miércoles, 25 de junio de 2008

Mahler, un músico de muy supersticiosa virtud

Enrique Arias Valencia


Yo moriré para vivir.
Gustav Mahler

Cuando Gustav Mahler compuso su Sinfonía trágica nuestro delicioso posromántico había pensado incluir tres golpes de martillo en el último movimiento de la partitura; pero al final, hizo lo que todo buen supersticioso hubiese hecho enfrentando una situación semejante: justo cuando los violines anuncian la tonalidad de La Mayor, el sabio compositor, raudo de corcheas, con decidido lirismo eliminó la tercera y fatal intervención del martillazo.

No olvidemos que entre los músicos, munícipes estéticos, el golpe del martillo es una metáfora sonora que nos manifiesta el insondable poder del destino. La figura del destino aparece en el universo polifónico a partir de que Beethoven compuso su Quinta sinfonía. Desde entonces, desafiar al destino que llama a la puerta se considera como algo muy peligroso, sobre todo porque Beethoven advirtió que lo hacía a cuenta y riesgo propios: “Lo tomaré del cuello y le daré pelea, no importa que al final me destroce”.

Mahler, más prudente quiso encarar al destino en pequeñito. Alma, la esposa de Mahler escribió: “En los Kindertotenlieder, al igual que en la Sexta, (Mahler) anticipó su propia vida en términos musicales. También él hubo de sentir los golpes del destino, y el último le derribó totalmente”. Al mencionar los Kindertotenlieder, Alma se refiere al hecho de que mientras su apasionado esposo componía esa obra, unas Canciones para los niños muertos,* ella tenía miedo de que el músico estuviese condenando a muerte a alguna de sus hijas; cosa que por desgracia, sucedió con la pequeña Mariana. Mahler nunca olvidó que Alma se lo había advertido.

Tras la fatal experiencia, el precavido Gustav Mahler decidió dejar de tentar al inescrutable destino, y en su Sinfonía trágica, a pesar de que en esta obra sombría el hombre es el gran derrotado, pareciera que no le va tan mal: gracias a un certero plumazo falta un martillazo estentóreo.

Tengo algo que confesarles sobre mi experiencia con la Sexta: la tarde del sábado 23 de junio de 2007 en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli se presentó esta obra, bajo la batuta de Enrique Barrios. Pues bien, durante la intervención, la luz se fue dos veces. Nunca antes me había tocado presenciar nada semejante, y juro por los dioses que de haberse ido la luz una vez tercera, me habría dado pánico. Por cierto que Barrios decidió jugársela con el destino, y a pesar de la inestimable corrección mahleriana la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México ejecutó la obra con los tres martillazos. Y entonces, la oscuridad. ¿Fatal coincidencia? Yo estoy seguro de que Mahler y su esposa dirían que no.


ADVERTENCIA: LA REPRODUCCIÓN POR TRES VECES DEL SIGUIENTE VIDEO ES POR CUENTA Y RIESGO DEL USUARIO:


* Gracias, Simbol, por la corrección del título de la obra.

3 comentarios:

Fernando G. Toledo dijo...

Los tres martillazos que preferimos los no supersticiosos, nada menos que por Lenny, aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=T0ydoEwAr-o&feature=related

Äriastóteles Lumínico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Äriastóteles Lumínico dijo...

Fernando: es un honor que me visites, y de inmediato escucho esta fabulosa versión que me mandas de la Sexta.