domingo, 27 de diciembre de 2009

La música y la muerte (I)

Manuel Millán de las Heras


Entresaco unos minutos de mi tiempo para invitarles a meditar sobre mis dos grandes obsesiones. En el futuro analizaré grandes obras que aúnan la música y la muerte. Hoy sólo les quiero regalar uno de los pasajes más bellos jamás creados al respecto. Se trata del motete Taedet anima meam que compuso Tomás Luis de Victoria en 1603 y que se publicó en Madrid en 1605, como homenaje a su gran mecenas de la corte: la emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II. Este motete es el primer movimiento de una gran obra, el Officium defunctorum, que es continuado por la misa de Requiem y un motete final.

Victoria no compuso nada más tras esta obra maestra. Quizá por convencimiento de que una época, la de la polifonía, se estaba acabando por el uso de la nueva práctica de melodía acompañada por instrumentos. Pensemos que L´Orfeo de Claudio Monteverdi será estrenado en Mantua en 1607, dictando un punto y aparte en la historia de la música occidental.


Las pautas de composición del Officium Defunctorum serán clarísimamente contrarreformistas. Está escrita a seis voces y con la idea de que el texto debe de ser claro y comprensible. Cuando es amplio (como en el presente ejemplo) domina la homofonía, mientras que cuando es breve es más contrapuntístico, pero nunca de manera que se haga irreconocible.


Por otro lado, la expresividad austera, íntima, profunda, conmovedora y religiosa se plasma en cada nota y acorde. Es realmente difícil conseguir un sentimiento tan hondo. A los creyentes les ayuda a vivir con paz la muerte, mientras que a los no creyentes nos genera una imagen posible de dios.


El texto proviene de Job X 1-7.




Taedet animam meam vitae meae; dimmitam adversum me eloquium meum, loquar in amaritudine animae meae. Dicam Deo: Noli me condemnare: indica mihi, cur me ita iudices. Numquid bonum tibi videtur, si calumnieris et opprimas me opus manuum tuarum, et consilium impiorum adiuves? Numquid oculi carnei tibi sunt, aut sicut videt homo et tu videbis? Numquid, sicut dies hominis dies tui, aut anni tui sicut humana sunt tempora, ut quaeras iniquitatem meam, et peccatum meum scruteris? Et scias, quia nihil impium fecerim, cum sit nemo qui de manu tua possit eruere.




¡Estoy hastiado de mi vida! Voy a dar curso libre a mis quejas, hablaré con la amargura de mi alma. Quiero decir a Dios: "No me condenes; muéstrame por qué me juzgas así. ¿Es decoroso para ti hacer violencia, desdeñar la obra de tus manos y complacerte en los consejos de los malvados? ¿Acaso tienes ojos de carne y miras como mira el hombre? ¿Son tus días los de un mortal, son tus años los de un hombre para que tengas que inquirir mi culpa y andar rebuscando mi pecado, cuando sabes que no soy culpable y nadie puede librarme de tus manos?




La versión es la de TALLIS SCHOLARS dirigidos por su fundador PETER PHILLIPS en 1987. Nunca superada, aunque recomiendo a todos los lectores que escuchen la luminosa visión de MÚSICA FICTA dirigidos por RAÚL MALLAVIBARRENA.






La segunda parte de este artículo:

En El filtro de Manuel Millán

4 comentarios:

Minerva dijo...

Hermosa pero triste. Gracias por compartirla.
Un abrazo.

Äriastóteles Platónico dijo...

El mérito es de don Manuel Millán.

Manuel dijo...

Gracias Arias por el enlace. Gracias San Internet por unir a las personas desde cualquier parte del mundo.

Äriastóteles Platónico dijo...

Manuel: Estas han sido para mí unas vacaciones verdaderamente dionisiacas.