Mientras más comprensible es el universo, menos sentido parece tener.
Steven Weinberg
Pareciera que por un instante, mi guerra contra el racionalismo tiene un respiro cuando éste se ocupa del Cosmos. Estas frases las suscribo con gusto: “El absurdo argumento de la finalidad cósmica”. Las paladeo despacio, con un cierto aire de sarcasmo. ¿No lo sabíais? ¡Ah, el asunto de las teleologías! No puedo sino aplaudiros cuando echáis por tierra el viejo ídolo de la causa final. Pues el argumento de la causa final es un esclarecimiento que no esclarece nada. El gran científico Carl Sagan lo sostuvo cuando nos habló de Anaxágoras:
Steven Weinberg
Pareciera que por un instante, mi guerra contra el racionalismo tiene un respiro cuando éste se ocupa del Cosmos. Estas frases las suscribo con gusto: “El absurdo argumento de la finalidad cósmica”. Las paladeo despacio, con un cierto aire de sarcasmo. ¿No lo sabíais? ¡Ah, el asunto de las teleologías! No puedo sino aplaudiros cuando echáis por tierra el viejo ídolo de la causa final. Pues el argumento de la causa final es un esclarecimiento que no esclarece nada. El gran científico Carl Sagan lo sostuvo cuando nos habló de Anaxágoras:
"Fue la primera persona que afirmó claramente que la Luna brilla con luz reflejada, y en consecuencia ideó una teoría de las fases de la Luna. Esta doctrina era tan peligrosa que el manuscrito que la contenía tuvo que circular en secreto. No iba de acuerdo con los prejuicios de la época explicar las fases o eclipses de la Luna por la geometría relativa de la Tierra, la Luna y el brillo propio del Sol. Aristóteles, dos generaciones más tarde, se contentó afanando que estas cosas se debían a que la naturaleza de la Luna consistía en tener fases y eclipses: un simple juego de palabras, una explicación que no explica nada".
Dios no juega a los dados con el Universo, antes bien, el universo, si se me permite el desliz, juega un juego sin sentido ni finalidad. No hay causa final, no hay teleos alguno que nos honre con su presencia. El Cosmos entero es un brindis por nada, un vector que no apunta a ninguna parte. Decir que comenzó con un bigbán es un copioso decir. El bigbán es a lo mucho, un disparo de este universo, pero quizá no sea su origen. Pudo suceder antes, colapsarse y luego vuelta a empezar. Nuestro bigbán es sólo uno de una serie de pirotecnias sin descanso, un eterno retorno de la diferencia. Así, sin principio ni final en el tiempo, y aun con toda su infinitud cósmica, sin espacio para un Creador, es sólo un anillo de la así llamada eternidad. ¡La vida no tiene sentido! ¡Gritadlo a los cuatro vientos, a ver quién puede soportarlo!