta de la que según la leyenda, es la pareja del Popocatépetl. El efecto es impresionante en San Bernardino de Siena, en Xochimilco. La montaña pareciera ser el marco perfecto del templo. Hoy todavía llamamos Iztaccíhuatl a ese volcán, nombre que quiere decir: La mujer que duerme. Visto en conjunto, un templo del siglo XVI, con su planta indígena, su iglesia católica y su marco de volcán, es todo un palimpsesto del paisaje.

¿Forma parte del culto la planta del templo? Indudablemente. El atrio de un templo mexicano es literalmente la pista de baile de danzas sagradas que antecedieron al cristianismo en América por varios milenios, y sus movimientos están determinados por la cuadratura de la tierra y los astros del cielo. ¡Para un danzante la Tierra no puede ser redonda! En nuestro muy querido México sabido es que debajo de muchos templos cristianos, está un templo indígena, perfectamente orientado, como el templo de la superficie. Un palimpsesto arquitectónico.

El estandarte de uno de los danzantes está ornamentado por el anverso que muestra a Jesús resucitado; sin embargo, el reverso ostenta un precioso Tláloc azul, dios de la lluvia y Muy Señor Nuestro. Sincretismo hermoso, celebrado con embeleso, palimpsesto religioso.

Danza que danza una señora con su hijita en brazos. Es increíble que en medio de tan intensa actividad la niña ni se inmute. Pero cuando la tía la toma un momento, la bebé despierta y rompe a llorar. Regresa a los brazos de su madre.

Los giros de los danzantes hipnotizan, los tambores de guerra predisponen al corazón para un combate imaginario, los cascabeles nos comunican un mundo trascendente que habla el lenguaje directo de la Voluntad; los movimientos de los brazos y las piernas, los gritos, los pasos, y el copal nos rinden a los brazos de la naturaleza del espíritu. De vez en cuando un danzante rinde reverencia a Ometéotl, "que es Dios". Tampoco faltan las referencias a Tonantzin, nuestra madrecita. ¿Aburrido? ¡The God Delusion es refutado con pasos de baile! Al final, el más anciano de la tribu toma la palabra, para cantar a capella:

Ya se va la danza azteca
Ya acabamos de danzar.
Para el año venidero
sabe Dios quién volverá.

Ya nos vamos, madre mía.
Nos vamos a retirar.


Debajo del texto latino de la fiesta dedicada a Santa María de los Ángeles está escrito otro texto, no con alfabeto latino, sino con pictogramas mexicas.

En más de un sentido, el objeto de la poesía de la que el viejo danzante hace eco consiste en pintar los emblemas de un mundo sombrío. Siglos atrás, ya Nezahualcóyotl, el rey poeta, cuyo nombre significa Coyote que ayuna, natural de estas tierrras, había advertido la impermanencia de todos los seres del mundo, en el poema "Yo lo Pregunto", y que en la escuela me hacían recitar, cosa que evitó que me aburriese en horas de clase:

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de obsidiana se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

El misterioso sonido del aliento de las caracolas me da estéticos escalofríos. Cuando los danzantes se dirigen al interior del templo para dar gracias, uno de ellos toma la palabra y sentencia: "Vamos a dar gracias a Dios, que en última instancia no tiene forma ni espíritu". Tras escucharlo, cursi como soy, me arrodillo gustoso con ellos. Quizá aburrirse sea cuestión de temperamento. A mí, la mera verdad, no me aburren varios rituales religiosos. Y para volver a probarlo, el tercer domingo fui a una parroquia que tengo muy olvidada, ahí donde canta la Sociedad Coral Cantus Hominum. Y de nuevo fue la maravilla y la gracia, el altar y la música. Una de las partes del rito católico fue engalanado con el Ave María de Jacques Arcadelt. Una de las mejores vacunas para el aburrimiento es mi permanente ignorancia. Grande fue mi sorpresa cuando, platicando con el director del coro, yo sostenía con gran necedad que dicho Ave María es contrapuntístico, y Leonardo me corrigió, (con un paternalismo que me recordó a nuestro Atilio) haciéndome ver que el Ave María de Arcadelt está compuesto con base en la armonía, y no el contrapunto. El Ave María de Arcadelt hace que sean verdad las palabras: "París bien vale una misa". Voz sobre voz, me arrodillo frente al arte de las divinas armonías, palimpsesto de voces.

La comunión fue cantada por la hija de Leonardo, y fue así que su dulce voz de niña dio vida al Ave María de Schubert, el cual me sirve para cerrar este homenaje a la Virgen con este paralogismo: para este irracionalista embravecido, la Virgen María es una metáfora perfecta de la ley de la conservación de la materia. Por lo tanto, si la Virgen María es la madre de Dios, y María es metáfora perfecta de la materia, palimpsesto juguetón, luego la materia es la madre de Dios. A que sí.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El seminarista de Lucifer

Enrique Arias Valencia

¡Jesús para los ateos! Y la salvación llega a quienes no creemos en ella. Me sorprende y alegra este artículo de Dawkins,* pues parece que las afinidades entre él y yo son más estrechas de lo que podría imaginarse. Veamos algunos ejemplos.

Dawkins sostiene que:

“La propia teoría de la selección natural parece calculada para fomentar el egoísmo a expensas del bien público, la violencia, la calculada indiferencia al sufrimiento, la codicia a corto plazo a expensas de las previsiones a largo. Si las teorías científicas pudiesen votar, la evolución con seguridad votaría republicano”.

Si eliminamos los ad hominem,** mi postura consiste en sostener que la selección natural conlleva el darwinismo social, donde los únicos que sobreviven son los más aptos, los genes egoístas, ni más ni menos, es decir, el capitalismo salvaje.

Me resulta muy sabroso recordar con nostalgia cuando Fernando G. Toledo me replicó sobre el particular:

"Puede que al "darwinismo social" se lo considere tal como E. Arias Valencia lo expone, pero en realidad, éste denota una paupérrima comprensión de evolución darwinista".

No obstante, lo que a mí me satisface de este artículo de Dawkins es que, parece, el cientificismo se acerca al irracionalismo, una doctrina que me atrae sobremanera.

Creo que ni Dawkins ni yo convertimos el darwinismo social en nuestra ideología, pero sí creemos que del darwinismo se deriva una sombría cosmovisión.

¿Será que tanto Dawkins y yo tenemos una opinión sobre el darwinismo, que amén de ser “paupérrima”, es acertada? ¿Qué tan equivocado estoy con respecto a mis conclusiones sobre la ciencia? Para hablar en términos que coquetean con el materialismo filosófico, hay géneros de teorías, o niveles de comprensión del mundo, y que el mundo se comporte darwinistamente en el nivel natural o físico, es algo que no interfiere en el nivel moral del mundo. Habría, pues, una Moral 1 o M1, digamos, darwinista, una Moral 2 o M2, digamos “humanista”, etcétera. Seguro que hasta se han encontrado con aquellos que plantean una vida más allá del bien y del mal, o sea, una vida extramoral. ¡Una cocina de morales!

Dawkins es más precavido que yo, y recomienda un procedimiento culinario lento y cuidadoso para presentar su argumento. En ese procedimiento, Dawkins le encuentra un uso a la religión:

“Al menos en las enseñanzas que se le atribuyen, Jesús se demostraba partidario de la bondad, y fue en realidad uno de los primeros en hacerlo”.

Luego, el cristianismo incluye en sus enseñanzas la práctica de la bondad. Yo encuentro esa bondad en la cohesión social. En otro sitio he dicho que conozco a un ateo que de vez en cuando va a misa a escuchar a un coro. Recientemente le pregunté del porqué de su actitud, y me contestó: “A misa no vengo a buscar a Dios, sino a encontrarme con mis semejantes.

En al menos un punto, Dawkins es audaz, y plantea sin tapujos el carácter moral del bien a la luz del darwinismo:

“Digámoslo más rotundamente. Desde un punto de vista darwinista, o meramente racional, la bondad en el ser humano es una simple idiotez”.

Yo sólo apostaría a que ése es el punto de vista darwinista, sin comprometer al racionalismo en este asunto. Ahora, pregunto: ¿de dónde proviene la bondad del ser humano? He ahí la paradoja: somos buenos a pesar de la presión de nuestros genes. Yo no he encontrado una respuesta satisfactoria para el problema del bien, ahora me limito a admitirlo sin problematizarlo.

En su blog, Fernando G. Toledo ha dicho: “Lo de Dawkins en este escrito no tiene ni pies ni cabeza”. Sabida es mi orientación irracionalista. Y ahora, Dawkins irracionalista. ¡Vivir para ver!

Me parece que la postura de Dawkins en “Ateos por Jesús” consiste en aceptar que la religión puede tener un uso para propagar el bien, y que ha llegado el tiempo de atender más a nuestras semejanzas que a nuestras diferencias. Esto sin menoscabo de quienes sostiene que Dawkins quiere meter el ateísmo por la puerta de atrás. Es un ateísmo de segunda categoría, y que tiene el sabor de lo absurdo: ateísmo científico y ateísmo irracionalista se dan la mano en este delicioso artículo. Por eso, mucho de lo que firma Dawkins yo también lo firmo.

Yo sí me pondría la camiseta: “Ateo por Jesús”, en tanto que modelo de bien.

*Como lo leí en Razón Atea por eso remito a ella como fuente. Por cuestiones de tiempo, no suelo leer La Media Hostia.

**Para hacer más rizado el rizo, no hay que olvidar que el ad hominem iba dirigido a Richard Dawkins. Aquí el argumento original, sin enmiendas:

La pregunta crucial es ésta: si, como el mismo argumento de Dawkins admite: “la ciencia no es proveedor de criterios de moralidad”; luego entonces ¿de dónde saca Dawkins la autoridad moral para afirmar que la religión es “la raíz de todo mal”? ¿De la ciencia? Al negarle autoridad moral a la ciencia, y al condenar a la religión, la supuesta doctrina moral de Dawkins carece de fundamento. Si Dawkins fuera congruente con su visión de la ciencia y sus argumentos, lo que debería defender sería en todo caso, el darwinismo social, donde los únicos que sobreviven son los más aptos, los genes egoístas, ni más ni menos, es decir, el capitalismo salvaje al que se oponen Benedicto XVI y cualquier hombre sensato y moral. Y entonces, la ciencia dawkinsiana sí sería proveedora de una peligrosa moral.


Ojo: he abjurado ya del adhominem, pero lo muestro como documento histórico. Fue Fernando G. Toledo quien me batió para que yo admitiese que Dawkins no deriva su moral de su ciencia...

martes, 3 de marzo de 2009

Sobre creencia y demencia

Enrique Arias Valencia

La ciencia reconoce que el yo sólo es resultado de procesos físicos, y que no es algo determinado de una vez y para siempre. Por eso, uno ni siquiera debería creer que es algo definitivo. Hasta el ateo mayor Richard Dawkins reconoce que su ateísmo no es algo definitivo, y en un artículo señaló:

“A Dawkins le gusta bromear diciendo que los ancianos van a misa porque «están trabajando a tope para el examen final». A él no le preocupa que un día, de muy mayor, pueda despertarse y verse atraído por la fe. De llegar a ocurrir, lo atribuiría a la demencia senil”.

A mí me pareció que no necesariamente Dawkins tenía que volverse loco para creer en Dios, que bastaba que probase que el argumento ontológico (demostración lógica de la existencia de Dios) de Kurt Gödel era válido para que el célebre etólogo abrazase la fe. Un agudo ateo argentino me advirtió que el argumento ontológico tiene varias objeciones. Sin embargo, imagino que, llegado el caso Dawkins sería taaaaaaan inteligente como para refutar las objeciones, y creer en Dios con base en la lógica y no volverse loco en el intento.

En resumen: nuestra identidad es una mera invención.

sábado, 14 de febrero de 2009

De los discursos míticos de la sensibilidad


Enrique Arias Valencia

La ciencia es la poesía de la realidad.
Richard Dawkins



La realidad es una poesía sin ciencia. Si bien según los secularistas en los mitos no hay más que mentiras; tampoco deja de ser cierto que muchas de esas invenciones nos muestran verdades imperecederas. Hay por ahí un consejo que dice que de nada sirve llorar sobre la leche derramada; y no hay que olvidar que hay también por ahí cierta fábula que nos cuenta que la vía láctea es un enorme chorro de leche derramada.
Quien tenga sensibilidad para entender, que entienda.

jueves, 12 de febrero de 2009

200 años de Darwin


Enrique Arias Valencia



Creo que fue cuando estaba en tercer año de primaria. En casa de una tía descubrí un libro sobre animales prehistóricos. Mi tía Graciela me prestó el libro. Al leerlo, los dinosaurios me encantaron. Ulteriormente, mis padres me compraron varias bolsas de juguetes de dinosaurios. Una vez, estando yo enfermo, mi madre y mi hermano me regalaron un dinosaurio de felpa. Luego fue conocer la idea de la evolución del hombre, y de inmediato la admití. Algunos años después leí El origen de las especies. Darwin marcó mi vida. Hoy en día, a Darwin se le quiere hacer pasar por una de las banderas más fuertes del ateísmo, a pesar de que la postura de la Iglesia Católica no es desfavorable al darwinismo.


La actitud de la Iglesia Católica con respecto a la evolución de las especies habla muy bien de la madurez espiritual de sus jerarcas, quienes en 1947 admitieron el carácter metafórico del libro del Génesis.



"La teoría de la evolución de Darwin, el darwinismo fue mal entendida en su tiempo, si se excluye a la comunidad científica, que en seguida comprendió la naturaleza y los alcances de la gran síntesis darwiniana, y la aceptó. Pero el clero, con el arzobispo de Oxford, Samuel Wilberforce, a la cabeza, optó por una posición beligerante y por la defensa a ultranza de las explicaciones bíblicas sobre el origen del hombre y, en general, de las especies. Ciertamente, el relato del Génesis quedaba reducido a un sentido puramente metafórico (como así lo aceptó la Iglesia católica en 1947) y se hacía muy difícil sostener su carácter histórico literal".1



En este mismo asunto el entonces cardenal Ratzinger escribió en una de sus homilías de semana Santa una consideración entre las relaciones entre la Biblia y la ciencia. Es así que Joseph Ratzinger afirma que no hay discrepancia entre la fe y la ciencia, y por lo tanto no hay divergencias entre el dogma de la Creación y la evolución biológica. En concreto, dice el hoy papa Benedicto XVI:



"Los espíritus más reflexivos ya hace tiempo que reconocieron que aquí no hay un «o esto o lo otro». No podemos decir: creación o evolución. La fórmula correcta tiene que ser: Creación y evolución, pues ambas cosas responden a sendas dos preguntas".2



Por lo tanto, en lo que respecta a la evolución biológica y la Iglesia católica no hay discrepancia entre ciencia y fe.



No obstante, yo no dejé de creer en Dios porque el hombre descienda del mono. Yo dejé de creer en Dios por el estado moral del mundo actual, y no por lo que sucedió hace un millón de años. No me malinterpretéis. Lo que me desagrada no es la supuesta inmoralidad de las personas, pues cada quien puede hacer de su vida lo que quiere, sino la inmoralidad del sistema, el cual acarrea todo ese sufrimiento sin sentido que tenemos que padecer los seres humanos, y que pareciera que bien pudiese evitarse: guerras, hambre, peste y muerte. Aunque en realidad, han sido mis experiencias personales las que me han llevado a descreer en el Creador: poco dinero y muchas ilusiones rotas.



Uno de mis tropezones más terribles con respecto a Darwin fue cuando alguna vez, preguntándome qué es el hombre, me aventuré a decir: "¿Un grumo de proteína que tan sólo por azar, evolucionó hasta convertirse en un Homo sapiens?" Debo retractarme y admitir que no, la evolución por selección natural no sucede por azar. Por eso, me parece que uno de los mejores homenajes a Darwin está en conocer y divulgar su teoría de la selección natural. Richard Dawkins en Escalando el monte improbable estableció una excelente explicación sobre porqué la selección natural no es un juego de azar. Paul Davies recoge y glosa a la breve la idea en El quinto milagro:



"Richard Dawkins ha resaltado que, aunque las mutaciones individuales son generalmente aleatorias, la selección natural no lo es en absoluto. La selección elimina a aquellos organismos menos favorablemente adaptados, lo que inevitablemente impulsa una tendencia en la dirección de una mejor adaptación. Pero mejor adaptación puede o no implicar una complejidad creciente. La definición de "organismo mejor adaptado" variará de un caso a otro, dependiendo de las circunstancias ambientales cambiantes. No hay un "mejor ajuste", ninguna adaptación óptima, ni ningún "objetivo" final predeterminados hacia los que la selección natural dirige a la evolución. Cualquier direccionalidad en la adaptación implica probablemente un proceso de ajuste temporal, y no forma parte de una tendencia global".



A doscientos años del nacimiento de Darwin, el milagro de su teoría nos reúne al propio Darwin, a Ratzinger, a Dawkins, a Davies y a mí. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a admitir que la existencia del hombre no se debe a un juego de azar, pero que sí es resultado de la selección natural?


1 Faustino Cordón apud. Charles Darwin, prólogo a El origen de las especies, Madrid, Sarpe, 1983, trad. Aníbal Froufe, p. 17.


2 Joseph Ratzinger, En el principio creó Dios. Consecuencias de la fe en la creación, Valencia, EDICEP, 2001, trad. Salvador Castellote, p.68.

sábado, 7 de febrero de 2009

Los maravillosos multiversos de Richard Dawkins

Enrique Arias Valencia


"When people stop believing in God, they don’t believe in nothing — they believe in anything".
Atribuida a G. K. Chesterton
Si esta es una pregunta, responda. ¿Cuántos multiversos se necesitan para probar que es prácticamente imposible que Dios exista? En Por qué es prácticamente seguro que Dios no existe Richard Dawkins sostiene que:

Los físicos tienen ya razones para sospechar que nuestro universo, todo lo que vemos, es sólo un universo entre tal vez miles de millones. Algunos teóricos postulan un multiverso de espuma, en donde el universo que conocemos no es más que una burbuja. Cada burbuja tiene sus propias leyes y constantes. Las leyes de la física que nos resultan familiares son unas leyes provincianas. De todos los universos en la espuma, sólo una minoría posee lo que se necesita para generar vida.


Hipótesis: el número de multiversos es directamente proporcional a la cantidad de dioses que necesitamos para aprestarlos a crear los multiversos necesarios para probar que es prácticamente imposible que Dios exista.

Advertencia: la creencia en multiversos puede llevarlo a creer cualquier cosa, que era de lo que quería advertirnos el autor de la frase: "When people stop believing in God, they don’t believe in nothing — they believe in anything". (Tomando anything por cualquier cosa).

miércoles, 4 de febrero de 2009

La deliciosa deconstrucción de Dawkins o El gen no egoísta

Enrique Arias Valencia

«Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa».
Una frase falsamente atribuida a Gilbert Keith Chesterton

¿Qué tan cualquier cosa pueden llegar a ser algunos de los argumentos de los así autodenominados racionalistas? ¿Qué tan cualquier cosa pueden llegar a ser algunos de los argumentos de Richard Dawkins? El célebre etólogo, en su obra El gen egoísta, pareciera sostener que determinadas moléculas proteínicas, nuestros genes, intentan de perpetuarse a sí mismos organizando y dictando nuestros actos de tal manera que garanticen su propia supervivencia. Por tanto, según esta doctrina sociobiológica la conducta* y la cultura humanas** están predeterminadas*** en una grandiosa medida por la codicia de nuestros genes por autoconservarse.****

Esta dilucidación reduccionista puede impugnarse por medio de la reducción al absurdo advirtiendo que varias culturas con prácticamente el mismo patrimonio genético, presentan conductas bastante diversas. Otra manera de refutar al brillante Dawkins radica en transportar la reducción todavía más lejos. Alguien bien puede sostener que no son los genes los que practican el egoísmo, sino cierto enlace químico de los genes. Por consiguiente, nuestros actos no estarían predeterminados por nuestros genes, sino por dicho enlace químico que hay en ellos y que lo único que quiere es perpetuarse a sí mismo.

Lo anterior debe servir como prueba de que no sólo los creyentes son capaces de creerse cualquier cosa, sino que aún las más brillantes mentes son capaces no sólo de creer cualquier cosa, sino de ser autores de libros sobre cualquier cosa, y hacernos creer que son los otros los que creen en cualquier cosa. Así, pues, si sólo consideramos sus respectivos campos de acción, estadísticamente, ¿quiénes incurren en más errores, los creyentes o los no creyentes?



* Nótese, asunto de etólogos.

** Adviértase: asunto de sociólogos.

*** Asunto de mecanicistas.

**** Cosa de biólogos.

lunes, 2 de febrero de 2009

El hechizo del pasado

Enrique Arias Valencia

Pude haber sido paleontólogo, pero mis amigos me instaron a descubrir que es mejor no desenterrar el pasado. Y me dieron pruebas de que tenían razón.

De hecho, uno de mis mejores amigos es el mito. Y hay un mito que insiste que del pasado, ni voltear a verlo.

La historia es tan conocida que me da vergüenza comentarla. Lot le prohibe a su esposa voltear a ver la ciudad de la que huyen, y al desobedecer a sus esposo, ella queda convertida en estatua de sal.

Independientemente de que ateos como el etólogo Richard Dawkins afirmen que de la Biblia no se puede obtener una buena enseñanza moral, parece que lo del mito de Lot es un buen consejo, y por lo tanto es mucho más que un mito.

De hecho, a veces pareciera que los racionalistas no saben cumplir con el único mandamiento de los mitos: "No interpretarás ningún mito literalmente". Y así es: no, Señor racionalista, la esposa de Lot no se convirtió en estatua de sal. De eso no trata esa historia.

A Dawkins le satisface más saber qué clase de parentesco tenemos con el Australopithecus boisei que tratar de comprender el lenguaje secreto de los mitos. Cada quien puede hacer de su vida lo que le plazca.

El pequeño problema es que el pasado nos hechiza de una forma tal, que tal vez nadie, ni siquiera el más famoso de los racionalistas sea capaz de reconocer que si uno se chupa el dedo tras darse un martillazo, la sangre no le sabrá a sangre, sino a sal.

Por ejemplo, el propio Dawkins. Se dice ateo, pero al haber nacido cristiano, sus orígenes lo traicionan de vez en cuando, y él mismo ha confesado que bien puede decir "¡Dios mío!" si se suelta un martillazo.

¿Podemos replicarle al mito: no fue acaso en el pasado cuando aprendimos a leer y escribir? ¿Qué no fue en el pasado cuando aprendimos a caminar? ¿Podemos realmente romper con el pasado?

¿Puede ponerse en práctica eso de que romper con el pasado es mejor que seguir aferrado a él? La vida amable y llena de amor de aquellos que no se apegan al pasado es una deliciosa tentación a favor de su postura, pero hasta el momento, Dios no me ha dejado caer en la tentación, y eso que mi directora espiritual varias veces me ha invitado a romper con todos los tiempos pretéritos.

Hoy no soy paleontólogo, pero aunque nunca me arrepiento de no saber cuál es mi parentesco con el Australopithecus boisei, de vez en cuando no dejo de decir ¡Dios mío!, cuando el dedo me sabe a sal tras un accidente con un martillo.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

De la no transmutación de todos los valores del meme

De la no mutación del meme

Christian y Äriastóteles Platónico

He tardado mucho en desarrollar la capacidad de contagio, pero aquí va.
El meme es "la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo", ésta es palabra de la Santa Wikipedia.

Le agradezco a Christian por haberme considerado en su lista de 3 bitácoras transmisoras de un meme consistente en escribir tres cosas que me hacen feliz, y enviar el mensaje a tres bitácoras.
Entonces,

3 cosas con las que puedo hacer felices a los demás:
1. Recomendarles leer a Nietzsche, ya sea para odiarlo o para amarlo. (Mamma mia!, Meme mío)
2. Comunicarme más y mejor. (Meme de Christian)
3. Saber decir "gracias". (Meme de Christian)

Mis 3 bitácoras propuestas para transmitir el meme:
Filoletras 2: http://groups.msn.com/Filoletras2/general.msnw
Filoteras 3: http://groups.msn.com/filoletras3/general.msnw
Caracol de fuego: http://caracoldefuego.blogspot.com/