martes, 23 de septiembre de 2008

Krishna como figura trágica

Enrique Arias Valencia

“Cada vez que decae el Dharma, yo reencarno. Por tanto, He venido a restaurar el Dharma”, nos aseguró Krishna aquella tarde de la Edad de Bronce en una estancia del Bhagavad Gita; pero tras su muerte, el mundo se precipitó en la Edad Oscura. ¿Qué pasó? Quizá que Krishna, como todos los héroes, es una figura trágica, y que muere tras intentar resolver un conflicto irresoluble. El héroe trágico no fracasa, pero nos arrastra junto con él en su fatal caída, y el mundo entero llora su ausencia.

lunes, 22 de septiembre de 2008

El niño Dios




No me cabe la menor duda de que Dios es un bebé caprichudo, y capricho mediante, el mundo se precipita a una infantil barbarie.
Enrique Arias Valencia

sábado, 20 de septiembre de 2008

La democracia es irracional

Enrique Arias Valencia

“Si admitimos, como luego se verá, que el laicismo es un principio indisociable de un sistema político verdaderamente democrático, resulta sorprendente que multitud de gentes, y a veces muy cultivadas, ignoren realmente su esencia y sus consecuencias”.
Gonzalo Puente Ojea

Sean tres candidatos: A, B y C. El candidato A es odiado por los seguidores de los candidatos B y C. Por su parte, el candidato B es detestado por los partidarios de los candidatos A y C. Y por supuesto, el candidato C es defenestrado por los incondicionales de los candidatos A y B.
Ahora, supongamos que un 40 % de los votantes es férvido seguidor del candidato A. La encarnizada oposición se encuentra dividida entre un 30 % para B y un 30 % para C. En este caso, A será ganador a pesar de que el 60 % de los electores le son adversos.
En 1972 Kenneth J. Arrow compartió el premio Nobel de economía porque demostró que todos los procesos en los que haya que elegir de entre tres o más opciones contienen siempre agazapada la paradoja de la elección. La lindura recibe el nombre de teorema de imposibilidad, y ha sido descubierta varias veces a lo largo de la historia. El marqués de Condorcet la desenmascaró a finales del siglo XVIII, motivo por el cual los franceses le llaman el efecto Condorcet. Dicen los entendidos que en el siglo XIX el famoso lógico y escritor Lewis Carroll la redescubrió. En 1940 el economista Duncan Black se encontró con ella cuando escribía una colosal obra dedicada a los acuerdos por medio de comités.
¿Qué tan monstruosa es la paradoja? Con un poco de muy mal intencionado ingenio podemos reemplazar a los candidatos A, B, y C por las siguientes propuestas legislativas:

1. creacionismo en las escuelas públicas.
2. darwinismo en las escuelas públicas.
3. irracionalismo en las escuelas públicas.

Y podremos constatar con qué facilidad y sin recurrir a la ilegalidad bien sabría el partido en el poder dirigir a su antojo la decisión de una cámara sin más que determinar qué par de iniciativas deberán elegirse en primera instancia. Por supuesto, yo me inclinaría por el punto 3, y que el Diablo se lleve a Darwin y al Creacionismo.
Una deliciosa solución a la paradoja que se ha propuesto consiste en elegir por sorteo un dictador, que tome una solución que resuelva el problema… al azar, digamos. La monarquía constitucional cuenta con este sistema, pues el rey, revestido de poderes prudentemente confinados, bien puede romper el cerco en cuestiones extremas, solucionando los puntos muertos que aparecerán siempre en la muy deficiente e irracional democracia.
¿Es el laicismo un principio indisociable de la democracia? No tanto como lo es la irracionalidad no transitiva. En fin, por lo anterior queda demostrado que la democracia tiene una ineludible raíz irracional, y tratar de hacerla pasar por otra cosa sólo es querer darnos gato por liebre, y no llamaré a elecciones a los racionalistas para que me desmientan.

martes, 9 de septiembre de 2008

martes, 26 de agosto de 2008

In memoriam Santa Isabel Tola

Enrique Arias Valencia

¿Qué pensará un ateo del robo de arte sacro? Después de todo, si se roban unas pinturas de un templo, esto redundará en menos superstición, pues las pinturas son objetos de culto. A pesar de que lo que voy a expresar no es un silogismo, algo tiene de verdad: la gente pierde su patrimonio artístico del mismo modo en que pierde su religión. Hay una merma, una pérdida irrecuperable.
Hay muchos poblados en México cuyo único orgullo artístico está en la iglesia. Y ahí se guardan, pero no resguardan imágenes que no sólo tienen valor estético, sino que son objeto de culto. Yo no rindo culto a los santos, pero rindo culto al arte y por lo tanto, rindo culto a las imágenes.
Hoy los templos católicos del Centro del Distrito Federal se están desmoronando por falta de mantenimiento. Y uno de la periferia, el templo de Santa Isabel Tola, fue víctima del saqueo la madrugada de este martes.
Parece que nuestras autoridades no se han dado cuenta del valor estético de nuestros templos católicos, pero sí hay quienes han advertido el valor económico de los objetos de arte sacro. Y mientras sigamos viendo como meros objetos aquellas sagradas imágenes que aparecen ante nuestros ojos en este universo, es seguro que dicho universo no podrá ser sagrado, y sólo tendrá valor porque habrá quien pague por lo que no es sagrado; sino únicamente una mera pintura con valor en el mercado.

Lo que me distingue

Enrique Arias Valencia

¿Existe Dios? A decir verdad, por las pruebas que tengo frente a mí, pareciera ser que no. El argumento del famoso ateo Fernando G. Toledo consiste en sostener que Dios es un absurdo lógico, y dado que los absurdos lógicos carecen de esencia, por tanto, Dios no tiene esencia. Mi punto de vista es diametralmente opuesto, y se basa en afirmar que el mundo es pasmosamente absurdo, y por consiguiente Dios no existe. En consecuencia, nuestros puntos de vista son irreconciliables, y por eso toda comunicación entre el señor Toledo y yo es imposible sin graves roces.
Si yo admitiese la tesis de Fernando G. Toledo que consiste en asegurar que los absurdos no existen, entonces yo llegaría a la conclusión de que el mundo no existe, en vista de que el mundo es absurdo. Si Fernando admitiese mi tesis que dice que el mundo es absurdo, también tendría que admitir que el mundo no existe, porque su planteamiento consiste en que los absurdos no existen.
¿Qué tan absurdo es el mundo? En México los políticos de izquierda están siempre dispuestos a apoyar el aborto como un derecho de la mujer. Supongamos que es un inocente el niño que reposa en el vientre de aquella que no quiere ser madre. Si se aborta, ¿se sacrificaría la vida de un inocente? Ahora, si no es un inocente aquel que reposa en el vientre materno; entonces, ¿qué es?
Estos mismos políticos de izquierda se oponen a la pena de muerte de secuestradores. ¡Oh, sí, en este caso la vida es tan valiosa! Por tanto, según esto, hay que mantener con vida, pagándoles los alimentos, el alojamiento y hasta la capacitación para el trabajo a hombres que definitivamente no tienen nada de inocentes; en tanto que hay personas tan diminutas que ni siquiera deberían tener derecho legal de ser reconocidas como tales. ¿Quién tiene derecho a la vida y quién no tiene tal derecho? La verdad, si me diesen a escoger entre tener de vecino a un nuevo bebé o un secuestrador vivo, yo me quedaría con el primero, digan lo que digan los políticos de izquierda.
A mí me parece que en todo este asunto el problema está en que el bebé no tiene todavía el dinero para sobornar a un juez, y así salvar su vida, en tanto que un secuestrador sí puede tener esa ventaja, y por eso el aborto es legal y la vida de un secuestrador es siempre valiosísima.
Si el mundo no es absurdo, Dios existe y estamos salvados.

viernes, 4 de julio de 2008

Eucaristía poética

Enrique Arias Valencia

Debo a mi tocayo el señor Rojas Gamboa el acertado contenido de las siguientes ideas, no obstante la forma, y por lo tanto los posibles errores doctrinarios, es mía.
Si la poesía consiste en vaciar de contenido un objeto, para vaciarlo en otro, dotando a ambos así de nuevos significados, luego entonces la eucaristía es poesía, pues se toman las especies del pan y el vino, objetos de la comida común, para dotarlos de un significado trascendente: hacerlos signos sensibles del misterio de la Encarnación.
El misterio de la Encarnación se presenta en la transubstanciación: los objetos dejan de ser lo que son, para pasar a ser el cuerpo y la sangre de Cristo que se ofrecen por todos nosotros.
Hace muchos años que no comulgo; tiempo ha que me he retirado de mi parroquia, y sin embargo, de vez en cuando no deja de conmoverme la forma en que se exponen las ideas en una Iglesia de la que hube de retirarme para gozar, así lo pienso yo, de mis procacidades libertarias.