domingo, 15 de agosto de 2010

La magia de las canciones de juventud

Enrique Arias Valencia

Si el pensamiento es tu destino, ofrécele lo mejor, lo más divino.
Nietzsche

Érase que se era una Eva futura. La idea original es del escritor Auguste Villiers de L'Isle-Adam, quien imaginó a Edison como el inventor de una autómata que tendría todo el atractivo de la mujer sin los inconvenientes del ser humano natural. No debería hacer aquí un análisis de lo equivocado que estaba Villiers de L'Isle-Adam al creer que las mujeres podían tener algún defecto; sino antes hacer eco de lo acertado de su visión futurista sobre lo que podrían hacer las máquinas.

Por ejemplo, las máquinas ya saben cantar. No lo hacen tan bien como los seres humanos, pero están aprendiendo muy rápido. ¡Yo creo que primero entenderán la máquinas el arte, aun antes que nuestros gobernantes!

A continuación les presento una máquina que canta una canción de mi amado Mahler ya con cierta emoción. Conozco gente que no se dio cuenta de que cantaba una computadora, por lo que si la prueba de Turing hubiese incluido un apartado estético, la máquina ya lo hubiese pasado. Ya hay, pues, artistas artificiales que cantan incluso mejor que varios cantantes de moda.





Este domingo he estado en la Sala Nezahualcóyotl para escuchar la serie de canciones conocida como El cuerno mágico del doncel, y Urlicht, la pieza anterior, forma parte tanto de este ciclo vocal, como de la Segunda sinfonía.

Ahora bien, “Donde resuenan las brillantes trompetas” fue la primera pieza vocal que escuché, una tarde soleada de mi lejana adolescencia. Antecedía el track de la Primera sinfonía en un disco de la Enciclopedia Salvat de los grandes compositores, grabación que escuché varias veces en el ático del Templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, hogar del entonces sacristán Juan Alejandro López Calzada.

¿Qué es el arte? Acabo de leer que Heidegger sostiene que “el arte es la fijación de la verdad que se establece en la forma”. Yo, el peor de los filósofos, tengo para el día de hoy la que quizá sea la peor respuesta para esta pregunta que Heidegger contesta con esmero en El origen de la obra de arte.

El arte es aquello que habla directamente de nuestras vivencias, a veces con pasmosa identidad. En el siglo XIX los poetas Arnim y Brentano recopilaron una serie de poesías populares alemanas. Las piezas hablan de lo que nos pasa a todos, y nos regresan al mundo real. Así, una de las líneas de “Leyenda del Rin” dice: “¿De qué sirve una amada, si mañana no estará?” Pregunta que me hace saber que la sabiduría popular y yo tenemos mucho en común, si bien yo no soy un hombre popular, aunque eso es de lo más común.

¿De qué sirve que la mujer no tenga defectos, si es en función de su perfección que es capaz de abandonarnos? Yo tuve una pareja tan inteligente que tan pronto le resulté aburrido, se deshizo de mí. Luego, ésta es la pertinencia de la Eva futura, de Auguste Villiers de L'Isle-Adam.

Para los inconformes, la función del arte debe ser redimirnos de la vida que llevamos. Incluso, la fuerza del poeta es capaz de iluminar y transformar nuestra existencia con aquello que tenemos: el pensamiento. La purificación de las pasiones es la serenidad de la contemplación de una obra perfecta en su contenido y plena de mensaje. Esto me lleva a la “Canción del prisionero en la torre”


Los pensamientos son libres,
¿Quién podría adivinarlos?
Pasan tan veloces
Cual nocturnas sombras.
No hay hombre que pueda conocerlos,
No hay cazador que pueda derribarlos,
Pues siempre así será,
Los pensamientos son libres.*

Y en vista de que el tema es la libertad, para la Eva de la Nueva Era de la tecnología, propongo que su diseño sea parte del software libre. ¿Sueno demasiado cínico? La vida debe atemperarse con bromas, para que la risa no nos abandone, a pesar de que la búsqueda de la felicidad, aunque sea mandato constitucional de al menos una nación, sea un fracaso. Canta así el prisionero:

Y pues tanto te lamentas,
Yo renuncio al amor,
Y si de valor me armo,
Nada entonces me será tormento.
Y así en mi corazón
Siempre risas, siempre bromas,
Pues siempre así será,
Los pensamientos son libres.

¡Mis pensamientos son mordaces! ¡Les aseguro que San Antonio me dio hoy un sermón! ¿Y de qué sirven los sermones, aunque me fascinen? Aun a mis amigos los peces:

El sermón les ha gustado,
Mas igual que antes se conservan.

Blasfemar es imposible. Si eres creyente, tu insulto no puede importunar a Dios, quien trasciende todo. Y si no eres creyente, no hay nadie que reciba la blasfemia. Luego, sólo el prójimo creyente puede ofenderse con una blasfemia.

“Consuelo en la desgracia”. ¿Quién me acompañará a cabalgar? Por el momento, a pie, sólo el niño arriero, que apresta a Alondra. Libre por un instante, puedo galopar por el bosque. Al niño le daré una buena propina. A Lísida, la recordaré toda la vida.

Montaré mi caballo
Y de vino fresco beberé una copa,
Y por mi barba haré juramento:
Ser eternamente fiel a ti.

La Eva del porvenir está muy cerca, pues la fuerza de la imaginación puede traerla a la vida, aun para pesimistas como yo. Tal es la deslumbrante respuesta que podemos brindar cuando nos pregunten: “¿A quién se le ocurrió esta cancioncilla?”

La sinfonía de Schumann que escuché hoy también es catarsis. La dejaré en abstracto.

Por cierto, en el epígrafe cité de memoria a Nietzsche...

***

*Todas las citas de El cuerno mágico del doncel de este ensayito están tomadas del Programa de Lujo del Ciclo Gustav Mahler I que comparto con ustedes gracias a Internet.

Asistí el 8 de agosto del presente.

Temporada de verano 2010
Ciclo Gustav Mahler I

Sexto programa
Agosto 5, 7 y 8
Jueves: In memoriam Jorge Velazco (1943-2003)
Sábado: dedicado a la Facultad de Derecho
Domingo: dedicado al Instituto de Geografía
Carlos Miguel Prieto, director
Gustav Mahler (1860-1911)

Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del doncel) (42’)
1. Revelge (barítono)
2. Rheinlegendchen (mezzosoprano)
3. Trost im Unglück (barítono)
4. Verlor’ne Müh (mezzosoprano)
5. Der Schildwache Nachtlied (barítono)
6. Das irdische Leben (mezzosoprano)
7. Lied der Verfolgte im Turm (barítono)
8. Wer hat dies Liedlein erdacht? (mezzosoprano)
9. Des Antonius von Padua Fischpredigt (barítono)
10. Wo die schönen Trompetten blasen (mezzosoprano)
11. Lob des hohen Verstandes (barítono)
12. Urlicht (mezzosoprano)
13. Der Tamboursg’sell (barítono)

Barbara Dever, mezzosoprano
Jorge Lagunes, barítono

Intermedio

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía no 3 en mi bemol mayor op. 97, Renana
1. Lebhaft
2. Scherzo. Sehr mäßig
3. Nicht schell
4. Feierlich
5. Lebhaft

sábado, 7 de agosto de 2010

domingo, 1 de agosto de 2010

Sinfonía Nietzsche

Enrique Arias Valencia

“Yo moriré para vivir”.
Mahler

Hace varios siglos, al Sur de la Cuenca de México, cuando todavía existía el Lago de Texcoco, comenzaba a florecer la cultura indígena de Cuicuilco, cuyo nombre significa “El lugar de las danzas, los colores y los cantos”. Entre los años 800 a 600 a. C. la civilización cuicuilca fue capaz de edificar una de las primeras pirámides mexicanas. Hacia el siglo I, con el auge de la cultura teotihuacana, Cuicuilco fue perdiendo importancia.

Una noche, el cercano volcán Xitle rugió con gran violencia, y su incandescente lava se derramó hacia la población. En un espacio cuyas dimensiones corresponde establecer a los geólogos, la lava borró todo rastro de vida: humana, animal y vegetal.

En Cuicuilco sólo se salvó el Gran Basamento Circular, una construcción que junto a otras menores, fueron mudos testigos de aquella catástrofe preclásica. Aquel hirviente caos fue el origen del Pedregal de San Ángel. Más asombroso fue lo que hizo la Naturaleza en aquel lugar. Semillitas pioneras repoblaron el yermo pedregal, y enfrentando unas nuevas condiciones, la lucha por la existencia y la supervivencia del más apto prodigaron un ecosistema único por variado, esplendoroso por verde, en el que plantas y animales rindieron un paisaje agreste.

El siglo XX vio nacer a la Universidad Nacional Autónoma de México. Hacia la segunda mitad del siglo la UNAM se estableció en buena parte del Pedregal de San Ángel. Al Sur quedó una reserva ecológica, y en 1979, rodeada por roca volcánica, se inauguró la Sala Nezahualcóyotl. Hoy estoy ahí para escuchar la Tercera sinfonía de Gustav Mahler.

El triunfo del verano sobre el invierno es la victoria de la razón por encima de la magia. Ésta es la alegre filosofía de la aurora, la cual en palabras de Nietzsche “a través del frescor de madrugada, presiente al Sol que amanece”. Es así como el individuo se libera de las ataduras del oscuro mundo sobrenatural. Para el primer movimiento de su Tercera sinfonía Gustav Mahler habló de “La seducción del verano”, el cual en encarnizada batalla contra el invierno, triunfa el Sol finalmente sobre las fuerzas oscuras de la Naturaleza. La llamada inicial de las ocho trompas canta sin cesar: “Todos los dioses son mortales”.


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El frío invernal es la gélida indiferencia de los dioses. A los dioses bellos y armoniosos, pero fríos y distantes se opone la audaz disonancia de la alegría y el esplendor del Sol, tropo de la diosa razón que se levanta con la corona de hiedra de un Dios desconocido.


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El segundo movimiento, proyectado como “Lo que me dicen las flores en el prado” es un Tempo di Menuetto que goza con los frutos del verano: las plantas florean gracias a la luz del Sol, y no debido a algún milagro estrambote. Es la sola expresión de la Naturaleza.

Por eso, aunque Mahler renunció a un programa formal para su Tercera sinfonía, al tercer tiempo, un chispeante Scherzo, lo sigo identificando con el movimiento y la astucia de los animales, metal en lontananza, que San Antonio predique a los peces.

Y llegamos así a la musicalización de un fragmento del Zaratustra de Nietzsche. Mahler pone a una mezzosoprano a cantar “Antes de la salida del Sol” la famosa canción de las campanadas de medianoche:

¡Oh hombre! ¡Atención!
¿Qué dice la profunda medianoche?
Dormía yo; dormía.
De profundo sueño desperté:
El mundo es profundo.
Y mas profundo de lo que creía el día.
Profunda es su pena.
El gozo, aún más profundo que la pena del corazón.
Dice la pena: ¡Perece!
Pero todo gozo quiere eternidad.
¡Quiere profunda, profunda eternidad!

¿No es para que yo le dé gracias a Dios por este milagro secular? ¡Nietzsche y Mahler, juntos gracias a la magia de la música! Por eso no es ocioso lo que sigue. La “Plegaria de los niños pobres” atacca una poesía fruto del Cuerno maravilloso del doncel:

“He violado los diez mandamientos;
Voy y peno amargamente
¡Ay, ven y ten piedad de mí!”

Porque si bien Dios ha muerto, y los nietzscheanos pretendemos estar más allá del bien y del mal; lo cierto es que el horror del pecado y la triste amenaza de la muerte nunca se van de nuestro corazón. A Dios lo resucita el arte para que sea un personaje redentor. Es así que un descarado Deus ex machina baja a redimir el dolor del mundo, y a transformarlo todo con el amor. Paráfrasis de Schiller, la música es la magia que une lo que la costumbre austera separó. Entre el coro están mis amigos Patricia Palacios, Cristina Rico, Alejandra Jiménez, y Adriana Ruiz. En el público estamos José Luis Sosa, José Antonio Díaz y un servidor. Dionisos, el Dios de la alegría, no sabe de separaciones y todo lo reúne con la música embriagadora.


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Doloroso y bello, “Lo que me dice el amor”, último tempo de la sinfonía del amanecer, es la gracia apoteósica de un Adagio que con la orquesta en pleno entona sin solución de continuidad una canción orquestal:

“La celestial alegría, la ciudad bendita.
La celestial alegría que no tendrá fin”.

Cuatro cuartos en un enorme coral. “La redención por el amor”, finale con delirantes fanfarrias postrománticas, se encarna en el redoble de los timbales para dos ejecutantes, que se transfiguran en el corazón del mundo. La obra se expresa en un brillante Re mayor. Mahler nos regala un sueño de juventud: Paloma libre, brioso corcel que galopa audaz entre los brezales de un bosque lluvioso. A media noche un niño nos acompaña, y al reparar el caballo, despertamos en medio de ángeles y campanas. La Luna es una madrugada niña que danza en círculo virtuoso un leitmotiv mahleriano: Dios ha muerto, sí; pero lo necesitamos para reírnos de nosotros mismos, y con eso basta para resucitarlo.

Ciclo Gustav Mahler I
Temporada de Verano 2010
Quinto programa
29, 31, julio. 1° agosto

Jueves: dedicado al Cardenal Norberto Rivera
Sábado: dedicado a la Escuela Nacional de Música
Domingo: dedicado a la Facultad de Contaduría y Administración

Carlos Miguel Prieto, director
Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía no 3 en Re menor

Erste Abteilung:
1. Kräftig. Entscheiden

Zweite Abteilung:
2. Tempo di Menuetto. Sehr mäßig
3. Comodo. Scherzando. Ohne Hast
4. Sehr Langsam. Misterioso. Durchaus pp (“O Mensch! Gib acht!”
Text aus “Also sprach Zarathustra” von Friedrich Nietzche)
5. Lustig in Tempo und keck im Ausdruck (“Bimm bamm! Es sungen
drei Engel einen süßen Gesang”. Text aus “Des Knaben Wunderhorn”)
6. Langsam. Ruhevoll. Empfunden

Orquesta Sinfónica de Minería
Carlos Miguel Prieto, director
Barbara Dever, mezzosoprano
Damas del Coro Filarmónico Universitario
Gerardo Rábago, director coral
Damas del Coro ProMúsica
Samuel Pascoe, director coral
Niños y Jóvenes Cantores de la Escuela Nacional de Música
Patricia Morales, directora coral
Ana Patricia Carbajal, directora coral asistente

(El reseñista asistió el sábado 31 de julio de 2010, a las 20:00 hrs.)

sábado, 31 de julio de 2010

Sueño de una noche de ateísmo

Enrique Arias Valencia
Sábado 29 de mayo de 2010

Cerca de esta sección el convento yace en decorosas ruinas, edificio recio abandonado por los carmelitas.


Las paredes del templo ya no albergan el Santísimo, ahora son usadas para programas del laicismo.


La negra puerta de entrada al templo, permanece casi siempre cerrada.



Algunas de las paredes interiores del claustro, siglos ha que se desplomaron; los muros exteriores, soportan el embate de un mundo que se desmorona.


¡Fuera de la Iglesia, es la libertad del bosque! Estoy en el Desierto de los Leones…

domingo, 25 de julio de 2010

Tonadas de un ateo errante

Enrique Arias Valencia

Estas tonadas de un ateo diletante son hasta cierto punto, aristotélicas, pues el Estagirita tuvo a bien sostener que el objetivo de la tragedia es la catarsis. Y hace tiempo que estetas y artistas advertimos que lo que es válido para el Ática lo es para el resto de las artes. Y es así que ahora que Dios ha muerto la redención es por medio del arte. Estoy en el segundo piso de la Sala Nezahualcóyotl a punto de comenzar el cuarto programa del Ciclo Gustav Mahler I, temporada de Verano de 2010.

Esmerado orquestador, Gustav Mahler me ha regalado hoy su arreglo y versión de la Suite Orquestal tras las suites BWV 1067 y BWV 1068 de Johann Sebastian Bach. En una sala atestada, mi soledad es mayúscula. La frase anterior es muy manida; pero una terrible verdad repetida duele más que una mentira piadosa dicha sólo una vez. Por eso es doble el mérito catártico de la Suite: el célebre Aire en la cuerda de Sol, cuyo nombre corresponde a la G de Gödel en la maravillosa imaginería del Gödel, Escher, Bach de Douglas Hofstadter: la autorreferencia, el teorema, la lógica divertida. Pero por encima de la lógica que sólo es “Apolo transfigurado en crisálida”, está el brillo puro del diamante del arte.

Estos tarareos de un ateo irracionalista se basan en un movimiento bachiano que Mahler decidió orquestar en forma de pizzicato: Badinerie. En cambio, el finale, es la Gavota el éxtasis prometido tras tres éxtasis realizados: uno por cada movimiento de la Suite.

Las Canciones para un camarada errante, de Gustav Mahler, a querer y no rescatan la figura de Caín, quien ha de vagar por el mundo para intentar en vano reparar su falta. Quizá mi inconsciente me ha jugado una broma a costa de mi propia vida. ¿No es mi existencia una puesta en escena de estas canciones? Pues “Mi tesoro celebra su boda”, mientras yo lloro desconsolado por su irreversible partida.

Durante el viaje iniciático del ateo místico llega el amanecer. Éste es el fuego metafórico de la intuición intelectual. Para uno de los más espléndidos finales de una silva barroca, la madre Juana Inés hizo a nuestra Tierra saludar con su reflejo el nacimiento del Sol, tropo de la culminación del más apasionante viaje del conocimiento humano:

ilustraba del Sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el mundo iluminado y yo despierta.

Sor Juana Inés de la Cruz despierta de un sueño de primera. En contraste, yo le soy fiel hasta el denuedo al pesar manifiesto en las postrimerías de la segunda canción, pues “Cuando esta mañana crucé los campos”, acompañado por pinzones, campanitas y faroles sólo puedo darme cuenta de que el mundo puede estar muy contento por la mañana:
“Entonces, a la luz del Sol,
el mundo comenzó a brillar;
sonidos y colores todos,
renacieron a la luz del Sol”.

en tanto que en mi corazón mi propia alegría “¡Florecer nunca podrá!” porque (y llegamos ya a terrenos de la tercera canción) “Tengo un cuchillo al rojo vivo”, que es el recuerdo de los ojos verdes de mi amada Lísida.

Tengo unos amigos católicos que dicen que en realidad, mi ira sólo habla de que estoy enojado con Dios. Y sí es así: yo estoy tan enojado con el Dios de los creyentes como lo puedo estar con Zeus porque mandó clavar a Prometeo a una roca, como escarmiento por habernos regalado el fuego del conocimiento.

Aquí debo hacer una pausa para recordar al lector que todo esto pretende ser purificador, por lo que no hay que desesperar con los desvaríos de la desesperanza. Por eso, al final, reflexionar sobre “Los ojos verdes de mi amada” conduce a descubrir que
“De nuevo todo estaba bien.
Todo, todo, amor y penas
y el mundo y el sueño”.

Ésta es la redención artística por medio de la conciliación con los sentimientos. Por cierto, en realidad Mahler en su cuarta canción retrató unos ojos azules. Mío es el recuerdo de unos ojos verdes. Es así que bajo el tilo, la revelación poética que procede del mundo del ensueño y del deleite embriagador es la serena alegría honrada por la pluma del poeta. Es la preciosa hija de los más luminosos dioses, señores del mundo.


T 17


Mahler amaba estos finales, en los que el amor redime el mundo. Del mismo modo termina su Tercera sinfonía: “Lo que me dice el amor”. Gustav Mahler lo aprendió de “la redención por el amor”, de Wagner. Wagner lo asimiló de Schopenhauer, y éste filósofo a su vez, lo descubrió en el cristianismo. Es así que como ateo irracionalista, debo reconocer que gracias a la catarsis el Creador del mundo se deja traslucir diáfano como principio de fusión de la redención por medio del amor, augurando la existencia de una Divinidad invisible que aguarda en el mundo metafísico. El resto, no es silencio. Es el aplauso para el barítono Jorge Lagunes y la Orquesta Sinfónica de Minería que hoy dirige José Areán, mientras yo me pregunto: ¿Es el hombre un sueño, de aquel que al despertar sólo puede descubrir que todo es uno?



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Orquesta Sinfónica de Minería
Temporada de Verano 2010
Ciclo Gustav Mahler I
Sala Nezahualcóyotl
Concierto IV
22, 24 y 25 de julio
Director: José Areán
Solista: Jorge Lagunes, barítono

Programa
* Johann Sebastian Bach (arreglo y orquestación de Gustav Mahler): Suite Orquestal tras las suites BWV 1067 y BWV 1068

1. Ouverture
2. Rondeau – Badinerie
3. Air
4. Gavotte I / Gavotte II


* Gustav Mahler:
Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones para un Camarada Errante)

1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día de la boda de mi amada)
2. Ging heut Morgen übers Feld (Salí esta mañana a caminar al campo)
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo ardiente)
4. Die zwei blauen Augen von meinem Schatz (Los dos ojos azules)


* Robert Schumann: Segunda Sinfonía
1. Sostenuto assai – Allegro, ma non troppo
2. Scherzo. Allegro vivace
3. Adagio espressivo
4. Allegro molto vivace


(El reseñista asistió el domingo 25 de julio).

martes, 20 de julio de 2010

Sonata autógrafa para un hombre que desentona

Enrique Arias Valencia

Para Rosa Angélica, por el séptimo arte.


Hace unos meses, mi tocayo el señor Rojas me aseguró que ya estaba harto de las películas en las que los nazis eran los malos y los aliados los buenos. En mi fuero interno discurro: “Si bien no soy un enamorado del cine, si me invitan voy, incluso a ver películas de corte tan simplón”. Y hete aquí que el sábado pasado mi amiga Rosa Angélica me ha invitado al cine. Hemos visto Sonata para un hombre bueno. Esta noche, ella me da a leer un ensayo sobre la obra mística de Lanza del Vasto, el discípulo católico de Gandhi. Se trata de un trabajo en el que el poeta Javier Sicilia expone, entre complejos y apasionantes temas, que el místico vive más allá del bien y del mal. Es así que mi católica compañera de cuitas cinéfilas y literarias, Rosa Angélica, me ha preguntado cómo puede ser que el místico se las arregle sin el bien y sin el mal, pues para ella éstas son categorías esenciales de la realidad.

Como algo sé del tema, intento explicárselo con un ejemplo.

Durante la película Sonata para un hombre bueno, vemos que el 12 de diciembre de 1937 sin previo aviso se desata un ataque aéreo japonés a Nankín, una ciudad china donde había una importantísima empresa multinacional. A John Rabe, director general de la fábrica, y de nacionalidad alemana, se le ocurre desplegar en el patio una bandera nazi porque supone que al ver dicho emblema lo respetarán los cazas japoneses, cuya nación era aliada de Alemania. El truco da resultado, y un puñado de chinos se protegen bajo un enorme pendón nazi. Si la bandera nazi fuera esencialmente mala, no podría haberse usado para tal fin. Luego, el mal que hay en los símbolos nazis es una ilusión.

Mi amiga alega que tal cosa fue circunstancial; a lo que entonces replico:

Dios no puede ayudarme en forma circunstancial, porque no es esencialmente existente.

Católica al fin, ella intenta replicar que eso está por verse; pero le recuerdo que yo sólo aspiro a hacerle ver cómo el místico se las arregla para vivir más allá del bien y del mal.

Por cierto, la malvada Lísida fue una de las personas que me han ido paulatinamente convenciendo de que no existen el bien y el mal. Y la llamo malvada no porque lo que me hiciese fuera algo malo, pues ella me abandonó; y eso no es malo, sino que es la expresión de su libertad, a la que no puedo oponerme; pero sí puedo contestar con mi pesadumbre, pues soy hombre y en esa medida yerro y desentono.

Quizá sea muy peligroso que haga yo la siguiente observación en este párrafo, pero de todas formas me arriesgo: soy un ateo existencial que ya ha comenzado a subir la cumbre del ateísmo esencial. Y escalo sin equipo de alpinista, y quizá lo único que consiga sea partirme el hocico en aquella pendiente resbaladiza que ya diviso.

Y aquí parto: la peli de reciente factura rompe un tabú y muestra que no todos los nazis eran “malos”, y si mi tocayo la viese, quizá le agradaría. Yo le doy un diez a Sonata para un hombre bueno y la recomiendo amplia y cordialmente.

¡Salud e inquieta alegría!

domingo, 18 de julio de 2010

Dios de los Estetas

Enrique Arias Valencia

Lámina sirva Universo a la imagen. Luego, ésta tendría 30 mil millones de años luz de diámetro. En este colosal lienzo Universo al menos hay un esteta que no ha tenido manera de encontrar el bien y el mal. A cambio, es capaz de percibir lo bello y lo feo. No obstante, el Dios de los estetas ha sido muy estricto con nosotros, y nos ha ordenado que no rechacemos lo feo por feo, sino que admitamos que aun lo feo tiene su buen lugar en la experiencia estética. Incluso, a veces lo horrible nos brinda una lección que lo bello jamás podrá dar. Por lo tanto, el Universo estético sólo estará completo si se reconocen lo bello y lo feo, por lo menos, y no se les mira como opuestos, sino como complementarios.

Pórtico, que si es siglo, pasa, pues el siglo es lo que se desvanece en la marea del devenir. En este sentido, el mundo sobrevenido es un amasijo de confusión, como nos lo hace saber la Madre Juana Inés de la Cruz en El Divino Narciso:

Tiempo que siglos son,
selva que es mundo.

El siglo es lo mutable, lo cambiante, lo veleidoso. Por eso es una selva, porque la selva representa lo incomprensible. Sin embargo, para comprender esta selva, podemos recurrir a la investigación científica. Digamos como ejemplo, que con la ayuda de un genio como Humboldt podemos abrirnos paso en la selva para saber qué hay en ella.

Cálices cautivos, la lección del sufrimiento. Lo dijo Jesús en aquella representación que alcanzó matices de redención: “Padre, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Cálices cautivos de este cáliz altivo. El Dios de los creyentes es, en cierta forma, altivo: exige un sacrificio absoluto, y al profeta de la tierra prometida le había advertido que era un “Dios celoso”. La discreta paradoja consiste en que la casa del Dios celoso es la amorosa madre que, en tanto que fenómeno estético, nos recibe como un edificio perfecto:

Círculo desplegado en esfera.
Búcaro de las rosas castillas.
Céntricos diámetros de aljófar.
Cúpula de esplendor auspicioso.
Bóveda que despliega su curva:
Basílica del amor más hermoso.

Crátera, que si el dolor es siglo, el dolor pasa. Como pasó el amor de Lísida, como para la madre Juana se fue el amor de Laura. En la pluma inmejorable de la Musa Décima:

Muera mi lira infausta en que influiste
ecos, que lamentables te vocean
y hasta estos rasgos mal formados sean
lágrimas negras de mi pluma triste.

Cúspide, la pasión del pensamiento. ¿Qué no nos ayudan las emociones a decidir? Mientras la razón evalúa, el corazón ya ha decidido: el de algunas almas será para abandonar; a otros nos tocará odiar. Sin embargo, del arte es la promesa de redención. Algún día será verdad que lágrimas despidan al extinto duelo, y entonces será que, como dije hace poco:

Tíbares de la alegría más gustosa.
Campánulas que repican al vuelo.
Cósmicas si se escuchan graciosas;
mídanse y serán diminutas;
escúchense y entonarán magna gloria.

Sílfide alma, es el consuelo, de la música, de la religión, de la filosofía. En mi caso, “ateo místico”, significa, amén de mi ateísmo, que soy capaz de reconocer mi innegable herencia cristiana, que se mueve en mi mente como bello horizonte de poesía. No soy tibio, yo ya me decidí: Dios es para mí un personaje poético, poeta de un poema llamado mundo, que sólo se hace espantoso en el dolor de su ausencia. Hago mías las palabras de Jesús: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” Dios ha muerto, sí, pero yo lo extraño como a un amante muerto. Por tanto, mi alma es la viuda de Cristo. ¡Ah, si Dios hubiese tenido la fineza de tener esencia!

Gótica gala en la argamasa. Exultante estoy en la fotografía. Espadaña peraltada con tres arcos de campanario, y sobre ellos un cuarto arco: una breve hornacina. Es el templo de El Rosario, la capilla más bella de Tlayacapan, la cual dibujé completamente ebrio, tratando de olvidar la partida de Lísida. Una niñita se acerca a ver mis desgarbados trazos y me pregunta: ¿Por qué dibuja esa capilla? Un niñito interviene y le contesta a la escuincla: “Porque las capillas de Tlayacapan son muy bonitas, ¿qué no lo sabías?” Al terminar el feo boceto, he decidido ir a comer algo. Es así que desayuno un tlacoyo de Tlayacapan aplatanado en un platón de Talavera. Y todo esto revela influencia nahuatlata. Allá en la capilla, la cocoxóchitl está de gala en la argamasa. Es un fin de semana de 2009: rapsodia sobre la plenitud del atlas de Tlayacapan. He podido visitar todas sus capillas. En la capilla del Tránsito el paisaje es también un jagüey. En el utópico poblado, enormes rocas volcánicas conforman la cañada: un estanque sulfuroso. Algún día, cuando todas las lágrimas se descubran como ríos que desembocan en el mar de la alegría, jugaré de nuevo contigo en el jardín sagrado.

Tránsito de aquel que atiende al alto ruego. Estoy enamorado de los volcanes y de las montañas que conforman el centro de México. Mentiría si dijese que los conozco todos. ¡Son tantos y se alzan infinitos! San Martín está abierta. Estoy en el campanario. Puedo ver el Popocatépetl con fumarola y a San Juan Bautista con espadaña. La Luna, el Sol y el Cerro de la Ventanilla; la capilla de El Rosario, que acabo de retratar. Tlaxcalchica, la más pequeñita, voces lejanas de bebés. Santiago, visitado por ebrios en el atrio, no los condeno. Mi nombre es un graffiti en la Biblia. En lontananza de tiempo y espacio, desde el Bosque de Nativitas, en Xochimilco, se divisan Topilejo y Parres. Un volcán que supongo es el Tláloc. Entre tantos cerros, valles y cuencas no puedo evitar pensar en lo que dijo Arturo Graf: “La existencia es un viaje en el que no existen los caminos llanos: todo son subidas o bajadas”. Frase que también me recuerda mi persistente asombro para con el mundo: jamás me aburro, no puedo aburrirme: el horror y la dicha me lo impiden. A Milpa Alta llego para ver el final con mariachi del recorrido con el Santísimo Sacramento el 10 de julio de 2010. Es la fiesta de la Purísima e Inmaculada Concepción. La siguiente semana será montar Alondra, y galopará con fuerza hasta que lleguemos al establo. Alguna vez, en Tlayacapan, un caballo me impidió ascender hasta la cruz del cerro de la Ventanilla. Fue mi Cancerbero equino: tímpano que relinchó en el monte. Hoy celebro la montada de Chabelita, Moztaza y Alondra, por mencionar a los más queridos. A veces, quisiera que mi vida tuviese plenitud, como dijera Alfred Víctor de Vigny: “Una vida lograda es un sueño de adolescente realizado en la edad madura”. ¿No es éste el misterio de Santa Catarina? Y con la venia de la madre Juana, quiero orar así al Dios de los estetas:

No pescuden más,
porque más no sé,
de que es Catarina,
para siempre. Amén.