Mostrando las entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de agosto de 2011

La caída de Gustav Mahler

Enrique Arias Valencia

“Las notas son huesos cubiertos de carne”.

Gustav Mahler (1860-1911) el artista cuyo pentagrama audaz compuso el siglo XX, era un músico supersticioso. Para ser audaz hay que arriesgarse a ser un exagerado, y para ser supersticioso hace falta creer en el poder metafísico de la música.

A la más apolínea de las agrupaciones musicales de México, la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta perfecta de José Areán le tocará interpretar la sinfonía maldita de Gustav Mahler. ¿Cuál es el origen de la maldición de la Décima? Desde que Beethoven estableció el canon de nueve sinfonías, muchos han sido los músicos que temen componer la décima de su ciclo propio. Así Schumann, así Schubert, así Bruckner, así Dvorak y suma y sigue. Gustav Mahler quiso evitarse contrariedades por medio de un truco con el que pretendería engañar al destino. Así, cuando Mahler terminó su Octava, escribió La Canción de la tierra como una nueva sinfonía, a la que no numeró como su novena. Luego hizo su propia Novena, y después, creyendo que había vencido la maldición, confiadamente empezó a redactar su Décima, en fa sostenido mayor. Sin embargo, el espíritu de Mahler estaba ya muy quebrantado cuando emprendió el proyecto de la Décima, y las notas que acompañan la partitura son estremecedoras. ¿Cómo podría un irracionalista como yo combatir la maldición de la Décima sinfonía?





Sala Nezahualcóyotl. He asistido a la función del sábado por la noche. Se trata de la versión ejecutable de Deryck Cooke, pues Mahler murió sin terminar la partitura fatal. El fantasmal Adagio que abren las cuerdas, motivo coreado por los bronces me recuerda por momentos la “Muerte de amor” wagneriana. Me resulta imposible identificar el primer y segundo sujetos del primer movimiento, pues el ambiente sombrío y sarcástico de la orquesta lo que predomina, por encima de cualquier sujeto. Citas de la noche de amor de la Séptima del propio Mahler perfilan una atmósfera que contrasta sutilmente con el carácter general del colosal Adagio.

En el segundo movimiento la dramática irrupción de la broncínea llamada de los alientos sobrecoge el espíritu. Quizá sean mis delirios irracionales, pero la rítmica del primer Scherzo me recuerda la marcha turca de Las ruinas de Atenas de Beethoven.

El tercer movimiento es chinesco. “¿Purgatorio?”, me pregunto. Y es que esta música es, desde mi muy personal punto de vista, sencillamente celestial. Amo el tratamiento pentatónico en las obras de Mahler. Hace ya un cuarto de siglo que leí en el clásico Mahler de José Luis Pérez de Arteaga que el compositor austriaco escribió en la partitura de este Allegretto Moderato las siguientes palabras: “Purgatorio o Infierno”, y que de forma muy supersticiosa tachó la palabra “Infierno”.

El cuarto movimiento me convence de que Mahler ya se había convertido en el amo del Scherzo. De nuevo, se hace en mí el recuerdo de la biografía de Pérez de Arteaga, pues fue al comienzo del segundo Scherzo de su incompleta Décima sinfonía, que Mahler apunta en la partitura: “El diablo baila conmigo, ¡locura, poséeme, maldito de mí! ¡Destrúyeme para que pueda olvidar que existo!” Mahler escribió estas notas cuando ya sabía que su querida y bella Alma era la amante del arquitectosete del universo Bauhaus. También la hija del desdichado matrimonio ya había muerto. En consecuencia, para un alma atormentada, es irrelevante que Dios y el Diablo no existan. Los científicos podrán llevar razón al sostener que Dios es un peligroso espejismo, y sin embargo, el hombre perdido en este tiempo que siglos son, selva que es mundo confuso y espantoso, no dejará de creer en los seres del mundo suprasensible sólo porque la ciencia sea el supuesto adalid de la verdad. Las escalofriantes palabras de Mahler acerca de la satánica posesión de la locura las leí casi veinte años antes de que fuera yo testigo de primera fila del espeluznante brote de locura de la Señorita Sin Nombre. En más de un sentido, Mahler ha sido para mí un asombroso profeta musical. Cuando reflexiono en estos acontecimientos, no puedo dejar de escapar una carcajadita de conmiseración, dirigida a quienes piensan que la ciencia es la mejor manera de conocer el mundo. Mahler, más humano que cualquier científico, y por lo tanto, más acertado que lo que pueda llegar a ser cualquier teoría científica, anota en su pentagrama: “¡Piedad, oh, Dios!, ¿por qué me has abandonado?”. Y al final: “¡Hágase tu voluntad!” En las manos de un artista, Dios es la mayor metáfora, mayor que la cual no hay nada más metafórico.

Antes de terminar su Décima, Gustav Mahler había muerto, pero su Evangelio musical vivirá por siempre. Sí, es cierto que Dios es sólo un prodigioso espejismo, una mentira con la que la mente se miente a sí misma. No obstante, en la sala de conciertos una detonación anuncia el final. La tuba y los metales replican a la violenta percusión. En vivo es más impresionante que cualquier grabación: del gran tambor me espanta su rugido, y cada vez que interviene me sobrecoge el corazón. A continuación, la flauta y las cuerdas nos ofrendan una de las páginas más bellas de Mahler. La catarsis es perfecta. A pesar del imbécil de Walter Gropius, a pesar de las infidelidades de su propia Alma, a pesar de las líneas mal trazadas de la naturaleza, como la bebé que parte prematuramente, la vida se impone como una esmerada danza apolínea que celebra ditirambos dionisíacos. ¿Qué es pues la Décima sinfonía para mí, el más irracional de los estetas? He digerido en mis venas las palabras de Aristóteles, y encuentro en su tesis de la purificación de las pasiones amén de la obra de arte, la respuesta al significado de la página incompleta de Mahler. Éste es el milagro del amor hermoso que cura mi cuerpo y embellece mi alma. Y que me sea deparado un futuro clemente.

***

Programa VIII | Agosto 18 y 20, 20 hrs. | Agosto 21, 12 hrs. |

Johann Sebastian Bach (1685-1750) - (orquestación de Luciano Berio)|
Contrapunctus XIX de “El arte de la fuga“

Gustav Mahler (1860-1911)
Décima sinfonía en fa sostenido mayor (versión ejecutable de Deryck Cooke)

sábado, 13 de agosto de 2011

Kindertotenlieder

Enrique Arias Valencia

Fue en una tranquila noche de noviembre. Mis padres habían salido, y mi hermano y yo estábamos solos en casa. Llamaron a la puerta, y los hermanos nos asomamos por un huequito de la cortina para ver quién podría ser. Afuera, un par de niños, quizá de cinco años, aguardaban disfrazados. Un vampiro y una bruja. No abrimos. Yo me los quedé viendo unos instantes. Ahí, un par de niños, algo menores que nosotros, insistieron un poco, y después se fueron. Jamás los volví a ver. Éste es uno de mis recuerdos más misteriosos, pues persiste a lo largo de los años. Ese par de niños, en cierta forma, eran yo mismo. ¿Qué fue de ellos? No lo sé, como no sé qué fue del niño que yo era. ¿Crecieron, como yo lo hice? ¡Pero si yo no he madurado aún! ¿Están contentos con su vida, como lo estoy yo? ¡Pero si yo no estoy contento con mi vida! Lo cual no quiere decir que en este momento no me encuentre alegre. La alegría es hermana del desenfreno, y a mí ella siempre me ha parecido muy fácil de invocar y tener.

¿Qué sucede con un niño cuando crece? ¿Acaso no es crecer morir en pequeño? Después de todo, la muerte es el destino final de todo individuo ahora viviente. Los niños, pues, no sólo pueden morir cuando niños, sino que madurar es matar al niño, como la crisálida mata al gusano para que pueda nacer la mariposa.

El arte es la representación perfecta del mundo metafísico. Mahler, en los Kindertonenlieder, quiso retratar la tragedia de Rückert, y terminó representando su propia tragedia. ¿Qué pueden significar ambas desgracias? Al ser los Kindertonenlieder una obra de arte, ¿qué es lo que representan?

Mahler en su superstición proyectó sus más sombríos temores. En cambio yo, esteta de la alegría, al escuchar la perfecta relación entre acorde y melodía, no puedo sino asombrarme del hermoso matrimonio de la música con un mundo ideal, mundo metafísico que trasciende todos los sentidos.

Algo he hecho este año bien e incluso muy bien, pues este 2011 he tenido la oportunidad de escuchar dos veces los Kindertotenlieder de Mahler, en dos versiones distintas. La primera, con la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta de José Areán y con la voz de la mezzosoprano Barbara Dever en el marco del Ciclo Gustav Mahler II, el 10 de julio, a las 12:00 hrs. La segunda versión es una reducción para piano y voz en el Museo Nacional de Arte.

No cabe duda de que el Mahler monumental de la Orquesta Sinfónica de Minería es apolíneo por sobre todas las cosas. Solemnemente triste, bello y en cierta forma inaccesible por monumental y perfecto, este Mahler hiere como el hielo.

En cambio, la versión de los Kindertotenlieder que he escuchado este mes de agosto es entrañable y cálida: una verdadera catarsis del espíritu. Que Mahler amaba la música de cámara nos lo dicen los momentos camerísticos de sus colosales sinfonías: en algunos pasajes de sus obras sólo intervienen unos cuantos instrumentos en esmerado pianissimo para después ceder el paso a los estruendos del tutti.

El domingo 7 de agosto, a las 12:00 horas, en el elegantísimo Salón de Recepciones del Museo Nacional de Arte la mezzosoprano Carla López-Speziale, y el pianista Józef Olechowsky, nos regalan un concierto llamado “Homenajes a la vuelta de un siglo 1811-1911” pues nos llevarán del bicentenario de Franz Liszt al centenario de Gustav Mahler. Los Kindertotenlieder de Carla López-Speziale y Józef Olechowsky son apolíneos por íntimos. En vez de una colosal orquesta, estamos ante una transcripción para piano que transparenta el alma del artista en forma diáfana.

Dionisos duerme: sólo la belleza está presente, pues la verdad terrible no es capaz de ensombrecer nuestra senda, pues aunque la mente se agite con la angustia de los poemas de Rückert y su fatal relación con Mahler, el alma entiende que aquello sólo es una representación, y que el mensaje profundo de la música está escrito en el lenguaje del espíritu sereno, muestra sensible y apolínea del arte, reflejo perfecto del mundo suprasensible, manifestado en forma de música y poesía.

sábado, 21 de mayo de 2011

El alma del mundo es la belleza

Enrique Arias Valencia

Kant en la Crítica del juicio nos habla de las condiciones de posibilidad del tercer momento de la facultad de juzgar. Un objeto es bello si al juzgarlo según la relación lo consideramos en tanto que finalidad sin fin.

Se llama finalidad sin fin al propósito que permanece en nosotros mismos. Por lo tanto, bella es la finalidad que permanece en nosotros. Ahora bien, en vista de que “Fin final es el fin que no necesita ningún otro como condición de su posibilidad” [Kant, Cdj, § 84]. Siguiendo a Kant, el fin final es subjetivo.

Uno de los aspectos más enigmáticos de la belleza consiste en que nos muestra un propósito que no se encuentra ni en el objeto ni en la naturaleza, ni en teleología alguna. ¿Dónde se encuentra el propósito de la belleza? En nosotros mismos.

Éste es el carácter de lo bello que advertimos en el tercer momento de la facultad de juzgar según Kant; pero también se hace patente en el primer momento, cuando advertimos que según la cualidad, un objeto place o displace sin interés, pues al carecer de éste, el objeto tampoco apunta a finalidad alguna fuera de nosotros. Su finalidad, por tanto, al ser desinteresada, es sin fin.

Por lo tanto, el primer y el tercer momento de la facultad de juzgar nos revelan el aspecto subjetivo y en cierta forma “particular” del juicio estético, particularidad, que sin embargo, aparece como si fuese gobernada por un principio a priori. El arte, por lo tanto, carece de concepto alguno que mostrarnos.

Do es una nota bella. Tratándose de música clásica, no podemos escuchar una nota do pura: cada vez que escuchamos un do, aun a capella, aun en solitario, do se escucha como la más destacada nota que es acompañada por una serie de sonidos. Los armónicos suceden a do, y así, son los que otorgan el timbre a cada nota. Gracias a ellos sabemos que una soprano es una soprano, que un oboe es un oboe y que un clavecín es un clavecín. Do no es bella por sí misma, es bella porque es siempre acompañada por otras notas, acordes secretos de la música, aun de la que se canta en soledad.

Do nos invita a desentendernos de ella tan pronto como la escuchamos, en primer lugar por los armónicos, y en segundo lugar porque las notas que le siguen son las que le otorgan la belleza. Los artistas hacen bella la nota Do al lograr que nos desentendamos de ella.

El Ensamble Anima Mundi está compuesto por tres bellas mujeres que han sabido dirigir el espejo de su alma para reflejar la imagen de Dios por medio de la más bella de las artes. Es así que el Martes 17 de mayo, a las 20:00 horas, en la Catedral Metropolitana se escucha a Luz Angélica Uribe, soprano, Carmen Thierry, en el oboe d'amore y Águeda González, en el clavecín

En el Altar de los Reyes se festeja la música con soprano, oboe y clavecín. El Altar de los Reyes reluce grandioso: el oro lo colma, el espíritu lo enarbola. La cúspide es el Padre Eterno.

La música de Bach interpretada en un contexto religioso, esto es, el Ensamble Anima Mundi en el Altar de los Reyes, es capaz de comunicarnos un mensaje bello cuyo propósito no surge del arte mismo, sino de nuestro propio corazón. Por lo tanto, bello es el propósito sin fin que permanece en nosotros mismos.

Al ser absolutamente grande el marco de las intérpretes, el churrigueresco nos comunica el propósito espléndido del alma. Y es así que las artes, arquitectura, escultura, pintura, poesía y música se reúnen en armonía para brindarnos los más preclaros atisbos del universo de los fines.

Tras el concierto, hoy pudimos entrar al altar de San Felipe de Jesús, donde reposan los restos del emperador Agustín de Iturbide.

domingo, 15 de mayo de 2011

De la Voluntad o La Valquiria

Enrique Arias Valencia

Le estás hablando a tu voluntad,
cuando me dice tu voluntad.
¿Quién soy yo
sino tu propia voluntad?
Brunhilda en La Valquiria


La ciencia es sólo un modelo de la realidad, pero no es la realidad misma. Hay que recordarlo cuando la ciencia refuta temas fuertes como la existencia de Dios o el libre albedrío. Según el modelo de la ciencia, yo no tendría libre albedrío porque según el modelo de la ciencia yo no debería tenerlo. No obstante, no hay que olvidar que la ciencia es un modelo de la realidad, y no la realidad misma. La ciencia se acerca lo más posible a la realidad, pero no puede sustituirla. La realidad no se aprehende por completo con un modelo, siempre hay algo que se desase del modelo, que es rebelde a él, y cuyo comportamiento no puede reducirse a la explicación del modelo. La realidad es superior a cualquier modelo: sea éste científico o moral.

Ése es el defecto de la ciencia: su rotundo sí y su rotundo no sobre temas fuertes, olvidando su carácter de representación. ¿Que todo puede explicarse en términos de las partículas y las fuerzas y que en vista de que en ellas no hay propósito, luego el mundo en sí no tiene propósito? ¿Que por lo tanto no hay libre albedrío? No olvidemos: si lo que hay en última instancia son fuerzas y partículas, eso lo sostiene un modelo, con un montón de supuestos.

Por eso el arte es rebelde al modelo científico, y nos muestra arquetipos en lo que podemos ver el despliegue de la voluntad. En mi caso, no es Richard Dawkins quien me habla al fondo de mi corazón, pero tampoco es el catolicismo. No es el cine tampoco. Son la poesía y la música. La poesía no habla de modelos: habla de arquetipos. La música ni siquiera habla de arquetipos: su mensaje supera al intelecto, y habla directo el lenguaje de la voluntad.

Con Richard Wagner encontramos la más bella metáfora del triunfo del libre albedrío en La Valquiria. Wotan le ordena a su hija Brunhilda hacer algo que repugnará a la valquiria. Y ella procederá a seguir los dictados de su conciencia, aunque esto implique desobedecer los aparentes dictados de su padre. Desobedecer a un dios significa modificar el orden cósmico, y eso es lo que hará Brunhilda. Es curioso, pero la orden de Wotan también repugnaba al propio dios.



Ante una situación trágica sólo el libre albedrío ilumina la escena. Somos más libres que Dios cuando procedemos desde nuestra conciencia, y no desde los dictados de Dios. Dios es esclavo de sus pactos y leyes, y atado como está a ellas, sólo puede confiar en alguien que trascienda los pactos y leyes: un alma libre, y esa es Brunhilda.

Por eso, algunos de nosotros, estetas, preferimos ver trastocado el orden del Valhala y el de la torre de marfil de la ciencia antes que claudicar ante un poder de oscuros pactos y leyes.

En pantalla gigante, desde el Met de Nueva York he podido disfrutar en pantalla gigante de La valquiria: todo un triunfo de la voluntad, capaz de desobedecer al propio Dios para seguir los más oscuros senderos del corazón. Cuando la ciencia llegue a la edad adulta, entonces descubrirá el libre albedrío que ahora niega. Después de todo, la libertad de acción es un signo de madurez.

¡Muera, por tanto el Valhala, con todo su esplendor!

domingo, 1 de mayo de 2011

Primero ensayo en Do

Enrique Arias Valencia


¿Acaso es bella la nota Do? En cierta forma, Kant nos ha enseñado que sí. Incluso es bella porque sabemos desentendernos de ella. La nota Do es bella porque nos contenta o descontenta sin brindarnos concepto alguno. Por consiguiente, Bach, Mozart, Beethoven, y hasta los compositores contemporáneos han encontrado bella la nota Do. Do ha sido aceptada universalmente como una nota bella. Por lo tanto, es necesario que Do sea bella, como si cumpliese un propósito que, sin embargo, permanece oculto a la razón. El sentimiento que despierta en nosotros la nota Do: bello propósito sin fin que permanece en nosotros.


La palabra acuerdo significaría que las cuerdas se conforman a una norma: digamos, la 432, Do 256. Y pasamos a otra nota. Por lo tanto, decíamos, Do es bella porque sabemos desinteresarnos de ella. Por lo tanto, el sentimiento que despierta en nosotros la nota Do es necesario para amar la música. No es bella por sí misma, es bella cuando la referimos a nuestros sentimientos.


Lo mismo podríamos decir de cada nota, de cada acorde, de cada motivo, aunque quizá ya no de cada melodía ni de cada estilo musical. Encontramos belleza en lo más general, lo que sigue es cuestión de agrado, quizá. Sostendremos lo mismo de la luz y la oscuridad, y de cada color.


¿Y en poesía, qué decir en poesía sino que nos placen la rima y el metro? En 1670 Sor Juana escribió un poema para celebrar la construcción del Templo de San Bernardo, en la muy noble e insigne, muy leal e imperial ciudad de México. El metro y la rima de sor Juana son perfectos, modelo de arte elevada:




A este edificio célebre


sirva pincel mi cálamo


aunque es hacerlo mínimo


medida de lo máximo.




Pues de su bella fábrica


el espacioso ámbito


excede a la aritmética,


deja vencido el cálculo.




Donde aquel Pan angélico,


entre accidentes cándidos,


asiste como antídoto,


quiere estar por viático.





Le he leído a Nietzsche un pensamiento que también ha cristalizado en la imaginería popular del siguiente modo: “Los dioses tejen las desdichas de los hombres para que los poetas tengan algo que cantar”. Es así que en 1861, durante la guerra de Reforma, el célebre convento de San Bernardo de México, fue demolido por completo. Sólo se salvó una parte del templo. El pintor José María Velasco pintó algunas escenas de tan triste acontecimiento. Advirtamos que al disgustarnos sin interés, en un juicio de gusto universal, bello despropósito sin fin, es necesario descubrir la enérgica belleza del sublime nacimiento del México moderno entre las ruinas del templo de san Bernardo en el pincel de Velasco.








¿Qué pasa cuando el dolor es sin interés ni concepto, cuando se antoja universal y necesario? Tal dolor deja de ser fuente de infelicidad y se convierte en manantial de belleza. ¿Cómo llamaríamos a aquel ateo que sabe cultivar dicho dolor, sino esteta, y su dolor sería, por lo tanto, bello? No soy optimista, soy ateo, pero no veo la vida como un Valle de Lágrimas, salvo en su misteriosa belleza.


¿Cómo era de hermoso el templo de San Bernardo que arrancó a sor Juana un bello trabajo de poesía? No lo sé. Lo que sí sé es que en vista del triste papel que la Iglesia Católica desempeña ahora que se acerca al ocaso, no puedo dejar de advertir que liberales de Juárez hicieron bien en procurar el laicismo para nuestro México. Sin embargo, al ser partícipe de la destrucción del patrimonio cultural, el partido de Juárez se hace odioso para el ateo esteta. Por lo tanto, la historia de México es con Juárez, trágica; y sin Juárez, trágica.








He partido de la nota Do para comenzar este ensayo, y me he dirigido a lo muy particular del martirio del templo de San Bernardo. Para regresar a la tónica, modularé este ensayo con una visita al Museo José Luis Cuevas. Este recinto cultural está alojado en lo que fuera el Convento de Santa Inés. Con su belleza, ¿da una idea de la magnificencia del extinto convento de san Bernardo? No podemos saberlo.


Este sábado 30 de abril asistí a un concierto que el Ensamble Alter Voce brindó en el patio de la Giganta del Museo José Luis Cuevas. Dirigido por Rodrigo Castañeda, Alter Voce nos deleitó con un concierto a capella, que comenzó al mediodía en el siglo XVI con el Tourdion de Pierre Attaignant (1494-1552) y terminó en la tarde del siglo XX, con MKL (1984) de U2.


Con un anónimo del Cancionero de palacio “Dindirindin”, del siglo XVI los cantantes nos llevaron al deleite de las notas ágiles. “Triste España sin ventura” bien podríamos hacerla nuestra los mexicanos, pues por ejemplo, lo que le sucedió al muy célebre templo de san bernardo en México es parte del martirio de España. Una canción catalana “El cant des ocells” fue coreado por los pájaros que viven en el patio del museo. La filosofía también estuvo presente en ese juego de espejos que es el yo: “Yo no soy yo” del compositor Inocente Carreño y poesía de Juan Ramón Jiménez. Creo que a ésta siguió “Esta tierra” de Javier Busto.


La música popular tuvo su parte con el Bullerengue de José Antonio Rincón. También escuchamos tres piezas mexicanas: “A la orilla de un palmar”, de Manuel M. Ponce y la sandunga y la bamba, todas en arreglo de Ramón Noble. La aventura estética incluyó un paseo por África, con una pieza llamada “Caminando en la luz de Dios”.


Y así regresamos a la tónica de este ensayo: la nota Do estuvo presente en el concierto, pero los estetas pudimos desentendernos de ella, al fundirla en la cascada de melodías con que nos agasajó Alter Voce.

lunes, 21 de marzo de 2011

Celebración del Juicio Estético

Enrique Arias Valencia

Nuevamente, este año, asistí a un concierto en el que se interpretó la Novena sinfonía de Beethoven. En el autógrafo que me ha brindado, el tenor José Antonio Díaz apunta: “Para un nonofanático”. A mis amables lectores les suplico que lean este ensayo, pues si bien la obra que he escuchado es la misma de la reflexión anterior, les aseguro que mis juicios son diferentes.

Obertura Coriolano de Beethoven

Tras disfrutar de una fiesta pagana para recibir el equinoccio vernal al pie de la pirámide de Cuicuilco, ahora estoy en el vestíbulo del Centro Cultural Ollin Yoliztli, para asistir al octavo concierto de la temporada de invierno de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, con el Coro Filarmónico Universitario, los solistas Alejandra Sandoval, soprano; Grace Echauri, mezzosoprano; Leonardo Villeda, tenor y Josué Cerón, bajo; todos dirigidos por la batuta de Jorge Armando Casanova. Fuera de la sala, espero a que la soprano Adriana Ruiz Sotelo me entregue un boleto que su esposo, el tenor José Luis Sosa Trujillo me ha prometido. Mientras aguardo la preciada prenda, el tenor José Antonio Díaz charla conmigo. Poco antes de las doce y cuarto, aparece Adriana y me entrega mi billete de entrada. La hermosa aparición de Adriana es saludada por la alegría de mi espíritu. En los caracteres morales se refleja la belleza del alma en forma tal que me hace ver que es en mis amigos en quienes encuentro el mayor deleite ético.

Entro a la Sala Silvestre Revueltas, la cual está atestada. Me sentaré hasta atrás. Como individuo, estoy solo, pero a mi alma Immanuel Kant la ha acompañado a este concierto con su Crítica del juicio. En ella, el filósofo alemán aborda el problema de la estética, y por lo tanto, del arte. He querido, el día de hoy, efectuar una síntesis entre algunos aspectos de esta sección del idealismo trascendental de Kant y la música del concierto que escucharé. Los aciertos son de Kant, los errores son míos, y el deleite de lo bello es universal. Para comenzar diré que el heroísmo de Coriolano place en la realización de su bella finalidad sin fin.

K.200 de Mozart

Kant me invita a reflexionar que el espíritu descubre en el sentimiento de placer y pesar la facultad del juicio de gusto, asombro del principio universal y necesario que, cautivo de subjetividad cree haber encontrado el propósito secreto de la Naturaleza. Juicio por el cual no se puede demostrar nada acerca del mundo, porque dicho principio es en sí mismo indeterminable y por eso no produce conocimiento. Pero encuentra satisfacción en las artes.

¿Puede satisfacernos una sinfonía de Mozart no en tanto que sinfonía sino en tanto que sonido puro? Si la respuesta es sí, luego lo que ha operado en nosotros es el juicio de gusto. ¿Nos gustan los sonidos, el ritmo, la melodía y la armonía? Luego, nos gusta la música.

Novena sinfonía de Beethoven

PRIMER MOVIMIENTO

¿Podemos escuchar el primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven sin esperar identificar alguno de sus temas con alguna situación del mundo exterior? ¿Podemos escucharla desinteresándonos del mundo ordinario? Sí podemos, porque nuestro espíritu estará derramado en la propia música, desnuda de todo asunto ajeno. Sólo se trata del ritmo, el modo, la melodía y la armonía, vertidas en nuestro espíritu sin interés alguno.

Leemos en la Crítica del juicio que “El juicio de gusto es estético”. Kant establece cuatro momentos del juicio estético, el primero, según la cualidad, dice a saber: “Gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llámase bello”. Yo soy un esteta desde el primer momento.

Intentaré aplicar la anterior definición al primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven. Bello es lo que satisface desinteresadamente. Podemos juzgar el primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven sin interés alguno. Por lo tanto, el primer movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven es bello.

SEGUNDO MOVIMIENTO

Pareciera que el segundo momento del juicio estético está anunciado en el anterior, pues según la cantidad, el juicio estético nos llevará a saber que: “Bello es lo que, sin concepto place universalmente”. Y si hemos despojado a lo bello de interés, ¿cómo podríamos tener de ello un concepto?

Tomemos como ejemplo el Molto vivace - Presto de la Novena sinfonía de Beethoven. Al ser considerado en abstracto, esto es, sin interés, de ahí se sigue que esta música no tiene concepto alguno que ofrecernos, pues si lo hubiere, de inmediato atraparía nuestro interés.

Por eso, al intelecto, la música no le dice nada, pues su lenguaje no es conceptual, es emocional. Es un asunto de alegría y pesar, nada más. Y dicho sea de paso, el pesar de la música es bello pues es ajeno a nuestros intereses particulares. Es un dolor universal que, sin embargo, en su momento también nos comunica con la sonrisa del universo.

En su Crítica del juicio, Kant trató el asunto de los chistes, recomendándolos como fuente de salud para el cuerpo y el espíritu. Uno de los chistes que cuenta Kant, dice a la sazón: “Otro gracioso cuenta, con gran lujo de detalles, la aflicción de un mercader que, volviendo de las Indias a Europa con toda su fortuna en mercancías, se vio obligado a echarlo todo por la borda, durante una tempestad, y se apenó de tal suerte que en la misma noche encaneció su peluca”. Kant aclara que la gracia del chiste consiste en que la apariencia se resuelve en la nada, mostrando un absurdo.

Mozart y Kant usaban preciosas pelucas. Beethoven prefirió soltarse el pelo, y arrojó fuera de sí uno de los más queridos emblemas del Antiguo Régimen.

TERCER MOVIMIENTO

La finalidad sin fin del juicio estético es uno de los aspectos más difíciles de la metafísica kantiana. Ésta aparece al analizar la relación de los fines considerada en el juicio de gusto. Ésta relación es universal y necesaria. Por lo tanto, es independiente de encanto y emoción particulares. Por consiguiente, sostiene Kant que “Belleza es la forma de la finalidad de un objeto en cuanto es percibida en él sin la representación de un fin”.

No puedo decir objetivamente que el Adagio molto e cantabile de la Novena sinfonía es bello. Pero si aparto de mí el interés por la estructura de la obra, en tanto que sonido, este sonido apunta sin la representación de un fin, y entonces, lo encuentro bello.

CUARTO MOVIMIENTO

Hay un enlace en el tercer y cuarto momentos del juicio estético, y es entonces cuando subjetivamente descubrimos la finalidad de la naturaleza. El juicio subjetivo del fin de la naturaleza apunta al enlace entre belleza y bien. Éste sólo puede realizarse en la poesía. Gracias al juicio de gusto, la naturaleza parece tener un propósito. Dicho propósito es una idea de la razón que encuentra su correspondencia en el reino de los fines. Sin embargo, no hay que olvidar que las ideas no son conocimiento de objeto de experiencia alguna. En cambio, sobre el propósito de la naturaleza humana, Schiller pregunta en el himno A la alegría, al que Beethoven puso música: “¿Presientes, oh mundo, a tu creador?”

Ahora bien, según Kant, lo bello, a partir del cuarto momento, esto es, la modalidad de la satisfacción en los objetos, consiste en que: “Bello es lo que, sin concepto, es conocido como objeto de una necesaria satisfacción”.

La satisfacción necesaria está dada en el juicio subjetivo de la finalidad. Es así que el juicio, al ser reflexionante, se pliega sobre sí mismo. Por lo tanto, al contemplar la belleza desinteresada de mi corazón bien puedo advertir que yo no soy un artista, soy un esteta. Si quiero disfrutar con arte, debo relacionarme con artistas. Ha sido una gran alegría charlar con algunos miembros del Coro Filarmónico Universitario: Adriana, Pepe, José Antonio y Alejandra, sobre el pasaje que comienza en el compás 730 de la partitura que me acompaña, y que dice:

Ihr stürzt nieder, Millionen?

Ahnest du den Schöpfer, Welt?

Such ihn überm Sternenzelt,

Über Sternen muss er wohnen.


En el que las voces, por relevos van subiendo a lo que parecen los Cielos, desde la cuerda más baja hasta la más alta y culminan en un “¡Hermanos!” De hecho, Adriana Ruiz fue muy gentil y paciente, pues supo interpretar mi pésima voz y terrible ejemplificación cuando yo me refería a dicho pasaje musical como la parte en la que los cantantes se pasan la bolita diciendo “Ahora vas tú, ahora vas tú, ahora vas tú”. De camino a mi hogar, José Antonio Díaz me ayudó a ubicar mejor este párrafo en la partitura. Esta parte termina cuando el coro canta por última vez “Sobre las estrellas debe habitar”. Gracias al YouTube, ahora sé que esta sección termina en el compás 762 y sigue a la fuga. No puedo dejar de señalar que con su grandilocuencia acostumbrada, Nietzsche comentó este mismo pasaje en El nacimiento de la tragedia, y asegura que es entonces cuando le salen las patitas al fauno.

Dadas las características que la conforman, la Novena sinfonía es una obra ideal, en la que los agudos exigidos a los cantantes así como los requerimientos demandados a la pericia de la orquesta la colocan aparte de la mayoría de las obras humanas. En este sentido, su ejecución sólo puede realizarse como ideal de la razón, y es por tanto, una obra bella en la partitura, y su ejecución es siempre difícil, aunque no irrealizable.

CONCLUSIÓN

El encore de la coda de la Novena sinfonía de Beethoven me permite escuchar temas que preludian la Carmina Burana de Orff. Así también, Kant en su Crítica del juicio abrió las puertas del romanticismo, y su labor fue criticada por Schiller, por ejemplo.

A Kant lo abandono cuando entro en éxtasis místico, gracias a la música. ¡Me sucedió en este concierto a partir del compás 730! Por eso, a pesar de la laboriosa construcción del juicio de gusto estético desprovisto de interés, no puedo dejar de interesarme en sólo algunos aspectos del arte. Es decir, la Novena me gusta como una orgía sagrada, aunque quizá Kant me alegaría que no a todos place de ese modo. Después de todo, como dice una tradicional canción antikantiana “Mi gusto es, ¿y quién me lo quitará?” Y eso no tiene nada de universal.

Bibliografía

Kant, Manuel, Prolegómenos a toda metafísica del porvenir, Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, Crítica del Juicio, México, Porrúa, 1997, Col. “Sepan cuantos”, No. 246, 408 pp. Trad. de la Crítica del Juicio: Manuel G. Morente.

martes, 1 de marzo de 2011

Mi amigo Diego

En el Museo Dolores Olmedo Patiño la primera pieza que admiro es de Diego Rivera. Una pintura llamada La noche en Ávila, de 1907. Tras la fronda de los fresnos, talud del monte, una ventana de luz encendida en medio de la noche oscura del alma. En lontananza se alza la torre románica de la esperanza.


jueves, 25 de febrero de 2010

El retablo dorado

Enrique Arias Valencia

“Grítenme piedras del campo”.

Cuco Sánchez



Obertura mesozoica

Recuerdo haber visto la fotografía de una laja de roca en la que se preservan las huellas de un brontosaurio que es perseguido por un tiranosaurio. No deja de asombrarme saber que una persecución que sucedió hace varios millones de años quedó registrada en un fósil que puede admirarse cuando toda la especie de los seres que participaron en aquel prístino drama de la vida se ha extinguido por completo. Sin embargo, la estela se interrumpe antes de que podamos saber el desenlace. Sólo tenemos noticia del comienzo de la prehistórica cacería; la naturaleza ha jugado una pequeña chanza a nuestra curiosidad. ¿Logró el tirano devorar a su víctima?

Preludio contemporáneo

Estoy frente al retablo del templo de San Bernardino de Siena, en Xochimilco. Es uno de los pocos del más temprano barroco mexicano que aún quedan en pie. Me he enterado de que quizá fue elaborado en los talleres de Santiago Tlatelolco, al Norte de la Ciudad de México. ¿Cómo se cinceló en madera de dorado que quisiéramos imperecedero este prodigio de los altares?

Acto único: El cordonazo de San Francisco

El anciano escultor se desplomó sobre la figura de Cristo que había estado labrando durante toda la semana. Pero su atacante no tuvo piedad, y tras los azotes, de un cordonazo lo descalabró.

Violenta ironía, la sangre viva del artista se confundió con la sangre fingida de la imagen. Fue así como un Dios insensible, porque insensible es una escultura de madera, se hizo a imagen y semejanza del hombre que sufre, porque la carne es el repositorio de los pesares de la voluntad.

Fue entonces cuando el mayoral de los pintores, Agustín García, se decidió a denunciar ante el tribunal de la Santa Inquisición a su agresor. El indígena Agustín García contó con el testimonio de sus cófrades. Ante los jueces del Santo Oficio tuvo que comparecer el temible fray Juan de Torquemada.

Durante la audiencia se supo, como una sátira macabra, que el fraile había usado el cíngulo de amor de San Francisco para golpear al viejo artista.

¿Por qué Torquemada se ensañaba con sus trabajadores? Contra la regla cristiana de no trabajar el domingo, fray Juan de Torquemada, el tirano, obligaba a sus escultores a rendir jornada. Torquemada era el jefe del taller de Santiago Tlatelolco, y le habían encargado, entre otras obras, el retablo de Xochimilco.

El 13 de febrero de 1601, Agustín García no sólo se negó a trabajar, sino que se quejó de que la paga era nula y el trabajo extenuante.

Agustín García no acudió a la audiencia. Yacía en cama, intentando restablecerse de los chichones y azotes que había recibido, algunos de ellos en público. Esa era la regla, y no la excepción. En esos momentos de convalecencia recordó que, cuando niño, su abuelo le había hablado de un tiempo en el que los dioses de México aún vivían y para honrarlos se habían alzado fastuosos templos y se habían esculpido maravillosas imágenes. Tan contento estaba con el relato de su abuelo, que García quiso ser escultor, y en realidad, las primeras lecciones de su arte no las tomó de los evangelizadores, sino de los sabios toltecas que aún daban lecciones en el Calmécac. Ahora, Agustín García había denunciado a fray Juan de Torquemada. Por eso, muchas obras de la iglesia del siglo XVI tienen un discreto sello mesoamericano.

Coda. ¿Qué pasó?

El tirano y la presa. No podemos saber qué sucedió después, pues el documento del juicio está incompleto. De nuevo, la historia sólo nos permite saber el comienzo del proceso, mas no su culminación… O casi. Leemos en Wikipedia:

“Torquemada dirigió la construcción de retablos de Santiago Tlatelolco, Xochimilco y otros que fueron enviados a Michoacán y Oaxaca. En 1613, Juan de Torquemada ocupó el cargo de guardián del Convento de Xochimilco. Torquemada murió en Santiago Tlatelolco, en 1624”.

Si se trata del de San Bernardino, entonces conozco el retablo de Xochimilco, de dorado ennegrecido. Hace tiempo que el de Tlatelolco se deshizo, vencido por los rigores del tiempo. Dicen los entendidos que se conserva un fragmento.

Hasta antes de este año, yo nunca había entrado al templo católico de Tlatelolco, edificado con las piedras de las ruinas de la ciudad prehispánica que está algunos metros enfrente de Santiago. Tras el altar, he visto la desnuda pared. Sin duda su retablo era enorme, pues sabemos que abarcaba hasta el final del cuadrado ábside, en los bordes del techo.

¿Fue sancionado Torquemada por su comportamiento? ¿Sanó Agustín García sus heridas? ¿Volvió al trabajo? No sabemos qué sentenció el tribunal. Como en el caso de la laja del triásico o cretáceo, el registro está incompleto. El grito de la presa que huía se perdió tras el deslizamiento de las rocas. En cierta forma, el tirano cazador se salió con la suya.

Sin embargo, sí sabemos que alrededor de 1613, Torquemada había terminado de escribir la Monarquía Indiana, una obra que le valió ser reconocido como uno de los rescatadores de la antigua cultura prehispánica. Debido a ello, la primera vez que tuve noticia de su nombre su biógrafo le llamaba “humanista”. Un reconocimiento irónico, de metonímica sangrienta sorna, en vista de lo que he expuesto aquí. El evangelizador murió en la paz de Dios de 1624. Del infeliz García no sabemos nada. La vida de los pobres no puede registrarse, ni siquiera en una laja, para por siempre jamás gritar junto con las piedras del campo, las grandes injusticias de la vida.

Bibliografía

Para elaborar este artículo, he recurrido a la siguiente fuente:

Constantino Reyes-Valerio, Arte Indocristiano: Pintura y Escultura en la Nueva España. Hay versión web. Basta hacer clic en este enlace.

viernes, 25 de diciembre de 2009

¡Feliz Navidad!



Dibujos de Enrique Arias Valencia

Un video ambientado con un fragmento de El Mesías de Handel: "For unto us a child is born", interpretado por la Sociedad Coral Cantus Hominum, durante el concierto de Navidad de 2002, en el que tuve el honor de participar en la cuerda de los bajos.

***


"For unto us a child is born, unto us a son is given: and the government shall be upon his shoulder: and his name shall be called Wonderful, Counselor, The mighty God, The everlasting Father, The Prince of Peace."
ISAIAH 9:6

***


Lista de templos dibujados:

1. Santa Prisca, Taxco, Guerrero
2. Ex Convento de Churubusco, Coyoacán
3. San Juan Bautista, Coyoacán
4. Santa Catarina, Coyoacán, D. F.
5. San Juan de Dios, Centro, D. F.
6. Santa María Nativitas, D. F.
7. San Bernardino de Siena, Xochimilco
8. Capilla en San Pedro Atocpan, Milpa Alta
9. San Pedro Apóstol en San Pedro Atocpan, Milpa Alta
10. San Jacinto, San Ángel, D. F.
11. San Gregorio Atlapulco, Xochimilco
12. Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, D. F.
13. Nuestra Señora de la Consolación, D. F.

martes, 8 de diciembre de 2009

Homenaje al pintor

Feliz cumpleaños a Diego Rivera



Autorretrato dedicado a Irene Rich. 1941.






miércoles, 11 de noviembre de 2009

¿Qué es esto?



¡Es una cabaletta!

Enrique Arias Valencia

Según la estructura de la ópera italiana, Sempre libera es una cabaletta en tempo rápido. La cabaletta indica que se termina un número.

Hay cabalettas que son arias y otras que son dúos. Luego, al intervenir en este número Violeta y Alfredo, desde el punto de vista del libreto de esta ópera de Verdi, sí se trata de un dúo. ¡Pero aquí está lo divertido!

En el caso de La Traviata se trata de un dúo sui generis, pues el interlocutor de Violeta, Alfredo, no sale a escena, y sólo se escucha a la distancia, sin dialogar con Violeta. Violeta sí parece escuchar a Alfredo, pero él definitivamente a ella, no. Hay una importante ironía en esta situación. ¿Es un dúo o un aria? El arte es ambiguo, y nos obliga a pensarlo. La pregunta es acertada, porque responderla es un enredo, como la vida de Violeta.

Cabal implica una intensificación de la emoción y velocidad.

Si un dúo son dos personas que cantan, luego Sempre libera es un dúo.

Si un dúo son dos personas que dialogan, luego Sempre libera no es un dúo (o para Violeta, casi).

¡Pero siempre es una cabaletta en forma de dúo!

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Baila, tú que reinas

Para Mariana y su esposo, por el arte

Enrique Arias Valencia

Cáñamo, paladar delicioso es el disfrute de la danza folclórica. La danza regional es copal que no se aspira, sino que se mira. La carpa tendida como el noble velamen de una nave que nos transportará allende el océano de la imaginación por las tierras de Oaxaca, Veracruz y Jalisco, en el Parque de la colonia Moderna, en el marco de las celebraciones de nuestra independencia en la ciudad de México.

Música que emponzoña nuestra alma pues rebasa a la razón, porque la música embriagadora influye directamente sobre nuestra propia voluntad, es decir, sobre nuestros sentimientos, impresiones y emociones, con un efecto como el del mejor pulque del dios Quetzalcóatl, cuyo destino es beberse con el espíritu. Quizá la música embriagadora sea más fácil de ejemplificar que de definir: la música de Jalisco nos embriaga por completo, la de Oaxaca nos invita a reflexionar, la de Veracruz tiene buen lustre.

Látigo que fustiga al ocioso, la unión de danza y música me permitió gozar con la muestra de la solemnidad del baile de Oaxaca. Veracruz: el zapateo es coro mudo en los labios, verbo rítmico en los talones. Jalisco: feria de esplendores, pirotecnia del sentido.

Sáfico si desvelan mi sombra, ¿qué es el hombre? El abanico de lo humano es vasto y complejo, y sus límites se escapan a nuestra vista, pues pertenecen tanto al bien como al mal, la certidumbre y la incertidumbre, lo negativo y lo positivo. Por eso, estar frente al hombre es descubrir a la criatura donde se reúnen innumerables posibilidades, que se pueden enfrentar unas a otras. El colorido, la sonrisa y el vuelo curvo de las faldas largas de las jóvenes ante la línea recta y los ángulos del fusco traje de charro.

Sátiro si me cubren la cara, mi alma es un nudo Giordano que se desbarata con los movimientos que hacen de carne viva la Piedra de Sol en un círculo perfecto dividido en dos arcos. En su cuadratura perfecta, la Coatlicue debe sonreír satisfecha, pues es bien sabido que la prosa es al caminar lo que la danza es a la poesía.

Cráteras que se elevan garbosas, las mujeres portan flores en la cabeza; algunos números antes, el despliegue de las redes de los pescadores. Acerca de la contradictoria condición del hombre, se pregunta Pascal: “¿Quién desenredará este embrollo?” Esta pregunta sobre el embrollo que es el hombre, sólo puede ser formulada por un hombre, por lo que parece que el hombre es un extraño para sí mismo. Y al tratar de desenredar la madeja, al decidirse tanto por un camino como otro, el hombre no deja de pertenecer al género humano. Los límites de lo humano no pueden encontrarse.

Délfico se protege un secreto. ¿Qué es lo elemental? Una razón atómica. La danza es el arte de la razón atómica, pues el artista no se separa de su obra. La danza es por lo tanto, el arte donde artista y obra de arte forman una unidad indivisible. ¿Tengo siquiera un átomo de razón?

Lúpulo de dorada cosecha, la danza embriagadora habla directamente a nuestro corazón; por eso, cuando nos entusiasmamos con una invitación a la danza festiva, la seguiremos con las palmas, y advertiremos que nuestro yo no tiene más remedio que fundirse con la exaltada pasión que asiste a toda la concurrencia. Aplausos sin fin, alegría sin fondo.

México danza en tanto yo aplaudo tratando de seguir el ritmo marcado por el zapateo de un baile tradicional; pero debo confesar que mi pericia, aun en el aplauso que marco desde mi amado sillón, deja mucho que desear.

Cándido cuando lo hacen verbena. A veces pienso que este mundo tan sólo es el sueño de un Dios tierno e inocente que juega a crearlo para después sorprenderse con sus movimientos de danza y de música. Y perdónenme todas las detonaciones de legión de anacolutos. Por cierto, si tomamos las primeras diez sílabas de cada uno de los párrafos de este ensayo, casi se forma un romance decasílabo con esdrújulo inicial. Lamento no haber podido cuadrarlo para que quedaran dos estrofas de cuatro versos. El título corresponde al grupo de danza regional que inspiró este artículo.

BAILA, TÚ QUE REINAS

Cáñamo, paladar delicioso
Música que emponzoña nuestra alma
Látigo que fustiga al ocioso
Sáfico si desvelan
mi sombra,
Sátiro si me cubren la cara.

Cráteras que se elevan garbosas,
Délfico se protege un secreto.
Lúpulo de dorada cosecha,
México danza en tanto yo aplaudo
Cándido cuando lo hacen verbena.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Dios no existe

Enrique Arias Valencia



  • Albatrozz: dios no ha muerto, hay que matarlo (metal ñerísimo)
para Miguel Alberto Cuéllar, con gratitud


Cuando entré a la escuela secundaria, el impacto fue tan grande que, en mi delirio, llamé a esa época La Edad de Oro.

Nunca volví a vivir algo igual. Así, por ejemplo, mis calificaciones escolares eran tan elevadas que llegué a ser conocido como El Ciencias (aún no me había rendido a las fuerzas del irracionalismo). No había leído a Nietzsche, eran tiempos de color de rosa. Un día unos amigos y yo hicimos un dibujo mural en el pizarrón lateral del salón. Entre las ilustraciones que Cházaro trazó estaba el Capitán Cavernícola. Mi hábil amigo David reprodujo varios personajes de Un domingo en la Alameda, de Diego Rivera. Yo ya no recuerdo qué fue lo que dibujé, pero seguramente las figuras estaban inspiradas en las caricaturas que aparecían en la serie de libros de El maravilloso mundo de la tecnología.

Una de las formas de ser en el mundo en esa época era ser ñero, y me hice ñero. Ser ñero era ser rebelde, si bien nunca lo fui por completo. Jamás he sido muy preciso para las definiciones. Estaba de moda el grupo Van Halen, con su éxito Jump, y a eso, muchos de nosotros le llamábamos heavy metal. Me entusiasmaba dibujar bandas de rock por encargo de mi amigo Cajiga, los cabellos largos y la batería dispuesta. Bajo y requinto, cantante y fans. Hasta llegamos a inventar algunos nombres de bandas imaginarias.


Y un día, alguien sugirió incluir un letrerito en nuestro mural de blanco gis, tiza sentenciosa, con aquella frase que Diego Rivera pintó en su mural al fresco, pero fue borrada de la obra del célebre pintor, una locución que Ignacio Ramírez El Nigromante, había pronunciado en una Conferencia de la Academia de Letrán.

¿No es curioso que fuese David quien sugirió incluir la máxima en medio del muralito más representativo de una época inocente, en que las responsabilidades se reducían a lo que en opinión de quien esto escribe deberían de haberse reducido siempre, esto es, las responsabilidades intelectuales?

David quería ser sacerdote; de hecho, me había invitado ya a un retiro espiritual en el que se buscaban vocaciones para un oficio entonces decoroso.

Nuestra atestada Alameda, a la manera de la portada de un disco de los Beatles, consistía en personajes de dibujos animados de la televisión, estrellas de rock ñero e incluso un malogrado retrato de Albert Einstein. En medio, una banderola que aguardaba proclamar su mensaje.

Y fue así que el destino quiso que la frase apareciese una mañana de septiembre: limpia, fresca y jovial. "Dios no existe", lucía nuestra gran pizarra y ningún profesor ni alumno se sobresaltó con ella. Hubo quien hasta sonrió malicioso. No fue una sorpresa. Desafiando una autoridad que no existía, corrían los tiempos de la Edad de Oro, y la vida era nuestra juguetona aliada porque nos sonreía cómplice convertida en el Sol del amanecer.

viernes, 17 de julio de 2009

El secreto de la Edad de Oro

Un templo clásico griego

Enrique Arias Valencia

Para Atilio, interesado en la ciencia

Las tropas cristianas avanzan implacables sobre su objetivo. En el templo clásico aguarda un polvorín, parque turco. Intempestiva mediante, el explosivo estalla. ¿Quién o qué encendió aquella llama? Quizá con una visión extremadamente aguda, si pudiésemos detener un instante la conflagración y ver a través del polvo, contemplaríamos fragmentos del célebre mármol suspendidos en el aire; si permitimos al tiempo seguir su curso, hiriendo la polvareda veríamos aristas que viajan a una velocidad inimaginable para el lírico y sólo calculable por el científico.

Sublime por su infinita grandeza, se ha formado una amenazadora nube de humo en torno al más hermoso de los legados de la Hélade. Pareciera que el mármol huyese hacia el cielo, abandonando este mundo de figuras imperfectas para dirigirse hacia un cielo de geometría impecable. Quizá con el recurso de la parábola perfecta, la piedra cae de nuevo al suelo, para terminar así su inútil intento de viajar al más feliz Urano. Es una guerra, la cortina de pólvora reina tenebrosa en torno al monumento. Al descorrerse el telón, el espectáculo que tenemos ante los ojos es el triunfo de la voluntad de poder en todo su horror de representación: el Partenón se ha convertido en una ruina. ¿Cuántas obras de arte se habrán perdido dada la codicia de los hombres? ¿A cuántas en verdad, sin intervención humana, se las ha llevado el tiempo?

Quiere la memoria ver en la infancia y la adolescencia una edad de oro. Es así que cuando yo cursaba el tercer año de educación secundaria, pude gozar de la enseñanza de maestros que sabían hacer interesantes clases aderezadas con misteriosos comentarios. En una ocasión, en medio de una lección sobre la antigua Grecia, la profesora de historia nos comentó sobre el Partenón algo como lo siguiente: “Dicen los arquitectos que éste es un edificio perfecto. Sin embargo, hay que hacer notar que la perfección en arquitectura consiste en que un edificio será perfecto si sólo tiene tres defectos. Desconozco los tres defectos del Partenón”. A partir de ese momento, de vez en cuando me preguntaba: ¿cuáles eran los tres defectos del Partenón?

lunes, 27 de abril de 2009

Ánfora de la infame influenza

Enrique Arias Valencia

Pálida, luce triste la vela. Mis nulos lectores recordarán que hace mucho que dejé de creer en Dios; pero que, sin embargo, el arte sacro me llama sobremanera la atención.

Es así que el domingo pasado la escena que sucedió en Catedral me conmovió recién este lunes, pues no pude verla sino en las fotografías de los periódicos. El Señor de la Salud fue sacado en andas de la Catedral, para ocupar un nuevo sitio en uno de los altares del templo católico.

Este mismo Cristo fue sacado en 1691, cuando se desató la epidemia que nos arrancó a Sor Juana Inés de la Cruz. Hacía tres siglos que el Señor de la Salud no salía de Catedral, para en lenta procesión darle una vuelta al templo, y ser colocado en el primer altar.

Ahora pude dirigirme en persona para contemplarlo, en silencio, mientras los fieles esperan un milagro. Se supone que el Señor de la Salud volverá a su lugar tan pronto termine la emergencia.

Con cubrebocas, por si acaso,
esperemos, pues, el milagro...


La influenza, catástrofe epidémica cuyo nombre responde a la creencia de que los astros o las malas artes podían influir en nuestra salud, es conocida desde antes de la Edad Media. Hoy sabemos que una adecuada higiene (lavarnos las manos cada que podamos) y una actitud mental positiva (reínos cada día), son excelentes remedios para combatir muchos males respiratorios.

lunes, 30 de marzo de 2009

¿Qué es el amor cristiano?

El amor es la herida que Dios abrió en el flanco de la especie para romper su soledad original.

Javier Sicilia en La confesión

domingo, 29 de marzo de 2009

Y los fieles, ya saben ya saben...

La Iglesia sabía, por los misterios de la encarnación, que desde que Cristo ascendió a los Cielos sólo el arte es capaz de hacer visible su presencia.

Javier Sicilia en La confesión

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Silogismos del paladar

Enrique Arias Valencia

Todo lo valioso es insípido.
El agua es valiosa.
Luego, el agua es insípida.

¡Ups! ¡Que no lea esto mi directora espiritual, porque ayer le dije que su enseñanza es valiosa!

¡Doble ups! ¡Que no lea esto un racionalista, pues quizá creería que mi monumento estético es una deshonra de la lógica!

¡Triple ups! ¡Que no lea esto un poeta, pues quizá creería que mi razonamiento lógico es una deshonra de la estética!

Para los demás: léanlo, y disfrútenlo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Arte y cosmética

Enrique Arias Valencia


El arte sobreviene para salvarnos de la
verdad.
Nietzsche



Nietzsche nos dice que tenemos el arte para soportar la verdad. Si la realidad es fea, quizá le venga bien un maquillaje. Por lo tanto, el arte es el maquillaje que bien le va a la realidad. Aunque, en mi opinión, lo que le urge es una cirugía plástica, pues la realidad es espantosa, y no hay ya arte que pueda disimular su terrible repugnancia. Más arriba cité a Nietzsche cuando sostiene que el arte es un salvador. Por mi parte, si bien yo no me arrodillo frente a Dios, sí soy capaz de postrarme frente al arte. Soy por lo tanto, un dionisiaco idólatra; no obstante, ahora que Apolo intenta atemperar mi mente, me asalta una inquietante duda: cuando el arte mismo se vuelve insoportable, ¿quién nos salvará del salvador?

lunes, 1 de diciembre de 2008

Invitación atea

Fernando G. Toledo ha traducido y publicado en su blog una bella versión al español de Ozymandias, del ateo Percy Bysshe Shelley. La recomiendo altamente.
Hace tiempo, El Predicador Malvado también se ocupó de Shelley.