miércoles, 5 de noviembre de 2008

Murió Mouriño inmolado allende Molino del Rey

Enrique Arias Valencia

Engalanado con ricas prendas y collares, ungido con óleos de aroma celeste, el absoluto y omnipotente Dios de faz a todos lados vuelta, resplandecía de manera tal que si mil soles brillasen juntos en el firmamento, sería su luz tan sólo penumbra de la esplendorosa gloria de aquella alma, grande entre las grandes.
Bhagavad Gita


Cuando tomé mi primera teta, él aún no había nacido. Más tarde, cuando yo todavía era un bebé, él también era un bebé. Por eso, a veces he llegado a pensar que yo soy Uh-Hunapú y él era Ixbalanqué. Y sin embargo, cuando para mí era de noche, para él fue el Sol fatal que le arrebató la vida en el fasto de las llamas de un sacrificio ritual del que seguramente nunca pensó ser la indispensable víctima.
Cuando yo aprendí a leer y escribir, él aprendió a leer y escribir. Cuando yo terminé la preparatoria, él estaba preparado para una carrera, en verdad, meteórica; pues sólo al final su vida se reveló como trágica. El hasta ayer secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño Terrazo es el héroe eternamente desgraciado que no verá los frutos de su trabajo; cual nuevo Moisés, sólo pudo vislumbrar de lejos la tierra prometida.
¿Quién podría pensar que tras de su gallarda apostura se encontraba agazapado el aguijón del órgano del mundo, siempre invisible para los racionalistas? Pero el pueblo, sabio sempiterno, y más sabio que el tío Dawkie, lo sabía, y fue entonces cuando un ancianito me dijo, frente a los calcinados despojos: “Ansí descendió nuestro señor Guatemuz, ansí con fuego e lumbre que venía anunciando la caída del cielo”. Y no puedo menos que darle la razón al señorcito.
Con vergüenza, un racionalista debería confesar que sólo alcanza a ver el corazón palpitante del mundo cuando, según él, se incurre en una falacia. Pero una falacia dictada por las Musas es más verdadera que la verdadera verdad verdadera, y de esta manera, en el caso que ahora nos ocupa, Mouriño muere inmolado frente al altar que él mismo quiso, en opinión de los inescrutables dioses, deshonrar.
Es así como Mouriño, quizá sin saberlo, candor del político mediante, revivió el mito de Prometeo, en una tierra en la que en vez de Zeus, quien reina es Huehuetéotl; y no pagó con su hígado, sino devorado entero por el fuego que quiso arrebatar a los dioses, y por eso ayer fue sancionado. Su nave, brida de Faetón desbocada, se precipitó ardiente al mundo sublunar de los munícipes inocentes. A mí no me cabe la menor duda de que el petróleo, no sólo es la sangre del diablo; sino que es la negra sustancia de los aun más oscuros designios de un dios embravecido, siempre sediento de sangre y sacrificio.
No, no me malinterpretéis como los racionalistas de Toledo: lo que quiero sostener es que la estructura del mundo, con sus huesos, es mágica: un gesto del cielo es más veraz que cualquier malhadado pilotaje silogístico. Por lo que alcanzo a ver, el astuto artífice privatizador del petróleo mexicano se desplomó frente a la Fuente de Petróleos, pirotecnia de espíritus, conspiración de astros, como una señal de que todo, absolutamente todo lo que sigue, es capricho de los dioses. Por eso, no estoy conforme con lo que los dioses decretan, no les creo; pero desde mi punto de vista no creer en los dioses no significa que los dioses no existan; sólo quiere decir que en los dioses, sobre todo Huehuetéotl, no se puede confiar. Es así que yo nunca he estado de acuerdo con la voluntad de los dioses.
Los restos de Mouriño fueron trasladados al Servicio Médico Forense. Quienes conocen el edificio, recordarán que el Anfiteatro -nunca antes mejor dicho- es presidido por una estatua de Coatlicue, diosa del Universo, la Tierra del teatro de la unidad de lo diverso. Sabido es de todos que el otrora secretario de Gobernación, no vio la primera luz al amparo de nuestros dioses. Ahora es recibido por ellos para llevarlo a uno de los tres destinos del inframundo. ¿Quién puede saber lo que Mictlantecuhtli le deparará ahí?
La suerte de Juan Camilo fue la de un héroe que se sacrifica por aquello en lo que cree; la mía, hasta el momento, Dios dirá después, es la de ser un cierto bufón divino. En fin, en México componemos calaveras a los políticos para celebrar el día de muertos. Que el Cielo me asista para que esta calaverita tardía sea entendida en su contexto iniciático-esotérico, y no en un vano contexto racional-racionalista:

Ya murió Mouriño,
Ya lo llevan a enterrar.
Murió frente a la fuente
De aquello mesmo que
Pretendía privatizar.

jueves, 16 de octubre de 2008

Tercera abjuración (revisada)

Hace una año, ya. Para celebrarlo:

La abjuración o The Är Delusion

Enrique Arias Valencia

Éste que lees, argumento desleído
es tan sólo un falso silogismo de Äriastóteles
es réplica inútil, insano manierismo
que de los sabios y los poetas, parodiando los primores,
es delirante engaño sinsentido.
¿Es una silva renuente a ser cuadrada?
¿Acaso es el infinito capaz de contraerse?
Galante, él alega que es un Galileo algo incomprendido.
Sentencia, pues, prudente juez:
si a los locos los queman por locos, que lo quemen.
Es argumento contra el hombre,
es una pretendida nota fulminante.
¡Es una blanda navaja desafiante!
En realidad es un acorde disonante.
Pórfido pérfido que se fía
salir al paso con algún portento.
Gigantes combatió el Quijote
Gigantes combatió este intento.
Por tanto, éste, en quien la autolisonja ya pretende
excusar de sus nulas lecturas los horrores,
sin vencer nunca de don Fernando los rigores.
¡Que Dawkins se conforme con sus memes,
pues yo lo único que digo son memeses!
Éste argumento que quiso triunfar con insensatez y con prejuicio,
es un vano pensamiento descuidado,
y es por lo tanto un relámpago inútil que resuena en el vacío.
En este espejo reconozco al monstruo:
Soy yo: es un afán caduco y mal intencionado.
Soy yo: es nube de Úbeda al viento de tormenta emponzoñada:
es un mestizo incitante y falaz, no es argumento.
En consecuencia:
es una necia Carabela errada,
que quiso descubrir un Nuevo Mundo
cuando es tan sólo la cárcel carcajada de la Nada.

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Ha dicho verdad?

Enrique Arias Valencia


Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
Ramón de Campoamor

Mi padre no sólo procuró inculcarme el cristianismo, sino que más importante aún, me transmitió la sabiduría popular, mucho más vieja que la religión católica y mucho más respetable que el ateísmo. Pues el ateísmo y la religión, siempre pendencieros, no pueden llevarnos muy lejos si nuestro afán es la felicidad.
La sabiduría popular es una tradición, por eso, se burla de las modas, como lo son el racionalismo estricto y la religión esclerotizada.
A los refranes, expresión del Evangelio popular, dicho a la breve, todos los hemos escuchado alguna vez; pero yo hice de uno de ellos mi enseña y mi lema, porque su esplendor verdadero es más útil que saber si el hombre procede o no del mono, o si Adán y Eva fueron literalmente “nuestros primeros padres”. Bien miradas, las dos posturas anteriores son graciosas porque ambas, sin mucho garbo, reivindican ser verdaderas.
Así, el refrán se sitúa más allá de creencias caducas y novedades biológicas, para situarse en el más acá de la realidad real de la vida cotidiana.
Hay quienes están obsesionados con sus orígenes. Trazan sus árboles genealógicos con paciente esmero. Es el esplendor del apellido. A mí me resulta indiferente descender del mono por parte de padre o por parte de madre. De hecho, mi postura la tomo de Nietzsche: las preguntas por el origen son falaces, pues siempre desembocan en un mito de origen. Falacia: eso sí que es un punto de partida divertido.
Pues la sabiduría popular lo sentenció hace ya mucho tiempo, y Ramón de Campoamor, el educado eco del pueblo lo volvió poema: “En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, pues todo es según el color del cristal con que se mira”. Por cierto, a mí me gusta más recitarlo como: “En este mundo falaz…”
¿Cómo no ser relativista con tan sabia exposición? ¿Cómo no rendirse a la medianía, a la ausencia de partido, a la renuncia a la verdad y a la mentira? Quizá fue en la cuna cuando mi padre me recitó por vez primera los versos completos de las “Humoradas”, cuyo final volví a escuchar varias veces a lo largo de mi vida sólo como refrán, como pequeño Evangelio, como compendio de un mundo nuevo. Mucho antes de que la ciencia apareciese en mi educación, tal vez camino del catecismo, de la mano de mi padre, antes de que Jesús y Dawkins pudiesen disputarse mi corazón, nimbo infantil de por medio, el refrán me ganó el alma con su sabia e irónica sentencia.

domingo, 12 de octubre de 2008

¡Dios mío!

Enrique Arias Valencia

“Porque de la abundancia del corazón habla la lengua”.
Mateo 12: 34

Si mal no recuerdo. Richard Dawkins reconoce que cuando se pincha un dedo, bien puede soltar una expresión como “¡Dios mío!” Mis lectores recordarán mi opinión sobre este caso aquí.
Pues bien: hace unos días pude comprobar que quizá nuestras exclamaciones impensadas pueden abrirnos las puertas del cielo y del infierno. En el atestado metro, un fornido jovencito venía tomado de la mano de su novia. Por sus movimientos semejaba al Titanic, decidido a colisionar con un iceberg, y cuando pasó junto a mí, chocamos hombro con hombro. Les juro por Dios que el golpe me dolió hasta el alma, pues como les dije, aquel chico era un fortachón.
En tanto que en la misma situación seguramente Dawkins hubiese soltado un “¡Jesús, María y José!” yo no me aguanté las ganas de exclamar un muy irracional pero bien sentido “¡Imbécil!”, y hasta giré la cabeza ante mi seguramente involuntario agresor.
El joven, de inmediato, asumió una actitud de reto, y me dijo algo así como “¿Qué dijiste?”
No podía explicarle que mi exclamación sólo fue un acto reflejo por el dolor sentido, como cuando Dawkins dice: “¡Dios mío!” al soltarse un martillazo en el dedo. Que en realidad no era nada personal, simplemente eran palabras que exteriorizaban mi malestar y enojo de una manera irreflexiva.
Es así que recordé los sabios consejos de Los Maestros Ascendidos y mirando a los ojos al chaval, me disculpé de la siguiente manera: “¡Perdóname, sé que eres todo un hombre!”
Afortunadamente el muchacho demostró que sí es un hombre responsable, pues se calmó, manifestando que los seres humanos tenemos un espíritu de nobleza, y él siguió su camino, y yo el mío.

sábado, 11 de octubre de 2008

Si ésta es una pregunta, responda (Ixmiquilpan 1)

Clic en la foto para ampliarla

Enrique Arias Valencia



"La ciencia es la poesía de la realidad".
Richard Dawkins

La realidad es una poesía sin ciencia. La pintura que está arriba, ¿corresponde a un mural prehispánico o narra una historia cristiana? Si yo renegase de los valores representados en la obra mostrada arriba, ¿renunciaría al cristianismo o a la religión mesoamericana? Si ésta es una respuesta, califique.

Éste es el detalle de una enorme pintura mural en el templo de Ixmiquilpan, en el estado de hidalgo. Un guerrero con traje de felino pardo somete a su rival quien, semidesnudo, ostenta un casco que recuerda a un jaguar. El guía del lugar sostiene que es la lucha entre el bien y el mal. Es muy curioso que aunque la pintura fue ejecutada con base en la tradición indígena, en ninguna parte del mural aparecen motivos religiosos prehispánicos. Tampoco se encuentran elementos católicos. Es, digamos, un esfuerzo muy laico sobre un tema que puede interpretarse en términos muy metafóricos: la guerra. Confróntese con el mural titulado "La batalla", de Cacaxtla.


La definición de la fotografía de arriba es muy buena gracias a que la foto fue tomada por mi consejera espiritual con una cámara digital.

viernes, 10 de octubre de 2008

Una preguntita


Como muchos jacobinos, Richard Dawkins dice que los gestos religiosos deberían reservarse al ámbito privado, y nada de que los niños aprendan dichos gestos de parte nuestra. Yo tengo una duda. ¿Estoy o no rindiéndole culto a esta escultura? ¿Se trata de la imagen de un dios, un ídolo o una obra de arte? ¿Puedo rendirle culto al arte? ¿Deberían los niños aprender mi amor por las imágenes? ¿Hay alguien a quien adorar? ¿No será que una imagen artística vale más que un vano silogismo?
Enrique Arias Valencia

jueves, 9 de octubre de 2008

DAWKINS REDONDILLAS

Enrique Arias Valencia

Miren que si la Madre Juana me pillase con éstas, seguro me reclamaría. El objetivo de este trabajo es celebrar mi primera discusión con un ateo racionalista en la web, el martes 9 de octubre de 2007 a las 5:11:00 PM.

Richard Dawkins necio que acusáis
a los dioses sin razón
sin ver que vos mismo sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

si Dios no existe, nada puede hacerte;
luego entonces lo que te molesta
no es lo que Dios no te hace
sino cómo tu prójimo te desdeña.

Más que ateo eres enemigo
de tus enemigos
lo cual es volver mal con mal,
es una tautología.

Y Dios es tan presente en mi vida:
es por eso que yo no puedo ser ateo
porque de Dios lo que no soporto
es que no soporto sus desdeños.

Decís con presunción necia
que no hallas al que buscáis
y no quieres que los demás
lo busquen, pues crees que es vano.

¿Qué genio puede ser más paradójico
que el que, ausente de tacto,
él mismo empaña el espejo
y afirma que no está claro?

Opinión ninguna gana,
aquel que sabe que no quieres
que a mis hijos enseñe el Padrenuestro
pues según tu parecer es crimen.

Con los cristianos eres incoherente:
te quejas si te tratan mal
y te burlas si te quieren bien.
Ingratos si te rechazan; livianos, si te levantan.

¿Y qué es lo que nos ofreces a cambio?
Un universo inmisericorde
y una ciencia incomprensible.
Yo seré indiferente a este cortejo insufrible.