sábado, 7 de febrero de 2009

Los maravillosos multiversos de Richard Dawkins

Enrique Arias Valencia


"When people stop believing in God, they don’t believe in nothing — they believe in anything".
Atribuida a G. K. Chesterton
Si esta es una pregunta, responda. ¿Cuántos multiversos se necesitan para probar que es prácticamente imposible que Dios exista? En Por qué es prácticamente seguro que Dios no existe Richard Dawkins sostiene que:

Los físicos tienen ya razones para sospechar que nuestro universo, todo lo que vemos, es sólo un universo entre tal vez miles de millones. Algunos teóricos postulan un multiverso de espuma, en donde el universo que conocemos no es más que una burbuja. Cada burbuja tiene sus propias leyes y constantes. Las leyes de la física que nos resultan familiares son unas leyes provincianas. De todos los universos en la espuma, sólo una minoría posee lo que se necesita para generar vida.


Hipótesis: el número de multiversos es directamente proporcional a la cantidad de dioses que necesitamos para aprestarlos a crear los multiversos necesarios para probar que es prácticamente imposible que Dios exista.

Advertencia: la creencia en multiversos puede llevarlo a creer cualquier cosa, que era de lo que quería advertirnos el autor de la frase: "When people stop believing in God, they don’t believe in nothing — they believe in anything". (Tomando anything por cualquier cosa).

viernes, 6 de febrero de 2009

Los sistemas deductivos son metafóricos

Enrique Arias Valencia

Por ejemplo, todos los silogismos de la forma BARBARA son metáforas de (se parecen a, pueden reducirse a) esta fórmula:

Todos los A son B.
Todo C es A.
Todo C es B.

Traslademos a conceptos:

Todo lo que está predeterminado es necesario.
Todo suceso está predeterminado.
Todo suceso es necesario.
Leibniz

Metáfora: El argumento anterior haría las delicias de los deterministas (delicia por agrado, agrado por aprobación).

Los sistemas hipóteticos son metafóricos. Podemos trasladar P a algo que se supone x. &

Si el lenguaje matemático no es metáfora, ¿a qué hace referencia?

Si la lógica no es oscura, no hay nada que nos impida leer y entender a primera vista esto:

PROPOSICION VI. “A toda clase c de fórmulas w-consistente recursivas le corresponde una clase-signo r tal que ni v Gen r ni Neg (v Gen r) pertenecen a Flg(c), donde v es la variable libre de r”.
Gödel

jueves, 5 de febrero de 2009

El triunfo de la metáfora

El significado del significado

Enrique Arias Valencia



Falacia 15: Palabras emotivas y falsas analogías: Las palabras emotivas se usan para provocar emociones y, a veces, para oscurecer la racionalidad. Pueden ser palabras emotivas positivas: maternidad, Patria, integridad, honestidad. O pueden ser negativas: violación, cáncer, mal, comunismo. De la misma manera, las metáforas y las analogías pueden nublar el pensamiento con emociones y desviarnos del camino correcto: "La inflación es el cáncer de la sociedad", o "La industria viola el ambiente". Las analogías y las metáforas -al igual que las anécdotas- no constituyen pruebas. Son meramente herramientas retóricas.
Choreado y traducido por Barullo de Why People Believe Weird Things (Por qué la gente cree cosas extrañas), de Michael Shermer



Una metáfora es una figura retórica que consiste en trasladar el significado o parte del significado de un concepto a otro concepto por medio de una comparación mental.
Una comparación estricta consiste en decirle a una mujer que: Soy como el planeta que gira en torno tuyo, pues eres como mi Sol”, en tanto que una metáfora consiste en decirle: “Eres mi Sol y yo soy tu planeta que gira en torno tuyo”.
La divulgación de la ciencia exige el uso de metáforas y comparaciones para intentar hacer accesibles al gran público conceptos científicos que muchas veces son muy pero que muy abstractos.
Así tenemos que en lugar de ostentar las embrolladas ecuaciones de la física cuántica que explican y reexplican la traslación de los electrones –esa cruza de partícula y honda– alrededor del núcleo atómico, en niveles energéticos que se representan como “nubes de probabilidad”; para explicar lo anterior simplemente se afirma que los electrones se mueven en “órbitas” de manera parecida a como se desplazan los planetas en torno al Sol.
Sin embargo, muchos súper expertos afirman que las metáforas sólo pueden darnos una imagen distorsionadísima de la realidad, pues dicha imagen es “menos precisa” que el muy preciso concepto científico, pues ni los electrones son planetitas microscópicos ni el átomo es un sistema solar en miniatura, faltaba, y faltaba más.
Y sin embargo, la metáfora se mueve, y se mueve bien. ¿Y quién puede tirarle la primera piedra a una metáfora que se mueve? Porque si a esas vamos, los súper expertos tendrían que aceptar que las “nubes de probabilidad” tampoco son verdaderas nubes: se trata de manera reiterada y reiteradamente, de metáforas que intentan hacer una descripción gráfica de aquello que sólo puede mostrarse con estricta fidelidad señalando al objeto y mismo y contemplándolo en todo su esplendor y misterio indescriptible. Las “nubes de probabilidad” sólo pueden representarse con pálido rigor por medio de ecuaciones y gráficas muy complejas que sólo los súper expertos pueden entender.
No obstante, no hay que perder de vista que aun las ecuaciones son un pálido reflejo de la realidad, pues incluso esas abstrusas ecuaciones, así como todas las otras maneras en que la ciencia intenta describir, explicar y reproducir el comportamiento de la naturaleza, (representaciones, modelos, simulaciones en computador), precisamente son elementos pertenecientes a la mima clase que las metáforas; porque no son la naturaleza, sino objetos que se le parecen en algo, ya sea en forma considerable o sólo aproximada, y que nos pueden auxiliar para comprenderla mejor, e incluso, a pronosticar su proceder en un momento dado.
Varios conceptos que son archiconocidos en la ciencia moderna, piedras angulares de cada una de sus áreas, fueron en un principio –y aún lo son, aunque ya no nos damos cuenta de ello–, metáforas. ¿Existen en la realidad real –sea ésta lo que sea– la energía, los electrones, los genes, las especies, el yo, nosotros mismos?
En un largo y extendido ergo, la ciencia es una tarea que consiste en construir metáforas que puedan contrastarse con la naturaleza.
De la misma manera que el pintor o el poeta, el músico o el arquitecto, o el divulgador de la ciencia, el filósofo intenta elaborar imágenes aproximadas que le den significado a esa naturaleza que está ahí, “fuera de su cabeza”. Por lo tanto, es muy pero que muy posible que sea inmerecido para los heraldos populares el hecho de que haya quienes repudien la tarea de traslación recreativa que hacen los divulgadores científicos para transmitir las metáforas científicas al gran público. A la postre, es evidente que no todos podemos recitar las composiciones poéticas de Homero en griego, su idioma primigenio, pero creo que todos tenemos derecho de gozar con ellas.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La deliciosa deconstrucción de Dawkins o El gen no egoísta

Enrique Arias Valencia

«Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa».
Una frase falsamente atribuida a Gilbert Keith Chesterton

¿Qué tan cualquier cosa pueden llegar a ser algunos de los argumentos de los así autodenominados racionalistas? ¿Qué tan cualquier cosa pueden llegar a ser algunos de los argumentos de Richard Dawkins? El célebre etólogo, en su obra El gen egoísta, pareciera sostener que determinadas moléculas proteínicas, nuestros genes, intentan de perpetuarse a sí mismos organizando y dictando nuestros actos de tal manera que garanticen su propia supervivencia. Por tanto, según esta doctrina sociobiológica la conducta* y la cultura humanas** están predeterminadas*** en una grandiosa medida por la codicia de nuestros genes por autoconservarse.****

Esta dilucidación reduccionista puede impugnarse por medio de la reducción al absurdo advirtiendo que varias culturas con prácticamente el mismo patrimonio genético, presentan conductas bastante diversas. Otra manera de refutar al brillante Dawkins radica en transportar la reducción todavía más lejos. Alguien bien puede sostener que no son los genes los que practican el egoísmo, sino cierto enlace químico de los genes. Por consiguiente, nuestros actos no estarían predeterminados por nuestros genes, sino por dicho enlace químico que hay en ellos y que lo único que quiere es perpetuarse a sí mismo.

Lo anterior debe servir como prueba de que no sólo los creyentes son capaces de creerse cualquier cosa, sino que aún las más brillantes mentes son capaces no sólo de creer cualquier cosa, sino de ser autores de libros sobre cualquier cosa, y hacernos creer que son los otros los que creen en cualquier cosa. Así, pues, si sólo consideramos sus respectivos campos de acción, estadísticamente, ¿quiénes incurren en más errores, los creyentes o los no creyentes?



* Nótese, asunto de etólogos.

** Adviértase: asunto de sociólogos.

*** Asunto de mecanicistas.

**** Cosa de biólogos.

martes, 3 de febrero de 2009

¿Quién como la bestia?

Enrique Arias Valencia

¿Quién puede impedirme creer en Dios en la mañana, ser agnóstico en la tarde y anochecer ateo?

lunes, 2 de febrero de 2009

El hechizo del pasado

Enrique Arias Valencia

Pude haber sido paleontólogo, pero mis amigos me instaron a descubrir que es mejor no desenterrar el pasado. Y me dieron pruebas de que tenían razón.

De hecho, uno de mis mejores amigos es el mito. Y hay un mito que insiste que del pasado, ni voltear a verlo.

La historia es tan conocida que me da vergüenza comentarla. Lot le prohibe a su esposa voltear a ver la ciudad de la que huyen, y al desobedecer a sus esposo, ella queda convertida en estatua de sal.

Independientemente de que ateos como el etólogo Richard Dawkins afirmen que de la Biblia no se puede obtener una buena enseñanza moral, parece que lo del mito de Lot es un buen consejo, y por lo tanto es mucho más que un mito.

De hecho, a veces pareciera que los racionalistas no saben cumplir con el único mandamiento de los mitos: "No interpretarás ningún mito literalmente". Y así es: no, Señor racionalista, la esposa de Lot no se convirtió en estatua de sal. De eso no trata esa historia.

A Dawkins le satisface más saber qué clase de parentesco tenemos con el Australopithecus boisei que tratar de comprender el lenguaje secreto de los mitos. Cada quien puede hacer de su vida lo que le plazca.

El pequeño problema es que el pasado nos hechiza de una forma tal, que tal vez nadie, ni siquiera el más famoso de los racionalistas sea capaz de reconocer que si uno se chupa el dedo tras darse un martillazo, la sangre no le sabrá a sangre, sino a sal.

Por ejemplo, el propio Dawkins. Se dice ateo, pero al haber nacido cristiano, sus orígenes lo traicionan de vez en cuando, y él mismo ha confesado que bien puede decir "¡Dios mío!" si se suelta un martillazo.

¿Podemos replicarle al mito: no fue acaso en el pasado cuando aprendimos a leer y escribir? ¿Qué no fue en el pasado cuando aprendimos a caminar? ¿Podemos realmente romper con el pasado?

¿Puede ponerse en práctica eso de que romper con el pasado es mejor que seguir aferrado a él? La vida amable y llena de amor de aquellos que no se apegan al pasado es una deliciosa tentación a favor de su postura, pero hasta el momento, Dios no me ha dejado caer en la tentación, y eso que mi directora espiritual varias veces me ha invitado a romper con todos los tiempos pretéritos.

Hoy no soy paleontólogo, pero aunque nunca me arrepiento de no saber cuál es mi parentesco con el Australopithecus boisei, de vez en cuando no dejo de decir ¡Dios mío!, cuando el dedo me sabe a sal tras un accidente con un martillo.

domingo, 1 de febrero de 2009