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domingo, 25 de diciembre de 2011

lunes, 19 de diciembre de 2011

Como esteta en mi viejo San Juan

Enrique Arias Valencia

No es tiempo de deciros porqué abandoné a mi iglesia; tal vez ella me abandonó a mí; tal vez nunca la he dejado por completo. Por eso soy un atormentado nostálgico, y de vez en cuando vuelvo a ella para deleitarme con sus besos, porque besos son sus ritos y fiestas para el esteta de oído siempre atento. Es así que el domingo 18 pasado asistí a una representación teatral que se efectuaría en el altar mayor del Templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en las inmediaciones de los barrios de la Postal y la Álamos.


La función consistiría en una pastorela que presentarían los niños del Libro Club de la colonia Postal. Pastorelas son representaciones teatrales de carácter popular que los frailes franciscanos instauraron en el Virreinato de la Nueva España tras la conquista española. Alguna vez en este mismo templo, como un episodio de mi juventud partida, yo también me uní al grupo de la san Juanita para participar en una puesta en escena de esta naturaleza. Y quiso la suerte, o quiso un Dios desconocido que aquel futuro ateo interpretase en aquella ocasión el papel del Diablo. En las pastorelas el Diablo debe ser la figura más importante; y sin embargo, su papel debe ser cómico. Satanás galán, forma de la forma más estética, es bella tempestad e impulso de vida, obra y palabra. Si su acto es intempestivo, la aparente contrariedad puede hacernos reír. En esta ocasión la jovencita Paty, interpretó el papel del Diablo principal, quien acompañada por Monteserrat pretendían embriagar a los mismos ángeles para evitar que éstos dieran noticia a los pastores del milagro de Belén. Tras los acores del O Fortuna de Carmina Burana, todos los diablos se enfrentaban a los coros angélicos, quienes eran anunciados por el Gloria de Vivaldi.


¿Es un fruto del azar el que San Juan de los Lagos esté ahora en manos franciscanas, las mismas de aquella hermosa orden que inventaron las pastorelas para aleccionar en los misterios evangélicos a los indígenas del México recién conquistado, herida abierta, amor de los misioneros?



En el Gita, Arjuna deberá enfrentarse en la guerra a sus amigos. Hoy aquí, en el templo de mi juventud, a pesar de mi ateísmo yo soy un Arjuna al revés: más de veinte años después de mis primeras diabluras, frente a mí están los hijos de mis amigos de adolescencia. La Virgen María es Ana Victoria, hija de Sergio y Mariana. Gerardo es diablillo y su hermanita Karla es Serafín. Alfredo y Karla, padres de estos dos niños también participan tras bambalinas. En el público, a mi lado está Max Courrech, quien me ha tomado la foto de la balaustrada románica que acompaña esta reseña.


Por lo tanto, a pesar de mi ateísmo galopante, desde estas páginas les deseo a mis lectores:


¡Feliz Navidad!



¡Je je je! (que así se ríe el esteta)

viernes, 11 de noviembre de 2011

martes, 18 de octubre de 2011

Milagro no reconocido a san Cristóbal

Enrique Arias Valencia

La ciencia parte del supuesto, más o menos disfrazado, que plantea que todas nuestras experiencias pueden explicarse en términos científicos. Por su parte, la obligación moral nos exige que seamos veraces en nuestras declaraciones. De hecho, la ley lo exige. Estas dos últimas afirmaciones entran en contradicción con la primera. Por lo tanto, la ciencia nos exige la insinceridad.

Hace algunos ayeres, mi instinto aventurero me llevó al barrio de San Cristóbal, una de cuyas fronteras es, me parece, la Avenida Nuevo León, en Xochimilco. La capilla de San Cristóbal es diminuta, pero tiene el encanto de los edificios viejos. No recuerdo si pude entrar a ella o la encontré cerrada, pues mi intuición de explorador me condujo hacia la laguna de Xaltocan, al sur de dicho barrio. Traspuse un puentecillo que atraviesa el canalito, y me perdí en una calle ancha. Quería averiguar si por ahí se podía llegar al Bosque de Nativitas. Xochimilco es lugar de flores y aguas: el paisaje era paradisíaco. Sin embargo, poco a poco la calle se fue estrechando, y las viviendas se hacían cada vez más modestas y desvencijadas. Desapareció el asfalto, y el terreno se volvió tortuoso. La calle terminaba intempestivamente frente a un canal. Comencé a desandar el camino, cuando de pronto, fui sorprendido por una jauría.

Si bien soy capaz de reconocer la hermosa estampa de los perros, sé por experiencia propia que aquellos que gruñen al aproximarse a uno, sí muerden. Así, en medio de su iracunda belleza, los colmillos expuestos de los canes son señal de su carácter peligroso. Había yo entrado inoportunamente a su territorio, y algunos gruñían en las notas bajas y otros ladraban estruendosamente: entre todos me cercaron. Ante tan horrísono espectáculo, yo estaba muerto de miedo. Nadie se asomó de entre las destartaladas casas.

De pronto, fue el literal milagro. De entre la fronda apareció un perro diferente a la jauría. Su talante era de autoridad, y sereno y callado, atravesó la formación envolvente para situarse a mi lado. De blanco pelaje, tranquilo y algo ya viejo, el noble animal se sentó en los cuartos traseros y comenzó a mover la cabeza de un lado a otro. Sus congéneres lo miraron respetuosamente, y detuvieron su marcha hacia nosotros. Los ladridos se fueron apagando. Tan pronto sucedió esto, el perro blanco comenzó a caminar decididamente hacia el Norte. Yo lo seguí, acariciando de vez en cuando su níveo lomo. La retirada se efectuó en el más completo de los silencios. La jauría rompió la formación para dejarnos pasar. Algo tenía ese callado ambiente del sabor de lo sagrado. Una vez me hubo servido, tan discreto como llegó, mi salvador de cuatro patas desapareció.

Unos cientos de metros después, el barrio recuperaba la alegría de sus casas. Pregunté a un vecino si podía llegar al Bosque de Nativitas, y me indicó que siguiese la sinuosa Avenida del Puente. Éste comunicaba con Santa Cruz Acalpixca. Al Este se encuentra Nativitas. Finalmente, al atardecer alcancé el bosque. No recuerdo qué hice ahí ese día.

Volví al barrio de San Cristóbal, y después me dirigí al templo de San Bernardino de Siena, en el centro de Xochimilco. En las paredes de la enorme nave de San Bernardino, hace tiempo se descubrió una pintura de san Cristóbal. Quizá sea del siglo XVI. Aparece al modo occidental: un hombre muy musculoso, que bastón en mano, carga con trabajos a un bebé. El diminuto personaje es el niño Dios, y su peso se debe a que lleva consigo los pecados del mundo. En México hay muchas poblaciones que honran a este conspicuo personaje. El ejemplo más famoso es San Cristóbal de las Casas, Chiapas, cátedra del ya fallecido tatic Samuel Ruiz, en medio de los más pobres.

En el siglo XX la jerarquía católica desconoció a san Cristóbal, y lo retiró del santoral. Me he enterado por el blog de C. Oriental que entre los ortodoxos, a san Cristóbal se le pinta con cara de perro. Es una metonimia curiosa porque Cristóbal era extranjero, bárbaro, el hombre que habla como los perros: “barbar” es lo que expresan con sus gargantas los bárbaros. Sin embargo, ¿no es curioso que en las inmediaciones del barrio de San Cristóbal, en la tierra de nadie, y a merced de una amenazante jauría, un perro me salvase de un ataque inminente? ¿Se trata de un milagro? Indudablemente. Según los creyentes, los milagros deberían suspender las leyes de la naturaleza. ¿Se violó alguna ley de la naturaleza con la visita de aquel Cancerbero blanco? No, y sin embargo, su presencia fue extraordinaria. Carl Sagan solía decir que afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias. ¿Qué prueba puedo dar de mi afirmación? Ninguna, salvo mi testimonio. Según los abogados se necesitan dos testigos para probar algo. Soy mi propio testigo, y si nadie me cree, aún así tengo la satisfacción de que aquella mañana, en circunstancias milagrosas un perro me salvó el pellejo. Tal vez un etólogo sostenga que no hay tal milagro, y que lo único que sucedió fue que desperté la simpatía del macho alfa de la manada. Sin embargo, el milagro no solo consiste en que fuese salvado por un perro, sino en que ese preciso perro llegó en el momento oportuno, en medio de una atmósfera solemne. Es la belleza del acto y del actor, además del acontecimiento mismo: poesía en acción. Un perro blanco y silencioso. El blanco es a la pureza lo que el secreto es al milagro. El silencio es el lenguaje de Dios. Pero, ¿este milagro prueba que exista el Dios de los cristianos? No lo creo.


La definición estándar de Dios es que se trata de un ser infinitamente bueno y omnipotente. Y si es ambas cosas, ¿por qué no actúa siempre? No siempre me he salvado del mal, y he sufrido sus azotes. ¿Dónde está Dios cuando lo necesitamos? El Dios que yo he visto actuar a veces nos ayuda y también es capaz de abandonarnos. Al negar a san Cristóbal, ciencia y religión no agotan el milagro del mundo. ¿Qué Dios envió a un perro aquella misteriosa tarde en un barrio perdido del sur de Xochimilco?

La religión recurre al mito para expresar lo inexpresable. La filosofía también es capaz de reconocer que en el mundo hay algo inexpresable. La paradoja estética es la manera en que yo lo hago. En cierta forma, hay un aspecto de mi experiencia que, siendo subjetiva es inexpresable. Se trata de un ambiente que rebasa la cotidianidad, el vulgar paso del tiempo que registra el método científico, y que por un instante, es capaz de abrir las puertas de los Cielos aun a aquel que no cree en Dios.

sábado, 15 de octubre de 2011

jueves, 15 de septiembre de 2011

lunes, 1 de agosto de 2011

Un esteta en Xochimilco



Polvo y buena fortuna acompañan mis zapatos.

sábado, 21 de mayo de 2011

El alma del mundo es la belleza

Enrique Arias Valencia

Kant en la Crítica del juicio nos habla de las condiciones de posibilidad del tercer momento de la facultad de juzgar. Un objeto es bello si al juzgarlo según la relación lo consideramos en tanto que finalidad sin fin.

Se llama finalidad sin fin al propósito que permanece en nosotros mismos. Por lo tanto, bella es la finalidad que permanece en nosotros. Ahora bien, en vista de que “Fin final es el fin que no necesita ningún otro como condición de su posibilidad” [Kant, Cdj, § 84]. Siguiendo a Kant, el fin final es subjetivo.

Uno de los aspectos más enigmáticos de la belleza consiste en que nos muestra un propósito que no se encuentra ni en el objeto ni en la naturaleza, ni en teleología alguna. ¿Dónde se encuentra el propósito de la belleza? En nosotros mismos.

Éste es el carácter de lo bello que advertimos en el tercer momento de la facultad de juzgar según Kant; pero también se hace patente en el primer momento, cuando advertimos que según la cualidad, un objeto place o displace sin interés, pues al carecer de éste, el objeto tampoco apunta a finalidad alguna fuera de nosotros. Su finalidad, por tanto, al ser desinteresada, es sin fin.

Por lo tanto, el primer y el tercer momento de la facultad de juzgar nos revelan el aspecto subjetivo y en cierta forma “particular” del juicio estético, particularidad, que sin embargo, aparece como si fuese gobernada por un principio a priori. El arte, por lo tanto, carece de concepto alguno que mostrarnos.

Do es una nota bella. Tratándose de música clásica, no podemos escuchar una nota do pura: cada vez que escuchamos un do, aun a capella, aun en solitario, do se escucha como la más destacada nota que es acompañada por una serie de sonidos. Los armónicos suceden a do, y así, son los que otorgan el timbre a cada nota. Gracias a ellos sabemos que una soprano es una soprano, que un oboe es un oboe y que un clavecín es un clavecín. Do no es bella por sí misma, es bella porque es siempre acompañada por otras notas, acordes secretos de la música, aun de la que se canta en soledad.

Do nos invita a desentendernos de ella tan pronto como la escuchamos, en primer lugar por los armónicos, y en segundo lugar porque las notas que le siguen son las que le otorgan la belleza. Los artistas hacen bella la nota Do al lograr que nos desentendamos de ella.

El Ensamble Anima Mundi está compuesto por tres bellas mujeres que han sabido dirigir el espejo de su alma para reflejar la imagen de Dios por medio de la más bella de las artes. Es así que el Martes 17 de mayo, a las 20:00 horas, en la Catedral Metropolitana se escucha a Luz Angélica Uribe, soprano, Carmen Thierry, en el oboe d'amore y Águeda González, en el clavecín

En el Altar de los Reyes se festeja la música con soprano, oboe y clavecín. El Altar de los Reyes reluce grandioso: el oro lo colma, el espíritu lo enarbola. La cúspide es el Padre Eterno.

La música de Bach interpretada en un contexto religioso, esto es, el Ensamble Anima Mundi en el Altar de los Reyes, es capaz de comunicarnos un mensaje bello cuyo propósito no surge del arte mismo, sino de nuestro propio corazón. Por lo tanto, bello es el propósito sin fin que permanece en nosotros mismos.

Al ser absolutamente grande el marco de las intérpretes, el churrigueresco nos comunica el propósito espléndido del alma. Y es así que las artes, arquitectura, escultura, pintura, poesía y música se reúnen en armonía para brindarnos los más preclaros atisbos del universo de los fines.

Tras el concierto, hoy pudimos entrar al altar de San Felipe de Jesús, donde reposan los restos del emperador Agustín de Iturbide.

sábado, 16 de abril de 2011

Stabat Mater de Dvořák

Enrique Arias Valencia

Mi objetivo es ser totalmente subjetivo. ¿Pueden los sentimientos ser objetivos? No, no pueden, pues son el núcleo de la subjetividad. El sentimiento de alegría y aflicción es nuestro, y si actúa sin conceptualizar, descubre la belleza en su atención. Por eso es inútil buscar la belleza en el objeto. La belleza está en el sujeto, y la proyecta hacia el objeto. Por lo tanto, la belleza es un juego de la subjetividad. Sin embargo, no somos el único sujeto del mundo, y cuando otro sujeto nos comunica su descubrimiento de belleza, así nace el arte. Quien es capaz de comunicar belleza es artista.

El arte no sólo es asunto de alegría. También lo es de dolor. Los artistas que tratan con orden y decoro temas cristianos tienen en su haber algunas de las obras maestras más grandes sobre el asunto del dolor humano. Mensaje de enigma, en estos tiempos de Semana Santa, el Stabat Mater de Dvořák es una muestra acabada y perfecta del papel de la subjetividad del dolor, misterio humano que apunta a lo Trascendente. Inigualable la pluma de Ernesto Nosthas en Oído Fino en el pasaje siguiente:
Invito a los lectores a navegar por esta obra, y usen la versión del poema en la sublime traducción de Lope de Vega y recreen una expresión clara del dolor y la resignación de María con la presencia del solo de oboe inglés que introduce la pregunta existencial del «Quis est homo, qui non fleret, Matrem Christi si videret, in tanto supplicio…?» («Y, ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara, de Cristo en tanto dolor?») desarrollada por el cuarteto de solistas en el segundo movimiento o la tenebrosa expresión de temor ante la muerte que se reproduce con la oscura marcha fantasmagórica entre coros y orquesta que se da en el tercer movimiento.

En cierta forma, el misterio de la Cruz es más profundo que la religión que le dio origen, pues trasciende sus límites, y se dirige a nuestro corazón. Sin embargo, el dolor que nos comunica el Stabat Mater debe ser sin concepto, desinteresado, universal y apuntar necesariamente, por tanto, a la finalidad sin fin. Aquellos que vemos dolor sin sentido en este mundo, bien podemos de vez en cuando darle sentido con el propósito de la música. El arte nos redime de nuestro dolor entregándonos un dolor desinteresado. Es así que el dolor de la Virgen María al ver a su hijo muerto es el dolor universal: es el dolor del poeta Javier Sicilia al enterarse de que su hijo ha muerto. Es el dolor de Antonín Dvořák al enfrentar la muerte, primero de su hija y después de sus dos hijos sobrevivientes. Y sin embargo, el dolor de la música no es ninguno de estos dolores: está más allá del dolor particular.




Este viernes 15 de abril, a las 19:00 horas, en el Museo de la SHCP, Antiguo Palacio del Arzobispado he podido escuchar el Stabat Mater de Dvořák. El Stabat Mater es el Requiem del eterno femenino. El eterno femenino no es un concepto, se revela a la intuición intelectual.

Tui nati vulnerati es la más pura expresión de la belleza que se encuentra en sabernos vulnerables, y por lo tanto, heridos por el poder de Dios.

Quiero destacar que esta noche la mezzosoprano Lydia Elena Rendón Olvera, de los Solistas Ensamble del INBA me ha regalado una de las más bellas versiones de Inflammatus et accensus, del Stabat Mater de Dvořák.

Fuga

La versión que he escuchado esta tarde es la partitura para soprano, tenor, alto, bajo, coro y piano de 1876, recientemente descubierta. He actualizado la página del Stabat Mater de Dvořák en la Wikipedia en español para referirme a dicha versión. La primera cita del Quando corpus morietur está en si menor, con los primeros compases a cargo de la mezzosoprano y el bajo, pieza sombría que cederá el terreno a una colosal e intensa fuga. Dice Sócrates en el Hipias mayor que “Las cosas bellas son difíciles”. Por su conspicua belleza, la brillante fuga del final de esta obra es difícil para el escucha. Belleza enérgica donde las haya, la intervención de la cuerda de la soprano hiela la sangre. El unánime Quando corpus morietur es todo un triunfo sobre la muerte. En versión de Lope de Vega:

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.
La intención de Xavier Ribes al dirigir a los solistas es comunicarnos con la aflicción de la idea de la razón que se identifica con el eterno femenino. Al final, los solistas nos han quitado a todos el aliento, y tardamos en aplaudir, pues ¿cómo interrumpir el mensaje del gran dolor del mundo?

***

I Temporada 2011
Solistas Ensamble del INBA
Xavier Ribes, director huésped
Antonín Dvořák
Stabat Mater

Viernes 15 de abril, 19:00 horas
(Moneda 4, Centro Histórico)

Actividades Web:


jueves, 7 de abril de 2011

Soneto imperfecto con estrambote solidario

Enrique Arias Valencia

Tras el asesinato de su hijo, Javier Sicilia ha dicho que abandona la poesía. Por mi parte, yo no sé ni sumar, ni restar, por lo que mis poemas son siempre de metros y versos imperfectos; pero el dolor me ha revelado el valor de las lágrimas. Si Javier se calla, yo gritaré, pero la mía será una voz sin Dios.


Me acompañaste, casi sin saberlo,
venías, tú con Cristo y yo sin nada,
y alegraste mi tarde desconsuelo,
tu pluma en la Musa transformada.


Escucha, Javïer lo que te digo:
pues según las Escrituras el Padre
vio morir a su hijo, y höy tu hijo
mártir, se encüentra entre los caídos.


No comparto tu fe, has de saberlo;
mas abrazo tu dolor, y lo hago mío,
y agradezco tu voz viva de poeta


en torpes líneas del ateo esteta.
No, no dejes de gritar tu fe, bardo,
sabemos bien que eres santo con huevos.



***
La Carta abierta de Javier en el blog de Ego

domingo, 26 de diciembre de 2010

Festoratorium

Enrique Arias Valencia

El sábado 27 y el domingo 28 de marzo del presente la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez nos ofreció los 45 números del Oratorio ocasional HWV 62 de Georg Friedrich Händel. Para cerrar la segunda temporada, el 18 y el 19 de diciembre de 2010 los chicos repitieron la hazaña con buena parte de esta composición. Los primeros tres días a los que me he referido, la Orquesta actuó en su casa, la Sala Blas Galindo. El último lo hizo en el Templo Expiatorio a Cristo Rey.

¿Qué habrá pensado Händel cuando musicalizó un libreto de Newburgh Hamilton conformado por un ramillete de glosas de los Salmos escritas por John Milton, así como citas de diversas obras de Edmund Spenser? Además, Händel reutilizó fragmentos de obras propias. Finalmente, el compositor se valió de algunos versículos del Éxodo para completar el colosal oratorio.

En una primera aproximación al Oratorio ocasional de Händel, podemos advertir que entre las obras de Edmund Spenser que Händel usó para su Oratorio ocasional, se encuentran fragmentos de La reina de las hadas, una asombrosa síntesis de cristianismo y paganismo, con el que el poeta buscaba el favor de la reina Isabel I de Inglaterra, cosa que el empeñoso bardo, terminó por conseguir. Si sólo se atiende a los accidentes, alguien podría creer que durante el Renacimiento, el cristianismo ya era compatible con las fábulas que celebran a las hadas. Según este punto de vista, ambos, cristianismo y paganismo, brotan de la misma fuente imaginativa, en la que los sueños se hacen realidad en un mundo físico que poco tiene que ver con la consumación de las esperanzas. Dios es la mayor fantasía, mayor que la cual nada puede fantasearse.

La ciencia nada puede hacer para alentarnos a vivir felices. Su compromiso con la elaboración minuciosa de un modelo que explique las propiedades de los fenómenos del Universo está condenado al fracaso moral. Con su cinismo impúdico, Richard Dawkins reconoce que “El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que deberíamos esperar si no existiera, en el principio de las cosas, ningún diseñador, ningún propósito, ninguna maldad ni bondad, nada, sólo ciega e implacable indiferencia”. Ese es el espantoso descubrimiento de la ciencia, frente al cual, ella misma nada puede hacer. Por eso es necesario llamar a los espíritus elementales para consolarnos, e incluso, redimirnos de la vida que llevamos en este universo mecánico, omnipotente, pero ciego. ¿No es este Universo motivo para la congoja de las musas?

¡Oh! ¿Quién verterá en mis hinchados ojos
un mar de lágrimas que nunca pueda secarse,
una áspera voz que con estridentes gritos
atraviese los apagados cielos y llene el aire tan espacioso;
una armadura de hierro que pueda soportar los suspiros,
para lamentar la miseria del mundo impuro?

Así se lamenta Edmund Spenser en Las lágrimas de las musas. Para salir del Universo mecánico bien podemos pasar al otro lado del espejo, metáfora carrolliana que nos incita a vivir en un mundo más acorde con el corazón humano, bien valga la discreta redundancia. Para conseguir esto debemos abandonar los accidentes de la obra de arte, y dirigirnos a su esencia. Y entonces advertiremos que el arte cristiano requiere al intelecto valiéndose de los sentidos. Por eso, todos los elementos que aparecen en una obra de arte cristiana son símbolos que hablan al intelecto, y describen con profundidad los estados del alma: las violentas tormentas y la serena claridad del Sol. Por eso, Spenser, en La reina de las hadas afirma en un poema:


Tras largas tormentas y tremendas tempestades
el Sol finalmente aclara su alegre rostro.
Así, después de haberse mostrado la furia de la fortuna,
se conoce al fin la hora feliz;
si no, el hombre afligido se desesperaría.

El Sol sólo brilla para quienes prestan oídos al poeta. ¿Para qué sirve el arte cristiano? El arte cristiano no es en modo alguno, decorativo, sino la consumación de una intencionalidad. Para el poeta, el tema no es una elección arbitraria, sino que lo suministran la tradición y la circunstancia. Las ideas del poeta pertenecen a toda la humanidad, por eso, reclamar su propiedad individual es fútil y risible. El origen de las ideas poéticas se pierde en la noche de los tiempos. Por ejemplo, en el Himno de la belleza celestial, Edmund Spenser hace eco de una idea viejotestamentaria: si nos atreviéramos a mirar cara a cara a Dios, no lo resistiríamos. Es una hipérbole del poder cegador del Sol. Dios es más brillante que el Sol, y al menos para el cristianismo, Dios es persona. Por eso, entre otras cosas, el cristianismo no se hunde, a pesar de los avasalladores triunfos de las ciencias físicas.

Humillado con temor y tremenda reverencia,
ante el escabel de su Majestad,
arrójate al suelo con temblorosa inocencia
y no te atrevas a lanzar tu débil y deslumbrada mirada
al terrible rostro de la gran Deidad,
temiendo que, si él por casualidad te mira,
te reduzcas a la nada y seas completamente confundido.

No sé cómo alguien, reducido a la nada, pueda quedar enmarañado. Licencia poética que insinúa, que a pesar de todo, el modelo del bardo es este mundo físico, con todo su horror esplendoroso. ¿Qué es lo que hace el poeta? Él mismo se transfigura en ese horror, y nos invita a consumar nuestra vida en una fusión con lo divino. Dante afirma que “El que quiera pintar una figura, si no puede serla, no puede pintarla”. Nosotros añadimos que el poeta nos transforma en aquello que retrata en su esencia más pura. Se trata del poder omnipotente del Sol, y no de rey alguno. Al respecto, en su ensayo “La Comprensión del Arte de la India”, Ananda Kentish Coomaraswamy apunta que

“Los dioses de los pueblos antiguos no eran héroes humanos glorificados, sino diagramas matemáticos de poderes operativos; la mitología consiste en las imágenes verbales de la operación de estos poderes”.

Estos poderes operan en el alma humana, revelando su recta razón. La utilidad de la obra de arte se revela al intelecto. En el mundo de las ideas, el arte es, como dice el adagio latino “la razón recta de las cosas que se requiere que se hagan”. ¿Qué es lo que requiere hacerse? Contemplar la necesidad de la obra, y ver que es buena, como cuando Dios descansó de su propia obra. El intelecto se siente satisfecho cuando contempla las esencias inteligibles, las cuales se presentan en la obra de arte por medio de símbolos.

Por eso, si al principio alguien podría creer que el poeta hablaba del Sol en tanto que cuerpo físico, ahora sabemos que el Sol es un símbolo que procede de un reino de donde brota aquello que le da al hombre su humanidad, esto es, el reino de lo inteligible. El Sol es la belleza suprema, mayor que la cual nada puede contemplarse. Aquel que llega a comprenderlo, se da cuenta de que tiene razón Eckhart cuando sostiene que “La naturaleza humana no tiene nada que ver con el tiempo”. En este caso, entonces, gracias a los símbolos del poeta el Oratorio ocasional de Händel es el medio por medio del cual descubrimos un misterio que no es histórico, sino metafísico: es el profundo drama de la voluntad de vivir que, al hacerse individual, se ve sometida a las veleidades del tiempo y del espacio. Al trascenderlos, se muestran las ideas, las cuales placen al intelecto.

Sólo la música, con sus armonías preclaras, puede ayudarnos a trascender este Universo físico, y dirigirnos hacia el puerto de la metafísica de artista, donde sólo son realidad las más puras armonías.

Y pues creo que llegó el momento de deciros que yo soy ateo guadalupano. Luego, soy devoto de la pureza de la Virgen María, signo de todo mi acendrado irracionalismo. La segunda temporada de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez cierra en el Templo Expiatorio a Cristo Rey (Antigua Basílica de Guadalupe), el 19 de diciembre de 2010, 18:00 horas. Varios coros e infinidad de solistas se unen a la representación. Es la última vez este año que escucharé en vivo el Oratorio ocasional de Händel.

El edificio de la Antigua Basílica de Guadalupe consta de un par de torres al frente y un par de torres traseras. Cada torre tiene tres cuerpos, seguidos por otros tantos del campanario. Planta de tres naves. Las naves laterales tienen cuatro bóvedas. La nave central ostenta además una alta cúpula. Racimos de cuatro columnas que se alzan airosas. Ciprés con la figura de Cristo Rey. Por la época, hay coronas de Navidad en cada columna. A la derecha de la orquesta, un árbol de Navidad arde en frío. Doce candiles flotan hacia el cielo.

El mensaje del arte cristiano, que nos llega por medio de símbolos, quizá pueda resumirse así: la vida es un misterio precioso. Tomemos por ejemplo, la imagen de la Virgen de Guadalupe. Hay quienes sostienen, tanto creyentes como no creyentes, que cuando hablamos de la experiencia estética de la Virgen de Guadalupe, nos referimos a su belleza. Pero, ¿es que alguna vez el arte se ha referido a la belleza? La imagen de la Virgen de Guadalupe es la estancia del Ser, la cual descubrimos intelectualmente, como presencia de un mundo inteligible que aparece en nuestro interior. Dicho mundo, bien podemos sostener, es el de la divinidad. Entonces, tal y como dice William Blake: “Todas las deidades residen en el corazón humano”. Así, las flamas, el brocado de la túnica y el azul del manto, todo tiene un significado simbólico. Ananda Kentish Coomaraswamy nos explica el significado simbólico del manto de la Virgen en estos términos:

“El azul de la túnica de la Virgen se refiere a una cualidad de infinitud, infinitud que no podemos dibujar, sino que sólo se sugiere por la extensión indefinida y la profundidad desconocida del cielo”.

Más que un experto en arte, quiero expresar el máximo goce estético, que al escaparse de los sentidos, constituye un deleite para el intelecto. El lenguaje simbólico del arte pasa limpiamente a la metafísica, pues de ella es propio también el lenguaje de los símbolos. El lenguaje de los símbolos constituye la diferencia entre el arte y la naturaleza física de las cosas. De nuevo, Coomaraswamy:

“si tomamos el símbolo por un signo, por ejemplo, en el caso de la túnica azul de la Virgen, estamos entendiendo que la Virgen lleva puesto el cielo como nosotros llevamos las vestiduras, y esto equivale a una «personificación del cielo» y a una identificación de la Mariolatría con el «culto de la Naturaleza»”.

Por eso, la imagen de la Virgen de Guadalupe no es más bella que las bellezas físicas, pues su belleza apunta a un mundo que no es físico, sino metafísico. Si como estetas nos dedicamos a estudiar las obras de arte como meros fenómenos físicos, corremos el riesgo de negar nuestro carácter más humano, el cual consiste en participar del mundo de las ideas, y de comunicar a otros nuestros descubrimientos usando el pensamiento simbólico, el cual deviene arte y poesía. Entonces, ya no decimos “Dios salve al rey”, como si el rey fuese alguien ajeno a nosotros, sino que descubrimos asombrados que nuestro intelecto es el soberano de nuestra mente.

Alguna vez he sospechado que, de llegarse a probar la existencia de Dios, sería un ateo quien la probaría. Un abrazo irracionalista, pero ateo al fin y al cabo...

Bibliografía:

Coomaraswamy, Ananda Kentish, “La Comprensión del Arte de la India”, en La doctrina india del fin último del hombre, Madrid, Editorial Sanz y Torres, 2007.

La traducción de los versos que aparecen en el Oratorio ocasional es de Alfredo Mendoza M. México, marzo de 2010. Programa de mano.

***

Oratorio Ocasional “Festoratorium” / G. F. Händel

Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez
Primera temporada, 2010
Programa 6
Sábado 27 de marzo, 13:30 horas
Domingo 28 de marzo, 18:00 horas
Director: Julio Briseño
Coros: Coro de niños de la Schola Cantorum. Director: Alfredo Mendoza
Coro del SNFM. Director: Alejandro León
Solistas: Nadia Ortega, soprano
Fernando Pichardo, contratenor
Leonardo Villeda, tenor
Jesús Suaste, bajo
José Suárez, órgano
Rafael Cárdenas, clavecín

Segunda temporada, 2010
Programa 10
18 de diciembre de 2010, 13:30 horas
19 de diciembre de 2010, 13:30 horas

Director: Julio Briseño
18 de diciembre de 2010, 13:30 horas.
Auditorio Blas Galindo
Centro Nacional de las Artes (Cenart)

19 de diciembre de 2010, 18:00 horas
en el Templo Expiatorio a Cristo Rey (Antigua Basílica de Guadalupe)

jueves, 25 de febrero de 2010

El retablo dorado

Enrique Arias Valencia

“Grítenme piedras del campo”.

Cuco Sánchez



Obertura mesozoica

Recuerdo haber visto la fotografía de una laja de roca en la que se preservan las huellas de un brontosaurio que es perseguido por un tiranosaurio. No deja de asombrarme saber que una persecución que sucedió hace varios millones de años quedó registrada en un fósil que puede admirarse cuando toda la especie de los seres que participaron en aquel prístino drama de la vida se ha extinguido por completo. Sin embargo, la estela se interrumpe antes de que podamos saber el desenlace. Sólo tenemos noticia del comienzo de la prehistórica cacería; la naturaleza ha jugado una pequeña chanza a nuestra curiosidad. ¿Logró el tirano devorar a su víctima?

Preludio contemporáneo

Estoy frente al retablo del templo de San Bernardino de Siena, en Xochimilco. Es uno de los pocos del más temprano barroco mexicano que aún quedan en pie. Me he enterado de que quizá fue elaborado en los talleres de Santiago Tlatelolco, al Norte de la Ciudad de México. ¿Cómo se cinceló en madera de dorado que quisiéramos imperecedero este prodigio de los altares?

Acto único: El cordonazo de San Francisco

El anciano escultor se desplomó sobre la figura de Cristo que había estado labrando durante toda la semana. Pero su atacante no tuvo piedad, y tras los azotes, de un cordonazo lo descalabró.

Violenta ironía, la sangre viva del artista se confundió con la sangre fingida de la imagen. Fue así como un Dios insensible, porque insensible es una escultura de madera, se hizo a imagen y semejanza del hombre que sufre, porque la carne es el repositorio de los pesares de la voluntad.

Fue entonces cuando el mayoral de los pintores, Agustín García, se decidió a denunciar ante el tribunal de la Santa Inquisición a su agresor. El indígena Agustín García contó con el testimonio de sus cófrades. Ante los jueces del Santo Oficio tuvo que comparecer el temible fray Juan de Torquemada.

Durante la audiencia se supo, como una sátira macabra, que el fraile había usado el cíngulo de amor de San Francisco para golpear al viejo artista.

¿Por qué Torquemada se ensañaba con sus trabajadores? Contra la regla cristiana de no trabajar el domingo, fray Juan de Torquemada, el tirano, obligaba a sus escultores a rendir jornada. Torquemada era el jefe del taller de Santiago Tlatelolco, y le habían encargado, entre otras obras, el retablo de Xochimilco.

El 13 de febrero de 1601, Agustín García no sólo se negó a trabajar, sino que se quejó de que la paga era nula y el trabajo extenuante.

Agustín García no acudió a la audiencia. Yacía en cama, intentando restablecerse de los chichones y azotes que había recibido, algunos de ellos en público. Esa era la regla, y no la excepción. En esos momentos de convalecencia recordó que, cuando niño, su abuelo le había hablado de un tiempo en el que los dioses de México aún vivían y para honrarlos se habían alzado fastuosos templos y se habían esculpido maravillosas imágenes. Tan contento estaba con el relato de su abuelo, que García quiso ser escultor, y en realidad, las primeras lecciones de su arte no las tomó de los evangelizadores, sino de los sabios toltecas que aún daban lecciones en el Calmécac. Ahora, Agustín García había denunciado a fray Juan de Torquemada. Por eso, muchas obras de la iglesia del siglo XVI tienen un discreto sello mesoamericano.

Coda. ¿Qué pasó?

El tirano y la presa. No podemos saber qué sucedió después, pues el documento del juicio está incompleto. De nuevo, la historia sólo nos permite saber el comienzo del proceso, mas no su culminación… O casi. Leemos en Wikipedia:

“Torquemada dirigió la construcción de retablos de Santiago Tlatelolco, Xochimilco y otros que fueron enviados a Michoacán y Oaxaca. En 1613, Juan de Torquemada ocupó el cargo de guardián del Convento de Xochimilco. Torquemada murió en Santiago Tlatelolco, en 1624”.

Si se trata del de San Bernardino, entonces conozco el retablo de Xochimilco, de dorado ennegrecido. Hace tiempo que el de Tlatelolco se deshizo, vencido por los rigores del tiempo. Dicen los entendidos que se conserva un fragmento.

Hasta antes de este año, yo nunca había entrado al templo católico de Tlatelolco, edificado con las piedras de las ruinas de la ciudad prehispánica que está algunos metros enfrente de Santiago. Tras el altar, he visto la desnuda pared. Sin duda su retablo era enorme, pues sabemos que abarcaba hasta el final del cuadrado ábside, en los bordes del techo.

¿Fue sancionado Torquemada por su comportamiento? ¿Sanó Agustín García sus heridas? ¿Volvió al trabajo? No sabemos qué sentenció el tribunal. Como en el caso de la laja del triásico o cretáceo, el registro está incompleto. El grito de la presa que huía se perdió tras el deslizamiento de las rocas. En cierta forma, el tirano cazador se salió con la suya.

Sin embargo, sí sabemos que alrededor de 1613, Torquemada había terminado de escribir la Monarquía Indiana, una obra que le valió ser reconocido como uno de los rescatadores de la antigua cultura prehispánica. Debido a ello, la primera vez que tuve noticia de su nombre su biógrafo le llamaba “humanista”. Un reconocimiento irónico, de metonímica sangrienta sorna, en vista de lo que he expuesto aquí. El evangelizador murió en la paz de Dios de 1624. Del infeliz García no sabemos nada. La vida de los pobres no puede registrarse, ni siquiera en una laja, para por siempre jamás gritar junto con las piedras del campo, las grandes injusticias de la vida.

Bibliografía

Para elaborar este artículo, he recurrido a la siguiente fuente:

Constantino Reyes-Valerio, Arte Indocristiano: Pintura y Escultura en la Nueva España. Hay versión web. Basta hacer clic en este enlace.

domingo, 17 de enero de 2010

Pequeña sinfonía de piedra en torno a un tema de Alpuyeca

Enrique Arias Valencia

¡Sepan que fabricarle a Dios un templo,
no es acción libre, sino privilegio!
Sor Juana Inés de la Cruz


Sobre Calzada de Tlalpan, a la altura de horrendos segundos pisos, bólidos automovilísticos, allende pueden verse dos templos católicos que se levantan sobre pequeños montículos. Más al Sur, en Villa Milpa Alta, un minúsculo templo dedicado a la Virgen de Guadalupe, también se alza por encima del nivel de la calle. Muy cerca de ese lugar, el colosal templo de la Asunción ocupa el fondo de un jardín que también se eleva varios metros por encima del piso común. Los mexicanos llamamos “atrio” al jardín a veces patio, y en la Asunción un enorme muro en uno de sus extremos ostenta un colosal contrafuerte cónico, que circunda el enigmático prodigio.

Nunca he sabido de otros templos del mundo que tengan dicha característica.

Es así que el sábado pasado mi hermano y yo, es decir mi Bonpland, tras una estupenda expedición en las ruinas de Xochicalco, llegamos al pueblito de Alpuyeca. ¿Por qué se levanta la airosa torre, campanario en perpetuo ristre en un montecito solitario? Es día de fiesta en la iglesia. No más fue verla y quise conocerla. Subimos varios escalones, pasamanos de piedra, patio seco, adornado por algunos árboles de tronco y copa enormes.

Niños raudos juegan en la elevada placita. Niños, siempre niños me acompañan en mis vistas de las más bellas de las cordilleras de México. Es un cerro artificial, sin duda. Las casas de al lado conservan el nivel común de la calle, si bien al oriente se dibuja una lomita.

Saco mi brújula, y esta señala la perfecta orientación del templo de la Conchita. El altar mayor se encuentra en el muro oriente del templo. Sin duda, esto es obra de los naturales de estas tierras, pienso. La Concepción es una construcción viejísima. Las juntas de las piedras de los contrafuertes del lado sur están adornados por una serie de piedritas rojas, tezontle, para más señas, un emblema de los indígenas mexicanos que se usó en todos los templos antes de que Hernán Cortés trajera la Buena Nueva del Viejo Mundo. Mi hermano ha encontrado un parecido entre dichas piedritas rojas de Mesoamérica sobre un fondo de argamasa y los caminitos de las hormigas.

Rejas laterales, una para cada uno de los cuatro rumbos del mundo, permitirían al viajero salir del templo. Pero la de la cara sur tiene un candado. La reja va a dar a una larga albarrada, sin escalera. Y de pronto, es el milagro: al asomarnos al vacío, allá abajo, en medio de la tierra, se perfila el borde de un templo mesoamericano. Unos niños se acercan para ver qué ha llamado mi atención. El templo prehispánico no fue demolido, sólo fue cubierto por una nueva capa, como había sucedido desde hacía siglos.

La Concepción está sobre un templo indígena. Los toltecas construían sus templos por etapas, casi como una cebolla o una muñeca rusa. Sempiternamente, debajo de un gran templo, había un templo más viejo y más pequeño. Cuando se predicó la nueva fe, la nave, la bóveda, el coro, los contrafuertes y los arbotantes, la portada y el campanario se edificaron sobre un antiguo adoratorio. Pero el sacerdote miraría al Sol nacer cada vez que oficiase misa, esto antes del Concilio. ¿Fue una concesión o una complicidad?

El misterio de las iglesias sobre cerritos tiene una explicación, que a mí me ha deleitado. Ahora que lo pienso bien, mi ateísmo se asemeja al templo de la Conchita, en Alpuyeca: debajo de mi descreimiento está un santuario católico, pero debajo está un adoratorio al Dios desconocido; si bien éste a su vez se sustenta en la Tierra misma, cuya sabiduría sólo consiste en callar.

martes, 8 de diciembre de 2009

Niña de Dios

Miguel de Cervantes Saavedra

En Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, L III



Niña de Dios, por nuestro bien nacida;

tierna, pero tan fuerte que la frente,

en soberbia maldad endurecida,

quebrantasteis de la infernal serpiente.

Brinco de Dios, de nuestra muerte vida,

pues vos fuistes el medio conveniente,

que redujo a pacífica concordia

de Dios y el hombre la mortal discordia.



La justicia y la paz hoy se han juntado

en vos, Virgen santísima, y con gusto

el dulce beso de la paz se han dado,

arra y señal del venidero Augusto.

Del claro amanecer, del sol sagrado,

sois la primera aurora; sois del justo

gloria; del pecador, firme esperanza;

de la borrasca antigua, la bonanza.



Sois la paloma que al eterno fuistes

llamada desde el cielo, sois la esposa

que al sacro Verbo limpia carne distes,

por quien de Adán la culpa fue dichosa;

sois el brazo de Dios, que detuvistes

de Abrahán la cuchilla rigurosa,

y para el sacrificio verdadero

nos distes el mansísimo Cordero.



Creced, hermosa planta, y dad el fruto

presto en sazón, por quien el alma espera

cambiar en ropa rozagante el luto

que la gran culpa le vistió primera.

De aquel inmenso y general tributo

la paga conveniente y verdadera

en vos se ha de fraguar: creed, Señora,

que sois universal remediadora.



Ya en las empíreas sacrosantas salas

el paraninfo alígero se apresta,

o casi mueve las doradas alas,

para venir con la embajada honesta:

que el olor de virtud que de ti exhalas,

Virgen bendita, sirve de recuesta

y apremio, a que se vea en ti muy presto

del gran poder de Dios echado el resto.

lunes, 2 de noviembre de 2009

domingo, 18 de octubre de 2009

Suerte te dé Dios

Enrique Arias Valencia

Una monja y un cura jugaban al golf.

En el primer hoyo la monja realiza un drive perfecto sobre el green. El cura hace lo mismo. La monja acierta al hoyo pero el cura falla y dice:

- ¡Maldita suerte infeliz! Fallé.

Sonrojada por la maldición, la monjita regaña al sacerdote y le dice:

- Padre, no diga eso o Dios hará que caiga un rayo sobre usted.

Pero el cura pelafustán continuó maldiciendo y quejándose hasta el hoyo número 18 sobre el cual se escucharon truenos en el cielo. De pronto, un relámpago se precipitó y mató la monja.

Lleno de miedo, el cura vio que el cielo se abría, y entonces escuchó la atronadora voz de Dios, quien exclamó iracundo:

- ¡Maldita suerte infeliz! Fallé.

viernes, 9 de octubre de 2009

Consejos metodológicos a un científico colérico

Enrique Arias Valencia

¿Habéis visitado alguna vez Pharingula? Yo casi nunca lo hago, pero el otro día me encontré una referencia a su autor, PZ Myers, en el Blog sin Dioses, este último un sitio al que recién me acabo de enterar de que no tengo acceso a los comentarios debido a que en una breve discusión que sostuve allá, uno de sus moderadores, Marcelo Huerta, ha tenido a bien dirigirme esta sanción: "Los mensajes que se publican aquí sí dependen de la opinión de quien los modera, así que ya ves: te ganaste un abono al silencio permanente, por creyente provocador". ¿Creyente yo? ¡Jo jo jo! ¡Si ni siquiera creo en la risa de Santa Claus! Sucedió que allá en su blog, Marcelo me dijo que me convenía leer Las trampas de la fe. Como es un libro que yo sí he leído, le repliqué con una moderadísima acidez. Fue así que en el cuarto punto de mi comentario sostuve que:

4) Dice: "Conviene leer Las Trampas de la Fe,"

Debería decir: "Conviene entender Las Trampas de la Fe,". ¿O ya practicas el arte adivinatorio para saber qué libros he leído y cuáles no? ¡WoW! ¡También los ateos tienen poderes paranormales! Además, lo que dije te parece ofensivo, pero es verdad.



¿Qué había dicho yo para ofender? Pues que la madre Juana era creyente y muy inteligente. Y aquí debo aclarar que quien debía intentar comprender mejor Las trampas de la fe soy yo, pues hasta ahora la tengo entendida como un monumento de crítica estética a la persona más inteligente que ha pisado el planeta Tierra. Lo que me decía Marcelo era fundamental. En cambio mi efímero y muy sentido contertulio señaló la tesis principal, la que da nombre al texto de Octavio Paz, con las siguientes palabras:

4) Me resulta especialmente ofensivo. Juana Inés de Asbaje no tenía ninguna otra opción si no quería verse sometida a lo que significaba un matrimonio en Nueva España, y la única fuente de conocimiento (incompleto y erróneo como era) se encontraba en la Iglesia. Una mujer deseosa de estudiar y de que los hombres la dejaran en paz no tenía otra opción que meterse a monja. (Y lo primero, aunque no muy compatible con las nociones de santidad de la época, fue una trampa dialéctica de su confesor, lo aceptó él mismo ante Juana. Conviene leer Las Trampas de la Fe, de Octavio Paz, antes de aceptar sin cortapisas la intensidad y los motivos de la fe religiosa de Juana Inés).


El que Marcelo me haya expulsado del blog que administra me hace sonreír. ¡Me soportó muy poco! También me desespera. ¿Qué entederá Marecelo por ofensivo? ¿Todo aquel que disiente de Marcelo es un creyente? ¿La ofensa se paga con el silencio? En fin, dado que soy un ateo jovial y como mi post ya estaba programado antes de que yo fuese condenado al ostracismo por el Zeus de los Sin Dioses, lo pongo aquí, y a continuación voy a eliminar el dichoso "Blog sin Dioses" de mi lista de blogs que sigo, y no volveré a recomendar su lectura, para no seguir provocando la ira del santo señor.*

Ahora bien, en lo que respecta a Myers no pude resistirme a la tentación de echarle un lente a las puntadas de tan conspicuo biólogo. Y entonces pensé que PZ Myers debería definir qué entiende por "estúpido", en vista de que es un término que utiliza muy a menudo, por ejemplo en “¿Consejos para ateos?”:

“Ay, no. ¿Crees que vemos las chapucerías estúpidas que los cristianos proponen como argumentos, y creen que nosotros asumimos que se dirigen a nosotros? Somos “petulantes”, recuerda; opinamos que no hay modo de que Uds. realmente sean tan estúpidos de creer que nos van a convencer la Apuesta de Pascal o el que nos lancen citas vagas de la Biblia o nos amenacen con un infierno imaginario o las promesas de un paraíso imaginario. También buscamos a los indecisos. Nos encanta destrozar su estupidez en público por esa razón”.* *


En vez de ser claro y preciso, “¿Consejos para ateos?” es un texto sofístico, pues ofrece demasiados juicios de valor acerca de un punto de vista que merecería mejor atención por parte de un científico. Después de todo, un hombre de ciencia está capacitado para presentar una consideración en forma de argumento lógico. Si su objeto de crítica es “el creyente y su creencia”, nuestro científico debería ser capaz de contestar en sus obras, por lo menos las siguientes preguntas:

¿Qué es un creyente según PZ Myers?
¿Qué es un ateo?
¿Qué es una estupidez?
¿Qué es un comportamiento racional?
¿Qué es un estúpido?
¿Qué es un hombre de razón?

¿Cuáles son los argumentos sofísticos y no sofísticos que PZ Myers utiliza para descalificar a los creyentes? De los argumentos falaces y de los válidos, ¿cuáles son los que aparecen con mayor frecuencia en los textos de PZ Myers?

¿Cómo destroza PZ Myers la así llamada “estupidez” de los creyentes, aparte de usar juicios de valor y descalificaciones ad hominem? Es así que Myers sostiene:

«Debería yo escribir una lista en respuesta, con “cinco cosas que harán parecer inteligentes a los cristianos”»


En su texto, PZ Myers no define "inteligencia". Por lo tanto, aquí pondré mi propia definición. La inteligencia es la capacidad para ser feliz en un momento de terminado, y adaptar y adaptarse al ambiente para hacer felices a los demás. Y aquí voy. Cinco cosas que prueban que hay cristianos inteligentes:

1. En la primera misa del domingo pasado, el coro de mi parroquia cantó el Ave María de Arcadelt. Mis amigos cantaron de una manera entonada, decorosa… e inteligente.

2. Ese mismo día acompañé a un amigo católico al recién restaurado templo de la Santa Cruz de Jerusalén. La restauración del edificio sólo pudo ser efectuada por personas inteligentes. Me hizo feliz lo que vi. ¡Que si no lo hacen así las paredes y el techo se nos habrían venido encima!

3. Tengo una amiga católica que se dedica a restaurar figuras del “Niño Dios”. Lo hace bastante bien, y es muy respetuosa de la época de las piezas que restaura. Entre otras muchas cosas, reconoce periodos, zonas y materiales. Hace felices a sus clientes con su trabajo.

4. La obra completa de Sor Juana Inés de la Cruz abarca desde todos los géneros de poesía de su tiempo al teatro, del ensayo a la disertación filosófica, y hasta la investigación científica. ¡Y lo que ella hizo me hace a mí muy feliz!

5. Por regla general, las pinturas que se exponen en las paredes de los templos católicos están compuestas con gran inteligencia. ¡Los ladrones de arte hasta se las roban! Si yo fuera pintor, me gustaría pintar un lienzo tan famoso como La Virgen de Guadalupe. El arte inteligente me hace feliz.

Tras referirse a la inducción y a la deducción, PZ Myers sostiene que: “la ciencia proporciona criterios objetivos para evaluar la viabilidad de las afirmaciones de que algo es cierto”. Por eso, como bien sabe Myers, la ciencia comienza con definiciones, postulados, axiomas y de deducciones. A continuación se construyen sistemas que explican el tema a tratar. Luego, si Myers no define cuando habla de “la estupidez de los cristianos”, ¿podemos realmente saber a qué se refiere? He mostrado cinco aspectos inteligentes de los cristianos.

¿No es mucha de la obra de Myers tan sólo una rabieta que no alcanza a argumentar nada, y que se desvanece tras un escrutinio serio? Soy un pundonoroso ateo estético. Ni siquiera me atrevo a citar en español un texto tan vulgar y poco científico como el que sigue:

“We atheists actually do address the claims fervently held by millions of people. The sneaky trick the theological wankers pull, though, is that once we've smacked them down, they announce, "Oh, no — we didn't mean those millions of believers. They're stupid. We meant these other millions of believers." It's a big game of whack-a-mole. What you call "obscure Old Testament laws," someone else will call the core of their faith. What you value as the "Christological narrative," a member of yet another sect will call pretentious confabulations”.***


"We atheists" me huele a manada. No todos los ateos suscribiríamos un texto tan desparpajado como el de Myers. En ateísmo, como en todo, no están todos los que son ni son todos los que están. Ni siquiera puedo reírme de lo que escribe Myers. Que el tío deshonre la lengua inglesa todo lo que quiera; pero si al menos nos ofreciese un método, un axioma, un teorema, algo con qué ponernos a trabajar para saber a qué se refiere con sus insultos, otro gallo nos cantaría, y hasta nos lo podríamos cenar acompañado de un auténtico guacamole.

En el blog de Myers abundan los tags sobre weirdness. Si es un tema tan útil en dicho blog, ¿se le ha definido alguna vez?

Al final mucho de lo que escribe Myers se revela tan sólo como efectista, retador, desafiante, moralino… y vacío de argumentaciones, ya no digamos siquiera válidas, sino incluso, gratificantes o ingeniosas.

Probadme primero que los científicos son racionalistas, y después abandonaré mi irracionalismo y los seguiré hasta su supuesta razón.


*¡Actualización! El viernes 9 de octubre se retiró el banner VS Äriastóteles en Blog sin dioses, cosa que agradezco, por lo que el blog regresa a mi lista que sigo. :)

**Tomado de: Sin Dioses. (Las negritas son mías):
http://www.sindioses.org/simpleateismo/consejoateos.html

*** Tomado de: Pharingula.

domingo, 9 de agosto de 2009

Homenaje palimpsesto a la Virgen María

Enrique Arias Valencia

Para Jimena, la hija de Manuel Millán, en su nacimiento

Magnificat
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus
in Deo salutari meo.

Lucas 1:46 &

En un muy interesante y muy divertido artículo llamado "Ateos por Jesús", el etólogo ateo Richard Dawkins, entre muchas ideas, afirma que "La religión motiva a las personas a flagelarse la espalda, o a prenderse fuego a ellas mismas o a sus hijas, a denunciar que sus abuelas son brujas o, en casos menos extremos, a permanecer arrodilladas semana tras semana durante ceremonias estupefacientemente aburridas". Como al final Dawkins suelta un juicio de valor, creo que puedo contestarle. ¿Son aburridos los cultos religiosos? He hecho la prueba tres domingos seguidos. Primero me fui al Santuario del Señor de la Cuevita, en Iztapalapa, a participar en una misa cuyo dato más característico consistió en que durante, me parece que el Ofertorio, una soprano cantó el Ave María de Bach-Gounod.

¿No es para estremecerse saber que Johann Sebastian Bach compuso un preludio en Do mayor, con el cual se abre su colosal Clave bien temperado, partitura que tras la muerte del compositor, y sabrá Dios cómo, fue vendida como papel para envolver? Varios años después, la esposa del músico Charles Gounod fue a comprar pescado, ¡y le empacaron su pedido con la partitura del Do mayor del Clave!

Al llegar a casa, la señora mostró a Charles la página. El maestro estudió aquellas notas, y tras deleitarse con su delicada belleza, sobre el preludio barroco, Gounod compuso la melodía de un Ave María. Por eso esta obra tiene dos compositores. ¡Se trata de un palimpsesto musical! Fue esta la pieza que escuché en una oscura iglesia el primer domingo de mi experimento.

El segundo domingo me fui a un poblado del sur del Distrito Federal, Villa Milpa Alta. No escogí el día, fue mera chiripa. Y hete aquí que era la fiesta del barrio, y la ceremonia fue llena de esplendores y colorido. Pueblo de reyes, barrio de espíritus de Dios. Ha sido la fiesta de la Santísima Virgen en el barrio de los Ángeles en Malacachtepec Momozco. La misa comenzó con aquel himno que reza:

Pueblo de reyes,
asamblea santa,
pueblo sacerdotal,
pueblo de Dios,
bendice a tu Señor.

Himno que tengo en grande estima y muy curiosa virtud, porque me fue presentado hace muchos años por el sacristán de la parroquia donde por primera y última vez tomé el sacramento de la comunión. Algo que me llamó la atención fue que no se rezó el "Yo pecador". Tras la misa, las danzas prehispánicas. Así es: el atrio del templo se despejó para que se presentasen hombres y mujeres ataviados con penachos de largas plumas, cascabeles en los talones y el taparrabos en su pundonoroso sitio. Al comenzar la ceremonia se enciende el enervante copal, se tocan las caracolas, se pulsan las conchas (una especie de bandurrias) y se entona una melodía que dice:

El Señor Momozco
esta tierra dio.
Toda en herencia
nos la entregó.


Por cierto que la caja de las bandurrias está formada por la concha de un armadillo. Y entonces comenzaron cuatro horas de danzas prehispánicas. Tambores de guerra, copal y casacabeles. Las plumas, los colores, los escudos, y el saludo a los cuatro puntos cardinales. Y nada más tocar este asunto de los cuatro puntos cardinales, deja de ser aburrida la religión. Resulta que los frailes que llegaron a México tan sólo terminada la conquista, tuvieron a bien permitir a los arquitectos indígenas participar en la construcción de los primeros templos católicos de la Nueva España, y por eso, quienes elevaron todos los edificios religiosos del México del siglo XVI e incluso varios del XVII, fueron artistas que estaban iniciados en las artes secretas de la geometría, y una de las cosas que hicieron fue trazar la planta de los templos cristianos con una perfecta orientación mesoamericana. El templo donde me encontraba tiene una fachada que mira al Occidente. Cuando los danzantes hicieron el saludo a los cuatro puntos cardinales, sus plantas se desplazaron por un espacio sagrado, un cuadrado que había sido dibujado con varios siglos de anticipación por sus antepasados. Esto no sucede en todos los templos de México, así, por ejemplo, la fachada de la muy noble y muy criolla Catedral Metropolitana, mira al Sur.

¿Por qué es interesante que la fachada de un templo del Centro de México mire al Occidente? Si nada más fuera esto, la cosa no despertaría ningún interés. El caso es que cuando miramos la portada de muchos templos del sur de México, tras dicha fachada se recorta la silueta de la que según la leyenda, es la pareja del Popocatépetl. El efecto es impresionante en San Bernardino de Siena, en Xochimilco. La montaña pareciera ser el marco perfecto del templo. Hoy todavía llamamos Iztaccíhuatl a ese volcán, nombre que quiere decir: La mujer que duerme. Visto en conjunto, un templo del siglo XVI, con su planta indígena, su iglesia católica y su marco de volcán, es todo un palimpsesto del paisaje.

¿Forma parte del culto la planta del templo? Indudablemente. El atrio de un templo mexicano es literalmente la pista de baile de danzas sagradas que antecedieron al cristianismo en América por varios milenios, y sus movimientos están determinados por la cuadratura de la tierra y los astros del cielo. ¡Para un danzante la Tierra no puede ser redonda! En nuestro muy querido México sabido es que debajo de muchos templos cristianos, está un templo indígena, perfectamente orientado, como el templo de la superficie. Un palimpsesto arquitectónico.

El estandarte de uno de los danzantes está ornamentado por el anverso que muestra a Jesús resucitado; sin embargo, el reverso ostenta un precioso Tláloc azul, dios de la lluvia y Muy Señor Nuestro. Sincretismo hermoso, celebrado con embeleso, palimpsesto religioso.

Danza que danza una señora con su hijita en brazos. Es increíble que en medio de tan intensa actividad la niña ni se inmute. Pero cuando la tía la toma un momento, la bebé despierta y rompe a llorar. Regresa a los brazos de su madre.

Los giros de los danzantes hipnotizan, los tambores de guerra predisponen al corazón para un combate imaginario, los cascabeles nos comunican un mundo trascendente que habla el lenguaje directo de la Voluntad; los movimientos de los brazos y las piernas, los gritos, los pasos, y el copal nos rinden a los brazos de la naturaleza del espíritu. De vez en cuando un danzante rinde reverencia a Ometéotl, "que es Dios". Tampoco faltan las referencias a Tonantzin, nuestra madrecita. ¿Aburrido? ¡The God Delusion es refutado con pasos de baile! Al final, el más anciano de la tribu toma la palabra, para cantar a capella:

Ya se va la danza azteca
Ya acabamos de danzar.
Para el año venidero
sabe Dios quién volverá.

Ya nos vamos, madre mía.
Nos vamos a retirar.


Debajo del texto latino de la fiesta dedicada a Santa María de los Ángeles está escrito otro texto, no con alfabeto latino, sino con pictogramas mexicas.

En más de un sentido, el objeto de la poesía de la que el viejo danzante hace eco consiste en pintar los emblemas de un mundo sombrío. Siglos atrás, ya Nezahualcóyotl, el rey poeta, cuyo nombre significa Coyote que ayuna, natural de estas tierrras, había advertido la impermanencia de todos los seres del mundo, en el poema "Yo lo Pregunto", y que en la escuela me hacían recitar, cosa que evitó que me aburriese en horas de clase:

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de obsidiana se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

El misterioso sonido del aliento de las caracolas me da estéticos escalofríos. Cuando los danzantes se dirigen al interior del templo para dar gracias, uno de ellos toma la palabra y sentencia: "Vamos a dar gracias a Dios, que en última instancia no tiene forma ni espíritu". Tras escucharlo, cursi como soy, me arrodillo gustoso con ellos. Quizá aburrirse sea cuestión de temperamento. A mí, la mera verdad, no me aburren varios rituales religiosos. Y para volver a probarlo, el tercer domingo fui a una parroquia que tengo muy olvidada, ahí donde canta la Sociedad Coral Cantus Hominum. Y de nuevo fue la maravilla y la gracia, el altar y la música. Una de las partes del rito católico fue engalanado con el Ave María de Jacques Arcadelt. Una de las mejores vacunas para el aburrimiento es mi permanente ignorancia. Grande fue mi sorpresa cuando, platicando con el director del coro, yo sostenía con gran necedad que dicho Ave María es contrapuntístico, y Leonardo me corrigió, (con un paternalismo que me recordó a nuestro Atilio) haciéndome ver que el Ave María de Arcadelt está compuesto con base en la armonía, y no el contrapunto. El Ave María de Arcadelt hace que sean verdad las palabras: "París bien vale una misa". Voz sobre voz, me arrodillo frente al arte de las divinas armonías, palimpsesto de voces.

La comunión fue cantada por la hija de Leonardo, y fue así que su dulce voz de niña dio vida al Ave María de Schubert, el cual me sirve para cerrar este homenaje a la Virgen con este paralogismo: para este irracionalista embravecido, la Virgen María es una metáfora perfecta de la ley de la conservación de la materia. Por lo tanto, si la Virgen María es la madre de Dios, y María es metáfora perfecta de la materia, palimpsesto juguetón, luego la materia es la madre de Dios. A que sí.

sábado, 1 de agosto de 2009

Neomarxismo amartillado

Enrique Arias Valencia

La ley de educación sexual no es una opinión; es una ley y hay que cumplirla.
Alberto Sileoni


Según monseñor Héctor Aguer (el actual Arzobispo Metropolitano de la ciudad de La Plata), el manual "Material de formación de Formadores en educación sexual y prevención del VIH/sida",* que está destinado a los jóvenes argentinos para ser usado en las escuelas, presenta una opinión "reduccionista", "constructivista" y "neomarxista" de la sexualidad. Para agravar las cosas, el mentado libro impone de manera totalitaria un montón de dogmas ateos. O sea que educar a los jóvenes a uno lo lleva inevitablemente a ser reduccionista, constructivista, neomarxista y un dogmático ateo.

Y hete aquí que tratando de ver lo que tengo de neomarxista dado que estoy totalmente a favor de la educación sexual de los jóvenes, pude encontrar en un libro de Stephen Jay Gould de cuyo nombre no quiero acordarme, aquella deliciosa sentencia de Karl Marx que dice así: "Todos los acontecimientos históricos suceden dos veces: la primera vez como una tragedia, la segunda como una farsa". Y como buen ateo que soy, espero que se cumpla este dogma marxista, pues eso quiere decir que lo que vivimos ahora ya no es tanto para llorar, sino para reír. Sólo habría que buscar a qué vieja tragedia corresponde esta nueva farsa.

Consideremos, con una óptica totalitaria: ser enemigo de la educación sexual es ser enemigo de la educación, y ser enemigo de la educación es ser enemigo de la cultura, y ser enemigo de la cultura lo lleva a uno a enemistarse con la poesía. A que sí.

Y es así que de una manera bastante constructivista y reduccionista, encuentro que en el siglo XVII hubo en Nueva España un arzobispo llamado Francisco de Aguiar y Seijas, quien le hizo la vida de cuadritos a la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz. Y es que Aguiar no veía con buenos ojos que una mujer entregada a la vida religiosa también se diera un tiempecito para componer poemas y obras de teatro; amén de una vida social inmensa, pues la cultura está hecha de relaciones: sólo somos dueños de lo que compartimos, lo demás son placeres solitarios que no rinden fruto alguno. No debemos olvidar que en plena época de la Santa Inquisición eran totalmente incompatibles lo sagrado y lo profano. Y pues ser mujer intelectual con muchos amigos fuera del convento era algo ya no digamos profano, era toda una profanación del mundo establecido. Entre sus composiciones perfectas, cantó la Madre Juana:

Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.


Quién sabe si no sería la maldita envidia la que movió al Aguer de entonces, Aguiar de aquella época, aguafiestas de siempre, a censurar todas las actividades artísticas de la inocente monja. Lo que siguió fue espantoso. Revestida de valentía, la Madre Juana encarnó el personaje con el que se expresó su tragedia: ser una mujer inteligente en un mundo dominado por varones imbéciles. Entre cantos y rezos, trasfondo una epidemia, la existencia y el intelecto del alma sutil se consumirían en un sombrío convento del siglo XVII. ¿Merecía el mundo a sor Juana o sor Juana merecía el mundo que le tocó vivir? La copa derramada reboza con sangre virginal, sangre que servirá para firmar un pacto con los poderes del Cielo, una abjuración con las letras, y a continuación será partir y dejar en la más oscura orfandad a la Tierra del teatro y la poesía. La pluma calla.

Aguiar y Seijas consiguió aplastar a una de las más bellas flores del Siglo de Oro so pretexto de la religión. Una verdadera tragedia que me hace avergonzarme de pertenecer al género masculino.

Hoy, el moderno Aguiar, monseñor Aguer busca agriarnos la alegría de tener acceso a la educación sexual. ¿De quién depende que esto no acabe en tragedia, y que podamos reírnos de esta farsa? De nosotros depende.


*Un título que molesta por su redundancia, dicho sea de paso.

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