jueves, 30 de julio de 2009

El derecho a la educación sexual

Enrique Arias Valencia


En vez de aprender a morir con dignidad, la jerarquía católica está empeñada en librar una batalla, no sólo perdida, sino indigna.
En varios países la jerarquía católica he demostrado que no sabe que ya llegamos al Nuevo Milenio. Y es una pena, pues es a partir de su pauta cronológica que -todavía- contamos los años desde el comienzo de la Buena Nueva que la jerarquía pretende monopolizar.
Calificar la orientación sexual con un apóstrofe político mueve a risa primero, lástima después, y finalmente, a cierto miedo.
Pero el miedo es una exhortación evolutiva, ya sea a huir o a luchar. Luchemos entonces, con la frente en alto.
La educación sexual es un derecho que todo niño tiene, un derecho tan natural como el de alimentarse, vestirse y habitar en un lugar digno.
La higiene mental, ausente en los jerarcas, es un derecho que todos los niños deben gozar desde los primeros años. Y no se trata de marxismo, como equivocadamente advierte el arzobispo Héctor Agüer, de Argentina.


He tocado el tema de la higiene mental. No puedo sino también sorprenderme en este asunto. Tengo una pregunta que hace tiempo me acosa. Aquí la suelto. Si Dios no existe, ¿por qué sí existe la justicia poética que castiga a la jerarquía con los frecuentes escándalos de pederastia? Pues la pureza de la jerarquía se demuestra en los hechos, que al final, son los únicos que cuentan en asuntos de moral. Pederastia que podría evitarse, nótese bien, si se alienta una honesta educación sexual.


En otros blogs, sobre este asunto:

martes, 28 de julio de 2009

Sobre Charlotte Church: "Wales"



Sigo creyendo que si para hacer el mundo Dios hubiese sido un poco más humilde, bien habría aceptado la ayuda de, por lo menos un poeta y un músico, y entonces el mundo sería siempre bello y esplendoroso, tan bello y esplendoroso como esta melodía, como esta poesía, como esta dulce voz de niña que prometía mucho, y que al final, como el mundo mismo, como nuestro ausente Dios, no nos dio nada.
Enrique Arias Valencia

domingo, 26 de julio de 2009

Manuel Millán. Tres estampas conquenses. 3º mov



Manuel Millán. Tres estampas conquenses. 3º mov

sábado, 25 de julio de 2009

Manuel Millán. Tres estampas conquenses. 2º mov



Manuel Millán. Tres estampas conquenses. 2º mov

viernes, 24 de julio de 2009

Tres estampas conquenses. 1º mov



Manuel Millán. Tres estampas conquenses. 1º mov

jueves, 23 de julio de 2009

Una fantasía matemática

Enrique Arias Valencia



...Por lo tanto, de la divina proporción en este trabajo, sólo podemos decir que es una invención artística.

miércoles, 22 de julio de 2009

¿Ha dicho razón?

Enrique Arias Valencia

Según los numerólogos, la razón áurea se puede observar sin lugar a dudas en varias estelas babilonias y asirias de cerca de 2000 a. C. No obstante, el astrofísico Mario Livio en su libro La proporción áurea. La historia de Phi, el número más enigmático del mundo nos advierte que no consta en documento histórico alguno que la razón áurea haya sido utilizada deliberadamente por los escultores de las estelas. Livio también indica que al efectuarse la medición de un objeto muy complejo (como puede ser una estela, una pintura, el cuerpo humano) es muy fácil obtener resultados equivocados si se usan sin discreción las magnitudes de las que se parte. Incluso, para que se pudiera suponer que la razón áurea se encuentra en el objeto estudiado, las mediciones han de practicarse comparando puntos indiscutibles del objeto y éste no es el caso de las complicadas mediciones que realizan los numerólogos. Con los argumentos anteriores Mario Livio deduce que es prácticamente imposible que los babilonios utilizasen concientemente la razón áurea. Después, las conclusiones de Livio se hacen extensivas al Partenón, las pirámides de Egipto, el propio cuerpo humano y a la mayoría de las obras de arte que los numerólogos defienden como frutos de la razón áurea.

Mario Livio, geómetra estricto, científico sagaz, arrebató la razón áurea a los numerólogos místicos y quiso reivindicarla para la ciencia. La pregunta es: ¿cuál razón? ¿No es un extravío de la razón el pretender ser la rectora de toda la vida? ¿Se trata de la razón o de un prejuicio que algún hombre pretende pasar por razón?
No podemos ver la belleza, salvo en aquello que hemos depositado nuestros intereses. Yo soy el mercenario de mi causa. Si yo no hubiera leído el libro completo de Mario Livio, no habría podido sonreír con algunos de sus argumentos. Livio alega que quienes ven la proporción áurea hasta en la sopa están viendo de más. Sin embargo, desde mi punto de vista lo que hacen los numerólogos no es ver de más, sino que casi están haciendo ciencia, es una tentativa: la razón en la poesía y la poesía en la razón. Es así que la razón áurea de los numerólogos casi es la razón áurea de los geómetras estrictos.

Hay una parte de mí que le cree a Mario Livio y hay una parte de mí que no le cree. Y una con otra están relacionadas de tal forma que toda la parte es a la mayor como la mayor es a la menor, pero no diré cuál parte de mí es mayor: si la que le cree o la que no le cree. Y no lo diré porque ni yo mismo lo sé. Viven dentro de mí un científico que no sabe contar y un poeta a quien no le importa el anterior.

martes, 21 de julio de 2009

La razón áurea según la numerología

Enrique Arias Valencia

El número es la base del alma del mundo.
Pitágoras


Existen dos clases de personas: las que admiten que el Partenón fue construido con base en la razón áurea y los que no lo admiten. Llamaremos numerólogos áureos a los miembros de la primera de estas clases, y geómetras estrictos a los miembros de la segunda clase.

Hay algunas proposiciones principales de los numerólogos áureos que deberemos tomar en cuenta:
Hay artistas que incluyen la razón áurea en su obra.
La razón áurea es el canon universal de la belleza.

La tesis de los geómetras estrictos es más escueta, y coincide con la de Euclides: una línea está dividida según la razón áurea si y sólo si AC/CB = AB/AC
La plasticidad del lenguaje de los numerólogos áureos contrasta con los estrictos patrones de los geómetras formales.

En un alto nivel de abstracción los numerólogos áureos y los geómetras estrictos bien podrían ponerse de acuerdo. ¿Cuál es ese nivel? No lo sé, pero es seguro que existe.

¿Qué tienen en común un pentágono, la fachada de un templo griego y la cría de conejos? Sus proporciones están basadas en la razón áurea, un número que tiene la particularidad de convertirse en un patrón de belleza. Sí, es un número estético; y aunque hay quien cree que las matemáticas son una pesadilla, en realidad también poseen un aspecto inquietante y deleitable a la vez. Sacerdotes egipcios descubrieron esta proporción como fruto de una sucesión numérica. La sucesión es tal que cualquier número de ésta es el resultado de la suma de 1os dos números que lo preceden, comenzando dicha sucesión con los números 1, 1. Así tenemos: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89 (porque 34 + 55 = 89, por ejemplo). La razón áurea se obtiene al dividir el último de la serie entre el anterior: 89 / 55 = 1.618. Éste vendría a ser el número áureo que los sacerdotes egipcios descubrieron. Cuenta la leyenda que un día, Pitágoras fue iniciado en el secreto de las matemáticas egipcias, y continuó el estudio del número áureo. Pitágoras sería el descubridor de que la razón áurea esté presente en la relación entre la diagonal y el lado de un pentágono (Fig. 1).




figura 1



En la figura 1 la diagonal del pentágono está señalada como una línea que atraviesa el pentágono. Ahora, tomen el lado del pentágono y formen un ángulo recto con la diagonal, y completen la figura hasta formar un rectángulo, el célebre rectángulo áureo (Fig. 2).




figura 2



Según los numerólogos áureos los pitagóricos llevaron a Grecia este rectángulo y fue así como el Partenón se erigiría con base en la razón áurea (Fig. 3).

Ahora estamos en posibilidades de responder cuál podría ser el supuesto defecto del Partenón al que se refería mi profesora de historia. Si observamos bien, al trazar el rectángulo áureo alrededor del célebre templo griego, sobresalen las aristas del estereóbato (un casi imperceptible borde de los escalones, para más señas). Quizá, mi maestra, sin saber estaba haciendo eco de una leyenda que fue forjada al amparo de la imaginativa percepción de los numerólogos áureos.



figura 3



Finalmente, el número áureo también está presente en los seres vivos. El matemático italiano Fibonacci descubrió que en forma ideal los conejos se reproducirían siguiendo la razón áurea, pues estadísticamente, en la primera generación sobrevive una cría, en la segunda, una también, en la tercera, dos crías, en la cuarta generación sobreviven cinco conejitos, etcétera.
Éste sería el pretexto de que los devotos de la razón áurea crean que nuestro universo crece de manera armónica sobre la base de la razón áurea. De hecho, la razón áurea está en efecto presente en todos los varios vivientes, desde ciertos patrones de crecimiento, hasta la forma de algunos seres vivos, como el nautilo y las rosas, los girasoles y los pinos, las conchas de los caracoles, las flores de cinco pétalos responden a esta proporción.
La generalización apresurada ha querido ver la intervención de la razón áurea en la figura de nuestras manos, las proporciones de la cara y hasta la disposición del cuerpo, porque la naturaleza, en principio, es armonía. (La razón áurea en el rostro se intenta mostrar en la figura 4).



figura 4



Cuando Gauss afirmó que la teoría de los números era la parte menos importante de las matemáticas, tácitamente nos llevó al dominio de la geometría como la materia fundamental del estudio de esta ciencia. ¿Será la razón áurea el patrón con el que el universo vivo está hecho? Para los devotos de la razón áurea la respuesta es sí. El problema estaría en demostrarlo con precisión.

viernes, 17 de julio de 2009

El secreto de la Edad de Oro

Un templo clásico griego

Enrique Arias Valencia

Para Atilio, interesado en la ciencia

Las tropas cristianas avanzan implacables sobre su objetivo. En el templo clásico aguarda un polvorín, parque turco. Intempestiva mediante, el explosivo estalla. ¿Quién o qué encendió aquella llama? Quizá con una visión extremadamente aguda, si pudiésemos detener un instante la conflagración y ver a través del polvo, contemplaríamos fragmentos del célebre mármol suspendidos en el aire; si permitimos al tiempo seguir su curso, hiriendo la polvareda veríamos aristas que viajan a una velocidad inimaginable para el lírico y sólo calculable por el científico.

Sublime por su infinita grandeza, se ha formado una amenazadora nube de humo en torno al más hermoso de los legados de la Hélade. Pareciera que el mármol huyese hacia el cielo, abandonando este mundo de figuras imperfectas para dirigirse hacia un cielo de geometría impecable. Quizá con el recurso de la parábola perfecta, la piedra cae de nuevo al suelo, para terminar así su inútil intento de viajar al más feliz Urano. Es una guerra, la cortina de pólvora reina tenebrosa en torno al monumento. Al descorrerse el telón, el espectáculo que tenemos ante los ojos es el triunfo de la voluntad de poder en todo su horror de representación: el Partenón se ha convertido en una ruina. ¿Cuántas obras de arte se habrán perdido dada la codicia de los hombres? ¿A cuántas en verdad, sin intervención humana, se las ha llevado el tiempo?

Quiere la memoria ver en la infancia y la adolescencia una edad de oro. Es así que cuando yo cursaba el tercer año de educación secundaria, pude gozar de la enseñanza de maestros que sabían hacer interesantes clases aderezadas con misteriosos comentarios. En una ocasión, en medio de una lección sobre la antigua Grecia, la profesora de historia nos comentó sobre el Partenón algo como lo siguiente: “Dicen los arquitectos que éste es un edificio perfecto. Sin embargo, hay que hacer notar que la perfección en arquitectura consiste en que un edificio será perfecto si sólo tiene tres defectos. Desconozco los tres defectos del Partenón”. A partir de ese momento, de vez en cuando me preguntaba: ¿cuáles eran los tres defectos del Partenón?

miércoles, 15 de julio de 2009

Sacramento ante un ateo en San Agustín el Alto

Enrique Arias Valencia

Nos diste Señor el pan del Cielo,
que en sí contiene todo deleite.
Verso que se canta en la procesión


La visita del Santísimo Sacramento en San Agustín el Alto es todo un acontecimiento. Altivo, el ateo Atilio alega que hay esculturas de yeso del cristianismo que repugnan por su fealdad. Sin embargo yo, que me he atrevido a nadar en las nada claras aguas de la religiosidad popular, he llegado a vislumbrar una rara belleza en el burdo despliegue estético que acompaña a la fiesta en un barrio de pueblo. La familia Pérez Villanueva me recibe en su casa sin haberme visto antes. Vengo con los peregrinos. Al salir del hogar, una anciana me regala un dulce y un vaso de atole. Métrica ingenua, decepción del gusto, las canciones populares evocan un mundo bucólico, en el que las fuerzas que se enfrentan tienen colores que tan sólo advierten el blanco y el negro:

El Diablo está enojado, hay una razón,
el Diablo está enojado, hay una razón,
Cristo vive en mi corazón y mis pecados
son perdonados.


El monoteísmo, antesala del ateísmo, distingue el ontólogo de la materia. ¿Tiemblas osamenta? ¿No es para estremecerse cuando la devota ingenua se arrodilla y frente al Santísimo Sacramento del Altar exclama lacrimosa: “Quiero darte gracias por las dudas, las decisiones, las penas y las alegrías”? Es la misma fórmula que, algunas semanas atrás, mi consejera espiritual me sugirió hacer, invitación que me hizo retroceder horrorizado, pues algo hay de luciferino en mi espíritu, que se niega a ver la enseñanza de las penas. Quizá el pueblo sea más sabio que los ateos irracionalistas. ¿Cuáles son las razones para que el Diablo esté enojado? ¡Mientras no sea una razón atea! La razón tiene sentimientos que el corazón desconoce. Y que luzca en mí la azulada luz de Luzbel.

En los Cielos y en la Tierra
sea por siempre alabado
el corazón amoroso
de Jesús sacramentado.


Yo, el peor de los ateos. ¿Qué es más fea, una tristeza profunda e irremediable o “una grotesca figura a la que el pueblo adora y le atribuye poderes milagrosos”? Es el Jubileo 2009. En la mañana, he visto partir cantando a varios grupos de muchachos de la Parroquia de la Asunción, en Villa Milpa Alta. Su juventud garbosa porta el Santísimo Sacramento por las calles de un poblado pintoresco. Me dirijo a un cyber café para postear mi artículo “¿Ha dicho Reli… qué?”; y los he encontrado o han salido a mi encuentro cuando llegué al templo de San Agustín el Alto; tejado de barro, altar a un Dios desconocido. Son jovencitos ataviados de blanco, que con cantos y entusiasmo, anuncian el Jubileo. Sucede la escena de la anciana. Por gracia recibo mi bebida y mi alimento. Una bebé me sonríe desde los brazos de su madre. Por un instante, la Providencia, que por eso se llama así, entrega gratis todo. Mis necesidades afectivas son resueltas sin que yo haga el más mínimo esfuerzo por merecerlas. Al escuchar mi lamento de carencia y necesidad de amor, Dios me acepta tal como soy. Mi ateísmo irracionalista es un cristianismo mogollón.

Parto al monte de Santa Ana Tlacotenco. En lontananza, los volcanes me parecen infinitos. Alguna vez, el purpúreo trazo de la naturaleza fue reclamado por un Dios Creador y muy altivo. En un mirador están las últimas personas con las que tendré contacto durante la próxima hora. En uno de los extremos de la carretera, un joven de torva mirada aparenta realizar ejercicios calisténicos.

Entre los matorrales tomo un sendero y los trinos de las aves y el murmullo de lo que el oído me sugiere que es un arroyo lejano o las hojas de los árboles agitadas por el viento son la imagen y semejanza de mi única compañía.

En un paraje silencioso, noche de por medio, creo ser observado. Alzo la mirada, y en la cima de una colina, me sorprende la figura de aquel mozalbete que es casi un vagabundo. ¡Me había estado siguiendo, y al saberse descubierto, decide comenzar la cacería! Trato de huir, sin embargo, el joven tiene ventaja, pues domina el terreno desde arriba, y lo que a mí me cuesta diez zancadas, a él le bastan unas cuantas pisadas. El miedo me hace correr despavorido, y al alcanzar la carretera, intento detener un taxi, pero éste pasa rapidísimo. Debo ser todo un esteta o el más imbécil de los cursis, porque a pesar de mi desesperación, durante la persecución puedo escuchar con satisfecha curiosidad el donairoso crujido de las hojas secas que nuestros pasos pregonan jubilosos. Es todo un himno a la vida. En menos de un minuto llego donde la gente del mirador. El joven ya no me sigue. La misteriosa aparición del astuto bribón me recordó la de aquel furioso Cancerbero en Tlayacapan. Ambos me habían impedido avanzar hacia la naturaleza virgen.

Eterno retorno a Villa Milpa Alta. Después voy al mercado a cenar. Ahora que estoy a punto de regresar a la ciudad; también los he visto marchar de vuelta a la Parroquia de la Asunción de María. Son los chicos del Jubileo, aquellos a quienes seguí en su procesión, Santísimo en mano, la ropa blanca, la guitarra y el pandero. Aplausos y risas, canciones y gestos. En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche trata de explicarnos el fenómeno a partir de su metafísica de artista:

“Cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y está en camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformación mágica. Al igual que ahora los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo sobrenatural: se siente dios, él mismo camina ahora tan estático y erguido como en sueños veía caminar a los dioses”.


Pero, ¿qué puede la religión ante el embate de la ciencia? Las tres ocasiones que encontré a los jovencitos del Jubileo fueron meras coincidencias. Nada significan. Son cuestión de estadística. El Creador no juega a los dados con el Universo, dado que no hay Creador; antes bien, el universo mismo, si se me permite el desliz, juega un juego sin sentido ni finalidad. Si el azar no existe, tampoco existe la chiripa. Hay una razón que lo explica todo. La belleza misma es medible, cuantificable, explicable. Lo que hace el pueblo no es arte, es artesanía. El pueblo no tiene religión, tiene superstición. Dios se desploma como consecuencia de los movimientos de lo real.

Rebasado por las razones del ateísmo, y como nos lo hace notar el poeta Javier Sicilia, con su cruz convertida en un graffiti, nuestro Jesús en su postrer sacrificio se reduce a la nada, para consumir su alma transfigurada por última vez, y un instante antes de que su grito sea ahogado por el abrazo mortal de la razón, nos damos cuenta de que él también, como cada uno de nosotros, es, en palabras de la Madre Juana

la sombra fugitiva,
que en el mismo esplendor se desvanece.

domingo, 12 de julio de 2009

¿Ha dicho Reli… qué?

Enrique Arias Valencia


Tutto nel mondo e burla.
L'uom e nato burlone,
nel suo cervello ciurla sempre la sua ragione.
Del poeta Arrigo Boito, para Verdi, en Falstaff

Según los ateos, Dios no es capaz de crear, ni siquiera a partir de la nada. Felizmente, quien sí puede crear es el poeta, y lo hace a partir de las palabras. Y es así que fue Fernando G. Toledo quien aportó la mejor traducción para el título del documental Religulous, de Bill Maher. Nuestro querido amigo denominó Religidículo su post del sábado, 18 de octubre de 2008, en el cual incluyó un tráiler de la cinta.

Barullo le pasó el link a Fernando, y en Razón atea tuve noticia de la producción. En los comentarios al post Atilio aclaró que Bill Maher, el simpático presentador del irreverente documental es “Hijo de judía y católico, es ateo, nuevamente un caso de sentido común”.

Pues bien, ayer, mi católica amiga Rosa Angélica me invitó al cine, y grande fue mi sorpresa cuando me dijo que la película que veríamos era Religulous. En México la llamaron Reli… qué?

¡Una cristiana y un ateo! En ese momento creí recordar que alguna vez Francisco Soler Gil (en el bando cristiano) y el astrofísico doctorado en Filosofía Martín López Corredoira (todo un súper ateo) hicieron el camino de Santiago, si bien no pude encontrar la fuente, y ésta quizá no sea sino mi decadente imaginación.

El título en español de Religulous me trajo a la memoria la tristemente célebre ¿¡Y tú qué sabes!? Grande fue mi sorpresa cuando Bill Maher se chorea a Andrew Newberg, uno de los protagonistas de la peli New Age sobre la conciencia.

Reli… qué? aborda una inquietante cuestión: si los creyentes basan su fe en ninguna prueba, pueden hacer cualquier cosa con tal de instaurar su opinión sobre cualquier otra.

El filme hace uso de un humor cáustico que en algunos pasajes llega a ser vulgar y predecible. Los insultos a la Virgen María están fuera de lugar no porque la Virgen María sí existe, sino porque al ser yo un ateo irracional y esteticista, siempre echaré de menos un toque de astuta elegancia entre las filas del Nuevo Ateísmo.

La Virgen María es una misteriosa metáfora de lo telúrico, de aquello que habla desde la montaña. Es la voz de la materia que siempre permanece: esa es la prueba de su virginidad, y de ninguna otra cosa.

No hay que olvidar que en el finale de El carnaval de los animales los burros están a punto de tener la última palabra, y si se trata de un asunto de razón contra devoción, que sea entonces la más aguda de las ironías la que prevalezca, y no el simplón canturreo de los que sólo saben negar, pero son incapaces de afirmar.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con el excelente final. Con todos los huevos del mundo, Maher advierte que la religión es peligrosa porque se basa en la falsedad, y su suicida convicción acerca de lo que ella llama el misterio de la existencia amenaza con terminar con el planeta, devorando con miedo aquello que debería causarnos reverencia por su propia valía: la vida misma.

Por lo tanto, desde mi diván de placer enfebrecido lo que propongo, pues ¡oh, ateos! es un ateísmo elegante, y elegante entre los haya.

jueves, 9 de julio de 2009

El irracional alegato del propósito del universo

Enrique Arias Valencia

Mientras más comprensible es el universo, menos sentido parece tener.
Steven Weinberg

Pareciera que por un instante, mi guerra contra el racionalismo tiene un respiro cuando éste se ocupa del Cosmos. Estas frases las suscribo con gusto: “El absurdo argumento de la finalidad cósmica”. Las paladeo despacio, con un cierto aire de sarcasmo. ¿No lo sabíais? ¡Ah, el asunto de las teleologías! No puedo sino aplaudiros cuando echáis por tierra el viejo ídolo de la causa final. Pues el argumento de la causa final es un esclarecimiento que no esclarece nada. El gran científico Carl Sagan lo sostuvo cuando nos habló de Anaxágoras:

"Fue la primera persona que afirmó claramente que la Luna brilla con luz reflejada, y en consecuencia ideó una teoría de las fases de la Luna. Esta doctrina era tan peligrosa que el manuscrito que la contenía tuvo que circular en secreto. No iba de acuerdo con los prejuicios de la época explicar las fases o eclipses de la Luna por la geometría relativa de la Tierra, la Luna y el brillo propio del Sol. Aristóteles, dos generaciones más tarde, se contentó afanando que estas cosas se debían a que la naturaleza de la Luna consistía en tener fases y eclipses: un simple juego de palabras, una explicación que no explica nada".



Dios no juega a los dados con el Universo, antes bien, el universo, si se me permite el desliz, juega un juego sin sentido ni finalidad. No hay causa final, no hay teleos alguno que nos honre con su presencia. El Cosmos entero es un brindis por nada, un vector que no apunta a ninguna parte. Decir que comenzó con un bigbán es un copioso decir. El bigbán es a lo mucho, un disparo de este universo, pero quizá no sea su origen. Pudo suceder antes, colapsarse y luego vuelta a empezar. Nuestro bigbán es sólo uno de una serie de pirotecnias sin descanso, un eterno retorno de la diferencia. Así, sin principio ni final en el tiempo, y aun con toda su infinitud cósmica, sin espacio para un Creador, es sólo un anillo de la así llamada eternidad. ¡La vida no tiene sentido! ¡Gritadlo a los cuatro vientos, a ver quién puede soportarlo!

martes, 7 de julio de 2009

Si Dios es tan absurdo como un círculo cuadrado...

...¿qué pasa con Dios si el círculo es un polígono de infinitos lados?

"Igual que no existe el círculo cuadrado, no puede existir ese Dios". Gonzalo Puente Ojea (Acerca del Dios de la tradición judeocristiana).

"Dios es un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna". (De la tradición matemática esotérica).

Confróntese con la tesis de Nicolas de Cusa: "Todo conocimiento va desde lo conocido a lo desconocido mediante el establecimiento de proporcionalidades".

Mi respuesta a esta pregunta es que si el círculo es un polígono de infinitos lados, luego Dios no es absurdo y es infinito. Es el infinito de infinitos.

Enrique Arias Valencia

lunes, 6 de julio de 2009

Una despedida del dios chipocludo

Enrique Arias Valencia

El chico que vende libros en un puesto callejero juega con el hermanito de la bebé. Al lado, la madre y su hija juegan. El pequeño puesto de dulces mexicanos consiste en alegrías de amaranto, obleas de miel y palanquetas de cacahuate. La bebé ríe, la madre frota su nariz en el rostro de la niñita. De pronto, el librero me comenta que la señora parte para Oaxaca.
La señora coloca en su espalda a la bebé, quien sigue riendo. La envuelve en su rebozo, y se retira. Es así como de nuevo, me quedo solo.

miércoles, 1 de julio de 2009